Escrito por

Angelina Rodríguez Arévalo

Ilustración de Camila Schmidt Hernández

Todo lo que un día se esconde es semilla

                                                                            que el tiempo riega y trasforma”

                                                                                     Yolanda Ramírez Michel

Soy enfermera en una casa de descanso. Aquí la vida nos descubre historias inolvidables en los colores y el aroma del “invierno”.

Les comparto una de esas historias:

 Enrique sufrió un evento cerebral a sus sesenta años, esto le dejó imposibilitado para caminar. Cuando llegó a vivir a la casa de descanso, no quería salir de su habitación. Permanecía en silencio y con los brazos cruzados todo el día, mirando fijamente el suelo. Era un ermitaño, encerrado en su muralla oscura y fría.

Un día, durante la comida, un compañero de noventa y tres años, Boni, que padecía demencia senil y dificultad para hablar, pronunció como pudo ante Enrique:

-Quiiii…queee, Qui…queeeee.

 Al escuchar su nombre, Enrique alzó la vista, miró a Boni, y por primera vez lo vimos sonreír. Aquellas fueron palabras milagrosas que lo impulsaron a derrumbar su muralla y ver la luz que había a su alrededor. Luego de aquella sonrisa, platicó con sus compañeros, participó en las actividades. Su sentido del humor, antes guardado bajo llave, animaba a la comunidad.

 A partir de aquel día, “Quique” nos pedía a toda hora estar cerca de Boni. Con sonrisas, miradas profundas, el contacto de sus manos, y algunas contadas palabras, establecieron una entrañable amistad.

Los días pasaron como saetas veloces. Las fiestas decembrinas llegaron. La puesta del Nacimiento y el montaje del árbol despertó en Enrique el espíritu navideño. 

Su hermana solía visitarlo, una tarde él le pidió:

-¿Puedes traerme la chamarra que me heredó papá envuelta como regalo de Navidad? Está en el clóset de la que fue mi recámara.

Ella cumplió su deseo   

El día de Navidad, Quique volvió a pedirme que lo sentaran al lado de Boni.  Acomodé a los amigos frente a frente, a un lado del Nacimiento. Sus rostros brillaban con las luces del árbol.  Se miraron en silencio… Enrique colocó el regalo sobre las piernas de Boni.

Gracias amigo, por ti volví a tener esperanza, paz en la vida y alegría en mi corazón.

Con sus ojos nublados de lágrimas, Boni acarició las manos de su amigo. Con los ojos también húmedos, Enrique, besó las manos del anciano.

Angelina Rodríguez Arévalo escribe “Los colores del invierno”, un cuento de la vida real.

Por mediación de la voz de una enfermera de la casa de descanso EMAC, Angelina nos muestra cómo la vida siempre tiene sorpresas y encantamientos. “Los colores del invierno” se publicó en el periódico Mural el 23 de diciembre del 2020. Aquí tenemos a los personajes escuchando la narración. Boni y Enrique (Quique para Boni) hacen que a uno se le salga una lágrima…

Los personajes del cuanto en vivo, escuchando el cuento que trata acerca de ellos.

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