La palabra se revuelve dentro, va conformándose poco a poco, sus signos se unifican hasta formar una masa cargada de símbolos que la dotan de sentido. En su interior se enfrentan significado y símbolo. Hemos entendido que el significado vive fuera de nosotros, es un ente social que pareciera tener vida propia; el símbolo, por lo contrario, nos habita, se aloja dentro y nos confronta con lo social, nos jala hacia nuestro fondo para comprender. De ahí surge el sentido, de una “no comunión” entre lo que se piensa (significado) y lo que se siente (sentido). Esta confrontación nos hace elegir.

La palabra se vuelve idea que poco a poco va poblando todo, nos llena el cuerpo para luego derramarse por las calles. Transformar en símbolo la palabra es una metamorfosis necesaria para entender la muerte y la vida. Vida que transcurrimos sin sentirla. En realidad, es la muerte la que nos permite dotar de sentido todas las cosas que nos rodean, gracias a una especie de relación de posesión-desposesión. Cuando nos sentimos faltos de, desposeídos de la materia y de la sustancia, es ahí que todo comienza a cobrar sentido, comenzamos a sentir la urgencia de tener, de poseer. Cuando escuchamos la palabra muerte aflora nuestra falta de vida, comenzamos a dotar de sentido a lo que nos rodea debido al miedo a perder o no estar en situación de posesión.

Entonces, la idea comienza a separarnos de la palabra y su sustancia, la palabra en el origen era divina, contenía a la carne y a la sustancia, se mezclaba entre los dioses y los mortales, era puente que nos permitía conectar con el fundamento, la palabra fue génesis al entenderse como símbolo de todo lo que existe y se piensa. Quien aprende a conciliar el significado con el símbolo aprende a habitar la palabra, aprende a perder el miedo a la muerte y su hado impecable. Aprende a vivir según los símbolos y la carne.

Saber el sentido de la vida significa saberse en completa desposesión, saberse parte de la palabra; habitante y habitáculo. Somos la palabra y fuera de ella. Somos origen y muerte, en la palabra está contenido el símbolo, y es éste el que la soporta, basamento de todo lo que se entiende.

Nos hemos alejado de la palabra y es hora de regresar a ella a través de los símbolos que fluyen entre nosotros.

Pepe Aguilera

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