El Tarot de don Quijote 78 arcanos

Diciembre del 2021 es testigo de la segunda edición del Tarot de don Quijote, 78 arcanos, de Yolanda Ramírez Michel, con ilustraciones de la artista visual jalisciense Adi Rivera.

Edición especial

Ramírez Michel aclara: “…no estamos en El Tarot de Don Quijote pretendiendo imitar al tarot de Marsella con algún ajuste estético. Este es El Tarot de Don Quijote, y cada uno de los arcanos respeta la esencia del tarot, mas no la representación iconográfica del tarot de Marsella… […] cada imagen es una esencia, y lo que nos interesa es expresar la esencia”.

¿Cuál es la gran sabiduría que ambas obras pueden ofrecernos? Esta obra aporta respuestas en muchos sentidos y es además sumamente amena.

El libro contiene 78 capítulos explorando las semejanzas y relaciones que contiene el libro de Cervantes con los Arcanos Mayores, los Arcanos Menores y las Figuras de la Corte. Este es un acercamiento a las posibilidades simbólicas del Quijote, y a las fuerzas arquetípicas contenidas en el ancestral libro de imágenes denominado actualmente Tarot.

Una promesa que vence la muerte

Por Yolanda Ramírez Michel

Las fronteras no existieron siempre, son cosas de los hombres y su separatismo, pero qué le vamos a hacer, hoy por hoy necesitamos pasaporte y visa para cruzar por el gran cuerpo de nuestra tierra.

Cada cruce de aduana trae consigo aparejada también otra lengua. Kristina Trejo habla español con un levísimo acento, el acento nos da gracia, es como escuchar nuestra palabra cotidiana en otra clave musical. Kristina pasó muchos años en California, de ahí que el inglés quedó como un eco perceptible en la dulzura de su español perfecto. Su corazón, a mi manera de ver, ya integró dos patrias.

Ya les había hablado con anterioridad de Kristina (al final de esta entrada les dejo el link) converso con ella los domingos antes de que toque el piano para los comensales del restaurante Casa Linda.

Kristina Trejo y su piano portátil

Uno de esos domingos me contó que su madre había vuelto del más allá para cumplir una promesa hecha en vida.

Hoy es Día de Muertos, y estas cosas valen la pena contarse cuando tenemos muy presentes las fronteras entre el más allá y el más acá. Son fronteras que a veces se cruzan sin visa ni pasaporte…

Cuando Kristina tenía ocho años, encontró una caja con instrumentos curiosos. Por aquella época, en California, la técnica del batik estaba en boga. La caja contenía cera, algunos cazos para derretirla, extraños “pinceles” y otras curiosidades que sólo los amantes del batik conocen.

Dianne, la madre de Kristina, había dejado de hacer batik cuando ella nació, quiero imaginar que fue la precaución… (el batik es una técnica de teñido por reserva, se derrite la cera y la parafina, con ello se cubren los espacios que deseamos apartar del color, la mezcla debe estar hirviendo, es un proceso que requiere mucha concentración y cuidado). No voy a explicar la técnica, sólo lo necesario para que se entienda cuán mágico es el cumplimiento de una promesa.

Batik

Kristina fue entonces semejante a esos niños que descubren cofres con tesoros en armarios de un desván o un ático. Dianne ya no hacía batik, pero los muros de la casa lucían varias de sus antiguas obras de arte. Kristina creció mirando esas paredes cubiertas con tapices de colores y formas craqueladas que le invitaban a mundos de simetrías inquietantes.

El caso es que, ante la caja, lo que se anunció al contemplar el revoltijo de herramientas polvorientas, fue un sueño muy concreto, algo se elevó entonces, como el humo de una cazuela donde burbujea la cera, y penetró en el alma de Kristina. Deseaba aprender, deseaba usar aquellas herramientas para pintar también paisajes a la medida de un sueño. Quien ha conocido la ilusión que detona un sueño, quien ha sabido de repente que ahí está algo a lo que quiere dedicarse toda la vida, comprenderá el estupor de aquella niña ante una brillante promesa de creatividad sin límites.

Pero era muy pequeña, tendría ocho años, y aunque nunca es temprano para descubrir un sueño, ni hay edad paradigmática para que la vida nos presente la vocación (que generalmente nos la presenta muy pronto, pero no le hacemos caso…), Dianne dijo a su hija:

-Ahora no puedo enseñarte, pero te prometo hacerlo cuando cumplas dieciocho años.

Y fue una promesa de esas que escuchan los ángeles.

El tiempo pasó, Kristina perdió a su padre (ya les conté de ello en otra entrada). Kristina dejó de ser una niña, pero aún era muy joven, cuando el mismo mal de Ernesto Trejo cayó como un negro agüero sobre Dianne.

Y de nuevo: el silencio y la ausencia de explicaciones claras para la joven. Ante un diagnóstico terminal Dianne sólo dijo a Kristina: “encontraron algo en mi cabeza.”

¿Cuántas cosas pueden encontrarse en la cabeza? Ni cuando era niña, ni ahora que era una joven, la gente quería hablar directamente de los males. Parecían creer que el ocultarlos podría hacerlos desaparecer. Quien ha vivido ese desasosiego, el de no saber, el de inventarse historias a la medida del rostro demacrado de los seres amados, sabe que es aún peor el secretismo, que la verdad.

Dianne partió cuando Kristina tenía diecisiete años. ¿Cómo iba a cumplir aquella antigua promesa?

El tiempo comenzó a ser un fardo, un peso, un desasosiego, Kristina había perdido la sonrisa, la chispa que nos hace saltar de la cama para vivir el nuevo día como un cervatillo despreocupado.

Hasta que, cumplidos los dieciocho, Kristina tuvo un sueño muy vívido: soñó su taller para pintar batik, soñó todos y cada uno de los implementos necesarios para volverse profesional en el arte de pintar con cera, y no era sólo lo soñado, sino lo sentido en el sueño, era volver a los fuegos artificiales que de niña sintió cuando encontró los materiales de su madre, era encontrar esa chispa, esa certeza que te dice: por aquí, esto te dará felicidad, podrás pasar horas en ello y sentirás que vives, esto te ayudará a sortear los días aciagos, en esta labor encontrarás la manera de sublimar los dolores.

Kristina llevaba varios años en que ella sólo sentía que “sobrevivía”. No vivía, sobrevivía.  

Cuando despertó tomó la firme decisión de volver realidad aquel sueño, sabía que hacer batik era algo a lo que deseaba dedicarse, y sabía que aquello le daría felicidad. Un mensaje de su prima llegó a confirmar su decisión: prima, me va bien en el negocio, pensé que estos 100 dólares te servirán más a ti. Con aquel donativo inesperado Kristina compró cera, parafina, pinceles, distintos tipos de “tjanting”.

Hoy, el calendario 2022 de artistas de Ajijic, muestra en el mes de diciembre la imagen de una flor de la vida realizada en batik por Kristina. Sus manos no sólo avanzan por el piano gestando música, también avanzan sobre la tela, creando, con la cera de laboriosas abejas, extraordinarios diseños.

Su madre cumplió la promesa.

Acá te dejo la otra entrada:

El poeta y la muerte

Por Yolanda Ramírez Michel

Kristina Trejo, artista de Axixic, pueblo de coloridos muros, y empedradas calles a la orilla del lago de Chapala, posee el don de que sus padres le hablen a través del arte, o en sueños. Sus padres ya no están con ella, primero partió Ernesto Trejo, luego de algunos años Dianne. Partieron, pero no se fueron, extrañezas que sólo podemos aceptar cuando le pedimos a la razón que no subestime nuestros dones. Hay razones del corazón que la razón no entiende, dijo Pascal.

Me encontré a Kristina en Casa Linda, un restaurante al que acostumbro a ir a desayunar y leer el domingo por la mañana. Ella toca el piano ahí, se sumerge en las notas olvidando el ruido de cubiertos, licuadoras rugientes, vasos que chocan en la barra, murmullo o carcajadas de comensales. Las notas la llevan a un mundo donde la magia es posible, donde la poesía marca ritmos en la vida, reino sagrado para la reconciliación de lo cotidiano con lo trascendente.

Desde hace varios domingos, Kristina llega una hora antes para desayunar, y de paso para charlar conmigo.

Hace unas semanas me contó acerca de sus padres, y de cómo volvieron del más allá, para decirle algo muy necesario y puntual.

Como celebramos el Día de lo Muertos, pensé que sería bueno que recordemos que hay muchas cosas posibles, desechadas por nuestra suma de racionalismo, y que, igual que los excesos de carbohidratos, nos alejan de la salud, así los exceso de razones nos alejan de la magia de la vida, la magia de la vida es la salud del alma.

Les cuento.

Ernesto Trejo era poeta, su pequeña hija lo admiraba mucho, le parecía que esa labor del padre era sagrada. Sabia niña.

Ejemplar publicado por el Fondo de Cultura Económica

Un día se anunció una enfermedad grave para Ernesto Trejo, Kristina era pequeña, tendría entre ocho y nueve años. Nadie le dio muchas explicaciones.

Pasaron los meses… Kristina tendría diez años cuando su padre murió, tampoco hubo explicaciones para la repentina ausencia. En palabras de Kristina: “A esa edad, cuando no te explican qué sucede, y simplemente te dicen que tu padre murió, las cosas no son nada claras, la palabra muerte a esa edad es bastante abstracta… y tú construyes en torno a la pérdida un montón de explicaciones. Mi madre y mi hermano estaban atravesando su propio duelo, yo quedé al margen, y en silencio, imaginando que muerte era una especie de viaje del que mi padre podía volver algún día.”

Kristina creció, no obstante la ausencia, creció muy cerca de aquel padre porque los recuerdos la colmaban, y porque leía constantemente sus poemas.

Ernesto Trejo

A los doce años una inquietud comenzó a torturarla. ¿Qué pasa con papá, por qué no vuelve? ¿Por qué no me dice algo?, necesito escucharlo. Ernesto Trejo había dejado varios casetes, con sus poemas publicados, grabados por él mismo. Kristina fue a la caja donde estaban.

Aquí viene la magia, que no es un espectáculo con bombillas de neón, sino un fuego interior que anuncia verdaderas maravillas: Kristina encontró en la caja con casetes uno que no había visto antes, decía Poema a mi hija. El poema había sido escrito cuando ella era muy niña. Pero era extraño, nadie conocía aquel poema, ni su madre, ni los muchos seguidores de su padre, era un poema inédito y desconocido. Aquel día, ante la insistencia de su alma por respuestas, algo más allá de ella misma la había llevado hasta esa caja…

Encendió la grabadora para escucharlo, entonces, seguramente, la niña de doce años supo con certeza que su padre le hablaba desde una dimensión encantada, y más, que su padre no estaba realmente muerto aunque no pudiera verla ya nunca más.

Les dejo el poema y en otra entrada les contaré la manera en que la madre de Kristina volvió de la muerte para cumplir una promesa hecha en vida.

Algunos emigran, y con la lengua de otros lares cuentan las cosas del alma, lo que importa es eso, que las cosas del alma son comunes y universales.

Ernesto Trejo

Vivió su niñez en Mexicali, Baja California, antes de radicar en California. Estudió letras y economía. Publicó poemas en Vuelta, sábado, El Zaguán, Papeles de Son Armadans, La Vida Literari, Chicago Rreview, The Nation, Partisan Review, Kayak, Green House y Pie de Página. Es cofundador, junto con Carlos Isla, de la Editorial Latitudes. Es autor de los poemarios Instrucciones y señales (1977), Los nombres propios (1978), El día entre las hojas (FCE, 1984) y The day of vendors (1977). En 1987 publicó, junto con Luis Omar Salinas, Piecework:19 Fresno poets.

Kristina Trejo

Nació en el año 1980, en México DF. Sus primeros inicios en el arte Batik fueron a la edad de 18 años en la ciudad de San Francisco, California de manera autodidacta. A la edad de 19 años, toma un curso de batik con la Maestra Monica Kesslar en Belice. En el año 2006, toma un curso del prestigiado profesor Francisco Sorensic en el taller Batik Tulis, en México DF. Kristina ha expuesto su obra en varios lugares en la Ciudad de México, Oaxaca, Jalisco, y California. Es pianista de profesión, compositora, y soñadora. En 2020 salió su primer disco Parvada, con composiciones propias de piano.

Kristina Trejo

La otra historia que me contó Kristina es la de su madre… si te interesa aquí está la entrada:

Lilith y un tema difícil

El tema que veremos hoy es complejo, y más porque uno siempre trata las cosas desde la visión presentocéntrica (me acabo de inventar el término 😊). Una visión así, centrada únicamente en los elementos de interpretación del momento histórico en que se formula, implica no tomar en cuenta que cada época construye sus sentidos desde distintas experiencias y costumbres.

Incluso en el presente, la poligamia o la monogamia no son lo mismo para árabes que para cristianos. No estamos cuestionando si nos parece bien, el juicio de valor no ayuda a la comprensión. Y nuestro tema no es ése…

El caso es que en la tercera sesión acerca del arquetipo de Lilith llegamos a un tema escabroso: el sacrificio de niños pequeños. Y es que, en determinado momento, el personaje de Lilith se vio involucrado con estas prácticas. Pero, no debemos nunca de olvidar que todo personaje literario tiene un autor, o autores. Y que es en la mentalidad de dicho autor, o autores, donde se gesta la característica.

Sin embargo, ya sabemos que la historia la cuentan los vencedores, y son ellos los que imponen rasgos de bien o mal según desean validar sus propios atropellos.

En la sesión vimos el caso del sacrificio de niños, y nos preguntamos, ¿cómo pasó Lilith, de ser una divinidad que habitaba un árbol en los textos acadio-babilonios, a representar a la sacrificadora de niños? ¿Cómo de ser diosa en las tablillas de arcilla, se convirtió en demonio y sacrificadora de niños en los midrasim y otros textos rabínicos?

La lógica no resiste estos atropellos, por eso estudiamos, por eso en el curso acerca de Lilith y su evolución como arquetipo y personaje, vemos este tema sin tapujos, y con ganas de entender, y más, con ganas de integrar la sombra.

Desde el saber interior, uno que no viene de libros ni lecturas, pero que algo tiene que decir en este caso, yo “siento” que la primera sangre ofrecida a la tierra no fue la de guerras ni holocaustos, sino la sangre del vientre femenino, la que fluye mes con mes en semejanza de los tiempos lunares, o la que fluye cuando una mujer ha parido. Pero luego, pasados a un estadía patriarcal, se regaron sin clemencia las llanuras con derramamientos menos sacros.

Como cada sesión, la pintora Adi Rivera, nos regala una imagen en base a lo que vimos. La imagen habla, dice cosas más allá de las palabras.

Aquí dejamos la imagen de la sesión, recuerda que, aunque el taller ya comenzó, puedes inscribirte al curso gracias a que las sesiones quedan grabadas.

Collage de Adriana Rivera, ilustradora

Algo del tema lo tocamos en este video:

Lilith, ¿es dos, es una?

Cada clase del curso de Lilith, Adi Rivera, pintora y artista visual, me manda una imagen que refiere a su manera lo que vimos durante la sesión.

Esta vez, Adi me mandó dos imágenes. ¿Será porque lo que vimos comenzó a generar en la audiencia dos posturas?, tener dos posturas en un salón es como tener un mundo.

Collage de Adriana Rivera, artista visual mexicana

Somos intérpretes de la realidad. De hecho, lo que llamamos realidad es información que nuestro cerebro cataloga y nos presenta “digerida”. Nadie ve los átomos que forman al amigo, ve al amigo, su sonrisa y el color lindo de su mirada. No vemos los átomos o la vibración surgida del mundo micro a partir de cuerdecillas mágicas. Lo que vemos es una superficie, ¿cómo no vamos a tener sobre la superficie distintas posturas?

Hubo quien vio en las imágenes de Lilith su vulnerabilidad, hubo quien vio su fuerza. El mundo de la realidad última tiene esa gracia, ahí ambas visiones refieren la Verdad, que es Unidad e integración de los opuestos.

Collage de Adriana Rivera, artista visual mexicana

Por eso Adi mandó dos imágenes, porque quien la vio vulnerable, tenía su ángulo de mira, y desde ahí la gran y poderosa Lilith es también un ser vulnerable (¿quién no?), y quien la vio fuerte y poderosa tiene también una mirada cierta.

Comparto a la Lilith dual de la segunda clase, gracias, Adi Rivera.

Si te gusta el tema acerca de Lilith, tenemos un video donde se explican más cosas:

Lilith, la primera mujer

Del arquetipo al personaje

Por Yolanda Ramírez Michel

No somos sólo un cuerpo y sus constantes biológicas, estamos conformados además y en gran medida, por un sistema energético de información que alimenta nuestro cosmos psíquico.

Existe una memoria congénita, latente y muda. Su silencio no evita que accione en nosotros patrones de comportamiento a veces incomprensibles.

En esa memoria está la clave para comprender muchos de los misterios que persistentemente nos rondan… Pulsar la tecla que contiene la información adecuada equivale a abrir una puerta: desde el sótano de la casa del alma sale, como arrojado por una potencia ineludible, el origen de una creencia. A ello le llamaremos creencia prehistórica.

Vamos por su revelación, para analizarla y reformular paradigmas.

El curso “Lilith, la primera mujer, del arquetipo al personaje” inició este jueves 22 de julio con muy buena(s) estrella(s). En el firmamento nos sonrieron los astros, bien dispuestos para la comunicación del tema, y en la tierra asistió una comunidad interesada en explorar el linaje psíquico que nos conforma.Después de la clase, much@s nos quedamos reposando sobre una nube (ahí nuestro aparato imaginario se repone del corsé, y vuela y conecta con el saber del alma…) Pasadas unas horas de haber concluido la clase, Adi Rivera, inspirada en lo que les conté acerca de la aparición de Lilith en textos sumerios muy antiguos, donde se le describe como una deidad primordial que vive en el árbol Huluppu, con una serpiente habitando sus raíces, y el nido del gran pájaro Apsu en su follaje, me mandó esta imagen como regalo precioso, y quiero compartirlo.

Entender nuestras raíces psíquicas funda conciencia.

Collage de la pintora Adriana Rivera (México)

El linaje psíquico se trasmite a través de la cultura. En cada cultura hay mitos fundacionales, cuentos que reflejan el sentir de lo humano. Cada cultura genera sus monstruos con las cosas temidas o negadas. Pero los tiempo cambian, y necesitamos revisar paradigmas disfuncionales.

Trabajar el Arquetipo, Re-pensarlo, Re-escribirlo, Re-decirlo, e Incluirlo nos permitirá Reconciliarnos con su Historia.

Te convocamos para realizar en comunidad un “ENTRAÑABLE TRABAJO SISTÉMICO”.

Si deseas unirte hay dos opciones.

Curso en vivo los jueves a las 5:00 p.m. (hora de México) $1,200 MXN/$52 USD

Acceso a las grabaciones del curso $750 MXN /$38 USD

¿Libro-prisma?: Elsa Cross

Por Ana María Vargas Vázquez

Silencio. Oscuridad. Nada se abre en la noche, sino un destello. Nada. Pero ahí, en la noche, surge la línea de luz que se curva, se divide o se desvía. Pero, ¿la línea de luz pasa a través de un cuerpo, que es cristal?, ¿la línea de luz es el cambio en el tono de voz, o un canto? En medio de la oscuridad, ¿es la poeta una luz que se desvía, se curva, se divide o traspasa un cristal, o es el prisma que transforma la luz en mil colores?

Inflexiones de la Luz, Elsa Cross

Inflexiones de la luz es la poeta, es el haz de luz, es el prisma y el resultado de la curvatura o la división de la luz. El libro recibe la línea luminosa, traducida por el prisma que es la poeta, y en la poeta, la luz se curva y se transforma en imagen o cuerpo para después, convertirse en universo interior: haz de luz que traduce los objetos que se reúnenen el exterior, para llegar a la voz más honda.

Inflexiones de la luz es la reunión, la cita de mil voces en una labor poética que es caudal de la palabra de todos los tiempos. Es un libro cuya poética encuentra sus raíces en el misterio de la Grecia antigua y la infinita literatura de la India, pero al mismo tiempo, es también una ventana a la tradición poética universal, en la que convergen influencias de poetas como Rubén Darío, Amado Nervo, Enrique González Martínez, Octavio Paz, José Juan Tablada y Lezama Lima, hasta llegar a poetas como Ezra Pound, Walt Whitman, Saint-John Perse, Gérard de Nerval, Hölderlin, Rilke, Seferis, Cavafis y Elýtis.

Así que Inflexiones de la luz es la unidad múltiple. Museo interior, donde se enlazan   los mundos que conforman el vocabulario todo, y también, la identidad de un cuerpo donde el uno es diversos rostros. Museo que es itinerario de imágenes, cuyos pasillos sostienen obras y objetos íntimos no sólo literarios, sino también, objetos plásticos que se funden en la sensibilidad de la poeta.

Ahí, en el museo interior, encontraremos jaguares, esculturas, estelas mayas, laberintos, truenos, paraísos, atardeceres, éxodos fotográficos, ángeles; retablos, rondas, jardines, lagos, tumbas, dioses, templos antiguos, kýlix, guerreros, esfinges. Visibilidades y no visibilidades:

Cuanto más va hacia dentro                                        

                                          más se extiende

en ese mar de frondas                                    

                                       la mirada.

Dice la poeta. Y más adentro, en las raíces del libro, se pregunta:

Yo o tú            

              ¿quién es?

¿quién mira a través de nuestros ojos?

¿quién ríe con nuestra risa?

¿quién medita en qué?                          

                           ¿qué es lo meditado?

¿Desde qué orilla tú o yo                                         

                                             o Eso

nos contempla?

Poeta de búsqueda interna, Elsa Cross define el espejo que la mira. Define su camino y el registro de la vivencia como un museo o un diario de la contemplación. Un periplo que recorre arte, naturaleza y palabra, como reflejo propio.

Poeta-guía del trayecto misterioso del lenguaje, Elsa Cross es un destino-mundo que puede ser monasterio, alta montaña, humedad de la fronda o las raíces de lo que se eleva.

Inflexiones de la luz es, pues, la unidad múltiple de lugares conocidos y desconocidos, es una cita de páginas que se reúnen en un instante, un lugar o un tiempo en el espacio espiritual más íntimo de la palabra.

Entonces, ¿es Inflexiones un libro-viaje de luz, prisma-poema que recibe la traducción de fragmentos en los que se transformó el mundo?, ¿es el libro un cristal o un prisma que traduce objetos, experiencias y pensamientos?, ¿es el libro la luz, el prisma o el poema?, ¿es el libro el punto en el que se tocan el rayo, la luz, el prisma, lo natural, lo profundo, el poema?

Inflexiones de la luz es el sentido del cuerpo que mira hacia adentro y hacia afuera. Es la dirección y el sino en el que el museo de las formas, es la silueta invisible de quien observa. Es la poesía como prisma que desvía la luz. Poesía como ojo para mirar el mundo y traducirlo. Poesía como visión del interior-exterior. Poesía transformadora que observa el mundo desde afuera y desde adentro.

Elsa Cross en la presentación de Inflexiones de la Luz en la Feria Internacional del Libro en el 2019

ELSA CROSS (México, 1946). 

A su Poesía completa (1964-2012), aparecida en el Fondo de Cultura, se han sumado los poemarios Atrapasueños (2014), Insomnio (2016) y Nepantla (2018). En los últimos años recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura (México, 2016), el Premio Poestate (Lugano, Suiza, 2015), la Medalla Bellas Artes (México, 2012), el Premio Roger Caillois para autores latinoamericanos (París, 2010) y el Premio Xavier Villaurrutia (2008). Es maestra y doctora en Filosofía por la UNAM, donde es profesora titular de Filosofía de la Religión. Ha publicado también varios libros de ensayo y traducción, y numerosos libros de poesía en México y ocho países más. Sus poemas han sido incluidos en más de un centenar de antologías.      

Puedes conseguir el libro en la tienda online de la editorial Salto Mortal:

https://www.editorialsaltomortal.com/product-page/inflexiones-de-la-luz

Ser Maestros

Yolanda Ramírez Michel, Doctora Honoris Causa

“Nos convoca la enseñanza. Por eso mis palabras nacieron pensando en ello, en nuestra esencia y vocación de maestros.

Creo que todos somos maestros, en mayor o menor medida, consciente o inconscientemente, todos lo somos. Y cuando digo “todos”, no me refiero sólo a los seres humanos, quiero decir más… Y es que también los pájaros nos enseñan a los hombres con su vuelo la metáfora de nuestro propio vuelo. Quiero decir que el conocimiento no comenzó cuando una víbora nos ofreció la manzana, sino antes, cuando nos mostró que se podía abandonar una piel seca igual que se abandona una seca vida, y seguir adelante.

Las flores, tantas y tan distintas, con su frágil edad, son especialistas en dar color a todos los jardines, qué maestría. Los cactos, aunque parezcan afrentar con sus espinas, rebosan de lo único que salva en el desierto.

Todo a nuestro alrededor es un maestro. Y de ahí aprendimos nosotros a serlo.

Por eso, los primeros maestros sabían que la mejor palabra para libertad era águila; de algún modo entendían que una lechuza era el mejor emblema para la sabiduría.

Y, no obstante ese nuestro edén primordial de palabras prístinas nosotros quisimos probar la manzana, aunque nos costara el exilio y el esfuerzo de ganar no sólo el pan, sino también el conocimiento, con el sudor de nuestra frente. Lo asumimos.

Y he aquí que, entre todos los exiliados de aquel primer jardín, nosotros nos volvimos adeptos de aquel fruto.

El camino ha sido largo. De los primeros trazos en las cuevas, pasamos a la escritura sobre tablillas de arcilla, luego a papiros y pergaminos, códices, y otros formatos cada vez más novedosos, para guardar en libros lo que como humanos íbamos descubriendo.

Y con los libros nos sentimos más que nunca maestros.

Pero no somos maestros sólo por los libros que escribimos o enseñamos a leer, sino por lo que esos libros nos hicieron.

No somos maestros sólo por los lápices con los que corregimos, sino por lo que con esos lápices nosotros mismos escribimos.

Y no somos maestros sólo porque tenemos alumnos, es algo más, es por una imperiosa necesidad de enseñar a otros a amar lo amable. Es por esa terquedad por encender más lámparas que anuncien a los hombres las cosas escondidas. Es por padecer la curiosa manía de preparar una clase de una hora para que dure una vida… me refiero a que los alumnos se la lleven, me refiero a que la clase se quede en ellos para siempre.

Somos maestros porque un día alguien pensó que sabíamos y fue tan importante aquello, que no quisimos bajo ninguna circunstancia defraudar a los que confían en nosotros.

Y desde entonces, cuánto tememos pronunciar las palabras “no lo sé”, aunque definitivamente sea mucho más lo que ignoramos que aquello que sabemos.

Yo me he relajado en ese sentido. Y me ayudaron los maestros elementales. No imagino que el ave pretenda enseñar a sus crías a nadar, ni que el pez quiera tejer una telaraña. Puedo enseñar lo que puedo. A evolucionar a partir de las dificultades, a investigar e imaginar soluciones. Desde ahí soy maestra, desde ahí concibo mis herramientas, desde ahí desarrollo mis dones. Desde ahí acompaño a todos los maestros del universo, que nos enseñamos unos a otros, no sólo con las palabras humanas, sino con las milenarias voces del mundo.

Llegamos al día de hoy con los retos de nuestros propios excesos como raza, rodeados por ambivalentes tecnologías que pueden volverse cadenas o puentes. Y sin embargo, con todo y el progreso alcanzado, se ve ya la necesidad de que enseñemos a los demás cómo volver al paraíso, cómo buscar aquel árbol, para devolverle las semillas de aquella primera manzana, multiplicadas. Y así pedir otro edén, otra tierra en donde sembrar el fruto presente. Por eso somos maestros, por eso nos volvieron guardianes de la manzana.” 

PhD. Yolanda Ramírez Michel

El 20 de diciembre del 2018 la vicerrectora de la Universidad Santander, la Doctora Eva Adriana García Núñez, anunciaba a la escritora Yolanda Ramírez Michel que había sido elegida para el nombramiento de Doctora Honoris Causa en Ciencias de la Educación. La entrega del nombramiento se realizó el 2 de febrero del 2019. Nos complace compartir por este medio el discurso que pronunció la Dra. Yolanda Ramírez Michel.

El Barrio de las Letras

De El Barrio de las Letras (novela de próxima publicación)

Por Yolanda Ramírez Michel

Collage de la pintora AdI Rivera

Dime, Miguel, que no estoy loca, muchos amigos me lo dicen cariñosamente, pero siento que en el fondo lo dicen en serio, no tanto como para llevarme al manicomio, pero sí lo suficiente como para no comprenderme enteramente. Hoy como ayer es loco todo el que vive en la periferia de la razón que venden las instituciones, es loco todo el que persigue sus sueños antes que un buen sueldo, es loco todo el que ama la fantasía y puede ver hadas en los setos con flores. Como don Quijote. ¡Qué necesario comprender al Quijote hoy! Por eso lo enseño, por eso tengo cursos y toda clase de proyectos para que los lectores no juzguen a tu personaje como un loco, sino como uno que ve, más allá de lo real, lo posible; como un iluminado, un cabalista, un místico. A todo el que se sale de la media se le pone la etiqueta de loco, pero luego de los locos es el reino de los cielos, el reino del arte y las empresas creativas.


He defendido a don Quijote de los que se quedan en lo literal, lo he defendido porque es una forma de defensa personal. En los personajes amados u odiados estamos los seres de carne y hueso, y nuestras historias personales son un reflejo de los cuentos que nos contamos. De la vida a la literatura, de la literatura a la vida… y nada es estático, ni nada es lo que parece, ni los molinos son exactamente molinos, pueden ser ciertamente briareos, que mueven sus aspas para el molimiento de las causas más reales. Pocos lo ven, de ésos es el reino de los cielos, de los que pueden ver la vida fantástica como un reflejo de la verdadera vida. El exterior es sólo una pantalla, la pantalla de un teatrillo fabuloso, la pantalla donde se proyecta lo que somos, pero no somos sólo esto, lo externo, lo tangible.


Defiendo tu Quijote, Miguel, y me defiendo a mí. Igual defienden todos, antes que lo defendido, a lo que de sí mismos hay en el tema, el tema los refleja y hay que defenderlo, defenderse en él de las acechanzas, con la palabra defensora queremos componer algunas afrentas, y por eso defendemos hasta el extremo de enfadarnos. Las feministas defienden algo suyo, muy interior, no solamente el feminismo, las lleva a esa defensa alguna injusticia padecida muy hondamente, algún crimen cometido por el machismo. El feminismo es el medio para defenderse… Así yo, defiendo el Quijote porque me defiendo a mí, defiendo la utopía, el idealismo, defiendo que se puede sembrar una mirada fantástica sobre lo real. 

Sesión de cierre del taller donde se leyó Don Quijote de la Mancha
Sesión en Trithemius Talleres proyecto online

Cuidado con lo que le dices a un genio

Por Yolanda Ramírez Michel

Desde que leí El Matrimonio entre el Cielo y el Infierno quedé enamorada del poeta británico William Blake (1757-1827). Sin embargo, no escribiré hoy de ese libro, sino de una de sus cartas…

William Blake, poeta, pintor y grabador británico.

William Blake fue uno de esos genios adelantados a su época, incomprendido por su generación, como suele suceder con los grandes espíritus. Nos cuenta él que cuando era niño, un día de verano, contempló un árbol y lo que vio lo lanzó corriendo emocionado a decirle a su madre: “he visto el árbol lleno de ángeles”. ¿Cómo negar que cada fruto es un mensaje sagrado de la divinidad que preña la naturaleza? Si nosotros sólo vemos el fruto como alimento para saciar el hambre, y no como el contenedor de semillas que almacenan grandes milagros (la multiplicación de los panes ha devenido de alguna primera semilla…), no podemos culpar al que sí tiene en la mirada el alcance de esas visiones.

William Blake, Canciones de Inocencia

Ya desde niño Blake estuvo cerca del milagro porque traía la condición de visionario, el rechazo que espíritus como el de William Blake padecen viene de que su mirada mística se aleja en mucho de la mirada común.

Para ejemplificar estas cuestiones quiero compartir con ustedes una carta que escribió William Blake al reverendo John Trusler —autor de “exitosos” (nótense las comillas, por favor) libros que trataban acerca de religión, libros parecidos a lo que hoy denominamos best sellers— dicho reverendo había contactado a Blake después de visitar la exposición en la Royal Academy de Londres donde Blake había expuesto “La Última Cena”:

La última cena, de William Blake

El sacerdote se había hecho rico con sus escritos, y ahora deseaba que Blake ilustrara algunos de sus textos sobre moral. Permítaseme ser irónica: ¡qué bueno que el sacerdote no tenía visión!, de lo contrario hoy en día tendríamos los trazos de Blake junto a palabras de poca monta.

William Blake siempre fue malentendido, Trusler no fue la excepción. Cuando recibió las imágenes, (que por supuesto no respondían a la estética de las caricaturas religiosas de entonces), el reverendo escribió al poeta calificándolas de raras y exageradamente extravagantes, además de sugerir que la imaginación de Blake pertenecía más bien al “mundo de los espíritus”.

Ilustración de William Blake para la Divina comedia de Dante (1826)

Hoy, la obra del reverendo ha sido por completo olvidada, y conocemos a John Trusler sólo por este desafortunado incidente en relación a la obra de uno de los gigantes de la poesía y la mística británica. Si la visión de algunos ignorantes es limitada, no es culpa del artista, poseedor de una visión siempre hacia lo alto, cuando esos otros miran tan bajo. Aquí las primeras palabras de la respuesta que Blake dio al reverendo, motivo principal de este post.

Carta del joven William Blake en defensa de la imaginación (que parecen no poseer o no valorar algunos)

Carta de William Blake a John Trusler

“!Lamento de verdad que usted se encuentre distanciado del mundo espiritual, especialmente si soy yo quien tiene que responder por ello. Si estoy equivocado, lo estoy en buena compañía… Lo que es grande es necesariamente incomprensible para los hombres débiles. Aquello que puede hacerse explicable para los tontos no merece mi atención.
Siento que un hombre podría ser capaz de ser feliz en este mundo. Y sé que éste es un universo de imaginación y visión.
Veo que todo lo que pinto existe en este mundo, pero no todos lo ven de la misma manera.
A los ojos de un indigente, una moneda es más hermosa que el sol, y una cartera gastada por haber estado llena de dinero ostenta proporciones más bellas que una vid cargada de uvas.
El árbol que mueve a algunos al punto de las lágrimas, para otros es solamente una cosa verde que estorba en su camino.
Algunos ven a la naturaleza ridícula y deforme, y yo nunca regiré las proporciones de mi arte bajo estos preceptos; hay personas que ni siquiera ven la naturaleza.
Un hombre es, y así es como ve. […] Usted está ciertamente equivocado cuando clama que las visiones fantasiosas no pueden ser encontradas en este mundo.
Para mí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación…”

¡Bravo por Blake!