MI OPINIÓN

Por Yolanda Ramírez Michel


Hace una semana aproximadamente leí un post en face con una propuesta muy agresiva instando a la gente a rebelarse al “quédate en casa”. Pensé que ya de por sí la situación que se vive mundialmente es terrible, como para que le sumen lo que vendría a partir de un enfrentamiento civil (que lo más probable es que esta instigación maquiavélica esté orquestada en cada país por la oposición, que no buscan el bien común, sino aprovechar la crisis para sus propios fines partidistas). Se me ocurrió entonces contrarrestar el veneno de aquel post con otro hablando de las posibilidades que tenemos para adquirir consciencia gracias a la cuarentena:

  • Quédate en casa…
  • Si puedes, quédate en casa, así ya no te estresará el tráfico incesante de tantos ires y venires, verás que el ahorro de gasolina es bueno para todos, para el aire y para el presupuesto.
  • Quédate en casa, que hace bien extrañar a los padres, a los tíos, los abuelos, los hijos, los nietos, los hermanos, los amigos, extrañarlos nos hace valorarlos.
  • Quédate en casa, pero no por Fobos, el miedo loco que a nadie hace bien, sino por Deimos, el miedo que es precaución y cuidado de ti, y de los demás. Y no veas tantas noticias en redes, porque son una feria de vanidades, y no te enteras al fin de nada, la verdad más fiel está en ti mismo, tú sabes qué cosas te hacen daño, qué cosas te hacen bien…
  • Quédate en casa para que no te deprima que por tener tanto trabajo no tienes tiempo de estar con los tuyos. Abraza a tu pareja, a la que casi nunca abrazas porque llegas cansado(a) del trabajo que te quita media vida. Verás que hay muchas cosas que puedes arreglar desde la intimidad de tus pantuflas.
  • Quédate en casa y prepárate un té para calmar esa ansiedad que es natural, el mundo está cambiando y todo cambio nos pone nerviosos, nos sentimos inseguros de lo que vendrá, pero mira, ¿te parecía que las cosas estaban bien? ¿No estabas ya nervioso y ansioso con las cosas como estaban?
  • Quédate en casa y atiende a quien comparte recetas naturales y gratuitas de cómo cambiar nuestra alimentación, te ayudarán a dejar de consumir en la farmacia las drogas que no curan. Hay por ahí mucha gente sabia que ayuda a otros porque sabe que ayudar a otro es ayudarse a sí mismo, el mundo entero es una red de inter conexiones, y la cadena de favores es un milagro simple y sencillo.
  • Quédate en casa, así, mientras lo haces, los animales descansan de nuestro abuso y prepotencia, ellos se preparan para contarnos de su vida mágica y de cómo podemos imitar sus sencillas rutinas de felicidad.
  • Sí, quedarse en casa pareciera que es entrar en una cárcel, pero no, para nada, en la cárcel no está el retrato del abuelo, en la cárcel no hay un colchón con la huella de nuestros sueños, en la cárcel no está nuestro armario, lleno de maravillas olvidadas, ni nuestros pequeños goces diarios, si te quedas en casa puede ser que los descubras y brillen como estrellas.
  • Sí, se cerrarán carreteras, y no podrás ir de vacaciones, pero tienes un mundo adentro, y, ¿cuántas veces las vacaciones sólo fueron un medio de escapar de algo que no deseabas enfrentar? Llegó la hora: te toca mirar de frente el problema y tratarlo con pinzas porque no hay a dónde ir, no puedes salir corriendo, ahora te toca ser diplomático, y usar la buena voluntad que está tan arrinconada por el estrés tremendo en que te has metido por mantener una “calidad” de vida que en el fondo sabes que no tiene nada de calidad.
  • Quédate en casa, no será mucho tiempo, sólo el necesario para que respire el planeta, ¿se te hace que respiraba?
  • Quédate en casa, si puedes, y por favor, no critiques a los que no pueden tener este lujo, el de quedarse en casa, que no todos pueden, así que tú, a ver qué haces, a ver a quién ayudas, que es mejor ponerse a ayudar que ser parte del conflicto.


Cada suceso puede ser bueno y malo a la vez, porque somos nosotros quienes hondamente damos sentido o contrasentido a lo vivido. Cada mal tiene en sus entrañas alguna enseñanza, que nos cuesta ver porque somos perezosos para el aprendizaje de lo interior (como nadie sabe de esos demonios que traigo adentro, me pondré a pelear con los de afuera).
Algunas teorías de la conspiración me han llamado la atención, no lo voy a negar, porque cada una de ellas es una gran metáfora que deriva de los males del mundo, o de los sueños del mundo. Pero vamos a ver, hagamos un ejercicio de imaginación, imaginemos que sí, que todo esto es un gran complot mundial, ¿y entonces? vamos contra los molinos de viento, ¿no? Mi maestro siempre ha sido el Quijote, y ante esta situación, queda como anillo al dedo. Vamos a suponer que los molinos (el virus), no son molinos, que son gigantes (una estratagema mundial para la manipulación del mundo), la metáfora del libro es que en realidad don Quijote veía de más, no de menos, y que en los molinos quería enfrentar al sistema, bueno ya saben lo que pasó, molinos o gigantes lo derriban. Que tenemos que enfrentarlos, sí, nadie ha dicho que nos quedemos en casa como una estatua sin vida, o que no sentiremos muchas y distintas emociones que nos llevarán a inframundos horrendos y personales.


Lo confieso, soy parcial, a mí el encierro me gusta, mis esfuerzos van por adaptarme a otras cosas, así que me disculpo si en un primer momento parece no contemplo que para algunos esto es una verdadera afrenta contra sus costumbres. Mi intención es apoyar con una reflexión para que entren a la maravillosa tierra del sí mismo, hay un libro (lo menciona Borges en El Aleph) Viaje alrededor de mi cuarto, el libro es breve, y va de lo que cuenta un noble que se vio obligado a permanecer en su habitación cuarenta y dos días. Todo un viaje a través del sí mismo.


¿Por qué no guardemos esas fuerzas de revolución para un cambio de paradigmas, y no para apoyar una revolución externa que sólo servirá para seguir girando en el mismo carrusel de violencia? Quienes andan por ahí sugiriendo que la gente se rebele, ¿no han pensado mejor guardar esta energía para la reconstrucción después de la catástrofe?


Ya sé, puede que sí, que sean gigantes, y que debamos decir muy alto que son gigantes, y que más gente tenga la mirada del Quijote, pero mientras es posible hacerlo sin violencia tenemos una opción, sí que la tenemos, y es encontrar el suprasentido (estoy leyendo el Libro Rojo), ¿qué es? A ver si le entendí a Jung: el suprasentido es ir más allá de lo que tiene o no tiene sentido en este mundo, es ir hacia el sentido superior de cada situación vital, que es un sentido personal que cada quien encuentra cuando aceptamos que somos impotentes, y entonces en esa especie de aceptación de pérdida aparece un tesoro.

Digamos que sí, que nos encierran para manipularnos, que todo esto es una conspiración mundial, vamos a ver, qué puedo y qué no puedo hacer: si me encierran para tenerme estresado ¿yo, como borrego sigo el juego y me estreso?, en lugar de buscar opciones creativas para el aislamiento, El Quijote se gestó en una cárcel; Ana Frank maduró en un cuartito sin internet; Viktor Frankl estuvo en campos de concentración y de ahí salió El hombre en busca de sentido; Xavier de Maistre escribió su obra más célebre durante y por el confinamiento, Viaje alrededor de mi habitación. Si no eres escritor, no importa, lo más valioso es que vayas a tu propio sueño y veas qué puedes hacer por él desde el encierro.


No dejes que fuerzas externas puedan contra algo que es mayor y más poderoso, tu fuerza interna, es una verdadera oportunidad de crecimiento, de que salgamos de aquí para ser ciudadanos de otro planeta, que no cambiará si no cambiamos todos y cada uno desde nuestro centro.


Ya sé, todo es más complejo, están pasando muchas cosas que se salen de control: perdiste tu trabajo (ese que odiabas), perdiste tus ahorros (menos mal que los tenías, hay muchos que ni siquiera tenían ahorros para enfrentar este revés, y es un poco bueno que los comprendas, la empatía te hace más humano) que tu matrimonio tronó por el encierro (ya estaba mal, no te engañes si estuvieran bien serían ambos apoyo en esta contingencia y no peso sobre las espaldas del otro), que tus hijos están todo el día encerrados, ¡pobrecitos? (les hará bien, ya se habían acostumbrado a ser dictadores tuyos y del que no caía a sus pies ante un berrinche, los niños son fuertes, y sabios, dejémoslos ser fuertes y sabios), que tu negocio está a punto de quebrar (no es sólo el tuyo, es el negocio de muchos, y habrá que replantear eso que llamamos negocio). Incluso si por causa del encierro sucediera lo más grave, que es la muerte… dime ¿alguien es inmortal?


Esta es la oportunidad para revisar el termómetro vital cada día, entendiendo qué monstruos nos habitan… los acallábamos saliendo. Esta es la oportunidad de entender qué necesidades están creciendo hasta enfermarnos, saber de qué va la verdadera vida, que no es afuera, es adentro.


Mi punto es, que hay cosas que no podemos cambiar y están fuera de nuestro alcance y nos desgasta intentar ese cambio, perdemos la energía creadora en pelear y argumentar contra imposibles. Hay cosas que sí podemos cambiar y están al alcance de una toma de conciencia y un cambio de hábitos. Cierto, esto que sí podemos es en realidad MÁS DIFÍCIL, por eso preferimos lanzar todos nuestros perros contra los que según nosotros nos hacen daño, todo antes que tomar consciencia y cambiar nuestros malos hábitos de vida.


La semilla se entierra, y da frutos, ¿no podemos entender que somos naturaleza, que mucho de nuestro mágico sistema interior se parece a los árboles (los pulmones), a los ríos (la sangre), a las estaciones (la vida misma)? Y entonces si somos naturaleza, ¿qué nos cuesta volvernos un tiempo semilla enterrada en la propagación de un tallo y unas flores que esperan aparecer tras el encierro?


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