Un año es ¿muchos meses, muchos días, muchas horas? ¿O sólo la síntesis de lo vivido y sobre todo lo que magnifica la memoria? En una ecuación de síntesis facilista muchas cosas se olvidan: pequeños logros, risas, alegrías minúsculas se vuelven polvo… Ciegos por el imantaje de la “tendencia” miramos sólo un lado de la moneda. Pero… ¿A dónde van las chispas de intensa comunión con la vida, silenciadas por el gran monstruo que se come lo bueno con su cara tremenda y su brutal gigantismo?

Dejar que los pequeños pasos en el avance guarden silencio es como negar que los niños gritan y corren en el parque, ¡los niños gritan y corren, y juegan y ríen, y sus pequeñas perfectas risas son un recordatorio de que la tormenta no silencia lo trascendente, de que el cielo gris no es por siempre gris y hay soles imponiendo su rostro cálido a innumerables mediodías!

Decir que todo estuvo mal es tan extremo como decir que todo estuvo bien. El año fue mundialmente original en su sustancia, y hubo un dolor de humanidad, un dolor de raza, un dolor que a muchos hizo ver claramente dónde colocar el corazón, en qué parcela sembrar los dones, en qué inversión depositar el tiempo.

Quien no lo vio, por la fuerte atracción del abismo y la negritud de muchos acontecimientos, puede verlo ahora, nunca es tarde. El año se llevó a muchos seres queridos, pero vemos la muerte como algo horrendo porque no creemos en que somos inmortales; el año se llevó un trabajo seguro para algunos, cayeron muchas empresas y con las empresas cayeron sobre todo muchos empleados que debieron reinventar la vida desde cero. Tan literal fue la propuesta del 2020: un nuevo mundo (muchísima gente debió inventarse un nuevo mundo) un mejor mundo.

Tuvimos que experimentar formas nuevas para seguir en el trabajo de siempre, mudarnos a un sistema virtual que habíamos rechazado, pero el sistema virtual sostuvo a muchos. Como un gran cuerpo que tiene en sí la noche y el día, un gran cuerpo de oportunidades que tú decides si lo usas para perder el tiempo y embotar tu cerebro, o para aprender y circular con el cambio, y aprovechar la tecnología, como un día se aprovechó la imprenta.

El año ha sido una sumatoria de alegrías que brillaron como estrellas en la noche del encierro, y conocimos gente a través de cuadritos en la pantalla, y supimos cómo sienten, cómo piensan, y la distancia nos los trajo al hogar, aunque no pudimos tocarlos.

Si tocar el cuerpo es todo entonces sí, alá, a quejarnos, porque nos quitaron esa cercanía de piel y abrazo y beso, y risas cercanas y reuniones familiares, y congresos, y ferias y mil cosas que sin embargo supieron ser otras cosas, cosas nuevas.

Algún día este tiempo será pasado, y de este tiempo se dirá algo bello, es una regla dada por la constante nostalgia de los “tiempos mejores” (recordamos el pasado a nuestra conveniencia). ¿Por qué no ver el presente también nosotros bajo la lupa de la conveniencia del bien?, los que estamos en el ojo del huracán, en el centro del cambio, en el protagonismo de un momento histórico tenemos el botón rojo o la bandera de la paz en el aquí y ahora. Es ahora que se puede dar la “actualización” de los valores, generar comunidades gilánicas, solidarias, pensadas en el bien común. Ahora que debimos tocar fondo, es urgente rechazar el término “víctimas”, para volvernos agentes del cambio.

Desde cada casa, cada célula familiar, pequeña o grande, desde cada empresa, desde cada conversación, cada anhelo, cada sueño, cada elección responsable o irresponsable, ahí está el cambio, no lo busquemos afuera, los políticos son un reflejo de nuestras corrupciones interiores, no podemos reclamarles si seguimos corrompiendo nuestro cuerpo, nuestra mente, si relajamos nuestra responsabilidad, nuestras costumbres, si seguimos dando una palabra que luego vale nada, una palabra que no respetamos ni nosotros, ¿cómo pedir que cumplan los otros, si no cumplimos cada quien en su pequeña viña?

Este año fue muchas cosas, lo resumimos y le damos una sola consistencia, inmerecida, porque tiene muchos rostros, y es una moneda al aire que giró dando en sus giros los rostros del dolor y la alegría. Pasaron más cosas que el COVID, no todo fue el virus, también tuvimos que lidiar con graves problemas familiares, con ajustes de presupuesto, con decepciones que parecen bofetadas, pero hubo muchos dones, el punto está en verlos, la mirada sobre los dones hará que broten frutos dulces.

Este es Kairós, el tiempo sagrado. Esta es la Navidad, la celebración del nacimiento de los grandes dones en el interior de nuestra entraña, cargamos en el cuerpo el milagro, las contracciones lo anuncian.

Un abrazo navideño.  

Yolanda Ramírez Michel y la Comunidad Trithemius

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