No nos lo esperábamos, que los niños iban a dejar el salón de clase, que ya no podrían platicar entre ellos armando escándalo o distrayéndose de lo que la maestra intenta explicarles tan esforzadamente. No nos lo esperábamos. No sé qué bienes y qué males se esconden en la modernidad, sé que siempre hay estrellas en la noche y que siempre hay dones tras alguna calamidad. Pero los niños…

Los niños que ya de por sí no salían a jugar, raptados por las diversas pantallas abductoras, ahora ni siquiera hay recreo, ni clase de arte ensuciándote las manos, ni cantos corales.

Hace tiempo que muchos padres de familia habían intentado el Home School. Inconformes con las limitaciones de un sistema de enseñanza basado en el encierro en un salón, y en la imposición de contenidos que no logran enteramente contactar con los niños. Algunos lo lograron, y se volvieron responsables directos de los contenidos académicos, y de su asimilación para el entendimiento de un mundo más pleno. No obstante, esos padres que enseñaban en casa no lo hacían para meter a sus hijos en la pantalla, sino para que contactaran con el mundo y la ciencia vital más directamente que a través de libros de texto o de programas académicos obsoletos. Quiero suponer que Home School no intentaba ser sinónimo de clases en línea, y que más bien era: hacerse cargo de la educación cuando no se está de acuerdo con las limitaciones del sistema escolarizado.

En estos tiempos, la escuela se ha mudado a las aulas virtuales, pero aunque le llamen Home School, no lo es; los contenidos llegan a través de una pantalla… ¿Es posible que nuestros niños conozcan el mundo así? No lo sé, yo soy amante de los libros, y he conocido el mundo a través de sus páginas, y también lo he conocido ahora por la mucha información disponible en internet, pero algo me huele mal en esto de que los niños sientan que sus compañeros son cuadritos en la pantalla…

Hoy, platicando con mi hija acerca de este tema, me comentó que ciertamente hay mucho por lo cual podríamos quejarnos, pero que también hay cosas buenas, uno de los bienes que ella ha descubierto es que se ha podido dar cuenta de cómo es su hijo a la hora de clase. Lo observa trabajar y relacionarse con sus compañeros, aunque sea a través de este salón virtual las maneras de cada niño salen a la luz.

Los hijos nos hacen ver la vida de otro modo, se rebelan contra atavismos y traumas ancestrales, resuelven de manera distinta sus contratiempos, y si tenemos suerte, intentan ver los bienes, en lugar de concentrarse en los males, que de todos modos son inevitables.

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