Los niños, la escuela y el 2020

No nos lo esperábamos, que los niños iban a dejar el salón de clase, que ya no podrían platicar entre ellos armando escándalo o distrayéndose de lo que la maestra intenta explicarles tan esforzadamente. No nos lo esperábamos. No sé qué bienes y qué males se esconden en la modernidad, sé que siempre hay estrellas en la noche y que siempre hay dones tras alguna calamidad. Pero los niños…

Los niños que ya de por sí no salían a jugar, raptados por las diversas pantallas abductoras, ahora ni siquiera hay recreo, ni clase de arte ensuciándote las manos, ni cantos corales.

Hace tiempo que muchos padres de familia habían intentado el Home School. Inconformes con las limitaciones de un sistema de enseñanza basado en el encierro en un salón, y en la imposición de contenidos que no logran enteramente contactar con los niños. Algunos lo lograron, y se volvieron responsables directos de los contenidos académicos, y de su asimilación para el entendimiento de un mundo más pleno. No obstante, esos padres que enseñaban en casa no lo hacían para meter a sus hijos en la pantalla, sino para que contactaran con el mundo y la ciencia vital más directamente que a través de libros de texto o de programas académicos obsoletos. Quiero suponer que Home School no intentaba ser sinónimo de clases en línea, y que más bien era: hacerse cargo de la educación cuando no se está de acuerdo con las limitaciones del sistema escolarizado.

En estos tiempos, la escuela se ha mudado a las aulas virtuales, pero aunque le llamen Home School, no lo es; los contenidos llegan a través de una pantalla… ¿Es posible que nuestros niños conozcan el mundo así? No lo sé, yo soy amante de los libros, y he conocido el mundo a través de sus páginas, y también lo he conocido ahora por la mucha información disponible en internet, pero algo me huele mal en esto de que los niños sientan que sus compañeros son cuadritos en la pantalla…

Hoy, platicando con mi hija acerca de este tema, me comentó que ciertamente hay mucho por lo cual podríamos quejarnos, pero que también hay cosas buenas, uno de los bienes que ella ha descubierto es que se ha podido dar cuenta de cómo es su hijo a la hora de clase. Lo observa trabajar y relacionarse con sus compañeros, aunque sea a través de este salón virtual las maneras de cada niño salen a la luz.

Los hijos nos hacen ver la vida de otro modo, se rebelan contra atavismos y traumas ancestrales, resuelven de manera distinta sus contratiempos, y si tenemos suerte, intentan ver los bienes, en lugar de concentrarse en los males, que de todos modos son inevitables.

El mago de Oz y el camino del oro

Por Yolanda Ramírez Michel

El maravilloso mago de Oz es uno de los  cuentos clásicos favoritos de muchos. Pero, ¿cuántos saben que, además de narrar esa historia inolvidable, también es una alegoría económica?  

El mago de Oz es un clásico de la literatura denominada infantil. Algunos lo recordamos por haber leído el libro de Frank Baum, otros (la mayoría) debido a  la película que estelarizó Judy Garland. Y, aunque el musical de Hollywood se volvió tan famoso,  muy pocos saben sobre la relación que la aparentemente inocente trama tiene con el panorama político y social que se vivía entonces en los Estados Unidos.

Judy Garland sufrió abusos en el rodaje de 'El mago de Oz', según ...

La obra es mucho más que un cuento infantil, leyendo entre líneas se descubre un mundo de símbolos que dimensionan los personajes y acontecimientos hacia la realidad:

Cuando Baum publica El  maravilloso mago de Oz, en 1900, Estados Unidos apenas salía de un periodo de deflación y depresión; las deudas habían afectado a todos, pero mayormente a los campesinos. Entonces, el sistema monetario respaldaba cada dólar con una cantidad de oro y el Partido Populista quería cambiar aquello: proponía que la plata, junto con el oro, se usara como moneda. Eso incrementaría el suministro de dinero estadounidense, reduciendo la carga de la deuda de los granjeros.

El clásico filme El Mago de Oz cumple 75 años de encantar al mundo ...

El camino amarillo, por el que transita Dorita (algunos prefieren llamarla Doroty), no es otro sino el símbolo de aquella terrible pugna. Tal vez Baum escribía  influenciado, entre otras cosas,  por William Jennings Bryan, político estadounidense,  quien abogaba por la propuesta del bimetalismo (política monetaria que consiste en utilizar dos metales, por regla general el oro y la plata, como base del sistema monetario).

Así vemos que el “dorado” camino amarillo, por donde Dorita avanza con sus zapatos “de plata” (que en la versión cinematográfica cambian al rojo por cuestión estética), contienen pistas para leer el cuento de hadas como una alegoría muy alejada del mundo de la ingenuidad.

Dorothy, pequeña granjera de Kansas es símbolo de los ciudadanos rurales estadounidenses; el hombre de hojalata es el reflejo de los trabajadores urbanos (en cuyos trabajos padecen el constante bloqueo emocional); el león cobarde tiene su referente en William Jennings Bryant, que al final de la trama se muestra como valiente y cuidadoso de sus compañeros; el espantapájaros es semejante en esencia simbólica a los agricultores estadounidenses, a quienes se juzgaba superficialmente como faltos de cerebro debido a su falta de estudios. Los cuatro, viajando hacia el este por el camino de ladrillos amarillos —un camino hecho de lingotes de oro—  para ver al Mago de Oz, posible reflejo de aquellos banqueros del este que manipulan la economía mediante artificios detrás de una cortina. OZ es la abreviación, mediante una licencia literaria, de onza (onzas de oro).

El mago de Oz, según la gente en Ciudad Esmeralda, tenía la capacidad de entregar a cada uno de los personajes aquello que necesitaban, ¡pero aquel mago no era sino un pobre farsante…! ¿Sería que Baum, consciente, o inconscientemente, estaba contando la azarosa batalla  que muchos enfrentaban?

¿Si esto es lo que podemos encontrar en un cuento infantil qué habrá en material como la Divina Comedia?

Yolanda Ramírez Michel

Cartas a un joven poeta (moderno)

Por Yolanda Ramírez Michel

También el arte, no es más que un modo de vida.

Rainer Maria Rilke

El poeta Rainer Maria Rilke, nacido el 4 de diciembre de 1875, en la República Checa, nos ha legado, entre varias obras de extraordinario valor,  un libro formado por diez cartas, escritas entre 1903 y 1908 a un joven poeta que solicita consejo sobre la vocación a la cual se siente llamado. Aparentemente breve, como todas las cosas que valen la pena, el texto se niega a ser un tratado descomunal de términos eruditos que dejan al lector pasmado, pero ignorante; Rilke intenta sólo animar a su joven discípulo a seguir el llamado misterioso de esa vocación tremenda. En diez cartas que condensan el sentir de Rilke con respecto a varios temas, sentimos la fascinación de la palabra sencilla y profunda con la que un verdadero mago del lenguaje expresa: “Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un camino: entre en usted.”

En la actualidad la poesía permanece como influjo lumínico de sectores cada vez más reducidos, las grandes masas entienden por poesía una suerte de cancioncilla de las palabras y un sentimentalismo empalagoso. La verdadera poesía es más bien una manera de abordar lo más profundo y grave de la vida humana, aquello que interesa a todos y en todos encuentra cabida. Pero para estar a tono con la poesía  es necesario abrir el corazón y contemplar la vida, y cito una frase de la primera carta del libro: “Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted de no ser lo bastante poeta como para encontrar sus riquezas”.  

Es dado a todos el mundo, pero no todos lo contemplan con la gravedad, el gusto, el arrobo  y profundidad del poeta. Sólo quien tiene el alma atenta a los signos que se manifiestan a diario es capaz de percibir la voz de las cosas más simples y pequeñas como mensajes divinos. Porque el poeta comprende que la voz de Dios es un gran poema. Y es en su segunda carta que Rilke se manifiesta lector de un libro total:  “de todos mis libros pocos me son indispensables, dos de ellos van siempre conmigo dondequiera que esté: la Biblia y los libros del gran escritor danés Janes Peter Jacobson…”. Qué distinta esta pequeña bibliografía a la larga lista que un erudito maneja en una conferencia sobre alguna obra de arte, qué distinto a algunos cursos a los que asisten alumnos con hambre de un conocimiento profundo; cursos de los cuales salen con una admiración ciega hacia el recitar absurdo de autores y obras inaccesibles, sintiendo en lo profundo más lejana que nunca la poesía. En cambio Rilke casi ruega al aprendiz de poeta “lea lo menos posible textos de crítica estética. Las ideas vertidas en ellos suelen ser opiniones de escuela, petrificadas y carentes de sentido por su endurecimiento ya sin vida (…) las obras de arte son de una soledad infinita, y nada es tan poco apropiado para abordarlas como la crítica, sólo el amor puede comprenderlas, tratarlas y ser justo con ellas.”

Sólo el amor por la poesía la sacará del absurdo silencio en el cual nuestra generación la ahoga, sólo siendo lectores de estos y otros mensajes que los grandes autores han vertido en sus obras, podremos despertar el poeta que todos llevamos dentro, porque ser poeta, como lo dijo Rilke, es sólo: “dejar que cada impresión y que cada germen de sentimiento se completen totalmente en sí, en la oscuridad, en lo indecible, en lo inconsciente, y esperar con profunda humildad y paciencia la hora del nacimiento de una nueva claridad.”

La reina hada

por Yolanda Ramírez Michel

La reina hada, poema épico de Edmund Spenser (¿1552/1553?–1599) , fue la primera obra con estas características en inglés, y la precursora de la tradición poética heroica en este idioma. Milton, figura también fundamental en el panorama de la poesía inglesa, le tenía una devoción inmensa. Comentamos esto porque es importante entender que los grandes espíritus siempre han sabido admirar a otros grandes genios, y en ello han demostrado su propia grandeza.

La poética de Spenser posee el poder de entregar con sus imágenes el conocimiento de lo profundo y espiritual. La musicalidad, y las retórica simbólica de La reina hada, ha deleitado durante décadas a nuestros más insignes poetas, y a dado gozo estético a los más exigentes lectores.

Los vates del siglo XVIII seguían las propuestas estéticas de Spenser ya con desenvoltura, Wordsworth, Keats y Tennyson estuvieron profundamente influenciados por la sensibilidad de su trabajo.

Seguramente Spenser se proponía ofrecer una renovación de los romances épicos de los poetas italianos Ariosto y Tasso. Se nota en su propuesta estética y temática que deseaba unificar el romance medieval y la épica renacentista. Una síntesis de los antiguos y los modernos que agradece quien desea renovación sin pérdida de los altos valores de la tradición.

Si vemos la tradición poética como una línea que se despliega desde la antigüedad Clásica, en Spenser la tradición alcanza un grado de originalidad y renovación que da pie a que los poetas posteriores no se desliguen de los veneros originales aunque propongan cada uno sus cuotas personales.

Es importante que al traducir el título de Spenser como “La reina hada”, se comprenda que la obra es una alegoría fantástica acerca de Isabel I, la llamada Reina Virgen, presente en el poema sólo como una luna sobre el reino al que gobierna.

El poema, entre otras cosas es una crítica -velada por el entramado mítico y la apariencia de cuento de hadas-, de la tergiversación de los valores por parte del gobierno y la iglesia. Publicado en 1590 celebra públicamente la victoria inglesa frente a la Armada Invencible de Felipe II. Y en el plano moral intenta inculcar valores cristianos.

La división del libro se da mediante la semejanza con el orden cósmico de la semana planetaria de Ptolomeo: •Sol •Luna •Marte •Mercurio •Júpiter •Venus •Saturno.

La reina hada se publicó en dos partes (la primera parte en 1590 y la segunda en 1596).

Aunque al inicio del poema manifiesta su intención de escribir doce libros, y por esto se infiere que la obra quedó inconclusa (sólo posee seis cantos y un fragmento), finalmente pudo parecerle a Spenser más idóneo el siete como referente de una temporalidad que une todos los tiempos en uno (recordar que el siete, los siete días de la semana, es un símbolo del tiempo que se renueva sin cesar).

Esperamos que esta pequeña reseña te despierte las ganas de conocer las grandes obras de la Literatura Universal, recuerda que tenemos talleres en línea donde las estudiamos, sigue nuestro canal y podrás enterarte:

Tarzán lee

Por Yolanda Ramírez Michel

Era como una alegoría de los primeros pasos a través de la negra noche de la ignorancia en busca de la luz del conocimiento.

E. R. Burroughs

¿Quién ha sido capaz de aprender a leer por sí mismo? Ante esta pregunta es inevitable visualizar nuestros primeros años en la escuela. Algunos tienen un recuerdo claro del hecho, otros lo imaginan apoyados por referencias de quienes los adelantan en edad. El caso es que, para la gran mayoría, aprender a leer es algo que se logra a través de un maestro; no imaginan que pueda ser de otro modo, no hasta que leen Tarzán…

En la novela Tarzán de los monos, publicada en 1914 por el autor  Edgar Rice Burroughs, se narra la historia de un personaje que, por azares del destino, debe crecer en un ambiente salvaje y ser criado por un grupo de monos. En el capítulo VII de la novela (capítulo titulado “La luz del conocimiento”),  Tarzán aprende a leer gracias al hallazgo de varios libros, unos cuantos llenos de ilustraciones, y un gran diccionario.

Quiero creer que el éxito de la obra se debió, entre otras cosas, a que en el imaginario colectivo el símbolo del hombre salvaje guarda los ecos de una edad que, a pesar de haber quedado fuera de la historia oficial, es una edad añorada; edad en la que el hombre vivía en estado de libertad, en un paisaje que imaginamos terriblemente prístino. Y sin embargo, a pesar de ese atractivo por lo primitivo, en el capítulo donde Tarzán halla los  libros, se puede ver al hombre salvaje cuando se encuentra con la lectura. La imagen del pequeño niño criado por monos, inclinado sobre los libros, contiene y abarca los siglos que llevaron a las primeras civilizaciones emergentes a desarrollar el medio escrito por el que ahora nos manifestamos y comunicamos, expresa el momento misterioso y mágico en que el hombre vio en los signos y su vinculación articulada, un elemento importante para el desarrollo de la conciencia, una herramienta para una mejor interpretación del mundo, un camino por el que se eleva de la condición de hombre mono a la de ser humano. Ciertamente mucho tendrían que argumentar los lingüistas contra este pasaje, hay evidencias de que un niño que crece en un medio salvaje, que no aprende a hablar desde pequeño, difícilmente logra hacerlo siendo adulto (mucho menos lograría leer), parece ser que el lenguaje es una capacidad que todos tenemos, pero que debe desarrollarse en los primeros años.

Afortunadamente, la ficción no pretende ser una exacta copia de la realidad, sino reproducir condiciones para el símbolo. En Tarzán, el símbolo del personaje que explorando encuentra unos libros, y observando aprende a descifrar los signos que en él aparecen, no es sino una imagen del hombre que encuentra en el mundo una serie de datos que debe interpretar. Datos que posteriormente le ayudarán a pasar de un entorno salvaje y violento, donde la fuerza determina el éxito o el fracaso en la vida, a uno civilizado, donde la comprensión profunda de los hechos contiene la clave de la evolución personal.

Yolanda Ramírez Míchel

La mujer sin nombre de Adán

La mayoría de nosotros conocemos de sobra a la famosa Eva, aparentemente responsable de todos los males de la humanidad según un mito hebreo ampliamente extendido. Pocos conocen a Lilith, su primera mujer, hecha igual que Adán de barro, demonizada luego por las tribus patriarcales que vieron en su requerimiento de igualdad una amenaza. Pero estoy segura de que muy pocos, realmente muy pocos, conocen a otra antecesora de Eva, la mujer sin nombre… Hoy quiero rescatar el relato de su creación, relato perdido en los siglos y en la marea siempre amenazante del olvido.

Luego de que Adán es abandonado por Lilith, su primera compañera, Dios intentó de nuevo darle una mujer (qué complaciente luce el dios de esta historia), así que lo dejó observar cómo formaba la anatomía femenina: primero puso en su lugar cuidadosamente las entrañas, los órganos; luego, con extraordinaria maestría, Dios colocó las venas, los músculos, la piel, los cabellos. Utilizó para ello huesos, secreciones glandulares, sangre, tejidos… La escena produjo en Adán tal repugnancia que cuando la primera Eva se alzó ante él con toda su belleza, sintió un profundo asco. Entonces Dios, dándose cuenta de que había fracasado, se llevó a la primera Eva lejos, nadie sabe con certeza a dónde[1].

Y dicen que la tercera es la vencida… por eso Dios decidió dormir a Adán mientras hacía a la Eva que todos conocemos, y decidió tomar una de sus costillas para que no la rechazara por ser carne de su carne.

Me parece una historia tan triste. Imagino a esa mujer sin nombre vagando por los renglones de la historia, buscando un Adán que pueda ver su interior sin repugnancia y aceptarla con todos los entramados maravillosos del gran milagro que es.


[1] Esta historia se tomó del libro de Robert Graves y Raphael Patai y éstos a su vez dan las siguientes referencias: Gen.Rab 158, 163-64; Mid. Abrir 133, 135;Abot. Dir. Nathan 24; B. Sanedrín 39ª.

Tres mujeres tuvo Adán

CON RESPECTO A LAS TEORÍAS DE LA CONSPIRACIÓN

MI OPINIÓN

Por Yolanda Ramírez Michel


Hace una semana aproximadamente leí un post en face con una propuesta muy agresiva instando a la gente a rebelarse al “quédate en casa”. Pensé que ya de por sí la situación que se vive mundialmente es terrible, como para que le sumen lo que vendría a partir de un enfrentamiento civil (que lo más probable es que esta instigación maquiavélica esté orquestada en cada país por la oposición, que no buscan el bien común, sino aprovechar la crisis para sus propios fines partidistas). Se me ocurrió entonces contrarrestar el veneno de aquel post con otro hablando de las posibilidades que tenemos para adquirir consciencia gracias a la cuarentena:

  • Quédate en casa…
  • Si puedes, quédate en casa, así ya no te estresará el tráfico incesante de tantos ires y venires, verás que el ahorro de gasolina es bueno para todos, para el aire y para el presupuesto.
  • Quédate en casa, que hace bien extrañar a los padres, a los tíos, los abuelos, los hijos, los nietos, los hermanos, los amigos, extrañarlos nos hace valorarlos.
  • Quédate en casa, pero no por Fobos, el miedo loco que a nadie hace bien, sino por Deimos, el miedo que es precaución y cuidado de ti, y de los demás. Y no veas tantas noticias en redes, porque son una feria de vanidades, y no te enteras al fin de nada, la verdad más fiel está en ti mismo, tú sabes qué cosas te hacen daño, qué cosas te hacen bien…
  • Quédate en casa para que no te deprima que por tener tanto trabajo no tienes tiempo de estar con los tuyos. Abraza a tu pareja, a la que casi nunca abrazas porque llegas cansado(a) del trabajo que te quita media vida. Verás que hay muchas cosas que puedes arreglar desde la intimidad de tus pantuflas.
  • Quédate en casa y prepárate un té para calmar esa ansiedad que es natural, el mundo está cambiando y todo cambio nos pone nerviosos, nos sentimos inseguros de lo que vendrá, pero mira, ¿te parecía que las cosas estaban bien? ¿No estabas ya nervioso y ansioso con las cosas como estaban?
  • Quédate en casa y atiende a quien comparte recetas naturales y gratuitas de cómo cambiar nuestra alimentación, te ayudarán a dejar de consumir en la farmacia las drogas que no curan. Hay por ahí mucha gente sabia que ayuda a otros porque sabe que ayudar a otro es ayudarse a sí mismo, el mundo entero es una red de inter conexiones, y la cadena de favores es un milagro simple y sencillo.
  • Quédate en casa, así, mientras lo haces, los animales descansan de nuestro abuso y prepotencia, ellos se preparan para contarnos de su vida mágica y de cómo podemos imitar sus sencillas rutinas de felicidad.
  • Sí, quedarse en casa pareciera que es entrar en una cárcel, pero no, para nada, en la cárcel no está el retrato del abuelo, en la cárcel no hay un colchón con la huella de nuestros sueños, en la cárcel no está nuestro armario, lleno de maravillas olvidadas, ni nuestros pequeños goces diarios, si te quedas en casa puede ser que los descubras y brillen como estrellas.
  • Sí, se cerrarán carreteras, y no podrás ir de vacaciones, pero tienes un mundo adentro, y, ¿cuántas veces las vacaciones sólo fueron un medio de escapar de algo que no deseabas enfrentar? Llegó la hora: te toca mirar de frente el problema y tratarlo con pinzas porque no hay a dónde ir, no puedes salir corriendo, ahora te toca ser diplomático, y usar la buena voluntad que está tan arrinconada por el estrés tremendo en que te has metido por mantener una “calidad” de vida que en el fondo sabes que no tiene nada de calidad.
  • Quédate en casa, no será mucho tiempo, sólo el necesario para que respire el planeta, ¿se te hace que respiraba?
  • Quédate en casa, si puedes, y por favor, no critiques a los que no pueden tener este lujo, el de quedarse en casa, que no todos pueden, así que tú, a ver qué haces, a ver a quién ayudas, que es mejor ponerse a ayudar que ser parte del conflicto.


Cada suceso puede ser bueno y malo a la vez, porque somos nosotros quienes hondamente damos sentido o contrasentido a lo vivido. Cada mal tiene en sus entrañas alguna enseñanza, que nos cuesta ver porque somos perezosos para el aprendizaje de lo interior (como nadie sabe de esos demonios que traigo adentro, me pondré a pelear con los de afuera).
Algunas teorías de la conspiración me han llamado la atención, no lo voy a negar, porque cada una de ellas es una gran metáfora que deriva de los males del mundo, o de los sueños del mundo. Pero vamos a ver, hagamos un ejercicio de imaginación, imaginemos que sí, que todo esto es un gran complot mundial, ¿y entonces? vamos contra los molinos de viento, ¿no? Mi maestro siempre ha sido el Quijote, y ante esta situación, queda como anillo al dedo. Vamos a suponer que los molinos (el virus), no son molinos, que son gigantes (una estratagema mundial para la manipulación del mundo), la metáfora del libro es que en realidad don Quijote veía de más, no de menos, y que en los molinos quería enfrentar al sistema, bueno ya saben lo que pasó, molinos o gigantes lo derriban. Que tenemos que enfrentarlos, sí, nadie ha dicho que nos quedemos en casa como una estatua sin vida, o que no sentiremos muchas y distintas emociones que nos llevarán a inframundos horrendos y personales.


Lo confieso, soy parcial, a mí el encierro me gusta, mis esfuerzos van por adaptarme a otras cosas, así que me disculpo si en un primer momento parece no contemplo que para algunos esto es una verdadera afrenta contra sus costumbres. Mi intención es apoyar con una reflexión para que entren a la maravillosa tierra del sí mismo, hay un libro (lo menciona Borges en El Aleph) Viaje alrededor de mi cuarto, el libro es breve, y va de lo que cuenta un noble que se vio obligado a permanecer en su habitación cuarenta y dos días. Todo un viaje a través del sí mismo.


¿Por qué no guardemos esas fuerzas de revolución para un cambio de paradigmas, y no para apoyar una revolución externa que sólo servirá para seguir girando en el mismo carrusel de violencia? Quienes andan por ahí sugiriendo que la gente se rebele, ¿no han pensado mejor guardar esta energía para la reconstrucción después de la catástrofe?


Ya sé, puede que sí, que sean gigantes, y que debamos decir muy alto que son gigantes, y que más gente tenga la mirada del Quijote, pero mientras es posible hacerlo sin violencia tenemos una opción, sí que la tenemos, y es encontrar el suprasentido (estoy leyendo el Libro Rojo), ¿qué es? A ver si le entendí a Jung: el suprasentido es ir más allá de lo que tiene o no tiene sentido en este mundo, es ir hacia el sentido superior de cada situación vital, que es un sentido personal que cada quien encuentra cuando aceptamos que somos impotentes, y entonces en esa especie de aceptación de pérdida aparece un tesoro.

Digamos que sí, que nos encierran para manipularnos, que todo esto es una conspiración mundial, vamos a ver, qué puedo y qué no puedo hacer: si me encierran para tenerme estresado ¿yo, como borrego sigo el juego y me estreso?, en lugar de buscar opciones creativas para el aislamiento, El Quijote se gestó en una cárcel; Ana Frank maduró en un cuartito sin internet; Viktor Frankl estuvo en campos de concentración y de ahí salió El hombre en busca de sentido; Xavier de Maistre escribió su obra más célebre durante y por el confinamiento, Viaje alrededor de mi habitación. Si no eres escritor, no importa, lo más valioso es que vayas a tu propio sueño y veas qué puedes hacer por él desde el encierro.


No dejes que fuerzas externas puedan contra algo que es mayor y más poderoso, tu fuerza interna, es una verdadera oportunidad de crecimiento, de que salgamos de aquí para ser ciudadanos de otro planeta, que no cambiará si no cambiamos todos y cada uno desde nuestro centro.


Ya sé, todo es más complejo, están pasando muchas cosas que se salen de control: perdiste tu trabajo (ese que odiabas), perdiste tus ahorros (menos mal que los tenías, hay muchos que ni siquiera tenían ahorros para enfrentar este revés, y es un poco bueno que los comprendas, la empatía te hace más humano) que tu matrimonio tronó por el encierro (ya estaba mal, no te engañes si estuvieran bien serían ambos apoyo en esta contingencia y no peso sobre las espaldas del otro), que tus hijos están todo el día encerrados, ¡pobrecitos? (les hará bien, ya se habían acostumbrado a ser dictadores tuyos y del que no caía a sus pies ante un berrinche, los niños son fuertes, y sabios, dejémoslos ser fuertes y sabios), que tu negocio está a punto de quebrar (no es sólo el tuyo, es el negocio de muchos, y habrá que replantear eso que llamamos negocio). Incluso si por causa del encierro sucediera lo más grave, que es la muerte… dime ¿alguien es inmortal?


Esta es la oportunidad para revisar el termómetro vital cada día, entendiendo qué monstruos nos habitan… los acallábamos saliendo. Esta es la oportunidad de entender qué necesidades están creciendo hasta enfermarnos, saber de qué va la verdadera vida, que no es afuera, es adentro.


Mi punto es, que hay cosas que no podemos cambiar y están fuera de nuestro alcance y nos desgasta intentar ese cambio, perdemos la energía creadora en pelear y argumentar contra imposibles. Hay cosas que sí podemos cambiar y están al alcance de una toma de conciencia y un cambio de hábitos. Cierto, esto que sí podemos es en realidad MÁS DIFÍCIL, por eso preferimos lanzar todos nuestros perros contra los que según nosotros nos hacen daño, todo antes que tomar consciencia y cambiar nuestros malos hábitos de vida.


La semilla se entierra, y da frutos, ¿no podemos entender que somos naturaleza, que mucho de nuestro mágico sistema interior se parece a los árboles (los pulmones), a los ríos (la sangre), a las estaciones (la vida misma)? Y entonces si somos naturaleza, ¿qué nos cuesta volvernos un tiempo semilla enterrada en la propagación de un tallo y unas flores que esperan aparecer tras el encierro?


VOLVER A CASA

Otra vez me ha dado por imaginar, imaginar que el cuerpo es una nave espacial en la que viajamos desde algún otro universo hasta la vida, imaginar que el cuerpo es el vehículo, y algo dentro (yo), el conductor.
Mi cuerpo-nave me lleva de un lado a otro descubriendo el mundo al que he llegado. Casi todo lo miro a través de las ventanas de mis ojos, y de mis sentidos, que dan información a los controles principales: el pensamiento (invisible energía creadora); el sentimiento (sólo perceptible para quien te conoce y sabe los mínimos movimientos de tu rostro), y algo MÁS, algo que guía, algo que algunos llaman instinto (no en su forma degradante, sino en su sagrado sistema de conexión con otras realidades, realidades superiores…).

Y en ese viaje mental, gracias a la “vera imaginatio”, veo que la nave es el instrumento para la experiencia, que la vida -a la que he llegado por mediación del cuerpo- es toda ella un alto contenedor de sensaciones (agradables o desagradables, y con esto se ganan a pulso el adjetivo de bueno o malo, porque o las quiero o las rechazo), sensaciones y experiencias que se viven gracias al intrincado sistema de vasos comunicantes entre lo que soy y la nave espacial.
El articulado puente entre mi nave y yo hace que a veces me confunda y funda con la nave, incluso ese fundirse es parte del sistema de avance por el mundo… Un sistema de avance arriesgado para la tranquilidad del piloto, que no debería olvidar (pero olvida) que si se estrella la nave, no se pierde él mismo, sólo pierde la nave. Porque no somos la nave. No hay que olvidarlo, no somos la nave, y la muerte de la nave no es nuestra muerte, ni siquiera es muerte, la nave vuelve a su casa de elementos, y a nosotros nos rescata del encontronazo una mano que nos devuelve intactos al universo del que veníamos, aunque… he dicho mal, no volvemos intactos, volvemos con el cargamento de experiencia lleno (o medio lleno, o vacío si nos hemos creído más nave que piloto).

El caso es que, aunque el “afuera” parezca tan poderoso, sólo es el dador de realidades, que en la nave pueden ser trasformadas y, en el mejor de los casos, si el piloto ve que viene una tempestad, asegura las velas; si llega la calma, pone el sistema automático; si se anuncian paisajes de ensueño, aplicadamente los sueña; si sabe que vienen horrores, suspira muy hondo para retener al alma dentro, (que tanto horror puede llevarse al alma, no hay que dejar escapar al alma, si se aleja nos quedaremos solos, sin rumbo, el alma es rumbo, es el radar que el piloto no debe olvidar en su viaje por estas latitudes), y con el aire de la vida adentro, el piloto atraviesa las oscuras distancias por las que su nave avanza.

El caso es comprender que todo ese “afuera” que contemplamos desde la hondura de nuestro asiento de conductores (que lo mejor es no dejar que otros piloteen desde quién sabe qué rincón del mundo NUESTRA nave), todo ese afuera provee la materia prima para la experiencia, es el surtidor de imágenes por las que avanza la nave.

Que la nave es un prodigio, ni quién lo dude, un prodigio de ingeniería celeste, obra sólo posible por algún tremendo y gran artesano que algunos llamamos Dios. Pero la nave no es sino un vehículo de lo que hondamente somos, nos contiene sí, y mucho del trabajo de la vida está en discernir eso que parece que somos porque el espejo nos insisten en que la superficie y lo visible son certezas, contra lo que en la hondura es inmortal y anhela volver a casa, a la casa de la que salió un día, hace mucho, cuando quién sabe qué destino nos subió a la nave.

Yolanda Ramírez Michel

El viaje iniciático de Caperucita Roja

Sólo atravesando ciertos límites pasa el individuo a una nueva zona de experiencia.

Joseph Campbell

Para comerte mejor…

Imagen del blog colorgrafico.wordpress.com

¿Es Caperucita Roja una historia tan inocente como parece a primera vista?

Anterior a la versión que la mayoría conocemos (difundida por Perrault y los hermanos Grimm), el cuento de Caperucita Roja nació durante una época en la que no existía la literatura infantil como tal. Los niños y los adultos se reunían juntos en la plaza para escuchar a los contadores de historias. Entonces  había algunos cuentos cuya función era la de advertir no solamente a los niños, sino al público en general, sobre los peligros inherentes a la vida. Caperucita Roja trata del acoso de un lobo a una niña… Si nos detenemos en la literalidad, ésta es un argumento  sencillo, pero si ahondamos un poco y penetramos los símbolos es posible descubrir algo mucho más intenso:

En una de las versiones de este cuento, analizada en el libro La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, del Fondo de Cultura Económico, leemos de una niña que va a visitar a su abuela enferma y en el camino por el bosque se encuentra un lobo que le cuestiona:

“¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas, o el de los alfileres?”

Para quienes han intentado fabricar un vestido saben que hay dos formas de hacerlo: podemos usar sólo alfileres y cocer, lo que implica que el trabajo nos llevará muy poco tiempo  (con el riesgo de que si no somos expertos es posible arruinar la labor), o podemos hilvanar minuciosamente la tela con una aguja para hacerlo como es debido. La niña ha sido aleccionada por su madre y sabe que no debe ir por el camino fácil, así que responde al lobo “por el de las agujas”.

Pero el lobo es astuto y “experimentado”, puede ir por el camino de las agujas, llega primero a la casa de la abuela, y se la come. En algunas versiones infantiles se aplicó la censura y el lobo sólo esconde a la abuela en el armario, pero censurar es una forma de eliminar el símbolo: la abuela está ahí representando la sabiduría. El lobo debe comerse a la abuela para que la niña no tenga acceso a ella (a la sabiduría) y él pueda más fácilmente convencerla de sus propósitos…

¿No deberíamos preguntarnos en este momento por qué no se comió a la niña justo donde la encontró? ¿No resultaba más fácil y práctico para el lobo hacerlo así?

Bien, si la intención del lobo sólo es comer a la niña, la respuesta a todas estas preguntas es sí, pero si la intención del lobo no es literal y debemos enfrentarnos de nuevo a los símbolos, ésta es la clave de lo que el cuento representó en sus orígenes: ¿En dónde se come el lobo a Caperucita y después de qué tipo de preguntas? El lugar que el lobo elige para “comer” a Caperucita es la cama, y las preguntas sobradamente sensuales.

En una recopilación de cuentos franceses del siglo XVIII de Paul Delarue y Marie-Louise Teneze (París 1976) encontramos la siguiente versión: “Abuela, ¿por qué estás tan peluda? Para calentarme mejor, hijita. ¿Abuela, por qué tienes esos hombros tan grandes? Para poder cargar mejor la leña, hijita…” y así sucesivamente el “lobo” responde a la niña, justo como respondería un hombre a una mujer curiosa.

El cuento ha sido despojado de su intención original para adaptarlo con gran éxito al público infantil. Sin embargo, en el proceso evolutivo de la historia se han perdido valiosas pistas.

El final de algunas versiones es más sanador que el de otras: el lobo se come a la niña, un cazador lo encuentra dormido cercas del río, le abre la panza y saca a Caperucita, a la manera de un parto por cesárea. Una experiencia así permite al individuo, que ha pasado por una de las muchas trampas de la lobísima vida, volver a nacer. El lobo se traga a la protagonista, como sucede en la realidad, pero la liberación última, a pesar del traumatismo brinda redención y esperanza, ¡y eso, es sanador!

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El águila devorando la serpiente

 

Más, ¡ay, es sólo un espectáculo!

¿Por dónde te asiré naturaleza infinita?

Goethe

El universo es de los observadores…

¡Quién diría que nuestro escudo nacional es un símbolo iniciático universal! Una alada criatura, emblema de lo celeste, somete a la serpiente, animal asociado al inframundo.  Simbad el marino, antecesor de Odiseo, de Marco Polo y de todos los exploradores, históricos o míticos, encuentra en uno de sus viajes un gran pájaro que devora serpientes, es uno de los pasajes más importantes, porque llevan al héroe hasta un tesoro.  Los alquimistas también exploran el símbolo y sus dibujos son la escritura del inconsciente que revela, sin racionalizar, las aventuras interiores.

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Los griegos siempre supieron de imágenes iniciáticas: las dos serpientes entrelazadas del caduceo son el símbolo del equilibrio entre fuerzas antagónicas. Además, representan el eterno movimiento cósmico, base de regeneración y de infinito. Aunque en este caso las alas no pertenecen a un personaje antagonista de la serpiente, si no que  expresan la rapidez con la que el mensajero de los dioses se movía de un lugar a otro.

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Horus, importante  dios de la mitología egipcia, fue representado como un halcón, y como símbolo del héroe solar, derrotaba a diario a la serpiente Apofis, la oscuridad. En algunas regiones se le consideraba iniciador de la civilización en Egipto, ¡cuánta semejanza con el augurio sobre la fundación de Tenochtitlán!

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¡En el imperio romano bizantino existía ya un símbolo muy similar al de nuestro escudo!

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La India tiene a Garuda, pájaro mítico, considerado un dios menor (o semidiós) en el hinduismo y en el budismo. Generalmente su icono es el de un águila gigante y antropomorfa: cuerpo humano de color dorado, rostro blanco, pico de águila y grandes alas rojas. Es jefe de la raza de las aves y enemigo de la raza de las serpientes…

 

El águila que devora una serpiente es tan antigua como los inicios de la civilización. En Sumeria, hace cinco mil años, el héroe Marduk,  símbolo del nuevo orden, representado en ocasiones como un personaje con alas, derrotaba a la que antaño se consideró la diosa suprema, una serpiente.

En todas estas versiones que reúnen un personaje alado y una serpiente, hay mensajes universales que debemos interpretar desde un sistema mítico y no literal. Todo parece indicar que las primeras palabras nacieron como onomatopeyas (reproducciones fonéticas de los sonidos que la naturaleza produce), así mismo la escritura intentó al principio reproducir la realidad contemplada, la palabra de la naturaleza, el alfabeto del mundo se desplegó en un abanico exuberante de imágenes que le entregaban al hombre sus significantes prístinos, nacidos de su esencia. Así nace el lenguaje, espejo sonoro de la música que el hombre escucha a su alrededor, y la escritura, intento de su reproducción pictórica. Hoy estamos lejos de ese sistema debido al alfabeto fonético, ya totalmente descontextualizado de la naturaleza y el mundo. Por eso es que los símbolos, aunque conservan su poder, nos resultan herméticos y misteriosos. Este recorrido intenta mostrar cómo esa imagen que hondea con el viento en nuestro lábaro patrio es un mensaje universal para trasmitir el triunfo de un poder sobre otro.

En la religión cristiana la serpiente debe ser derrotada, como en Egipto, Mesopotamia, Grecia, América, etc. La mitología es mediadora de las verdades interiores y las formas externas que la reproducen, herramienta original para narrar las aventuras del hombre. Un águila es la palabra celeste, una serpiente la terrenal, o incluso infernal, pues recorre las entrañas de la tierra (la connotación negativa surge a partir de las posturas dominantes, durante milenios la serpiente fue considerada divina, la tierra y la naturaleza con todos sus misterios y alquimias interiores era sagrada). El águila y la serpiente son dos palabras de la naturaleza, onomatopéyicas en otro sentido: al ver un animal éste nos remite a su esencia, no a su sonido, accedemos en automático a su entorno, nos permeamos de su contexto. Digamos que hablan sin hablar, son y ya. En sí mismos contienen reminiscencias, ecos, pautas de conducta, son mucho más abarcantes que la palabra misma que los designa.

El águila devorando una serpiente tiene otras lecturas cuando nos llamamos ciudadanos del mundo, ya no habla sólo de México o los mexicanos, ni de una leyenda fundacional, habla del hombre, de un sistema celeste que domina a uno terrenal, o de una vinculación del mismo… de cómo demonizamos la otredad, del triunfo de unos sobre otros, del cambio de poderes, de los procesos alquímicos, espirituales, herméticos. Los misterios del águila y la serpiente están ahí para los exploradores valientes que se animan a la indagación profunda de las esencias de la vida.

 

Yolanda Ramírez Míchel