Eros

En pasadas sesiones de Trithemius Talleres Literarios (en Chapala) estuvimos con el tema del Amor. Vimos que para los griegos había, no una, sino varias palabras para nombrar al amor y expresar mejor sus muchos matices, sus muchos rostros: eros, philia, storge, ludus, ágape o cáritas, pragma, philautia.

Aquí un poema nacido a partir de la sesión:

 

EROS

Por Yolanda Ramírez Michel

 

Dios magnífico, impones a los ojos la mirada que denuncia los cambios interiores,

eres rosa que alcanzan los que no temen sangrar por sus espinas.

 

Eros,

de hermoso rostro,  y secretos calabozos

imantas el destino hacia la lucha contra nuestro egoísmo.

 

Avanzamos hacia ti, con la certeza de que no queda otro camino,

seguimos el llamado de unos labios invisibles, que tocan flautas de otro reino.

 

Ya nada nos detiene, hemos sido tomados por una mano divina,

volamos hacia un feudo que las nubes esconden

patria de los que no temen caer desde sus adentros,

a la vida…

alcázar para quien no usará corazas

y será: matador del dragón,

y dragón vencido.

 

28-01-2018

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Psique reanimada por el beso del amor, de Antonio Canova (S XVIII)

 

eros psique

Carta en el árbol

IMG_3814CARTA EN EL ÁRBOL

Querido Niño Dios:
Ya no soy una niña, ni pienso pedir juguetes esta Navidad, ni espero que bajo el árbol aparezcan algunos de mis sueños. De cualquier modo necesito escribir esta carta, un poco porque las cartas pertenecen al pasado, están llenas de nostalgia, y en esta temporada la nostalgia es un manto cálido que nos lleva hasta el sillón mullido frente a una ventana… otro poco porque la carta al Niño Dios no ha pasado de moda, gracias a los niños y sus ilusiones.
Lo cierto es que una carta es ideal para aterrizar los pájaros que vuelan en la cabeza, y es una buena forma de decir…
…decir que creo en ti, creo que eres tú quien llegas al final de un año agotador, cargado de dones, a darnos la fortaleza de un dios muy joven (según la región hay quien te ha dado el nombre de Santa y te ha montado en trineo, hay quien te ha multiplicado por tres y te ha convertido en mago, los hombres somos amantes de nombrar lo innombrable)…

… y sí, hoy escribo para reconocer, que a pesar de todos los malos casos en la historia humana, no dejas nunca de regar tus dones por la tierra, cada estación llenas los árboles de “esferas” y tu sol -invicto- no nos abandona nunca, sale día a día, incansable, vencedor siempre de la noche, iluminando el roció del amanecer con reflejos semejantes a los foquitos del árbol. Y, aunque las cartas navideñas siempre han sido recursos para pedir algo…  yo hoy necesito escribir por otras razones: para agradecer los dones que me has dado, agradecer el trabajo con el que gano el pan de cada día, los hijos, mis padres, mis hermanos, mi familia, mis amigos,  mis maestros. Pero también agradecer por esas cosas “malas”, porque me han hecho más fuerte, agradecerte las enfermedades que me han permitido conectar con mi alma, o las épocas en que no hubo pan en mi mesa (sin esas malas rachas no valoraría la abundancia ni haría por apoyar a los que pasan hambre); agradecer porque mis arcas no están llenas de oro, de ser así no habría conocido gente maravillosa intentando llenarlas de algo más valedero, de amor. Agradecer, en fin, las dificultades, que llegaron a sembrar mi vida de poderes y armas interiores.

Por todo ello, aunque ya no soy una niña, y no he puesto mis calcetines en la chimenea, esta Navidad estás en mi vida más presente que nunca, más vivo en tu pesebre de heno, más cálido en el ponche, y más gozoso en la reunión de familia. Claro y contundente, habitas en total esplendor todos los símbolos con los que el mundo pretende entenderte y celebrarte. Por eso y muchas cosas más, ¡gracias por venir a mi casa, cada Navidad!

Autora Yolanda Ramírez Michel

Ilustraciones Eli Mitzy

Trithemius Talleres Literarios  http://www.trithemius.mx

Voto por la lucidez

Por Micaela Amirez

En un país lejano, de cuyo nombre no puedo acordarme, vivía un pueblo muy próximo a las elecciones presidenciales… El día de la votación llegó junto con una cortina tenue de lluvia, un cielo gris y un viento helado. Los integrantes del partido de derecha, de izquierda y de en medio estaban todos juntos desayunando en un escondido saloncillo ubicado frente a una de las casillas. Era el observatorio perfecto.

Sin embargo, como cosa muy extraña, nadie había llegado a votar desde la apertura de las casillas electorales,  y los candidatos de derecha, de izquierda y de en medio se calmaban unos a otros señalando el mal tiempo.

Las horas pasaron y la cosa siguió igual, si acaso se acercaron los familiares de los candidatos a depositar su voto (cantidad insuficiente para que sea válida una elección).

Al terminar el día las urnas no contenían suficientes votos para que aquello pudiera arrojar resultados… Los tres partidos se reunieron para planear de qué modo harían, ya no para convencerlos de votar por uno u otro, sino para obligar al pueblo a emitir un voto.

Este es el comienzo de una de las novelas del fallecido José Saramago, autor visionario e inquisitivo que en esta novela explora las posibilidades de una unión entrañable entre los ciudadanos, pero no para atacar, como suele suceder cuando se trata de ganar, sino para exigir personajes que puedan representar dignamente al pueblo.

Creo que hoy en día si algo se comenta sobre las elecciones en las universidades, en tertulias, en los cafés, en las oficinas, en las asambleas, en las reuniones familiares, en las fiestas, en los desayunos de ejecutivos, por internet por teléfono, en los diarios, y muchos etcéteras más… es eso, que no se cree que exista en realidad quien sea capaz de gobernar sabia y honradamente al país.

Y no es que la política haya sido siempre lo que hoy por hoy estamos acostumbrados a ver. En la antigua Grecia se contaba que Atenea, diosa bajo cuya égida se hallaba la ciudad de la democracia y las artes: Atenas; compitió contra Poseidón por el patronazgo (el gobierno) de la ciudad. Era costumbre en Grecia que los competidores ofrecieran a los ciudadanos un regalo, en lugar de promesas, (y ese regalo no era arrebatado por ninguno al finalizar la contienda, además de que se entregaba antes, no después…). En una de las versiones sobre dicha contienda se cuenta que el dios Poseidón golpeó la tierra con su tridente y de ella brotó un caballo para la guerra. Atenea, en cambio, sacudió su lanza y ahí mismo brotó el Olivo, emblema que encarna la paz. Ello le valió ser elegida.

No vale ya justificarnos con eso de que la política es así, nuestro país es heredero de una tradición de la cual deberíamos estar orgullosos, el gran Netzahualcóyotl (que significa “coyote que ayuna, o coyote hambriento, entendiéndose este estado como una forma de sacrificio) gobernó Texcoco con valor y sabiduría. Su amplia formación intelectual se traducía en una elevada sensibilidad estética y un gran amor por la naturaleza, ambos reflejados no sólo en la arquitectura de la ciudad, sino en sus manifestaciones poéticas y filosóficas.

No podemos pedir menos que los antiguos mexicanos, aparentemente menos provistos de recursos y tecnología, ni menos que los instauradores de la democracia que tanto cantamos hoy.

Si uno de estos días la cortina de lluvia te lleva a un café o al cómodo sillón de tu sala, déjame recomendarte que leas sin falta Ensayo sobre la lucidez de José Saramago.

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El Tarot de don Quijote en FIL

Porque los autores serios juegan…

Este es un libro, un oráculo y un juego. Con él aprenderás acerca de por qué el Quijote es un libro tan importante (es un libro mágico).

Aquí la introducción, para que te animes, ¡lo encuentras ahora en FIL! O en la página de la editorial Salto Mortal. 

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Desocupado -y querido- lector, cuatro siglos de gloria, (más los que faltan…), y El Quijote continúa vigente. Los más nobles cerebros continúan aplaudiéndolo, grandes escritores de su casi talla aún descubren en sus páginas mil y un bienes (y parece que no acabarán nunca de vaciar el saco mágico). ¿Cómo alcanzó esa fama, indiscutible y absoluta? ¿Cómo la conserva, aún a pesar de sus detractores (siempre hay alguien como aquel Zoilo que quiso ser famoso lanzando piedras al rey)? ¿Cómo consigue esta cuasi inmortalidad?

Algunos responderán: ¡son tantas sus gracias…!, los escritores y literatos ponderan sus mañas narrativas; los historiadores descubren datos que no fueron registrados por las crónicas; los sociólogos evidencias de usos y costumbres; los filólogos palabras muy jóvenes a punto de madurar, o muy antiguas a punto de caducar. Todas estas minutas son ¡ni quién lo dude!, tesoros invaluables. Pero, fama tan extendida en el tiempo, no llega a un libro sólo por estas relevancias -que muchos otros libros también poseen- sino por contener -además- una característica singular: ¡El Quijote atrae a los “lectores” más exigentes!, sí, LECTORES… criaturas que buscan en un libro algo entrañable, en contraste con los estudiosos (que también son lectores, aunque leen de otro modo); los académicos buscan objetivar sus hallazgos, los lectores desean sentir. Los lectores (me sumo), aunque aplaudimos los esfuerzos de todos estos aplicados investigadores, tenemos en otra parte puesta nuestra mira: nosotros, por sobre todo, encontramos en El Quijote muchísimo qué amar.

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Don Quijote, Dulcinea y Sancho se salieron del libro, hoy por hoy habitan en imponentes bibliotecas -y en bibliotecas sencillas también-; se alzan orgullosos con estampa de bronce sobre escritorios de abogados; en oficinas de hombres serios -y no tan serios también-; saludan con perfil de caoba a la entrada de restaurantes, cafés, hoteles; tienen rostros nuevos o mañas no escritas por su hacedor (según el director de cine que los reinvente); han convertido sus padecimientos en canciones, poemas, cuadros; pueblan museos; los vemos en etiquetas de vinos; dando nombre a los mesones; como souvenirs en tazas de café… ¡Hay tanto en el universo del Quijote que sigue latiendo, que está vivo, que llama a los hombres…!

Y este polifónico desfile publicitario, aunque se lo haya ganado a pulso por los antes mencionados méritos, ¿no resulta de todos modos extremo… y de tan extremo, un tanto sospechoso? no sé a ustedes, pero a mí me parece incluso DEMASIADO SOSPECHOSO. Tan sospechoso que después de leer y releer -con lupa sobre los renglones, el corazón en las pupilas, y el cerebro en trance de exégesis- llegué a la conclusión de que el Quijote contiene un gran secreto en sus entrañas… porque un libro que llama tan tenazmente a los hombres, siglo tras siglo, no puede sino estar favorecido por algún sortilegio, un hechizo, embrujo… Magia.

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Y así, después de no sé ya cuántas lecturas, al principio accidentadas -por lo arcaico del lenguaje-luego entusiastas/a solas/en compañía de otros/de nuevo sola/en trance de lectora simple y llana/como maestra que prepara su didáctica/en actitud de médium/de académica/tomando notas/subrayando/ riendo a carcajadas/aguantando el llanto -o soltándolo-/frunciendo el ceño/admirada ante la gracia de narrar/; en fin… leyendo el Quijote como OBSESA, llegué a la conclusión de que contiene, según mis enloquecidas reflexiones, un lazo íntimo (ignoro si a voluntad de Cervantes), con otro libro cuya antigüedad y características lo ubican entre los libros mágicos: el Tarot.

El Tarot pudo haberse originado en cualquier gran cultura de la antigüedad, los sabios de entonces solían trasmitir su filosofía a través de pictogramas e ideogramas, desafortunadamente no tenemos evidencias concretas de tales orígenes, sólo intuiciones. Court de Gébelin, a quien se debe la visión del Tarot en su vertiente adivinatoria, era un teólogo convencido de que las figuras que aparecen en el Tarot son el eco de un antiguo libro de imágenes egipcio: El camino del rey o Libro de la vida. El Tarot bien pudo haber sido ese -u otro- antiguo libro a cuyas imágenes se atribuyen cualidades extraordinarias, un libro que, por avatares inquisitoriales, necesitó trasladarse a un ámbito donde pudiera sobrevivir más fácilmente: el juego (ámbito que en algunos casos siendo perseguido). Con este nuevo ropaje lúdico, las imágenes arquetípicas, utilizadas durante siglos para consolidar filosofías herméticas, y luego para conservarlas, se convirtieron en naipes, y los naipes recorrieron Europa gracias al comercio (también debido a las guerras: viajaban en los bolsillos de los soldados).

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Hoy por hoy, el Tarot es utilizado por algunos terapeutas que aprovechan su universal linaje arquetípico, pero también por adivinos de buena y mala entraña. El hombre siempre ha deseado desvelar los misterios, conocer su futuro, quiere creer que todas las respuestas están en la palma de la mano, y que otros son los más indicados para saber lo que está en su propio corazón, se le olvida que los signos más claros de su destino están en los senderos de su pasado… pero qué evasivas son las respuestas, y qué gratos los buenos auspicios, aunque sean placebo momentáneo. Naipes o libro, lo cierto es que en la España de Cervantes este juego andaba por ahí… y yo puedo imaginar que el Tarot y Cervantes se encontraron.

Esto que leerán ahora, dividido en 22 capítulos, e ilustrado por otras tantas láminas, basadas en el Tarot de Marsella (formulación icónica medieval de imágenes universales), son el producto de lo que, a fuerza de leer el libro de Cervantes como un Libro de la vida, se ha vuelto Mi Quijote. Si conforme avanzan en la lectura quieren llamarme loca, por Dios que no me ofendo, antes miraré complacida al cielo buscando atisbar en las nubes una gorguera… Por eso, y avalada por la clase de locura de quien admiro entrañablemente, aquí van mis primeras 22 reflexiones en torno al caballero de la Mancha, reflexiones relacionadas con los 22 arcanos mayores del Tarot. Personajes, símbolos, trasfondos sociales y pasajes recreados a través de los ojos de una que, a semejanza de don Quijote, también ha visto gigantes, caballeros andantes, terribles vestiglos, y todo tipo de hechiceros.

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Trithemius en la FIL 2017, stand E23

Fiestas de YuleLlega la feria del libro, y los lectores sentimos que llega nuestra muy personal Navidad. La agenda se debe totalmente a esos nueve días, sagrados para lectores y escritores.

Del 25 al 3 de diciembre editoriales, libreros, bibliotecarios, maestros, lectores, escritores y público en general -local y de todo el mundo-, se dan cita en las instalaciones de la FIL en Guadalajara.

Trithemius Talleres Literarios y la editorial Salto Mortal los invitan a visitar el stand E23, habrá sorpresas para los que hayan leído este post.

Aquí una lista de libros, y sus reseñas, la feria es un laberinto, si no llevas el hilo de Ariadna en forma de lista, podrías encontrarte perdido en medio de tantos pasillos, y tantísimos libros…

1.- El Tarot de don Quijote, de Yolanda Ramírez Michel, un libro-juego, contiene un paquete con cartas, oráculo y libro teórico. Es ideal para regalarlo a quien ama los Clásicos, y muy especialmente a quien ama al Quijote. Pero también es un buen regalo para los amantes del Tarot y la magia. El libro busca la amalgama perfecta entre la sabiduría ancestral, las reflexiones contemporáneas y el juego.

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2.-Extática, una antología con poemas de mujeres que escriben poesía. Una gama de temáticas y estilos que dan una idea de los muchos rostros que la poesía tiene.

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3.- Fiestas de Yule es un libro IDEAL para regalar esta Navidad. Dieciocho cuentos en pasta dura, a todo color, con ilustraciones de varios ilustradores serán la delicia de los hogares lectores, que a la manera de siempre, se reúnen en torno al fuego del hogar para compartir la palabra que trae la estrella de Belén.

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4.- Nuevas Fiestas de Yule es el segundo ejemplar de la colección navideña. El primer libro tuvo tanto éxito que las familias nos han pedido más cuentos…

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5.- El oráculo de Mónica, de Mónica Schüler, es un libro y es un oráculo con frases que sanan, con versos que conmueven. Un retorno al tiempo en que las palabras conmovían y salvaban.

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6.- Yo: el Dios negado, es la expresión conmovedora del encuentro de la pluma de Cinthia de Gortari con el aliento divino; aliento que ella ve condensado en todas las criaturas, las que vuelan, las que reptan, las que andan sobre la tierra.
Con gracia y hondura, la autora deposita en estas páginas sus inquietudes vitales en torno a la Gran Pregunta: Dios.

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 7.- Litterae, de Yolanda Ramírez Míchel, un homenaje al verbo, la poética del libro, el lenguaje, la lengua, el poeta, la lectura…  imprescindible para los que aman cualquier libro que hable de la palabra, los libros, la poesía, el lenguaje.

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8.- Sendas en el tiempo, poesía sin complicaciones de Rosana Romo, poesía para sentarse a leer en el parque rodeados del sol y el aire…

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9.- Premisa para la importación de flores, de Diego Alejandro novela corta o cuento largo que te llevará a vivir un viaje en tren, rodeado de flores y aventuras a la manera de las mil y una noches.

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10.- Diccionario de escritoras en Guadalajara, imprescindible trabajo de investigación de la Dra, Silvia  Quezada. Noventa escritoras vivas que viven y escriben en Guadalajara. NOVEDAD

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11.- Voluntad de la luz, de Luis Armenta Malpia, Clásico ya de la poesía de Jalisco.

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12.- Wayne y otros arquetipos, de Gabriel Martín, es un libro de cuentos para gozar leyendo, y para pensar gozando.

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13.- Nacer, una experiencia trascendente, de Adriana Peregrina nos cuenta cómo los nuevos paradigmas de la consciencia se abren paso por el mundo, como un niño a la hora de nacer.

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14.- Hola, señor sepulturero, novela breve de Ely Mitzy, historia para jóvenes que cuenta las aventuras de una niña y un sepulturero muy especial.

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15.- El rebozo, libro de Lilia Morales, donde relaciona la manera de portar el rebozo con las diferentes maneras de manipulación femenina.

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16.- Grimori Mundi, de Yolanda Ramírez, un recorrido poético por las eras cósmicas, según la mitología judeocristiana.

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17.- Anja Mandala, de Miguel Reinoso, la poesía sirve para contar cómo conocimos, y cómo vivimos el amor…

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18.- Manifiesto Luminista, de Yolanda Ramírez Michel, es una llamada apasionada al encuentro de nuestros dones y nuestro poder creador.

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19. Museo Nomadista, de Eréndira Corona, un museo de la palabra…

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El águila devorando la serpiente

 

Más, ¡ay, es sólo un espectáculo!

¿Por dónde te asiré naturaleza infinita?

Goethe

El universo es de los observadores…

¡Quién diría que nuestro escudo nacional es un símbolo iniciático universal! Una alada criatura, emblema de lo celeste, somete a la serpiente, animal asociado al inframundo.  Simbad el marino, antecesor de Odiseo, de Marco Polo y de todos los exploradores, históricos o míticos, encuentra en uno de sus viajes un gran pájaro que devora serpientes, es uno de los pasajes más importantes, porque llevan al héroe hasta un tesoro.  Los alquimistas también exploran el símbolo y sus dibujos son la escritura del inconsciente que revela, sin racionalizar, las aventuras interiores.

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Los griegos siempre supieron de imágenes iniciáticas: las dos serpientes entrelazadas del caduceo son el símbolo del equilibrio entre fuerzas antagónicas. Además, representan el eterno movimiento cósmico, base de regeneración y de infinito. Aunque en este caso las alas no pertenecen a un personaje antagonista de la serpiente, si no que  expresan la rapidez con la que el mensajero de los dioses se movía de un lugar a otro.

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Horus, importante  dios de la mitología egipcia, fue representado como un halcón, y como símbolo del héroe solar, derrotaba a diario a la serpiente Apofis, la oscuridad. En algunas regiones se le consideraba iniciador de la civilización en Egipto, ¡cuánta semejanza con el augurio sobre la fundación de Tenochtitlán!

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¡En el imperio romano bizantino existía ya un símbolo muy similar al de nuestro escudo!

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La India tiene a Garuda, pájaro mítico, considerado un dios menor (o semidiós) en el hinduismo y en el budismo. Generalmente su icono es el de un águila gigante y antropomorfa: cuerpo humano de color dorado, rostro blanco, pico de águila y grandes alas rojas. Es jefe de la raza de las aves y enemigo de la raza de las serpientes…

 

El águila que devora una serpiente es tan antigua como los inicios de la civilización. En Sumeria, hace cinco mil años, el héroe Marduk,  símbolo del nuevo orden, representado en ocasiones como un personaje con alas, derrotaba a la que antaño se consideró la diosa suprema, una serpiente.

En todas estas versiones que reúnen un personaje alado y una serpiente, hay mensajes universales que debemos interpretar desde un sistema mítico y no literal. Todo parece indicar que las primeras palabras nacieron como onomatopeyas (reproducciones fonéticas de los sonidos que la naturaleza produce), así mismo la escritura intentó al principio reproducir la realidad contemplada, la palabra de la naturaleza, el alfabeto del mundo se desplegó en un abanico exuberante de imágenes que le entregaban al hombre sus significantes prístinos, nacidos de su esencia. Así nace el lenguaje, espejo sonoro de la música que el hombre escucha a su alrededor, y la escritura, intento de su reproducción pictórica. Hoy estamos lejos de ese sistema debido al alfabeto fonético, ya totalmente descontextualizado de la naturaleza y el mundo. Por eso es que los símbolos, aunque conservan su poder, nos resultan herméticos y misteriosos. Este recorrido intenta mostrar cómo esa imagen que hondea con el viento en nuestro lábaro patrio es un mensaje universal para trasmitir el triunfo de un poder sobre otro.

En la religión cristiana la serpiente debe ser derrotada, como en Egipto, Mesopotamia, Grecia, América, etc. La mitología es mediadora de las verdades interiores y las formas externas que la reproducen, herramienta original para narrar las aventuras del hombre. Un águila es la palabra celeste, una serpiente la terrenal, o incluso infernal, pues recorre las entrañas de la tierra (la connotación negativa surge a partir de las posturas dominantes, durante milenios la serpiente fue considerada divina, la tierra y la naturaleza con todos sus misterios y alquimias interiores era sagrada). El águila y la serpiente son dos palabras de la naturaleza, onomatopéyicas en otro sentido: al ver un animal éste nos remite a su esencia, no a su sonido, accedemos en automático a su entorno, nos permeamos de su contexto. Digamos que hablan sin hablar, son y ya. En sí mismos contienen reminiscencias, ecos, pautas de conducta, son mucho más abarcantes que la palabra misma que los designa.

El águila devorando una serpiente tiene otras lecturas cuando nos llamamos ciudadanos del mundo, ya no habla sólo de México o los mexicanos, ni de una leyenda fundacional, habla del hombre, de un sistema celeste que domina a uno terrenal, o de una vinculación del mismo… de cómo demonizamos la otredad, del triunfo de unos sobre otros, del cambio de poderes, de los procesos alquímicos, espirituales, herméticos. Los misterios del águila y la serpiente están ahí para los exploradores valientes que se animan a la indagación profunda de las esencias de la vida.

 

Yolanda Ramírez Míchel

 

LOS MÁS JÓVENES

Por Magdalena Dueñas

No nos cansemos de escribir sobre lo bueno que hemos visto, después del sismo, en nuestra Patria. Cansados estábamos de lamentarnos, casi dándonos por vencidos ante la injusticia, la violencia, la impunidad.

Algunos de los que ya tuvimos oportunidad de trabajar muchos años, dejando lo poco o lo mucho que teníamos para dar, no estábamos plenamente conscientes de que los que vienen atrás, los muy jóvenes, heredaron el hartazgo, pero tienen la fuerza, y, hacia dónde se encauce ésta, es lo que importa.

 

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Parecen indolentes, desaliñados, dicen “guey”a cada instante como si el lenguaje estuviera mutilado, no se interesan mayormente por la historia oficial, parecen ajenos al mundo adulto, en casa no se distinguen por ser los más acomedidos para ayudar en las tareas del hogar, pareciera que habitan en otra dimensión cuando escuchan algo ajeno a sus aficiones, porque la era de la tecnología los atrapó de lleno y viven para ella, inclinados hacia algún artefacto, con audífonos en vez de orejas, y con una velocidad en los dedos para teclear, que la mejor mecanógrafa de otros tiempos envidiaría.

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Los hay de todas clases sociales y económicas.No suelen aceptarse entre ellos fácilmente pues manejan códigos distintos para la convivencia según los grupos de pertenencia. Si alguien hubiese querido organizar una gran campaña para reunirlos, no habría sabido por dónde empezar.

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Algo pasó. Bastó que la tierra se moviera en Oaxaca y Chiapas primero, en Morelos, Puebla, y en la Ciudad de México después, para que los mexicanos, todos, quisiéramos tender nuestras manos para ayudar. Y justamente han sido los más jóvenes quienes han dado ejemplo de lo que significa ser solidario: He visto escenas de jovencitos acarreando piedras, repartiendo agua, café, tortas, llevando lo que pueden a las zonas de desastre. He visto adolescentes que se organizan y alquilan un camión para ir personalmente a ayudar a los más pobres; otros que están ayudando con sus manos, a levantar las humildes casas de los damnificados en Oaxaca, adoptando mascotas perdidas, trabajando en centros de acopio, tratando de ser útiles sin importar el cansancio o la lluvia.

Alguien comentó un hecho que retrata al buen mexicano :” Cuando pasó el sismo y se vieron los primeros edificios desplomados, la gente no corrió alejándose de ellos, corrió hacia ellos en un movimiento sincronizado”.

Después, fue descubrir quién perdió a sus seres queridos, o el patrimonio familiar, o el trabajo, o todo. En ese recuento de las pérdidas nos percatamos de que, junto con la tierra, se cimbró la consciencia, se encendió una luz con la certidumbre de que unidos podemos ayudar y exigir que los recursos públicos se usen en la población , no en la auto promoción de políticos. Al conocerse que la ayuda enviada por la sociedad estaba siendo aprovechada por “buitres”, el rechazo fue general, tuvieron que devolverla ante la exhibición pública que se hizo a través de las redes sociales.

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Una vez más , los jóvenes nos demostraron que pueden organizarse, son amables pero se indignan ante la rapiña o la injusticia; solidarios, más no acarreados; incansables cuando es necesario, inteligentes en sus iniciativas, y sobre todo, que México cuenta con ellos. ¡Hay esperanza!

  • Este texto nació en el corazón de Trithemius Tallertes Literarios. Aquí queremos también reconstruir nuestro mundo, y lo hacemos con lo que tenemos: las palabras.

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La alquimia y yo

Por Irma Elena del Ángel Meza

 

Alquimia… el arte y la ciencia que busca la transformación o transmutación de la materia (usualmente se trataba de trasmutar el metal en oro).  Para conseguir estos cambios se requería de tres fases: Nigredo, Albedo, Rubedo.

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ESPIRITUALMENTE es la transformación del cuerpo y la mente con el fin de convertir a la persona a una nueva conciencia.

El alquimista da cuenta del vínculo indivisible entre El Creador, El Universo y La Naturaleza Humana.

A veces la vida nos empuja a una “Nigredo”; otras, podemos hacer una “Nigredo” por decisión propia.

La Nigredo es el primer paso para toda transmutación, el primer umbral para todo cambio. Nigredo es “rompernos” “resquebrajarnos”, para dejar entrar la Luz. Suena fuerte y lo es, significa que hay que soltar, dejar ir, disciplinarse y re-armarse de otra manera.

Albedo es la segunda fase, el “blanqueamiento”. Representa el proceso de purificación espiritual, el “despertar” de la conciencia para alinearla con la Conciencia Superior.

 

La Rubedo o enrojecimiento es la tercera y última fase, y consiste finalmente en la transmutación, en la unificación del hombre con LA FUENTE.

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Este texto fue producto del taller de Hermenéutica en Trithemius Talleres Literarios, en clase hablamos de la relación de la alquimia con las fases de trasformación personal; vimos que todo autor se mueve en dos mundos, el simbólico y el literal.

Si deseas más información acerca de los talleres puedes ver este video:Trithemius Talleres Literarios

Las mujeres hoy, ¿quieren ser la maga?

Por Yolanda Ramírez Michel

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¡Todas quieren ser la maga!, dijo Julio Ortega hablando acerca de Rayuela… e inmediatamente surge dentro de mí la duda: ¿de verdad todas las lectoras de Rayuela querrán ser la Maga? La generación de mujeres jóvenes en 1963 -cuando se publicó Rayuela-, deseaban verse reflejadas en esa mujer que nadaba los ríos metafísicos con ingenuidad y alegría, pero… ¿de verdad deseaban ser aquella que leía una novela y, apenas terminada su  lectura, olvidaba de qué se había tratado…?

Yo creo que las lectoras del 2017, nótese, he dicho “las lectoras” -no “las mujeres”- (ser lectora es ser un tipo especial de mujer) difícilmente desearían vivir las situaciones que vivió la Maga, difícilmente aceptarían tan a la ligera el maltrato de Oliveira… las lectoras de Rayuela, para ser cómplices de la novela e ir construyendo sentidos con los datos que Cortázar nos da, han de ser mujeres pensantes, y es que, para leer Rayuela de verdad y avanzar por el laberinto que Cortázar construyó, se necesita algo que es totalmente incompatible con  lo que representa la Maga, se necesita un intelecto más bien parecido al de Oliveira. Así las cosas, sería mejor decir: que todas admiramos a la Maga, que todas las lectoras de Rayuela vemos en la Maga el espíritu puro y libre, pero de ahí a desear ser la Maga hay un buen trecho.

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Desear ser la Maga, implica, si seguimos de cerca lo que se revela acerca de ella, desear ser una mujer que por ignorancia pone en peligro a su hijo, una mujer para quien su bebé está en segundo plano; una mujer violada… varias veces. Con estos datos, ¿cuántas se anotan? Aquella que diga tan fácil y a la ligera, con cara de éxtasis, que desearía ser el personaje de Cortázar, o no se da cuenta de lo patética que fue la infancia y juventud del personaje, o no ha leído la novela, o leyó sólo algunos capítulos -los primeros-, donde la relación de la Maga y Oliveira es una relación extremadamente erótica, donde no hay rutinas sino destinos a la vuelta de la esquina. Donde sus juegos amorosos hechizan y su pasión subyuga. Donde las frases se te clavan hasta las entrañas y las guardas en la punta  de la lengua para toda la vida. Esa es la primera parte de Rayuela, y ahí, indiscutiblemente, los personajes nos ganan del todo. Por ello, he llegado a creer que debido a la complejidad de la novela, y a pesar de ese primer clavado en la maravilla, las opiniones generales de Rayuela se basan en este primer encuentro con la obra, pero luego ante los retos que aparecen en cada nuevo capítulo, muchos no siguen adelante, igual y leen la historia lineal para saber el fin del cuento, igual ni eso.

RAYUELA 5

Soberana ambivalencia que es la Maga, queremos ser ella cuando es amada por Oliveira hasta el delirio, queremos ser ella cuando a los amantes no les bastan las palabras y tienen que inventarlas, queremos ser la Maga cuando el Club de la Serpiente -los amigos-, la necesitan para hacer contrapeso y equilibrar un poco sus cargados cerebros, llenos de datos; cuando la admiran por sencilla, pero NO cuando la tratan de tonta (las más de las veces), ni cuando Oliveira la abandona porque el bebé le estorba.

En realidad, Rayuela, como El Quijote, son esas novelas de las que todos hablan, pero pocos han leído; y de esos pocos, ¿cuántos la habrán entendido realmente? Los personajes ciertamente se salieron ya del libro y tienen vida propia, le pasó a la Maga igualito que le pasó al Quijote, andan por ahí como arquetipo. Pero sus entrañas, ¿quién se asoma de verdad a ellas?

La Maga es un nuevo Sancho, sencilla y torpe, pero entrañable, se gana nuestro corazón; es eso que todos somos, pero que desearíamos no ser (porque alguien -que ya ni sabemos quién-, nos dijo que estaba mal aquello), por eso, digo, no es que todas las lectoras de Rayuela queramos ser la Maga, es que al leer descubrimos que somos o hemos sido la Maga, ¡y ya no queremos serlo!, es que nuestro trabajo nos ha costado salir de ese estado de ignorancia al que la sociedad había sometido a la mujer, nos ha costado trabajo entender el mundo y sus sinrazones… y en realidad no es que lo entendamos, sino que nos acoplamos a ese molde aunque esté deforme. En qué rollos me metí con este tema… ¿quiero ser la Maga? No, pero lo soy, en el fondo mi esencia femenina está ahí reflejada y lanzando múltiples destellos, como un prisma. Hay cosas de la Maga que rechazo, como su descuido ante el hijo, y su amor a un hombre que no sabe valorarla, pero hay cosas que definitivamente quisiera conservar, su fluir simple por la vida, su estar en el momento, su habitar el mundo sin complicaciones existenciales.

Así que, en honor al laberinto por el que Cortázar nos lleva, saltando de un capítulo a otro, avanzando y retrocediendo, ora del lado de aquí, ora del lado de allá, vuelvo al principio, ¿de verdad será que todas las lectoras de Rayuela desean ser la Maga? no sé, sólo puedo contestar por mí: que sí que no, y que el cuento se acabó.