El Barrio de las Letras

De El Barrio de las Letras (novela de próxima publicación)

Por Yolanda Ramírez Michel

Collage de la pintora AdI Rivera

Dime, Miguel, que no estoy loca, muchos amigos me lo dicen cariñosamente, pero siento que en el fondo lo dicen en serio, no tanto como para llevarme al manicomio, pero sí lo suficiente como para no comprenderme enteramente. Hoy como ayer es loco todo el que vive en la periferia de la razón que venden las instituciones, es loco todo el que persigue sus sueños antes que un buen sueldo, es loco todo el que ama la fantasía y puede ver hadas en los setos con flores. Como don Quijote. ¡Qué necesario comprender al Quijote hoy! Por eso lo enseño, por eso tengo cursos y toda clase de proyectos para que los lectores no juzguen a tu personaje como un loco, sino como uno que ve, más allá de lo real, lo posible; como un iluminado, un cabalista, un místico. A todo el que se sale de la media se le pone la etiqueta de loco, pero luego de los locos es el reino de los cielos, el reino del arte y las empresas creativas.


He defendido a don Quijote de los que se quedan en lo literal, lo he defendido porque es una forma de defensa personal. En los personajes amados u odiados estamos los seres de carne y hueso, y nuestras historias personales son un reflejo de los cuentos que nos contamos. De la vida a la literatura, de la literatura a la vida… y nada es estático, ni nada es lo que parece, ni los molinos son exactamente molinos, pueden ser ciertamente briareos, que mueven sus aspas para el molimiento de las causas más reales. Pocos lo ven, de ésos es el reino de los cielos, de los que pueden ver la vida fantástica como un reflejo de la verdadera vida. El exterior es sólo una pantalla, la pantalla de un teatrillo fabuloso, la pantalla donde se proyecta lo que somos, pero no somos sólo esto, lo externo, lo tangible.


Defiendo tu Quijote, Miguel, y me defiendo a mí. Igual defienden todos, antes que lo defendido, a lo que de sí mismos hay en el tema, el tema los refleja y hay que defenderlo, defenderse en él de las acechanzas, con la palabra defensora queremos componer algunas afrentas, y por eso defendemos hasta el extremo de enfadarnos. Las feministas defienden algo suyo, muy interior, no solamente el feminismo, las lleva a esa defensa alguna injusticia padecida muy hondamente, algún crimen cometido por el machismo. El feminismo es el medio para defenderse… Así yo, defiendo el Quijote porque me defiendo a mí, defiendo la utopía, el idealismo, defiendo que se puede sembrar una mirada fantástica sobre lo real. 

Sesión de cierre del taller donde se leyó Don Quijote de la Mancha
Sesión en Trithemius Talleres proyecto online

Cuidado con lo que le dices a un genio

Por Yolanda Ramírez Michel

Desde que leí El Matrimonio entre el Cielo y el Infierno quedé enamorada del poeta británico William Blake (1757-1827). Sin embargo, no escribiré hoy de ese libro, sino de una de sus cartas…

William Blake, poeta, pintor y grabador británico.

William Blake fue uno de esos genios adelantados a su época, incomprendido por su generación, como suele suceder con los grandes espíritus. Nos cuenta él que cuando era niño, un día de verano, contempló un árbol y lo que vio lo lanzó corriendo emocionado a decirle a su madre: “he visto el árbol lleno de ángeles”. ¿Cómo negar que cada fruto es un mensaje sagrado de la divinidad que preña la naturaleza? Si nosotros sólo vemos el fruto como alimento para saciar el hambre, y no como el contenedor de semillas que almacenan grandes milagros (la multiplicación de los panes ha devenido de alguna primera semilla…), no podemos culpar al que sí tiene en la mirada el alcance de esas visiones.

William Blake, Canciones de Inocencia

Ya desde niño Blake estuvo cerca del milagro porque traía la condición de visionario, el rechazo que espíritus como el de William Blake padecen viene de que su mirada mística se aleja en mucho de la mirada común.

Para ejemplificar estas cuestiones quiero compartir con ustedes una carta que escribió William Blake al reverendo John Trusler —autor de “exitosos” (nótense las comillas, por favor) libros que trataban acerca de religión, libros parecidos a lo que hoy denominamos best sellers— dicho reverendo había contactado a Blake después de visitar la exposición en la Royal Academy de Londres donde Blake había expuesto “La Última Cena”:

La última cena, de William Blake

El sacerdote se había hecho rico con sus escritos, y ahora deseaba que Blake ilustrara algunos de sus textos sobre moral. Permítaseme ser irónica: ¡qué bueno que el sacerdote no tenía visión!, de lo contrario hoy en día tendríamos los trazos de Blake junto a palabras de poca monta.

William Blake siempre fue malentendido, Trusler no fue la excepción. Cuando recibió las imágenes, (que por supuesto no respondían a la estética de las caricaturas religiosas de entonces), el reverendo escribió al poeta calificándolas de raras y exageradamente extravagantes, además de sugerir que la imaginación de Blake pertenecía más bien al “mundo de los espíritus”.

Ilustración de William Blake para la Divina comedia de Dante (1826)

Hoy, la obra del reverendo ha sido por completo olvidada, y conocemos a John Trusler sólo por este desafortunado incidente en relación a la obra de uno de los gigantes de la poesía y la mística británica. Si la visión de algunos ignorantes es limitada, no es culpa del artista, poseedor de una visión siempre hacia lo alto, cuando esos otros miran tan bajo. Aquí las primeras palabras de la respuesta que Blake dio al reverendo, motivo principal de este post.

Carta del joven William Blake en defensa de la imaginación (que parecen no poseer o no valorar algunos)

Carta de William Blake a John Trusler

“!Lamento de verdad que usted se encuentre distanciado del mundo espiritual, especialmente si soy yo quien tiene que responder por ello. Si estoy equivocado, lo estoy en buena compañía… Lo que es grande es necesariamente incomprensible para los hombres débiles. Aquello que puede hacerse explicable para los tontos no merece mi atención.
Siento que un hombre podría ser capaz de ser feliz en este mundo. Y sé que éste es un universo de imaginación y visión.
Veo que todo lo que pinto existe en este mundo, pero no todos lo ven de la misma manera.
A los ojos de un indigente, una moneda es más hermosa que el sol, y una cartera gastada por haber estado llena de dinero ostenta proporciones más bellas que una vid cargada de uvas.
El árbol que mueve a algunos al punto de las lágrimas, para otros es solamente una cosa verde que estorba en su camino.
Algunos ven a la naturaleza ridícula y deforme, y yo nunca regiré las proporciones de mi arte bajo estos preceptos; hay personas que ni siquiera ven la naturaleza.
Un hombre es, y así es como ve. […] Usted está ciertamente equivocado cuando clama que las visiones fantasiosas no pueden ser encontradas en este mundo.
Para mí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación…”

¡Bravo por Blake!

Tres reyes magos, tres reinas mágicas

Los tres reyes magos, ¿y qué tal si recreamos la versión y contamos que tres reinas se acercaron con sus dones al regazo de una madre?

De tanto en tanto los nuevos paradigmas cambian sus figuras míticas, y en el cambio se impone otra sustancia a la creencia, y se suplantan visiones. Hubo un tiempo, anterior al rapto de figuras míticas conectados a la vida, como lo fue en la prehistoria una madre (entonces nuestra raza corría peligro de extinción, seguramente una madre dando a luz representaba la inmortalidad).

Mujer cargando a un niño | (2000-1600 BC) Este de Europa | Museo Louvre | Paris

La idea de una virgen dando a luz data de tiempos en que el hombre entendía el símbolo como un lenguaje del interior. Las excavaciones en Catal Huyuk abundan en evidencias de comunidades adoradoras de lo femenino como un poder vivificador del ser humano y su entorno. En aquella época, anterior a la formación de paradigmas de dominio y autoritarismo, la virginidad en las figuras míticas no implicaba ausencia de relaciones, sino una fórmula para mantener el reino interior aislado de influencias externas que pudieran dañarlo. Que una virgen diera a luz implicaba reconocer el milagro de los frutos que cada uno puede engendrar.

Siria figuras de divinidades femeninas

Tres reyes, tres reinas, lo fundamental está en que traigan dones a nuestro regazo de seres que dan a luz milagros cotidianos.

Yolanda Ramírez Michel

Si te agradan estos temas, puede interesarte este taller: https://www.yolandaramirezmichel.com/mitolog%C3%ADa?fbclid=IwAR0KeiDrXj9Evu6hy9GqVU1onqXn6X4cezXq0Gp4n27iTTrywSFz6_hVw7I

Sesión del taller de Mitología impartida por la maestra Yolanda Ramírez Michel

Y hablando de estas nuevas versiones, o recreaciones, mi amiga Grace Miranda me mandó este texto que creo conveniente compartir:

Las Tres Reinas Magas*
-por Florentino Ulibarri-


Y aunque no lo digan las crónicas,
también llegaron mujeres sabias
desde los cuatro puntos cardinales.
El fuego ardía en su seno
mucho antes de ver la estrella en el cielo.
Caminaban en oscuridad fiándose
de que la tierra se iluminara cada noche
con la luz de las lucernas más humanas.
Llegaron mujeres sabias
libremente y por propia autoridad,
sin ocultarse y desafiando las costumbres,
sin pedir permiso a ningún rey,
siguiendo sus intuiciones y sueños
su anhelo y el ritmo de su corazón,
cantando canciones de esperanza
y abriendo camino a la dignidad.
Llegaron en silencio, de puntillas,
sin ruido, sin parafernalia,
sin provocar altercados ni miedos,
sonriendo a todos los peregrinos.
Llegaron de forma contracultural,
no les quedaba otro remedio.
Nadie levantó acta con sus nombres,
pero dejaron huella y recuerdo imborrable.
Llegaron y trajeron regalos útiles:
agua que limpia, fuego que ilumina,
pan de la tierra y leche de sus pechos.
Llegaron con mantas para envolver,
frutos secos para compartir,
aceites para curar y ungir
y nanas tiernas en sus gargantas
para alegrar y dormir al que iba a nacer.
Ayudaron a María a dar a luz,
y cuando gemía con dolores de parto
le susurraban bendiciones de su pueblo.
Se quedaron en Belén muchas lunas,
y encontraron para la familia un lugar digno.
Y enseñaron a otras su arte y oficio,
con paciencia, ternura y tino
hasta que surgió una red de solidaridad.
Llegaron mujeres sabias
y alzaron su voz, sus brazos,
su sabiduría, su cuerpo, su espíritu
contra la matanza de inocentes.
Y se marcharon por otro camino,
igual que lo hacen siempre,
sin prestar atención a los cantos triunfales,
para proteger a los hijos más débiles.
Se marcharon a su tierra.
Pero vuelven una y otra vez en esta época
y en todos los momentos importantes,
cargadas de dones, risas, besos
de vida, canciones y paciencia
Dicen que es su trabajo y oficio;
pero no, son nuestro sacramento
y nuestros sueños mágicos despiertos.
Vestidas sin llamar la atención
están ahí, al borde del camino,
en los cruces y duelos de la vida,
en los oasis y en los desiertos,
en el límite de nuestro tiempo,
en los campos de refugiados,
en el umbral de la conciencia,
ofreciéndonos lo que más necesitamos.
Danos ojos para verlas ahora,
antes de que se marchen por otro camino,
y sólo sean sombra para nosotros.
Déjanos sentir el aroma de su presencia,
la sonrisa de su rostro, la leche de sus senos,
el calor de su espíritu y de su regazo
y toda la ternura de sus corazones vivos.
Déjanos abrazarlas para no olvidarlas.
Siempre llegan mujeres sabias,
oportuna y solícitamente,
a Belén y al reverso de la historia,
y son los mejores reyes magos
de las crónicas evangélicas no escritas.

Imagen : We the Three Queens of Orient Are, por Maya Telford


2020: más que la suma de sus partes

Un año es ¿muchos meses, muchos días, muchas horas? ¿O sólo la síntesis de lo vivido y sobre todo lo que magnifica la memoria? En una ecuación de síntesis facilista muchas cosas se olvidan: pequeños logros, risas, alegrías minúsculas se vuelven polvo… Ciegos por el imantaje de la “tendencia” miramos sólo un lado de la moneda. Pero… ¿A dónde van las chispas de intensa comunión con la vida, silenciadas por el gran monstruo que se come lo bueno con su cara tremenda y su brutal gigantismo?

Dejar que los pequeños pasos en el avance guarden silencio es como negar que los niños gritan y corren en el parque, ¡los niños gritan y corren, y juegan y ríen, y sus pequeñas perfectas risas son un recordatorio de que la tormenta no silencia lo trascendente, de que el cielo gris no es por siempre gris y hay soles imponiendo su rostro cálido a innumerables mediodías!

Decir que todo estuvo mal es tan extremo como decir que todo estuvo bien. El año fue mundialmente original en su sustancia, y hubo un dolor de humanidad, un dolor de raza, un dolor que a muchos hizo ver claramente dónde colocar el corazón, en qué parcela sembrar los dones, en qué inversión depositar el tiempo.

Quien no lo vio, por la fuerte atracción del abismo y la negritud de muchos acontecimientos, puede verlo ahora, nunca es tarde. El año se llevó a muchos seres queridos, pero vemos la muerte como algo horrendo porque no creemos en que somos inmortales; el año se llevó un trabajo seguro para algunos, cayeron muchas empresas y con las empresas cayeron sobre todo muchos empleados que debieron reinventar la vida desde cero. Tan literal fue la propuesta del 2020: un nuevo mundo (muchísima gente debió inventarse un nuevo mundo) un mejor mundo.

Tuvimos que experimentar formas nuevas para seguir en el trabajo de siempre, mudarnos a un sistema virtual que habíamos rechazado, pero el sistema virtual sostuvo a muchos. Como un gran cuerpo que tiene en sí la noche y el día, un gran cuerpo de oportunidades que tú decides si lo usas para perder el tiempo y embotar tu cerebro, o para aprender y circular con el cambio, y aprovechar la tecnología, como un día se aprovechó la imprenta.

El año ha sido una sumatoria de alegrías que brillaron como estrellas en la noche del encierro, y conocimos gente a través de cuadritos en la pantalla, y supimos cómo sienten, cómo piensan, y la distancia nos los trajo al hogar, aunque no pudimos tocarlos.

Si tocar el cuerpo es todo entonces sí, alá, a quejarnos, porque nos quitaron esa cercanía de piel y abrazo y beso, y risas cercanas y reuniones familiares, y congresos, y ferias y mil cosas que sin embargo supieron ser otras cosas, cosas nuevas.

Algún día este tiempo será pasado, y de este tiempo se dirá algo bello, es una regla dada por la constante nostalgia de los “tiempos mejores” (recordamos el pasado a nuestra conveniencia). ¿Por qué no ver el presente también nosotros bajo la lupa de la conveniencia del bien?, los que estamos en el ojo del huracán, en el centro del cambio, en el protagonismo de un momento histórico tenemos el botón rojo o la bandera de la paz en el aquí y ahora. Es ahora que se puede dar la “actualización” de los valores, generar comunidades gilánicas, solidarias, pensadas en el bien común. Ahora que debimos tocar fondo, es urgente rechazar el término “víctimas”, para volvernos agentes del cambio.

Desde cada casa, cada célula familiar, pequeña o grande, desde cada empresa, desde cada conversación, cada anhelo, cada sueño, cada elección responsable o irresponsable, ahí está el cambio, no lo busquemos afuera, los políticos son un reflejo de nuestras corrupciones interiores, no podemos reclamarles si seguimos corrompiendo nuestro cuerpo, nuestra mente, si relajamos nuestra responsabilidad, nuestras costumbres, si seguimos dando una palabra que luego vale nada, una palabra que no respetamos ni nosotros, ¿cómo pedir que cumplan los otros, si no cumplimos cada quien en su pequeña viña?

Este año fue muchas cosas, lo resumimos y le damos una sola consistencia, inmerecida, porque tiene muchos rostros, y es una moneda al aire que giró dando en sus giros los rostros del dolor y la alegría. Pasaron más cosas que el COVID, no todo fue el virus, también tuvimos que lidiar con graves problemas familiares, con ajustes de presupuesto, con decepciones que parecen bofetadas, pero hubo muchos dones, el punto está en verlos, la mirada sobre los dones hará que broten frutos dulces.

Este es Kairós, el tiempo sagrado. Esta es la Navidad, la celebración del nacimiento de los grandes dones en el interior de nuestra entraña, cargamos en el cuerpo el milagro, las contracciones lo anuncian.

Un abrazo navideño.  

Yolanda Ramírez Michel y la Comunidad Trithemius

NUEVA TALLA

Cada Navidad el consabido pretexto: ¡hay tantas fiestas, y se come tan rico en ellas…!

Pero… este año no puedo culpar a la Navidad. Aumenté de peso porque insisto en cargar mis espaldas con tremenda lista de supuestas afrentas. Insisto aplicadamente en que los males me persiguen y cada mirada revela un inminente juicio sobre mi persona. Sean conocidos o desconocidos, todos a mi alrededor aumentan con su cercanía mi miedo, debo protegerme de ellos, de todos, del mundo.

Por eso tengo exceso de peso, porque no hay día en que no me atragante con locas imaginerías que van creciendo como pulpos inflados a través de mis entrañas. Me alimento compulsivamente con videos de consumo masivo y artículos de superficialidad comprobada que inflaman mis articulaciones entorpeciendo mi vitalidad. Con tanto “alimento” chatarra no hay hambre para los proyectos que esperan pacientemente sobre mi escritorio.   

Sería tan fácil otra vez culpar a la Navidad, sus comilonas, y sus posadas, pero he llegado hasta aquí sin asistir a ningún banquete, me he mantenido en casa, en el encierro obligado por mi precaución excesiva, alimentado principalmente por las noticias que devoro como palomitas de maíz en un cine cuyos algoritmos controlan mi cartelera, enmascarada dictadura mediática.

He perdido la cintura en algún rincón del tiempo, igual que perdemos la mirada del asombro, ¿cómo maravillarnos cuando todo se desplaza a velocidad de trenes citadinos, de arriba hacia abajo, ante nuestros, ojos abducidos por un engaño colectivo?

Y, sin embargo, el exceso de peso, no ha sumado a mi vida protección real, más bien he sumado lentitud a mis pasos, ya no me interesa lanzarme a los planes que antes nutría con sueños. ¡Que me cuelguen en la seguridad de una rama! Y que al final de las fiestas (a las que asistiré bajo la guardia fiel de mi celular) me guarden con el cuidado de los excesivos mimos en mi caja de celofán hasta el siguiente año.

Me siento frágil como una esfera que, si cayera del árbol, caería irremediablemente sobre el suelo convertida en mil pedazos. Sería bueno que la redondez de mis curvas tuviera que ver con un aumento de gracia y no con la pérdida de medidas que la moda asienta como validación estética.

Esta Navidad no me queda más remedio que mirar hacia dentro, dejar de echar culpas, asumir responsabilidad por los males que no he atendido como debiera, entender que los centímetros que me han dado nueva talla deben ser eso: una nueva talla, la de la conciencia.

Nunca es tarde para dejar de culpar al mundo y entender que tengo todos los poderes, que tengo los dones y la posibilidad del cambio. Nunca es tarde para dejar de consumir tanta desinformación y volverme selectiva, y dejar que el perro y el gato con sus correrías hagan que el árbol navideño se incline tanto que yo caiga de la rama, y una de dos: o ruede gracias a mi redondez, y en el rodar encuentre otros rumbos, o que me rompa, finalmente, y convertida en pedazos llegue a conocer la comunidad de un basurero lleno de rotos felices, ¿quién dijo que permanecer colgada en la rama era la felicidad?

Autora Yolanda Ramírez Michel/ Ilustración Sebastián Okami

En el desván de una emoción

A veces uno siente que las cosas no están bien, y no es por nada en especial, no es que una tragedia haya tocado a la puerta, no es que algún mal nos lleve al insomnio, no es que haya lágrimas, no…

Pero algo no funciona, la alegría brilla por su ausencia, y es curioso porque si uno mira a su alrededor, las cosas están mejor que nunca, mucho mejor incluso de lo que estuvieron cuando había lágrimas.

Es que los hombres guardamos extrañas rabias que se acumulan por no atenderlas, frustraciones y artículos no resueltos en tiempo y forma salen con sus fauces abiertas cuando menos se les espera.

Criaturas curiosas y excéntricas que somos los seres humanos… un día cazamos mamuts con la euforia del reto, y comimos los despojos de la cacería con el contento del hambre que ha sido saciada. Y dormimos bajo las estrellas sin que hubiera ningún arrendador que nos cobrara renta por el uso de suelo.

Más nos valdría recordar aquello, y no lamentarnos de la lentitud del internet que nos mantiene en contacto con los seres queridos en cualquier parte del mundo, más nos valdría gozar los buenos frutos del progreso, alegrarnos ante la mesa puesta y el mantel limpio, gozar por las flores en el jarrón, el abrigo de un techo, la ventaja de una ciencia que cura muchas cosas, aunque tenga sus bemoles, cura muchas cosas. Muchos estaríamos muertos sin la penicilina o la anestesia.

A veces, cuando hay ruido dentro, es bueno ver las cosas bellas que insisten en mostrar sus rostros ante nuestra apatía. Es bueno entender que los males no pueden ser lo único que salió de la caja de Pandora. Es bueno escribir para intentar entendernos.

Feria Internacional del Libro 2020

No nos vamos a quejar, la queja implica que somos víctimas, implica que nos negamos a usar el libre albedrío, que no es otra cosa que elegir la actitud con la que atiendo el implacable destino.

Por eso no nos vamos a quejar de que la Feria Internacional del Libro no sea presencial y se pierda ese contacto directo con lo tangible y material, más bien vamos a ver que esta FIL será mucho más democrática que antaño, puedes entrar a escuchar las conferencias desde cualquier dispositivo, sin aglomeración, sin el excesivo pago por el estacionamiento, o las colas kilométricas para entrar, o los perversos costos por tener un stand para que las ventas apenas sirvan para lo que se invirtió, pero nunca para anotarse una ganancia. Viéndolo bien, ahora no será pertinente ya quejarnos de los acarreados, ni lamentar que no pudieron venir a nuestra presentación los amigos que viven lejos de Guadalajara, ni resentir que muchos de los que viven en la ciudad se niegan a la tortura del ingreso sólo para sentarse 45 minutos en un salón a escuchar al amigo que escribe, ni habrá ya quejas rondando a los que amamos la feria porque los pasillos son como el metro de la Ciudad de México a la hora pico. Tampoco pondremos cara de mártir porque dos conferencias están a la misma hora, la FIL guardará el reporte y podrás acceder a ellas en otro momento.

Ya sé, para muchos la FIL es como la Navidad, la amamos entrañablemente, pero en el fondo lo que amamos es esa acumulación de libros que alimenta nuestra obsesión de lectores. No obstante, ¿quién puede comprar todo lo que se oferta?, la sobreabundancia de títulos que terminan mareando a cualquiera, el no saber si gastaste tus ahorros en los libros correctos. Y si esperabas la FIL para buscar ciertos libros… luego pasa que los libros que buscas ni siquiera están ahí.

Además, los libros hoy pueden llegar hasta la puerta de tu casa con un click, las editoriales se han sumado a la venta en línea. Hay que aprovechar los bienes ocultos ante el inevitable avance que luego en siglos venideros será Historia.

Por eso les dejamos por aquí:

1.- Un link para que ingresen este próximo lunes 30 de noviembre a las 18:00 horas de México a una presentación que esperamos disfruten El Evangelio del Universo: Conversaciones entre Lilith y el Ángel, presentan:

Raúl Aceves y la autora.

2.- El link del programa general para que donde quiera que estén visiten esta FIL sui géneris: https://www.fil.com.mx/prog/resultados.asp?r=6&idsr=0&f=0&n=&a=&c=&e=2020&pg=4&b=

3.- El link para la compra del libro que presentamos en FIL: https://www.editorialsaltomortal.com/product-page/conversaciones-entre-lilith-y-el-%C3%A1ngel

Raúl Aceves, Premio Jalisco de Literatura 2020

Por Yolanda Ramírez Michel

Ante la reciente noticia de que mi amigo Raúl Aceves ganó el premio Jalisco de Literatura 2020, podría enlistar su abundante obra poética, ensayística y de investigación, como referente irrefutable para tal nominación, pero seguramente muchos se encargarán de hacer esta lista con lujo de detalle, yo prefiero contar del gozo de su amistad, y de la magia que su presencia derrama.

Conocí a Raúl en los albores del siglo XXI. Nuestra amistad fue alimentada por incontables tertulias en un café entonces llamado “La Selva”. Los miércoles, un grupo variopinto de inquietos artistas nos reuníamos en torno a Raúl, que parecía un sol imantando con su bonhomía, su sapiencia y su alegría. Fueron varios años en que Raúl no faltó a la cita, llegaba casi siempre con un morral lleno de tesoros, libros que repartía con alegría de niño perenne. Le debo, no sólo su acompañamiento en mi aprendizaje literario, gracias a nuestras charlas o a los libros que me regaló; le debo el ejemplo que me dio su prudencia, su cuidado en la palabra, la ausencia de juicio en sus comentarios, y la sencillez entrañable con la que atiende a todos los que se le acercan.

Raúl Aceves y Yolanda Ramírez Michel en el café La Selva de Guadalajara

La Selva cerró, yo me mudé a Ajijic, y las tertulias se cambiaron a otro café. Si hay algo que extraño en medio de este paraíso que es la ribera, son esas tardes cerca de él.

Pero la amistad y la admiración es algo que no se acaba con la distancia, y menos cuando los amigos siguen sembrando sus parcelas con bienes.

Hay en Raúl un chamán, un poeta, un sabio, un visionario, un místico, un maestro alegre y comprometido, un filatelista entusiasta, un lector incansable, un investigador comprometido con sus obsesiones, un amigo fiel, un hijo que honra, un niño eterno, un risueño contertulio, un creativo periquetero, un consejero lúcido, un psicólogo natural, un referente de las letras que son fieles al numen.  Quien no conozca a Raúl podrá pensar equivocadamente que exagero. Quien lo conoce sabe que me he quedado corta.

Para terminar, quiero contar una anécdota que podría parecer salida de un cuento de hadas, pero que me sucedió a mí, y que no dejo nunca de narrar con la alegría que da el milagro:

Impartía mis primeras clases de mitología, y para cada tema debía contar con material bibliográfico que sustentara mi clase. Me habían pedido que incluyera en el currículo mitología africana, pero no tenía suficiente información y preferí negarme. Sin embargo, la espinita quedó… y fui al Fondo de Cultura Económica, a ver si encontraba algo… (en toda la librería andavete del tema). No obstante, ahí estaba Raúl, sentado en el café del Fondo. No era día de tertulia, ni lugar para el encuentro semanal. Me alegró verlo, lo saludé con entusiasmo y me dispuse a acompañarlo mientras se tomaba su café. En su regazo reposaba, como siempre, su morral mágico.

-Traigo aquí algo que pienso que podría gustarte- me dijo con una sonrisa curiosa, mientras sacaba un libro con el lomo quemado. -Es un libro que se salvó de un incendio, por eso está quemado.

Tomé el libro, en la portada rezaba: Tchicaya U Tam Si, Leyendas Africanas.

Sí, Raúl también es un mago.

Página interior del libro que me regaló Raúl Aceves

La literatura vence a la muerte

Por Yolanda Ramírez Michel

Desde hace cinco mil años la literatura ha servido como reflejo de nuestras más profundas inquietudes. La narración más antigua de la historia, el Poema épico de Gilgamesh, tiene como eje central la inquietud del hombre ante la muerte. Quedó constancia de ello en doce tablillas de arcilla, descubiertas bajo las arenas del desierto, en 1847, con el hallazgo de la biblioteca del Rey Asurbanipal.

La literatura es hechizo infalible para alcanzar una especie de triunfo sobre la muerte. No sólo para el autor, sino para los personajes de los libros. Gilgamesh, protagonista del poema sumerio que asombró a los estudiosos del tema cuando se descifró, fue inmortalizado mediante la escritura cuneiforme. Tal vez dentro de la historia no se cuenta que logró alcanzar la inmortalidad, pero el hecho de que hoy lo recordemos implica en mucho que sigue vivo. Una vez atravesado el umbral por donde las almas se convierten en recuerdo, sólo la literatura salva del olvido.

El vinculo literatura-muerte parecería forzado a simple vista, quienes leemos sentimos más bien que sumamos vida a nuestra vida. Quienes amamos los libros no dudaríamos en defender la literatura como un vitalísimo monumento humano, y sin embrago, la mayoría de esos libros amados son voces que nos llegan de lejanos días y distantes reinos, los más, silenciados para siempre por la muerte, aunque sean cantados con insistencia por los vivos.

Como evidencia de eso que, siendo muerte, es vida, les dejo un fragmento de un escriba de la antigua Bablionia, Sîn-lēqi-unninni que hoy podemos conocer gracias a que la literatura ha vencido a la muerte una y otra vez:

¿Hacia dónde estás corriendo [Gilgamesh]?

¡La vida que persigues no la encontrarás (jamás)!

Cuando los dioses crearon a la humanidad

ellos reservaron la muerte para el hombre,

la vida (eterna) conservaron en sus manos.

Por lo que a ti respecta, ¡llena tu estómago!

diviértete día y noche […]

¡Contempla tiernamente al niño que te coge de la mano

y que tu esposa no deje de gozar sobre tu pecho!

¡Este es el destino [de la humanidad]![1]

Si el tema te interesa y deseas conocer más acerca de esta obra, por aquí te dejamos una sesión interesante:


[1] Gilgamesh o la conquista de la inmortalidad, Franco D’ Agostino. pp. 161

La sirenita y la anorexia

Por Yolanda Ramírez Michel

Después de leer el clásico infantil “La sirenita”, del autor Hans Christian Andersen, reflexioné sobre los cambios que Walt Disney hizo a la versión original del cuento. Asombrada, encontré una curiosa relación entre la sirenita de Andersen y las jóvenes anoréxicas de nuestro siglo. La protagonista de este cuento bien podría ser hoy en día una de las esqueléticas damitas que desesperadamente, y a costa de lo que sea, comercian con lo más valioso que poseen: su salud. Así como la joven con piernas de pez entregó su voz a cambio de mutar la forma original de su cuerpo, ellas pierden su vida en el altar de la moda.

Si recurriéramos más a menudo a las versiones originales, los niños y jóvenes no se verían privados de los mensajes que tales obras contienen. La heroína del cuento de Andersen, mas no la de Walt Disney, no consigue el amor del príncipe, él quiere a la sirenita como a una hermana, pero está enamorado de una joven princesa. El final es totalmente distinto al que la mayoría de nosotros conocemos gracias a la pantalla grande: la sirenita, al ver que no podrá conseguir el amor del príncipe lamenta su destino recargada en la baranda del barco donde se acaba de celebrar la boda de los jóvenes enamorados. Al salir el primer rayo de sol ella morirá; como no posee un alma inmortal se perderá en la nada. Entonces, sus hermanas aparecen y le entregan un cuchillo con el que debe matar al príncipe para seguir viva. Sin embargo, la sirenita no puede matar al hombre que ama y prefiere morir; esta buena acción la convierte en una hija del aire que al paso de 300 años obtendrá, al fin, un alma inmortal, fruto notablemente superior.  Esta versión tiene un contenido simbólico que nos lleva a reflexionar: si la mujer sacrifica su salud para conseguir un fin estético, saldrá perdiendo. El final de Walt Disney, a mi modo de ver, crea una imagen irreal y fantástica que favorece el desarrollo de las falsas ilusiones en muchas niñas y jóvenes. La sirenita cinematográfica rechaza su forma original, como las jovencitas, y entrega a la bruja su voz (su fortaleza), esto hace que consiga el amor. En cambio, para Andersen, es importante mostrar una heroína que, al aceptar su fracaso, alcance un mayor nivel de conciencia… para la hermosa pelirroja de caricatura, no existe experiencia enriquecedora.

El final para las sirenitas de nuestro siglo es parecido al de la hija del mar de Andersen, y al igual que ella, su salvación no se encuentra en alterar su imagen, sino en encontrar la manera de aceptarse a sí mismas.

Sería bueno leer nuevamente esas entrañables historias que ayudaron a otras generaciones a superar muchos procesos de crecimiento, la pantalla grande tiene una limitación, no puede contarlo todo, y nosotros debemos rescatar los tesoros hundidos en el fondo del mar.