Lilith, la primera mujer

Del arquetipo al personaje

Por Yolanda Ramírez Michel

No somos sólo un cuerpo y sus constantes biológicas, estamos conformados además y en gran medida, por un sistema energético de información que alimenta nuestro cosmos psíquico.

Existe una memoria congénita, latente y muda. Su silencio no evita que accione en nosotros patrones de comportamiento a veces incomprensibles.

En esa memoria está la clave para comprender muchos de los misterios que persistentemente nos rondan… Pulsar la tecla que contiene la información adecuada equivale a abrir una puerta: desde el sótano de la casa del alma sale, como arrojado por una potencia ineludible, el origen de una creencia. A ello le llamaremos creencia prehistórica.

Vamos por su revelación, para analizarla y reformular paradigmas.

El curso “Lilith, la primera mujer, del arquetipo al personaje” inició este jueves 22 de julio con muy buena(s) estrella(s). En el firmamento nos sonrieron los astros, bien dispuestos para la comunicación del tema, y en la tierra asistió una comunidad interesada en explorar el linaje psíquico que nos conforma.Después de la clase, much@s nos quedamos reposando sobre una nube (ahí nuestro aparato imaginario se repone del corsé, y vuela y conecta con el saber del alma…) Pasadas unas horas de haber concluido la clase, Adi Rivera, inspirada en lo que les conté acerca de la aparición de Lilith en textos sumerios muy antiguos, donde se le describe como una deidad primordial que vive en el árbol Huluppu, con una serpiente habitando sus raíces, y el nido del gran pájaro Apsu en su follaje, me mandó esta imagen como regalo precioso, y quiero compartirlo.

Entender nuestras raíces psíquicas funda conciencia.

Collage de la pintora Adriana Rivera (México)

El linaje psíquico se trasmite a través de la cultura. En cada cultura hay mitos fundacionales, cuentos que reflejan el sentir de lo humano. Cada cultura genera sus monstruos con las cosas temidas o negadas. Pero los tiempo cambian, y necesitamos revisar paradigmas disfuncionales.

Trabajar el Arquetipo, Re-pensarlo, Re-escribirlo, Re-decirlo, e Incluirlo nos permitirá Reconciliarnos con su Historia.

Te convocamos para realizar en comunidad un “ENTRAÑABLE TRABAJO SISTÉMICO”.

Si deseas unirte hay dos opciones.

Curso en vivo los jueves a las 5:00 p.m. (hora de México) $1,200 MXN/$52 USD

Acceso a las grabaciones del curso $750 MXN /$38 USD

Ser Maestros

Yolanda Ramírez Michel, Doctora Honoris Causa

“Nos convoca la enseñanza. Por eso mis palabras nacieron pensando en ello, en nuestra esencia y vocación de maestros.

Creo que todos somos maestros, en mayor o menor medida, consciente o inconscientemente, todos lo somos. Y cuando digo “todos”, no me refiero sólo a los seres humanos, quiero decir más… Y es que también los pájaros nos enseñan a los hombres con su vuelo la metáfora de nuestro propio vuelo. Quiero decir que el conocimiento no comenzó cuando una víbora nos ofreció la manzana, sino antes, cuando nos mostró que se podía abandonar una piel seca igual que se abandona una seca vida, y seguir adelante.

Las flores, tantas y tan distintas, con su frágil edad, son especialistas en dar color a todos los jardines, qué maestría. Los cactos, aunque parezcan afrentar con sus espinas, rebosan de lo único que salva en el desierto.

Todo a nuestro alrededor es un maestro. Y de ahí aprendimos nosotros a serlo.

Por eso, los primeros maestros sabían que la mejor palabra para libertad era águila; de algún modo entendían que una lechuza era el mejor emblema para la sabiduría.

Y, no obstante ese nuestro edén primordial de palabras prístinas nosotros quisimos probar la manzana, aunque nos costara el exilio y el esfuerzo de ganar no sólo el pan, sino también el conocimiento, con el sudor de nuestra frente. Lo asumimos.

Y he aquí que, entre todos los exiliados de aquel primer jardín, nosotros nos volvimos adeptos de aquel fruto.

El camino ha sido largo. De los primeros trazos en las cuevas, pasamos a la escritura sobre tablillas de arcilla, luego a papiros y pergaminos, códices, y otros formatos cada vez más novedosos, para guardar en libros lo que como humanos íbamos descubriendo.

Y con los libros nos sentimos más que nunca maestros.

Pero no somos maestros sólo por los libros que escribimos o enseñamos a leer, sino por lo que esos libros nos hicieron.

No somos maestros sólo por los lápices con los que corregimos, sino por lo que con esos lápices nosotros mismos escribimos.

Y no somos maestros sólo porque tenemos alumnos, es algo más, es por una imperiosa necesidad de enseñar a otros a amar lo amable. Es por esa terquedad por encender más lámparas que anuncien a los hombres las cosas escondidas. Es por padecer la curiosa manía de preparar una clase de una hora para que dure una vida… me refiero a que los alumnos se la lleven, me refiero a que la clase se quede en ellos para siempre.

Somos maestros porque un día alguien pensó que sabíamos y fue tan importante aquello, que no quisimos bajo ninguna circunstancia defraudar a los que confían en nosotros.

Y desde entonces, cuánto tememos pronunciar las palabras “no lo sé”, aunque definitivamente sea mucho más lo que ignoramos que aquello que sabemos.

Yo me he relajado en ese sentido. Y me ayudaron los maestros elementales. No imagino que el ave pretenda enseñar a sus crías a nadar, ni que el pez quiera tejer una telaraña. Puedo enseñar lo que puedo. A evolucionar a partir de las dificultades, a investigar e imaginar soluciones. Desde ahí soy maestra, desde ahí concibo mis herramientas, desde ahí desarrollo mis dones. Desde ahí acompaño a todos los maestros del universo, que nos enseñamos unos a otros, no sólo con las palabras humanas, sino con las milenarias voces del mundo.

Llegamos al día de hoy con los retos de nuestros propios excesos como raza, rodeados por ambivalentes tecnologías que pueden volverse cadenas o puentes. Y sin embargo, con todo y el progreso alcanzado, se ve ya la necesidad de que enseñemos a los demás cómo volver al paraíso, cómo buscar aquel árbol, para devolverle las semillas de aquella primera manzana, multiplicadas. Y así pedir otro edén, otra tierra en donde sembrar el fruto presente. Por eso somos maestros, por eso nos volvieron guardianes de la manzana.” 

PhD. Yolanda Ramírez Michel

El 20 de diciembre del 2018 la vicerrectora de la Universidad Santander, la Doctora Eva Adriana García Núñez, anunciaba a la escritora Yolanda Ramírez Michel que había sido elegida para el nombramiento de Doctora Honoris Causa en Ciencias de la Educación. La entrega del nombramiento se realizó el 2 de febrero del 2019. Nos complace compartir por este medio el discurso que pronunció la Dra. Yolanda Ramírez Michel.

El Barrio de las Letras

De El Barrio de las Letras (novela de próxima publicación)

Por Yolanda Ramírez Michel

Collage de la pintora AdI Rivera

Dime, Miguel, que no estoy loca, muchos amigos me lo dicen cariñosamente, pero siento que en el fondo lo dicen en serio, no tanto como para llevarme al manicomio, pero sí lo suficiente como para no comprenderme enteramente. Hoy como ayer es loco todo el que vive en la periferia de la razón que venden las instituciones, es loco todo el que persigue sus sueños antes que un buen sueldo, es loco todo el que ama la fantasía y puede ver hadas en los setos con flores. Como don Quijote. ¡Qué necesario comprender al Quijote hoy! Por eso lo enseño, por eso tengo cursos y toda clase de proyectos para que los lectores no juzguen a tu personaje como un loco, sino como uno que ve, más allá de lo real, lo posible; como un iluminado, un cabalista, un místico. A todo el que se sale de la media se le pone la etiqueta de loco, pero luego de los locos es el reino de los cielos, el reino del arte y las empresas creativas.


He defendido a don Quijote de los que se quedan en lo literal, lo he defendido porque es una forma de defensa personal. En los personajes amados u odiados estamos los seres de carne y hueso, y nuestras historias personales son un reflejo de los cuentos que nos contamos. De la vida a la literatura, de la literatura a la vida… y nada es estático, ni nada es lo que parece, ni los molinos son exactamente molinos, pueden ser ciertamente briareos, que mueven sus aspas para el molimiento de las causas más reales. Pocos lo ven, de ésos es el reino de los cielos, de los que pueden ver la vida fantástica como un reflejo de la verdadera vida. El exterior es sólo una pantalla, la pantalla de un teatrillo fabuloso, la pantalla donde se proyecta lo que somos, pero no somos sólo esto, lo externo, lo tangible.


Defiendo tu Quijote, Miguel, y me defiendo a mí. Igual defienden todos, antes que lo defendido, a lo que de sí mismos hay en el tema, el tema los refleja y hay que defenderlo, defenderse en él de las acechanzas, con la palabra defensora queremos componer algunas afrentas, y por eso defendemos hasta el extremo de enfadarnos. Las feministas defienden algo suyo, muy interior, no solamente el feminismo, las lleva a esa defensa alguna injusticia padecida muy hondamente, algún crimen cometido por el machismo. El feminismo es el medio para defenderse… Así yo, defiendo el Quijote porque me defiendo a mí, defiendo la utopía, el idealismo, defiendo que se puede sembrar una mirada fantástica sobre lo real. 

Sesión de cierre del taller donde se leyó Don Quijote de la Mancha
Sesión en Trithemius Talleres proyecto online

2020: más que la suma de sus partes

Un año es ¿muchos meses, muchos días, muchas horas? ¿O sólo la síntesis de lo vivido y sobre todo lo que magnifica la memoria? En una ecuación de síntesis facilista muchas cosas se olvidan: pequeños logros, risas, alegrías minúsculas se vuelven polvo… Ciegos por el imantaje de la “tendencia” miramos sólo un lado de la moneda. Pero… ¿A dónde van las chispas de intensa comunión con la vida, silenciadas por el gran monstruo que se come lo bueno con su cara tremenda y su brutal gigantismo?

Dejar que los pequeños pasos en el avance guarden silencio es como negar que los niños gritan y corren en el parque, ¡los niños gritan y corren, y juegan y ríen, y sus pequeñas perfectas risas son un recordatorio de que la tormenta no silencia lo trascendente, de que el cielo gris no es por siempre gris y hay soles imponiendo su rostro cálido a innumerables mediodías!

Decir que todo estuvo mal es tan extremo como decir que todo estuvo bien. El año fue mundialmente original en su sustancia, y hubo un dolor de humanidad, un dolor de raza, un dolor que a muchos hizo ver claramente dónde colocar el corazón, en qué parcela sembrar los dones, en qué inversión depositar el tiempo.

Quien no lo vio, por la fuerte atracción del abismo y la negritud de muchos acontecimientos, puede verlo ahora, nunca es tarde. El año se llevó a muchos seres queridos, pero vemos la muerte como algo horrendo porque no creemos en que somos inmortales; el año se llevó un trabajo seguro para algunos, cayeron muchas empresas y con las empresas cayeron sobre todo muchos empleados que debieron reinventar la vida desde cero. Tan literal fue la propuesta del 2020: un nuevo mundo (muchísima gente debió inventarse un nuevo mundo) un mejor mundo.

Tuvimos que experimentar formas nuevas para seguir en el trabajo de siempre, mudarnos a un sistema virtual que habíamos rechazado, pero el sistema virtual sostuvo a muchos. Como un gran cuerpo que tiene en sí la noche y el día, un gran cuerpo de oportunidades que tú decides si lo usas para perder el tiempo y embotar tu cerebro, o para aprender y circular con el cambio, y aprovechar la tecnología, como un día se aprovechó la imprenta.

El año ha sido una sumatoria de alegrías que brillaron como estrellas en la noche del encierro, y conocimos gente a través de cuadritos en la pantalla, y supimos cómo sienten, cómo piensan, y la distancia nos los trajo al hogar, aunque no pudimos tocarlos.

Si tocar el cuerpo es todo entonces sí, alá, a quejarnos, porque nos quitaron esa cercanía de piel y abrazo y beso, y risas cercanas y reuniones familiares, y congresos, y ferias y mil cosas que sin embargo supieron ser otras cosas, cosas nuevas.

Algún día este tiempo será pasado, y de este tiempo se dirá algo bello, es una regla dada por la constante nostalgia de los “tiempos mejores” (recordamos el pasado a nuestra conveniencia). ¿Por qué no ver el presente también nosotros bajo la lupa de la conveniencia del bien?, los que estamos en el ojo del huracán, en el centro del cambio, en el protagonismo de un momento histórico tenemos el botón rojo o la bandera de la paz en el aquí y ahora. Es ahora que se puede dar la “actualización” de los valores, generar comunidades gilánicas, solidarias, pensadas en el bien común. Ahora que debimos tocar fondo, es urgente rechazar el término “víctimas”, para volvernos agentes del cambio.

Desde cada casa, cada célula familiar, pequeña o grande, desde cada empresa, desde cada conversación, cada anhelo, cada sueño, cada elección responsable o irresponsable, ahí está el cambio, no lo busquemos afuera, los políticos son un reflejo de nuestras corrupciones interiores, no podemos reclamarles si seguimos corrompiendo nuestro cuerpo, nuestra mente, si relajamos nuestra responsabilidad, nuestras costumbres, si seguimos dando una palabra que luego vale nada, una palabra que no respetamos ni nosotros, ¿cómo pedir que cumplan los otros, si no cumplimos cada quien en su pequeña viña?

Este año fue muchas cosas, lo resumimos y le damos una sola consistencia, inmerecida, porque tiene muchos rostros, y es una moneda al aire que giró dando en sus giros los rostros del dolor y la alegría. Pasaron más cosas que el COVID, no todo fue el virus, también tuvimos que lidiar con graves problemas familiares, con ajustes de presupuesto, con decepciones que parecen bofetadas, pero hubo muchos dones, el punto está en verlos, la mirada sobre los dones hará que broten frutos dulces.

Este es Kairós, el tiempo sagrado. Esta es la Navidad, la celebración del nacimiento de los grandes dones en el interior de nuestra entraña, cargamos en el cuerpo el milagro, las contracciones lo anuncian.

Un abrazo navideño.  

Yolanda Ramírez Michel y la Comunidad Trithemius

En el desván de una emoción

A veces uno siente que las cosas no están bien, y no es por nada en especial, no es que una tragedia haya tocado a la puerta, no es que algún mal nos lleve al insomnio, no es que haya lágrimas, no…

Pero algo no funciona, la alegría brilla por su ausencia, y es curioso porque si uno mira a su alrededor, las cosas están mejor que nunca, mucho mejor incluso de lo que estuvieron cuando había lágrimas.

Es que los hombres guardamos extrañas rabias que se acumulan por no atenderlas, frustraciones y artículos no resueltos en tiempo y forma salen con sus fauces abiertas cuando menos se les espera.

Criaturas curiosas y excéntricas que somos los seres humanos… un día cazamos mamuts con la euforia del reto, y comimos los despojos de la cacería con el contento del hambre que ha sido saciada. Y dormimos bajo las estrellas sin que hubiera ningún arrendador que nos cobrara renta por el uso de suelo.

Más nos valdría recordar aquello, y no lamentarnos de la lentitud del internet que nos mantiene en contacto con los seres queridos en cualquier parte del mundo, más nos valdría gozar los buenos frutos del progreso, alegrarnos ante la mesa puesta y el mantel limpio, gozar por las flores en el jarrón, el abrigo de un techo, la ventaja de una ciencia que cura muchas cosas, aunque tenga sus bemoles, cura muchas cosas. Muchos estaríamos muertos sin la penicilina o la anestesia.

A veces, cuando hay ruido dentro, es bueno ver las cosas bellas que insisten en mostrar sus rostros ante nuestra apatía. Es bueno entender que los males no pueden ser lo único que salió de la caja de Pandora. Es bueno escribir para intentar entendernos.

Obras de Yolanda Ramírez Michel

Si te gustó la charla con Yolanda Ramírez Michel y su libro “Conversaciones entre Lilith y el Ángel”, por aquí otras de sus obras publicadas con la editorial Salto Mortal. Encuéntralas aquí.

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Conversaciones entre Lilith y el Ángel

Éste es el recuento de los tiempos únicamente divisados por las intuiciones del alma, los tiempos en que todo estaba inmóvil, los tiempos en que no había ni hombres, ni palabras, ni tiempo. Este es el principio de todas las historias, la página en blanco donde un día todo estuvo en silencio, todo en calma…

Litterae

Un homenaje al verbo, la poética del libro, el lenguaje, la lengua, el poeta, la lectura… imprescindible para los que aman cualquier libro que hable de la palabra, los libros, la poesía, el lenguaje.

Luz en Pueblo Pequeño

Relato surrealista acerca de la inquietante llegada de un personaje que altera la vida de un pequeño y apacible pueblo.

Cuentos de cuarentena 2020 (coordinadora)

Esta antología es el encuentro de voces heterogéneas en su manera de contar la vida. El único punto de semejanza ante la diversidad fue narrar la cuarentena con los recursos propios.

El gran niño

¿Quieres conocer un país donde tus sueños pueden convertirse en realidad? No estoy hablando de los sueños que dejas por la mañana llenos de salivita en la almohada, sino de los sueños del corazón, esos sueños locos, aventureros, fantásticos y maravillosos que te acompañan en todo el día… y a veces durante toda tu vida. Esta es la historia de un niño, Sebastián, que desea intensamente construir… ¡un robot gigante del tamaño de un edificio!

Jacinta

Jacinta narra en imágenes simbólicas el viaje de liberación personal de
una prisión elegida en amor y obsesión.

Manifiesto Luminista

Una llamada apasionada al encuentro de nuestros dones y nuestro poder creador.

El Tarot de Don Quijote

Un libro-juego, contiene un paquete con cartas, oráculo y libro teórico. Es ideal para
regalarlo a quien ama los Clásicos, y muy especialmente a quien ama al Quijote. Pero también es un buen regalo para los amantes del Tarot y la magia. El libro busca la amalgama perfecta entre la sabiduría ancestral, las reflexiones contemporáneas y el juego.

Crónica de una reparación vital

En este libro se reporta la travesía de la enfermedad a la salud mediante un misterioso viaje de alegorías existenciales.

Grimori Mundi

 Un recorrido poético por las eras cósmicas, según la mitología judeocristiana.

Fiestas de Yule (coordinadora).

Fiestas de Yule es un libro ideal para regalar esta Navidad. Dieciocho cuentos en pasta dura, a todo color, con ilustraciones de varios ilustradores serán la delicia de los hogares lectores, que a la manera de siempre, se reúnen en torno al fuego del hogar para compartir la palabra que trae la estrella de Belén.

Nuevas Fiestas de Yule (coordinadora)

Nuevas Fiestas de Yule es el segundo ejemplar de la colección navideña.

Raúl Aceves nos cuenta acerca de “Conversaciones entre Lilith y el Ángel”

Raúl Aceves, noviembre de 2020.

En su libro más reciente, titulado “El evangelio del universo, conversaciones entre Lilith y el Ángel”, Yolanda Ramírez Michel nos da su recreación personal del Génesis, y nos pone como actores principales al Amor y a la Nada, el Origen y la Unidad, la Materia y el Pensamiento, el Sueño y la Imaginación, el Caos y el Hogar Universal, el Gran Pensador y los Niños Secretos, Ella (La Gran Madre) y los Ángeles (los primogénitos), hasta llegar al hijo inasible e infinito: el Tiempo.

El impulso de desentrañar el misterio de nuestro ser despertó la curiosidad del “ángel más joven” y lo hizo desafiar los límites establecidos al conocimiento y romper los tabúes del Padre. Así nació la tentación de probar “el primer fruto prohibido del mundo”. Y de ahí resultó “el espanto, el desasosiego, la confusión”, la extrañeza de “aquel primer vértigo llamado Libertad”, y la polaridad de los opuestos llamados Bien y Mal.

El Padre y la Madre habitaban en la aldea primordial, en aquella casa de los Destinos, y para no alterar la unidad original, el ángel rebelde optó por exiliarse acompañado de la Madre por “una escalera que nace rumbo a la profundidad, por aquel laberíntico tronco – del Árbol de la Vida – hacia lo más denso de la carne cósmica”. Ese fue el origen de los Ángeles caídos.

“La Gran Madre -Materia- estaba lista para que naciera Vida, hija bella y sagrada, Miríadas de hijos emergieron del vientre de la Tierra. Los ángeles exiliados tomaron nuevas formas y se convirtieron en hadas, elfos, gnomos, sirenas, ondinas, ninfas… y a los más rebeldes se les llamó demonios.”

Extrañando a la Madre, la “Ella” primordial, el Padre también descendió al mundo material por el tronco del Árbol de la Vida, recorriendo los 22 senderos de las 10 esferas refulgentes (como lo señala el Kábala). En este mundo el Padre reconoció las letras invisibles de su nombre detrás de todas las cosas creadas como un espejo donde podía verse a sí mismo (como lo señala el Zohar, libro místico judío).

A pesar de la disonancia que había en el mundo material , el Padre respetó la libre elección de sus hijos y la posibilidad de convertir el caos en un orden nuevo. Y así quedó sembrada la semilla de la utopía. El Padre entregó un último don a las nuevas criaturas: un ADN estelar fundador de su linaje, un código genético hecho a semejanza del código cósmico.

Luego de la Madre nació la primera pareja humana, el varón llamado Adán, y la hembra llamada Lilith, y fueron instalados en un lugar paradisiaco, donde no les faltaba nada, y el Padre les dio además e don del Verbo, la palabra que da nombre a todo lo creado, que da identidad a todas las cosas, que da forma a las esencias. La palabra que es al mismo tiempo puente y abismo.

En esta recreación mitológica – situada a medio camino entre la ficción y la prosa poética sin faltar la reflexión filosófica y los aforismos – la figura central de Lilith suplanta a Eva como primera mujer de Adán, y a semejanza del primer ángel rebelde, se auto-exilia del aburrido Edén y abandona a Adán, para ir a hacer compañía a los “Ángeles caídos”, y convertirse ella misma en símbolo de la primera mujer emancipada, libre del dominio masculino, rebelde, pero hambrienta del conocimiento que fue negado en el Edén.

En pocas palabras, Lilith se convierte así en la primera feminista de la historia, según nos propone Yolanda Ramírez en este libro, que sin duda resultará polémico y heterodoxo para muchos, y propositivo para otros. Sea como sea, creo que es un libro que reúne las mejores cualidades de Yolanda como narradora, pensadora y poeta, que ojalá tenga la recepción que se merece.

Raúl Aceves 30/11/2020

Imagen interactiva. Haz clic en los símbolos para más información acerca de cómo ver la transmisión y dónde conseguir el libro.

El Evangelio del Universo: Conversaciones entre Lilith y el Ángel

“Éste es el recuento de los tiempos únicamente divisados por las intuiciones del alma, los tiempos en que todo estaba inmóvil, los tiempos en que no había ni hombres, ni palabras, ni tiempo. Este es el principio de todas las historias, la página en blanco donde un día todo estuvo en silencio, todo en calma…

            En el corazón de aquel vacío primordial dormía y soñaba Amor. Ahí, el menor brote de un sueño es siempre susceptible de volverse real. Por ello, las palabras de este génesis pretenden ser un homenaje a los sueños, siendo que todo inicia casi siempre así, con un sueño (aunque sea uno tan mínimo como una mota de polvo…).

Si a la perfección de aquel momento prístino nos remitiésemos, Amor hubiera podido seguir durmiendo eternamente, el abrazo de Nada lo contenía como una cuna confortable y perfecta.

No sabemos qué sucedió, el caso es que, en un momento dado, mientras Amor dormía profundamente, irrumpió en su sueño una chispa, como la de un cerillo con su pequeño sol a cuestas. Igual que el capullo de una rosa es llamado a la luz por algo más allá de sí, igualmente a Amor aquella chispa le anunció la inminencia de un día sobrenatural.

            ¡Es hora de despertar!

            Amor se estremeció en el regazo de Nada —parecido a un niño a quien despierta su madre, cuando él quiere seguir soñando—, no quería olvidar aquel sueño: Amor soñaba universos.

Hoy y entonces los sueños han de ser sostenidos al despertar, para que no se olviden, para que no se pierda su trama, ni se rompa el hilo que los conectará con la vida. Por eso Amor sostuvo su sueño, como a un amigo de humo al que se jala de su inasible mano cuando tenemos que mudarnos a otros paraísos, los que le darán consistencia. Cuando Amor sintió que aquel reino de sueño lo acompañaba, abrió enteramente sus ojos y vio flotando ante sí un puntito minúsculo, algo parecido a esas pelusas que danzan en el aire, y se vuelven visibles sólo gracias a la luz y a la mirada.  Amor observó aquel pequeño círculo cerrado como el punto de un lápiz. Aún con todo y sus diminutas dimensiones, en esa pequeña causa, como memorias del porvenir,  estaban ya todas las galaxias, los soles, los mundos; todos reinos animales y vegetales, todas las razas, las familias, las patrias; todos los silencios hundidos en el albornoz de los que atravesarían los desiertos, y los muchos cantos de los que cabalgarían gozosos las olas; todos los cambios sobre la faz de la tierra; todas las ideologías, las religiones, los gobiernos… todos los murmullos que en lo futuro poblarían los cafés del mundo; todas las lágrimas en las salas de espera de los hospitales y los panteones; todas las risas de los chiquillos felices; todas las caricias de los amantes; todos los amores y todos los odios (miles de siglos después se nos invitaría a recordar aquello con insistencia: todos somos hermanos, todos somos uno).”

Si te ha gustado este fragmento, te invitamos a que sigas la presentación del libro en el marco de la Feria Internacional del Libro edición especial 2020, este LUNES 30 DE NOVIEMBRE a las 18:00 (horario de México) en esta liga: https://www.youtube.com/watch?v=xaMZDRz_twY&ab_channel=YolandaRam%C3%ADrezMichel

Aquí te compartimos otro fragmento:

“Un séquito de doce diablos se acercaron a recibir a Lilith. La miraban con curiosidad e insistencia, girando en torno a ella como palomillas en la lámpara de un lector noctámbulo. No la tocaban, sentían un extraño recato ante sus formas, aunque hervían sus sentidos, heridos por una íntima felicidad, podía más el asombro que su apetito por poseerla.  Muchos dicen que el pecado está en la carne, y le dan a la carne todo el peso de una maldición, pero cuántas veces la carne pasa a segundo plano, y lo que más impacta al hombre es algo vital e íntimo. Donde se gestan las obsesiones no es en la piel, sino dentro; la piel es sólo el receptáculo, la piel es el puro cristal de la lámpara. Por eso, lo primero que se impuso en aquel encuentro fueron las ganas de hacerla suya, pero de un modo trascendente, no físico (no olvidemos que los demonios vienen de un reino superior, con más exigencias que las nuestras). Por esas cualidades que no habían perdido era más imperiosa la necesidad de que formara parte, de que se integrara a esa sombría patria; la integración es una forma más fina de lujuria, una clase de lujuria espiritual. Para ello, lo primero fue mostrarle el extraño esplendor de aquel adolorido imperio, e invitarla a vivir ahí con ellos, en aquel destierro había tierras vírgenes donde aún era posible construir un hogar.”

La sirenita y la anorexia

Por Yolanda Ramírez Michel

Después de leer el clásico infantil “La sirenita”, del autor Hans Christian Andersen, reflexioné sobre los cambios que Walt Disney hizo a la versión original del cuento. Asombrada, encontré una curiosa relación entre la sirenita de Andersen y las jóvenes anoréxicas de nuestro siglo. La protagonista de este cuento bien podría ser hoy en día una de las esqueléticas damitas que desesperadamente, y a costa de lo que sea, comercian con lo más valioso que poseen: su salud. Así como la joven con piernas de pez entregó su voz a cambio de mutar la forma original de su cuerpo, ellas pierden su vida en el altar de la moda.

Si recurriéramos más a menudo a las versiones originales, los niños y jóvenes no se verían privados de los mensajes que tales obras contienen. La heroína del cuento de Andersen, mas no la de Walt Disney, no consigue el amor del príncipe, él quiere a la sirenita como a una hermana, pero está enamorado de una joven princesa. El final es totalmente distinto al que la mayoría de nosotros conocemos gracias a la pantalla grande: la sirenita, al ver que no podrá conseguir el amor del príncipe lamenta su destino recargada en la baranda del barco donde se acaba de celebrar la boda de los jóvenes enamorados. Al salir el primer rayo de sol ella morirá; como no posee un alma inmortal se perderá en la nada. Entonces, sus hermanas aparecen y le entregan un cuchillo con el que debe matar al príncipe para seguir viva. Sin embargo, la sirenita no puede matar al hombre que ama y prefiere morir; esta buena acción la convierte en una hija del aire que al paso de 300 años obtendrá, al fin, un alma inmortal, fruto notablemente superior.  Esta versión tiene un contenido simbólico que nos lleva a reflexionar: si la mujer sacrifica su salud para conseguir un fin estético, saldrá perdiendo. El final de Walt Disney, a mi modo de ver, crea una imagen irreal y fantástica que favorece el desarrollo de las falsas ilusiones en muchas niñas y jóvenes. La sirenita cinematográfica rechaza su forma original, como las jovencitas, y entrega a la bruja su voz (su fortaleza), esto hace que consiga el amor. En cambio, para Andersen, es importante mostrar una heroína que, al aceptar su fracaso, alcance un mayor nivel de conciencia… para la hermosa pelirroja de caricatura, no existe experiencia enriquecedora.

El final para las sirenitas de nuestro siglo es parecido al de la hija del mar de Andersen, y al igual que ella, su salvación no se encuentra en alterar su imagen, sino en encontrar la manera de aceptarse a sí mismas.

Sería bueno leer nuevamente esas entrañables historias que ayudaron a otras generaciones a superar muchos procesos de crecimiento, la pantalla grande tiene una limitación, no puede contarlo todo, y nosotros debemos rescatar los tesoros hundidos en el fondo del mar.

Konrad, el niño que salió de una lata de conservas

Por Yolanda Ramírez Michel

¿Qué aprendimos en la sesión de Literatura Infantil y Juvenil? Aprendimos a contar la realidad desplazándonos suavemente por una imagen inicial que impacta por su extrañeza y su imposibilidad, una metáfora inserta en lo real, que servirá para contar más hondamente la vida. Me refiero al libro Konrad o el niño que salió de una lata de conservas, de Christine Nostlinger, una de las autoras más importantes de la literatura infantil y juvenil del siglo XX, nació y murió en Austria (1936-2018).

Vamos a hablar primero de Christine y luego de este libro particular y divertido.

La autora nace en una familia de pocos recursos, condición humilde y claro rechazo al fascismo. De pequeña veía a su padre despotricando contra las injusticias, mientras se inclinaba sobre relojes destripados, y arreglaba los misteriosos engranajes de tiempo encapsulado, era relojero. Por otro lado, su madre se dedicaba a dar clases a los niños con estrategias muy personales y creativas que usaba también para acercar a su propia hija al mundo del arte y la ciencia. Eran una familia trabajadora y humilde muy cercana a intereses artísticos.

La joven Christine supo desde muy joven que deseaba estar cerca de ese mundo que trasforma la vida y sus cuitas en productos artísticos, tenía facilidad para el dibujo, y esto la llevó a estudiar en la Academia de Bellas Artes en Viena. Al comienzo de su carrera profesional escribía para algunos diarios y revistas, además trabajó en proyectos publicitarios y en medios de comunicación. En ese mundo descubrió el poder inmenso de la palabra y las formas en que impacta a la comunidad una historia. Todos estos antecedentes alimentaron su destino, gestaron a la escritora y también fueron el ambiente propicio para que conociera a su esposo, el periodista Ernst Nöstlinger, con él tuvo dos hijas que seguramente alimentaron las tramas de sus libros con sus inevitables aventuras cotidianas.

Sus impulsos creativos surgen de observar problemáticas de la vida real, tales como la discriminación, la doble moral social, el racismo, la violencia de género, y trata estos temas sin melodrama, más bien entendida de que el buen humor y la ironía son sus aliados a la hora de un entendimiento profundo de la realidad. Suele incluir numerosas ilustraciones en sus libros, que en un principio realizaba ella misma.

Fue a partir de 1970 se dedicó a escribir para niños y jóvenes. Su obra produjo una cierta polémica que sigue vigente, porque su ideología claramente liberal y muy progresista es resentida por algunos grupos de la sociedad pasada y aún de la nuestra. Sus puntos de vista sobre las relaciones familiares, la escuela y la educación, las relaciones entre jóvenes —desde la amistad al erotismo—, la marginación, la intolerancia o la liberación de la mujer son temas que todavía se cuestionan diversos educadores como adecuados para jóvenes lectores.

Seguramente las conversaciones familiares entre la maestra de niños y el relojero abrieron los ojos a su hija Christine desde pequeña con respecto a problemas fundamentales de la sociedad, y por eso mismo no quiso ella hurtar a los niños la posibilidad de que enfrentaran estas irregularidades sin el apoyo de la ficción, medio que nos permite entrar al campo de batalla parapetados tras las páginas del libro, como observadores curiosos y luego como críticos de las fallas que perviven en una sociedad que debiera servir para el amor y el apoyo, y en cambio sirve para reprimir en mucho la inquieta alma de niños (y adultos).

Pero su obra no es grande sólo porque trate temas sociales adaptando sus tramas para los niños y jóvenes. Nadie discute sus cualidades literarias ni su papel innovador en la tendencia realista de la literatura europea infantil y juvenil del último tercio del siglo XX, que en sus manos se convierte en realismo crítico, con influencias de obras fundamentales como La Montaña Mágica, de Thomas Mann. En la obra de Christine Nostlinger el bildungsroman (novela de aprendizaje) se transforma en cuento de iniciación con el uso de un lenguaje sencillo, lleno de humor y ternura, para atraer y atrapar a los lectores. 

Acaparó los premios más importantes de Literatura Infantil y Juvenil, como el Christian Andersen (Premio Nobel de Literatura Infantil), en 1984 y el Memorial Astrid Lindgren 2003. Además, obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil de Austria y Alemania en dos ocasiones en cada uno de estos países. Su obra narrativa es muy extensa. Publicó más de 100 obras.

Hoy sólo hablaremos de Konrad, o el chico que salió de una lata de conservas. El libro narra el caso de la señora Bartolotti, una mujer que no tiene hijos, pero que un día recibe por correo un niño de siete años dentro de una lata. Si bien al principio no sale de su admiración, se verá envuelta en varias situaciones emocionantes con Konrad.

Los vecinos, que ayudan, pero cotillean cuanto pueden, y Kitti, la hija de los vecinos, que se convierte en la mejor amiga de Konrad e incluso, su primer amor infantil, son el resto de los personajes esenciales en la historia. Con ellos Nöstlinger construye el mundo al que se tiene que adaptar Konrad y que resume a la perfección el mundo en el que vivimos. La escuela, el vecindario, los amigos, la familia, las convenciones sociales, lo que se espera de cada miembro de la estructura social, de la mujer, de la madre, del padre y de los hijos, de los amigos y de los profesores.

Y para hablar de este libro nada mejor que leerles un fragmento:

La Señora Berti Bartolotti vivía sola. Tejía alfombras de vivos colores para ganarse la vida. Su marido hacía tiempo que se había ido a vivir a otra parte.

La Señora Bartolotti se llamaba a sí misma “criatura”, que era como la llamaba su madre de pequeña para ordenarle que hiciera cualquier cosa, y una vez ya fue mayor, como la llamaba su marido cuando le pedía que le preparase la comida. Como ahora ya no tenía con ella ni a su madre ni a su marido, la Señora Bartolotti se había acostumbrado a seguir diciéndose “criatura” a sí misma: “criatura: ahora vas a lavarte y a vestirte como es debido y a ponerte a trabajar, ¡pero rápido!”. 

Tenía la manía de comprar por catálogo cualquier cosa, la necesitara o no. Si encontraba un cupón de pedido no podía resistirse y lo enviaba. Por eso una mañana cuando el cartero le trajo un gran paquete no se extrañó. Lo miró con curiosidad porque pesaba mucho y ella no recordaba haber pedido algo que pesara tanto. Su asombro fue mucho mayor cuando por fin abrió el paquete y encontró una lata de conservas de la que salió un niño pequeño, de unos siete años. Junto al niño y la lata, una carta le informaba de que aquello era su pedido de un hijo en conserva y que esperaba que reuniera todo lo necesario y le aseguraban que el niño cumplía con todas las condiciones de un buen hijo como se anunciaba en la publicidad. Aquel niño se llamaba Konrad y era, simplemente, el hijo perfecto. 

Por aquí pueden ver un poco de la sesión:

Taller de Literatura Infantil y Juvenil, lunes de 5:00 a 7:00 pm. Inscripciones abiertas.