El Barrio de las Letras

De El Barrio de las Letras (novela de próxima publicación)

Por Yolanda Ramírez Michel

Collage de la pintora AdI Rivera

Dime, Miguel, que no estoy loca, muchos amigos me lo dicen cariñosamente, pero siento que en el fondo lo dicen en serio, no tanto como para llevarme al manicomio, pero sí lo suficiente como para no comprenderme enteramente. Hoy como ayer es loco todo el que vive en la periferia de la razón que venden las instituciones, es loco todo el que persigue sus sueños antes que un buen sueldo, es loco todo el que ama la fantasía y puede ver hadas en los setos con flores. Como don Quijote. ¡Qué necesario comprender al Quijote hoy! Por eso lo enseño, por eso tengo cursos y toda clase de proyectos para que los lectores no juzguen a tu personaje como un loco, sino como uno que ve, más allá de lo real, lo posible; como un iluminado, un cabalista, un místico. A todo el que se sale de la media se le pone la etiqueta de loco, pero luego de los locos es el reino de los cielos, el reino del arte y las empresas creativas.


He defendido a don Quijote de los que se quedan en lo literal, lo he defendido porque es una forma de defensa personal. En los personajes amados u odiados estamos los seres de carne y hueso, y nuestras historias personales son un reflejo de los cuentos que nos contamos. De la vida a la literatura, de la literatura a la vida… y nada es estático, ni nada es lo que parece, ni los molinos son exactamente molinos, pueden ser ciertamente briareos, que mueven sus aspas para el molimiento de las causas más reales. Pocos lo ven, de ésos es el reino de los cielos, de los que pueden ver la vida fantástica como un reflejo de la verdadera vida. El exterior es sólo una pantalla, la pantalla de un teatrillo fabuloso, la pantalla donde se proyecta lo que somos, pero no somos sólo esto, lo externo, lo tangible.


Defiendo tu Quijote, Miguel, y me defiendo a mí. Igual defienden todos, antes que lo defendido, a lo que de sí mismos hay en el tema, el tema los refleja y hay que defenderlo, defenderse en él de las acechanzas, con la palabra defensora queremos componer algunas afrentas, y por eso defendemos hasta el extremo de enfadarnos. Las feministas defienden algo suyo, muy interior, no solamente el feminismo, las lleva a esa defensa alguna injusticia padecida muy hondamente, algún crimen cometido por el machismo. El feminismo es el medio para defenderse… Así yo, defiendo el Quijote porque me defiendo a mí, defiendo la utopía, el idealismo, defiendo que se puede sembrar una mirada fantástica sobre lo real. 

Sesión de cierre del taller donde se leyó Don Quijote de la Mancha
Sesión en Trithemius Talleres proyecto online

Cuidado con lo que le dices a un genio

Por Yolanda Ramírez Michel

Desde que leí El Matrimonio entre el Cielo y el Infierno quedé enamorada del poeta británico William Blake (1757-1827). Sin embargo, no escribiré hoy de ese libro, sino de una de sus cartas…

William Blake, poeta, pintor y grabador británico.

William Blake fue uno de esos genios adelantados a su época, incomprendido por su generación, como suele suceder con los grandes espíritus. Nos cuenta él que cuando era niño, un día de verano, contempló un árbol y lo que vio lo lanzó corriendo emocionado a decirle a su madre: “he visto el árbol lleno de ángeles”. ¿Cómo negar que cada fruto es un mensaje sagrado de la divinidad que preña la naturaleza? Si nosotros sólo vemos el fruto como alimento para saciar el hambre, y no como el contenedor de semillas que almacenan grandes milagros (la multiplicación de los panes ha devenido de alguna primera semilla…), no podemos culpar al que sí tiene en la mirada el alcance de esas visiones.

William Blake, Canciones de Inocencia

Ya desde niño Blake estuvo cerca del milagro porque traía la condición de visionario, el rechazo que espíritus como el de William Blake padecen viene de que su mirada mística se aleja en mucho de la mirada común.

Para ejemplificar estas cuestiones quiero compartir con ustedes una carta que escribió William Blake al reverendo John Trusler —autor de “exitosos” (nótense las comillas, por favor) libros que trataban acerca de religión, libros parecidos a lo que hoy denominamos best sellers— dicho reverendo había contactado a Blake después de visitar la exposición en la Royal Academy de Londres donde Blake había expuesto “La Última Cena”:

La última cena, de William Blake

El sacerdote se había hecho rico con sus escritos, y ahora deseaba que Blake ilustrara algunos de sus textos sobre moral. Permítaseme ser irónica: ¡qué bueno que el sacerdote no tenía visión!, de lo contrario hoy en día tendríamos los trazos de Blake junto a palabras de poca monta.

William Blake siempre fue malentendido, Trusler no fue la excepción. Cuando recibió las imágenes, (que por supuesto no respondían a la estética de las caricaturas religiosas de entonces), el reverendo escribió al poeta calificándolas de raras y exageradamente extravagantes, además de sugerir que la imaginación de Blake pertenecía más bien al “mundo de los espíritus”.

Ilustración de William Blake para la Divina comedia de Dante (1826)

Hoy, la obra del reverendo ha sido por completo olvidada, y conocemos a John Trusler sólo por este desafortunado incidente en relación a la obra de uno de los gigantes de la poesía y la mística británica. Si la visión de algunos ignorantes es limitada, no es culpa del artista, poseedor de una visión siempre hacia lo alto, cuando esos otros miran tan bajo. Aquí las primeras palabras de la respuesta que Blake dio al reverendo, motivo principal de este post.

Carta del joven William Blake en defensa de la imaginación (que parecen no poseer o no valorar algunos)

Carta de William Blake a John Trusler

“!Lamento de verdad que usted se encuentre distanciado del mundo espiritual, especialmente si soy yo quien tiene que responder por ello. Si estoy equivocado, lo estoy en buena compañía… Lo que es grande es necesariamente incomprensible para los hombres débiles. Aquello que puede hacerse explicable para los tontos no merece mi atención.
Siento que un hombre podría ser capaz de ser feliz en este mundo. Y sé que éste es un universo de imaginación y visión.
Veo que todo lo que pinto existe en este mundo, pero no todos lo ven de la misma manera.
A los ojos de un indigente, una moneda es más hermosa que el sol, y una cartera gastada por haber estado llena de dinero ostenta proporciones más bellas que una vid cargada de uvas.
El árbol que mueve a algunos al punto de las lágrimas, para otros es solamente una cosa verde que estorba en su camino.
Algunos ven a la naturaleza ridícula y deforme, y yo nunca regiré las proporciones de mi arte bajo estos preceptos; hay personas que ni siquiera ven la naturaleza.
Un hombre es, y así es como ve. […] Usted está ciertamente equivocado cuando clama que las visiones fantasiosas no pueden ser encontradas en este mundo.
Para mí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación…”

¡Bravo por Blake!

Breve confesión a una princesa

Por María de la O

¡Cuánto daría por reposar mi hambriento  y cansado cuerpo sobre un lecho acojinado, y  acabar de una vez con este huérfano peregrinar!, pero aquella noche, tuve que salir huyendo del palacio; la única morada que consideré mi hogar a su lado mi señora…si yo le contara. ¿Y cómo?, usted está de bodas y es momento de alegría. La veo peinar emocionada sus negrísimos cabellos con esa ondulación perfecta que sólo luce una princesa, y a la servidumbre arreglar con dedicación su espléndido sari de bodas. ¡Ese delicado ajuar bordado de finos diamantes y listones de colores, ¡yo lo digo; son sólo dignos de su real belleza! Pero…si yo le pudiera contar ¡cómo se vive con hambre, y cuán grande es el deseo de un abrazo desde aquí..!  Mi huída fue tan imperiosa, que aún siento en la boca ese sabor amargo de la renuncia, y en mis manos el barro de la soledad. Yo callé señora mía, me desvanecí en silencio perdiéndome en las sombras, pero… lo valía ¡Es usted el reflejo de un ángel esculpido por el amor mismo! Y bajo esos velos de seda, y suntuosos ornamentos de gala, su belleza resplandece como el cielo de Brahma. ¡Cómo no iba a hacerlo…!  Hoy es su boda; día de gloria. Ya los chandes y los shehnai, suenan alegres en el kalyana Mandapam, reclamando su presencia: ¡Cuánta algarabía!, ¡Lo volvería hacer lo juro! Mi silencio fué justo;  ¿Quién manda a un sirviente posar sus pobres ojos en los de un angel como usted?¿Quién al amor desdeña aunque no venga de vuelta? Usted, no lo supo; su mirada transparente no me habló nunca de amor pero ¡cuánta bondad me regalaron! ¡cúanta sabia corrió por mis venas y abrevó en mi alma dulcemente! Tuve que guardar mis deseos de adorarla, y salir huyendo para no avergonzarla. La calle fué el refugio para sanar esa honda  pena y esconder mi amor. En ella mendigué cobijo, otras veces cálido consuelo hasta que llegó mi partida.   ¡Si yo pudiera contarle y descansar en su lecho, y beber de sus labios un arrullo…si yo pudiera pero… ¡ya no tengo cuerpo y usted está de bodas!  y ¡Por los dioses!: ¿Quién ante usted, al amor desdeña aunque no venga de vuelta?

                                           

*Chande: Tambor muy conocido en la música tradicional y clásica al sur de la India, y es  para  acompañar dramas           dancísticos, y cualquier celebración.

*Shenai: Es un instrumento en forma de tubo que gradualmente se ensancha hacia el pabellón.              Tiene entre seis y nueve   orificios. Emplea dos series de doble lengueta haciéndose un instrumento cuádruple.

*Kalyana Mandapam: Lugar muy lujoso para celebrar bodas y distintos festejos.

Este texto fue el producto de una consigna surgida en el taller del Libro Rojo de Jung, aquí te dejamos la sesión completa:

Madre Perla

En este espacio compartimos los textos que el taller del Libro Rojo de Jung ha inspirado. En esta ocasión les presentamos el texto de Selene Cázares, Madre Perla.

Captura de pantalla del grupo Libro Rojo de Jung 2021

Al reventar de cada ola se escuchaba el rugir del océano; al contacto con las rocas el agua era regalo permanente que yo no podía dejar de admirar. Imaginé cuánto tiempo desde los inicios de la vida esas aguas habían irrumpido en la esencia de la piedra para terminar dándole la forma caprichosa de un risco. Así vi nacer esa noche en el vasto cielo la luna llena más grande y redonda que mi mirar jamás percibió, me abracé a los hilos de la nostalgia…, poco a poco, me arrulló la brisa y mis sentidos fueron cediendo a la vigilia.

          De lo profundo emergió una gran ostra, fue arrojada por el oleaje a la playa. Iluminada por aquella noche de luna llena pude ver con claridad cómo la ostra cedía ante la fuerza de los vientos y cómo regresaba al mar una y otra vez. Finalmente quedó varada en la arena.

Corrí tras la luz que salía de su interior. Al acercarme a ella descubrí que en sus entrañas había una creatura que parecía despertar de un largo sueño; a su lado vi una madre perla que la criatura rápidamente tomó entre sus manos, intentando protegerla.

          La cabeza de la creatura se mecía de un lado a otro, yo entendí que me observaba con tanta curiosidad como yo a ella. Apretó la perla contra su regazo y luego me la entregó. Entonces, por primera vez, pronunció palabra:

Hay sueños antiquísimos de la humanidad, uno nunca puede escapar de ellos, y tú me has llamado esta noche de plenilunio, porque intuyes que hay mas realidades, porque no te son suficiente las apariencias, quiero regalarte un mundo de palabras sin censura, porque me cansé de las líneas rectas, quiero entregarte mi imperfecta verdad para que conozcas las gamas de claro obscuros de que estoy hecha, es necesaria la curvatura para encontrar la raíz de la aparente razón. Yo formo parte de ti y a pesar de ser uno en la conciencia, en la psique nos confrontamos, por eso es necesario hurgar en las profundidades para separar la cizaña y dejar solo la mata que proveerá la vaina que nutre los sueños y transforma la vida.

                    Al alba me descubrí tendida sobre la arena, entre mis manos una pequeña ostra. Volví sobre mis pisadas hasta la casa del  risco y me hundí en mis pensamientos, desde entonces escribo lo que siento, mi pensar, lo que me provoca cuestionar, creo que llevo una perla dentro.

El Evangelio del Universo: Conversaciones entre Lilith y el Ángel

“Éste es el recuento de los tiempos únicamente divisados por las intuiciones del alma, los tiempos en que todo estaba inmóvil, los tiempos en que no había ni hombres, ni palabras, ni tiempo. Este es el principio de todas las historias, la página en blanco donde un día todo estuvo en silencio, todo en calma…

            En el corazón de aquel vacío primordial dormía y soñaba Amor. Ahí, el menor brote de un sueño es siempre susceptible de volverse real. Por ello, las palabras de este génesis pretenden ser un homenaje a los sueños, siendo que todo inicia casi siempre así, con un sueño (aunque sea uno tan mínimo como una mota de polvo…).

Si a la perfección de aquel momento prístino nos remitiésemos, Amor hubiera podido seguir durmiendo eternamente, el abrazo de Nada lo contenía como una cuna confortable y perfecta.

No sabemos qué sucedió, el caso es que, en un momento dado, mientras Amor dormía profundamente, irrumpió en su sueño una chispa, como la de un cerillo con su pequeño sol a cuestas. Igual que el capullo de una rosa es llamado a la luz por algo más allá de sí, igualmente a Amor aquella chispa le anunció la inminencia de un día sobrenatural.

            ¡Es hora de despertar!

            Amor se estremeció en el regazo de Nada —parecido a un niño a quien despierta su madre, cuando él quiere seguir soñando—, no quería olvidar aquel sueño: Amor soñaba universos.

Hoy y entonces los sueños han de ser sostenidos al despertar, para que no se olviden, para que no se pierda su trama, ni se rompa el hilo que los conectará con la vida. Por eso Amor sostuvo su sueño, como a un amigo de humo al que se jala de su inasible mano cuando tenemos que mudarnos a otros paraísos, los que le darán consistencia. Cuando Amor sintió que aquel reino de sueño lo acompañaba, abrió enteramente sus ojos y vio flotando ante sí un puntito minúsculo, algo parecido a esas pelusas que danzan en el aire, y se vuelven visibles sólo gracias a la luz y a la mirada.  Amor observó aquel pequeño círculo cerrado como el punto de un lápiz. Aún con todo y sus diminutas dimensiones, en esa pequeña causa, como memorias del porvenir,  estaban ya todas las galaxias, los soles, los mundos; todos reinos animales y vegetales, todas las razas, las familias, las patrias; todos los silencios hundidos en el albornoz de los que atravesarían los desiertos, y los muchos cantos de los que cabalgarían gozosos las olas; todos los cambios sobre la faz de la tierra; todas las ideologías, las religiones, los gobiernos… todos los murmullos que en lo futuro poblarían los cafés del mundo; todas las lágrimas en las salas de espera de los hospitales y los panteones; todas las risas de los chiquillos felices; todas las caricias de los amantes; todos los amores y todos los odios (miles de siglos después se nos invitaría a recordar aquello con insistencia: todos somos hermanos, todos somos uno).”

Si te ha gustado este fragmento, te invitamos a que sigas la presentación del libro en el marco de la Feria Internacional del Libro edición especial 2020, este LUNES 30 DE NOVIEMBRE a las 18:00 (horario de México) en esta liga: https://www.youtube.com/watch?v=xaMZDRz_twY&ab_channel=YolandaRam%C3%ADrezMichel

Aquí te compartimos otro fragmento:

“Un séquito de doce diablos se acercaron a recibir a Lilith. La miraban con curiosidad e insistencia, girando en torno a ella como palomillas en la lámpara de un lector noctámbulo. No la tocaban, sentían un extraño recato ante sus formas, aunque hervían sus sentidos, heridos por una íntima felicidad, podía más el asombro que su apetito por poseerla.  Muchos dicen que el pecado está en la carne, y le dan a la carne todo el peso de una maldición, pero cuántas veces la carne pasa a segundo plano, y lo que más impacta al hombre es algo vital e íntimo. Donde se gestan las obsesiones no es en la piel, sino dentro; la piel es sólo el receptáculo, la piel es el puro cristal de la lámpara. Por eso, lo primero que se impuso en aquel encuentro fueron las ganas de hacerla suya, pero de un modo trascendente, no físico (no olvidemos que los demonios vienen de un reino superior, con más exigencias que las nuestras). Por esas cualidades que no habían perdido era más imperiosa la necesidad de que formara parte, de que se integrara a esa sombría patria; la integración es una forma más fina de lujuria, una clase de lujuria espiritual. Para ello, lo primero fue mostrarle el extraño esplendor de aquel adolorido imperio, e invitarla a vivir ahí con ellos, en aquel destierro había tierras vírgenes donde aún era posible construir un hogar.”

Somos dadores de sentido

La palabra se revuelve dentro, va conformándose poco a poco, sus signos se unifican hasta formar una masa cargada de símbolos que la dotan de sentido. En su interior se enfrentan significado y símbolo. Hemos entendido que el significado vive fuera de nosotros, es un ente social que pareciera tener vida propia; el símbolo, por lo contrario, nos habita, se aloja dentro y nos confronta con lo social, nos jala hacia nuestro fondo para comprender. De ahí surge el sentido, de una “no comunión” entre lo que se piensa (significado) y lo que se siente (sentido). Esta confrontación nos hace elegir.

La palabra se vuelve idea que poco a poco va poblando todo, nos llena el cuerpo para luego derramarse por las calles. Transformar en símbolo la palabra es una metamorfosis necesaria para entender la muerte y la vida. Vida que transcurrimos sin sentirla. En realidad, es la muerte la que nos permite dotar de sentido todas las cosas que nos rodean, gracias a una especie de relación de posesión-desposesión. Cuando nos sentimos faltos de, desposeídos de la materia y de la sustancia, es ahí que todo comienza a cobrar sentido, comenzamos a sentir la urgencia de tener, de poseer. Cuando escuchamos la palabra muerte aflora nuestra falta de vida, comenzamos a dotar de sentido a lo que nos rodea debido al miedo a perder o no estar en situación de posesión.

Entonces, la idea comienza a separarnos de la palabra y su sustancia, la palabra en el origen era divina, contenía a la carne y a la sustancia, se mezclaba entre los dioses y los mortales, era puente que nos permitía conectar con el fundamento, la palabra fue génesis al entenderse como símbolo de todo lo que existe y se piensa. Quien aprende a conciliar el significado con el símbolo aprende a habitar la palabra, aprende a perder el miedo a la muerte y su hado impecable. Aprende a vivir según los símbolos y la carne.

Saber el sentido de la vida significa saberse en completa desposesión, saberse parte de la palabra; habitante y habitáculo. Somos la palabra y fuera de ella. Somos origen y muerte, en la palabra está contenido el símbolo, y es éste el que la soporta, basamento de todo lo que se entiende.

Nos hemos alejado de la palabra y es hora de regresar a ella a través de los símbolos que fluyen entre nosotros.

Pepe Aguilera

Los niños, la escuela y el 2020

No nos lo esperábamos, que los niños iban a dejar el salón de clase, que ya no podrían platicar entre ellos armando escándalo o distrayéndose de lo que la maestra intenta explicarles tan esforzadamente. No nos lo esperábamos. No sé qué bienes y qué males se esconden en la modernidad, sé que siempre hay estrellas en la noche y que siempre hay dones tras alguna calamidad. Pero los niños…

Los niños que ya de por sí no salían a jugar, raptados por las diversas pantallas abductoras, ahora ni siquiera hay recreo, ni clase de arte ensuciándote las manos, ni cantos corales.

Hace tiempo que muchos padres de familia habían intentado el Home School. Inconformes con las limitaciones de un sistema de enseñanza basado en el encierro en un salón, y en la imposición de contenidos que no logran enteramente contactar con los niños. Algunos lo lograron, y se volvieron responsables directos de los contenidos académicos, y de su asimilación para el entendimiento de un mundo más pleno. No obstante, esos padres que enseñaban en casa no lo hacían para meter a sus hijos en la pantalla, sino para que contactaran con el mundo y la ciencia vital más directamente que a través de libros de texto o de programas académicos obsoletos. Quiero suponer que Home School no intentaba ser sinónimo de clases en línea, y que más bien era: hacerse cargo de la educación cuando no se está de acuerdo con las limitaciones del sistema escolarizado.

En estos tiempos, la escuela se ha mudado a las aulas virtuales, pero aunque le llamen Home School, no lo es; los contenidos llegan a través de una pantalla… ¿Es posible que nuestros niños conozcan el mundo así? No lo sé, yo soy amante de los libros, y he conocido el mundo a través de sus páginas, y también lo he conocido ahora por la mucha información disponible en internet, pero algo me huele mal en esto de que los niños sientan que sus compañeros son cuadritos en la pantalla…

Hoy, platicando con mi hija acerca de este tema, me comentó que ciertamente hay mucho por lo cual podríamos quejarnos, pero que también hay cosas buenas, uno de los bienes que ella ha descubierto es que se ha podido dar cuenta de cómo es su hijo a la hora de clase. Lo observa trabajar y relacionarse con sus compañeros, aunque sea a través de este salón virtual las maneras de cada niño salen a la luz.

Los hijos nos hacen ver la vida de otro modo, se rebelan contra atavismos y traumas ancestrales, resuelven de manera distinta sus contratiempos, y si tenemos suerte, intentan ver los bienes, en lugar de concentrarse en los males, que de todos modos son inevitables.

El mito y su hondura humana

Por Pepe Aguilera

En la palabra todos somos semejantes. La consustancialidad entre palabra y mito viene del reino mágico, de la eterna posibilidad de la significación, de las redes que se extienden entre símbolo y carne. Decir el mito es decir el devenir de todo. En él, el origen se vuelve también final, sucede que el tiempo se detiene y colapsa, y del colapso brotamos indefensos y en espera del encuentro.

¿Cómo podemos entender el mito?, ¿qué fibras debe tocar la mitología para sentirse como real?, ¿cómo podemos aceptar lo sobrenatural en nuestras vidas como origen o basamento? Los estudiosos dicen que, a través de la antropomorfización del mito, es decir, volver a la palabra carne.  Todo mito debe pasar por este proceso para poder formar parte de la vida natural. Todo mito debe volverse sustancia en nosotros, parte de nuestro ADN.  Por eso los dioses fornican con los humanos, por eso Zeus se transforma en ave, o toro, o viento, o agua, y baja a poseer a las doncellas, baja a poseer la carne.

Así el mito se instala en lo más hondo de nuestras raíces, nos regala lo divino, y lo vuelve alcanzable; antes podíamos alcanzarlo mediante actos heroicos, ahora podemos hacerlo mediante la palabra, y su doble configuración: física y etérea, materia y sustancia. Cuando accedemos al mito accedemos a los miles de símbolos que le han ido dando forma, sus profundidades son ahora las nuestras, y podemos reconocernos en los deseos mundanos de los Dioses, o en las aspiraciones a lo divino de los mortales.

Gracias a los mitos sabemos que hemos sido despojados de lo divino, sabemos que deambulamos por el mundo en busca de un paraíso perdido, que las ideas que creemos nuestras no lo son porque se alojan en un lugar lejano e inaccesible al pensamiento humano, es decir, habitan en un espacio sobrenatural, que no es otra cosa que el lugar de las significaciones, que es toda sustancia; el lugar de los símbolos.

Somos eternos y efímeros al mismo tiempo, la sustancia (que es milenaria) se enfrenta todos los días a la materia que la contiene (volátil, por cierto); y del enfrentamiento continuo nace una angustia interminable, una angustia que va tomando de a poco nuestras ideas y emociones; nos recuerda que hemos perdido algo hace miles de años.  

Y, sin embargo, no lo perdimos del todo, algo de ese pasado milenario se aloja en nosotros, algo divino y mundano se entrelazan y nos conforma, nuestro ADN se reconfigura continuamente y en él habita lo eterno, lo sobrenatural vive en nosotros.

Pepe Aguilera

 Guadalajara (1984) Profesor de preparatoria en la U de G, Promotor de Lectura y Creación Literaria. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara, y ha trabajado como mesero, laqueador, vendedor de artesanías en el Tianguis de Tonalá, ayudante de cocina en restaurantes sin importancia, intendente en tiendas departamentales. La visión del mundo desde esas situaciones laborales le ha permitido saber cuáles deberían ser los intereses del artista, no los que persigue y se afana en conseguir, sino los que debería tener como principio existencial, esos que se esconden detrás de las palabras y sus símbolos. Renegado de las formas se reúsa a creer en la poesía actual, sin embargo la prefiere a las formas precarias del modernismo.

Pepe Aguilera forma parte de la familia Trithemius, las sesiones online lo inspiran y después de cada clase nos entrega sus palabras. El mes de septiembre la Maestra Yolanda Ramírez Michel habló de cómo a lo largo de la literatura muchos autores fundamentales han manifestado en su obra una relación mística con una entidad femenina analizada por Elemire Zolla en su libro La amante invisible. Les compartimos el link de las sesiones online donde se vio este tema, por si fue de su interés la reflexión filosófica que nos compartió Pepe Aguilera:

Lo humano sobrenatural

Por Pepe Aguilera

Pepe Aguilera es poeta, y también es filósofo. Egresado de Letras Hispánicas, forma parte de la familia Trithemius, las sesiones online lo inspiran y después de cada clase nos entrega sus palabras. En esta ocasión la Maestra Yolanda Ramírez Michel impartió una sesión para mostrar cómo a lo largo de la literatura muchos autores fundamentales han manifestado en su obra una relación mística con una entidad femenina analizada por Elemire Zolla en su libro La amante invisible, estas son las palabras que nos regala Pepe.

“Escuché las palabras de la maestra, la escuché hablar acerca de la amante sobrenatural, de la esencia de lo no humano y la decadencia de la Natura en la vida Humana. Esto me llevó a pensar en la separación entre la vida del hombre y la vida de la naturaleza. Pude ver cómo lo sobrenatural se va desprendiendo de la piel y se vuelve palabra sola; cómo lo pagano se va volviendo profano, poco a poco; cómo le van imponiendo ropajes, y ya sin la desnudez de su esencia se va deformando. Sentí cómo de la piel se me desprendían las palabras y se iban a un lugar lejano, un espacio dedicado mayormente a sus “significados”, y me sentí tan perdido como el Poeta-Filósofo griego que en su imposibilidad de poseer la palabra la condena, me sentí como se ha de sentir el amante desposeído de la carne, imposibilitado para amar.

Las palabras de la maestra me hicieron volver, y me dieron las posibilidades de lo mítico, del mundo mágico que se esconde en las palabras. Yo sólo podía pensar en la Zambrano hablando de cómo la carne se vuelve sustancia en la palabra; sólo podía pensar en cómo, a través de ésta, la carne se eterniza y adquiere una significación universal. Entonces recordé las ideas que giraban en mi cabeza cuando estudiaba Letras, recordé que había un hueco imposible de llenar por la razón, que había un espacio oscuro y sin forma en las ideas que me eran dadas, recordé que el entrelineas de los libros siempre contiene una significación más profunda, casi inaccesible a la razón. Recordé que las palabras son mágicas, y nos permiten unirnos con esa sustancia ancestral que nos habita.  Recordé que escribir es situarse en el origen, en el génesis de todas las cosas. Recordé que la Academia se olvida de lo sobrenatural humano para dedicarse a la palabra llana, aquella que es sólo exterior. “

Pepe Aguilera

 Guadalajara (1984) Profesor de preparatoria en la U de G, Promotor de Lectura y Creación Literaria. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara, y ha trabajado como mesero, laqueador, vendedor de artesanías en el Tianguis de Tonalá, ayudante de cocina en restaurantes sin importancia, intendente en tiendas departamentales. La visión del mundo desde esas situaciones laborales le ha permitido saber cuáles deberían ser los intereses del artista, no los que persigue y se afana en conseguir, sino los que debería tener como principio existencial, esos que se esconden detrás de las palabras y sus símbolos. Renegado de las formas se reúsa a creer en la poesía actual, sin embargo la prefiere a las formas precarias del modernismo.

Por aquí les dejamos la clase en cuestión, si están interesados en unirse, pueden pedir información en los comentarios del video.

Por aquí dejamos otras sesiones acerca del tema:

Tarzán lee

Por Yolanda Ramírez Michel

Era como una alegoría de los primeros pasos a través de la negra noche de la ignorancia en busca de la luz del conocimiento.

E. R. Burroughs

¿Quién ha sido capaz de aprender a leer por sí mismo? Ante esta pregunta es inevitable visualizar nuestros primeros años en la escuela. Algunos tienen un recuerdo claro del hecho, otros lo imaginan apoyados por referencias de quienes los adelantan en edad. El caso es que, para la gran mayoría, aprender a leer es algo que se logra a través de un maestro; no imaginan que pueda ser de otro modo, no hasta que leen Tarzán…

En la novela Tarzán de los monos, publicada en 1914 por el autor  Edgar Rice Burroughs, se narra la historia de un personaje que, por azares del destino, debe crecer en un ambiente salvaje y ser criado por un grupo de monos. En el capítulo VII de la novela (capítulo titulado “La luz del conocimiento”),  Tarzán aprende a leer gracias al hallazgo de varios libros, unos cuantos llenos de ilustraciones, y un gran diccionario.

Quiero creer que el éxito de la obra se debió, entre otras cosas, a que en el imaginario colectivo el símbolo del hombre salvaje guarda los ecos de una edad que, a pesar de haber quedado fuera de la historia oficial, es una edad añorada; edad en la que el hombre vivía en estado de libertad, en un paisaje que imaginamos terriblemente prístino. Y sin embargo, a pesar de ese atractivo por lo primitivo, en el capítulo donde Tarzán halla los  libros, se puede ver al hombre salvaje cuando se encuentra con la lectura. La imagen del pequeño niño criado por monos, inclinado sobre los libros, contiene y abarca los siglos que llevaron a las primeras civilizaciones emergentes a desarrollar el medio escrito por el que ahora nos manifestamos y comunicamos, expresa el momento misterioso y mágico en que el hombre vio en los signos y su vinculación articulada, un elemento importante para el desarrollo de la conciencia, una herramienta para una mejor interpretación del mundo, un camino por el que se eleva de la condición de hombre mono a la de ser humano. Ciertamente mucho tendrían que argumentar los lingüistas contra este pasaje, hay evidencias de que un niño que crece en un medio salvaje, que no aprende a hablar desde pequeño, difícilmente logra hacerlo siendo adulto (mucho menos lograría leer), parece ser que el lenguaje es una capacidad que todos tenemos, pero que debe desarrollarse en los primeros años.

Afortunadamente, la ficción no pretende ser una exacta copia de la realidad, sino reproducir condiciones para el símbolo. En Tarzán, el símbolo del personaje que explorando encuentra unos libros, y observando aprende a descifrar los signos que en él aparecen, no es sino una imagen del hombre que encuentra en el mundo una serie de datos que debe interpretar. Datos que posteriormente le ayudarán a pasar de un entorno salvaje y violento, donde la fuerza determina el éxito o el fracaso en la vida, a uno civilizado, donde la comprensión profunda de los hechos contiene la clave de la evolución personal.

Yolanda Ramírez Míchel