Complejidades del mundo editorial

El mundo editorial se abre a lectores y escritores.

¿Con qué nos enfrentamos los editores de hoy?

Con la necesidad urgente del rescate del libro como objeto. Los libros electrónicos tienen todo el brillo que la facilidad, la gratuidad y la modernidad pueden ofertar. Los libros de una editorial no pueden competir con ello, a menos que usen todas las gracias del libro, propiciando que el lector desee tenerlo en sus manos, abrazarlo cuando un renglón lo conmueva, colocarlo sobre una mesita de noche, al alcance de la mano y la mirada, cercano a la lámpara del desvelo.

Si un editor no comprende que las estrategias comerciales nos llevan a un cuidado editorial y estético de la forma junto con el contenido, el editor habrá gastado en vano sus recursos, habrá dejado sus ojos en el altar de lo inútil, habrá regalado su valioso tiempo a la nada.

Por eso cada vez hay menos editores dispuestos a invertir sus recursos en un libro, por eso los servicios editoriales comienzan a ser sistemas viables para que un libro vea la luz.

Pero, ¿lo comprenden los autores? ¿Comprenden el frágil hilo que sostiene la vida del libro? ¿Comprenden que las estrategias deben ser renovadas? ¿Comprenden que ya no se escribe más para una generación que se despide de su vista con resignación ante lo inevitable? Escribimos para un nuevo mundo, hemos de comprender otra América…

Autores y editores deben unirse en una cruzada común en pro del rescate de un baluarte amenazado. Unirse, no como enemigos apostados en dos lados de un territorio que es el mismo territorio, sino como dos interesados en la misma sagrada encomienda.

Me pasa que, no importa si son autores nóveles o autores con trayectoria, hay los que olvidan que, un editor que atiende tu obra, es un quijote que ha dado lo más sagrado que posee: su tiempo, sus recursos, que podría gastar en otras aventuras. Y más: ha dejado de lado sus propios sueños para dar vida a los sueños de otros.

¿Por qué lo digo? Porque algunos autores, en lugar de facilitar nuestra tarea, que ya de por sí es compleja, hacen por inmiscuirse tanto que derrumban nuestras mejores intenciones. Cuando un editor le ha dicho que sí a un libro -pague o no el autor por ello-, el editor ha firmado un contrato invisible, el de dar sus horas y su entusiasmo, el de pensar lo mejor para el libro, el de coordinar al equipo de diseño e impresión. Pero… esto es inevitable, y hay que reconocerlo, y hablarlo, y superarlo entre ambos: el autor siempre tendrá otra visión con respecto a su obra, porque la visión siempre es personalísima, el autor casi siempre pensará que aquello pudo haber sido mejor de lo que fue. Seguramente opinará que el color, el diseño o el orden de algún gráfico debió haber sido distinto.

Esto hace que, poco a poco, los editores nos coloquemos una coraza de insensibilidad, ojalá los autores pudieran comprender esa locura de quijotes que nos hace estar en esta empresa y no en otra para seguir adelante por este camino en el que seremos más que sombras, ¿sabe alguien quién fue Juan de la Cuesta? Pero todos saben quién fue Miguel de Cervantes.

Aunque seas un autor fundamental, tu libro puede pasar años en una editorial, así le sucedió a Lizalde con el Fondo de Cultura Económica (link de la entrevista con este dato más abajo).

Los autores dependen del editor, de los recursos que consiga o ponga de su bolsa el editor, y de la experiencia que el editor ha ganado en este ramo. Y el editor necesita autores que se comprometan más allá de su ego, que se comprometan con la literatura, más que consigo mismos.

Si nos vamos a lanzar en pos de este sueño, habrá que comprender, no somos enemigos.

Entrevista a Lizalde: http://lasantacritica.com/general/eduardo-lizalde-la-poesia-es-una-tarea-compleja-lenta-torturante/?fbclid=IwAR2IB63Ac4CWuhckEAzX75seADHL4hLolfmK7hs45aUvS2POAKlcRyG3RmM

En este video Roberto García C. y Yolanda Ramírez Michel, editores de Salto Mortal (www.editorialsaltomortal.com) conversan en torno a algunos temas.

Confesiones de un(a) editor(a)

Como editor: haces tu trabajo lo mejor que puedes, algunos incluso hacemos más de lo que ningún contrato incluye, nos involucramos con los autores y su circunstancia, atendemos en horarios no laborales, nos casamos con la obra hasta soñar episodios donde nos persigue una errata. Nadie lee tantas veces el texto de un autor como su editor.

Buscamos con el equipo el diseño adecuado, el formato adecuado, la tipografía, incluso, cuando el autor paga su edición (porque las editoriales no tienen fondos suficientes para la avalancha de autores que nos solicitan), incluso entonces, buscamos la manera de acoplarnos a sus necesidades y su presupuesto, si la obra es buena.

Y se inicia el proceso.

Un día la obra muestra su cabecita perfumada de tinta, como bebé que ya viene a la luz. Los editores somos los primeros en verla, y cuánto gozo hay en ello.

A la brevedad llamamos al autor, o le mandamos foto para que más pronto goce, como nosotros, del próximo alumbramiento.

La mayoría de las veces (afortunadamente) el autor abraza su libro y sonríe. Otras veces, no…

Otras veces llega el ego, que a estas alturas ya se ha posesionado totalmente del autor en cuestión, el ego lo hace mirar con lupa cualquier interferencia con su ideal. El ego de este tipo de autor no lo deja gozar con el proceso, ha recibido ya con una mueca de disgusto algunas decisiones del editor acerca de cortes necesarios en su obra. El ego tampoco deja que el autor goce con la entrega de las muestras: le murmura desde un pernicioso susurro “no es como lo imaginabas”.

Un libro nunca será como lo imaginamos, es algo así como los hijos, que tienen un rostro propio, un rostro que a veces encanta al padre, un rostro que a veces sorprende. Pero los hijos corren con más suerte que los libros: como son hijos, la moral no deja que los rechacemos cuando los ponen en nuestros brazos. En cambio, hay autores que, a pesar de que el editor ha obrado milagros con palabras mal articuladas, textos plagados de lugares comunes, errores ortográficos, sintaxis y redacción incomprensible, aún después de que entregamos ese hijo de la “inteligencia” pulido y limpio, como un bebé recién bañado y a punto de bautizo, el autor lo mira, ¡¿y dime dónde la complacencia que nuestros sacrificios esperaban?! NADA.

Qué dolor -lo juro-, qué dolor para el editor que ha dejado sus ojos, su sueño, sus lecturas, sus descansos, en aquel hijo ajeno. Descuidando incluso sus propios libros (que un editor siempre tiene por ahí lo suyo).

Una disculpa, es que acabo de terminar un libro que ha costado particulares desgastes… y la autora no ha recibido con ninguna muestra de cariño el ejemplar.

YRM

Cuando te dicen: “deja reposar un tiempo tu texto”

¿Por qué es importante darle tiempo a lo que escribimos? 

Ilustrado de Rocío Parra para el libro La maestra Milagros

Son varias las razones, la primera porque un primer impulso emocional puede cegarnos a los errores; por eso hay que dejarlo reposar, y luego visitarlo habiéndolo olvidado, para así ser lectores de nosotros mismos con ojos de asombro y sí, también con ojos críticos.
Esa es la razón más común, pero hay otras, más del alma, más interiores.

A veces no has vivido aquello que tu texto necesita que vivas, a veces no has sentido todavía algo…

A veces el tiempo no es para escribir, sino para borrar. Por eso le damos tiempo al libro, no tanto para escribirlo, sino para borrar lo que un día escribimos… el acto de borrar es sagrado, porque dentro también hemos borrado algo… Ese borrar, y reescribir (en el renglón) es una manera de re escritura personal, es tomar el control de la vida a través de la palabra. 


La vida es evolución, quedar estancados es muerte. Cuando soy capaz de ver hacia mi primera frase y juzgarla, y corregirla, para dar algo mejor (nuevo) estoy en el proceso, el proceso es evolución, y mi escritura es su registro.

Porque dentro del libro evolucionamos, la importancia no es en sí el tiempo transcurrido, sino que ese tiempo lleva al autor a un proceso personal, y el libro es su reflejo. 

Te invitamos a vivir la aventura de escribir en nuestros talleres literarios.

Video del taller de Escritura Creativa https://www.youtube.com/watch?v=0H05ZCoABec

Todos somos magos… Magos y hechiceros

A todos los que creen en la magia verdadera, la de un corazón puro…

Les contaré una historia:

Todos somos magos, editorial Edelvives

 

Un día, una maestra milagros me localizó por medio de las redes sociales, se llama Lorena Guzzo, ella vive en Uruguay.
Todo comenzó cuando Lorena vio un video del libro Todos somos magos, libro álbum publicado por Edelvives, y quiso conseguirlo a toda costa, pero… a veces las editoriales que andan por todo el mundo no se dan abasto; el libro aún no llegaba a Uruguay.

Me conmovió mucho su insistencia y conseguí yo misma un ejemplar para enviárselo por Estafeta. Este fue el comienzo de una gran aventura. 

Cuando una maestra milagros tiene en su poder un libro, se detona la magia. Los libros son magia purísima, magia original y prístina. 

Lorena comenzó a leer Todos somos magos a su grupo de pequeños, y no sólo lo leyó, sino que siguió un plan de su mente mágica para hacer que la historia cobrara vida. Sacó el libro del papel para llevarlo a la vida, convirtió los personajes del libro en seres más cercanos a los niños, y los niños la siguieron con entusiasmo por ese camino hechizado.
Me tuvieron al tanto de sus aventuras, me mandaron videos y fotos (que no puedo compartir en redes sociales por respeto a la privacidad de los niños). Yo seguí aquel maravilloso despliegue de creatividad de Lorena, la admiré en cada ocurrencia. Mis ocupaciones a veces son tantas que no estoy lo cerca que desearía de mis lectores… por mí hubiera tomado un avión inmediatamente y me hubiera lanzado a conocerlos, pero la vida nos pone algunas trabas, que afortunadamente la escritura destraba.

Con estas palabras pretendo llegar hasta ustedes, chicos de Nivel 5 del Clara U. Con estas palabras quiero llegar hasta su salón y decirles que me ha gustado MIL la dedicatoria de su cuento. 

Porque déjenme les cuento a todos: ¡los niños de esta historia escribieron un cuento! No se conformaron con ser lectores, se volvieron también escritores, y le dieron al hechicero de Todos somos magos una vida y unos motivos para ser como era. Encontraron, con su dulzura de niños (guiados por una maestra mágica), la razón de que haya tanta gente triste, amargada, violenta… encontraron que perder de vista los sueños es el peor mal del mundo, y… ¡rescataron con sus palabras sabias al villano! Lo devolvieron a la villa de la felicidad.
Admiro mucho a estos jóvenes escritores, y admiro la guía talentosa y creativa de Lorena Guzzo. Espero que me consideren ya su amiga, no sólo una escritora que les mandó su libro, sino una amiga que les manda saludos, y que AGRADECE mucho su dedicatoria en el cuento. 

¿Me dejan compartirlo? Para que no sea sólo mío, sino de todos.
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Gracias, Lorena Guzzo, por tomarte tan en serio la docencia, estás sembrando semillas. 

CREDO TRITHEMIUS

 

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“Creemos en un espacio libre de crítica destructiva, un espacio donde los errores sean amigos de nuestra superación, y los amigos ayuden a corregir los errores.
Creemos en que no existe una sola manera de hacer las cosas, sino muchas, tantas como seres humanos, y que la genialidad no es sino encontrar esa manera personal de acercarnos a nuestros dones. 


Creemos en el poder inmenso de la palabra, que es portadora de hechizos, con ella podemos hacer que alguien sonría o llore, que alguien perdone u odie. Creemos que la palabra debe ser sanada, reconciliada con su esplendor, devuelta la conciencia de su poder. 


Creemos que con la palabra es posible construir el cielo en la tierra, aunque hasta ahora se haya enfocado el mundo más en la construcción del infierno sobra la tierra, creemos que es hora de invertir el peso en la balanza, ya tocan siglos de luz.


Creemos que los libros son hijos de los autores, y con el paso del tiempo se vuelven los mejores maestros de esos mismos autores. Creemos que un libro es inmortal y lleva nuestros pensamientos a otros continentes, a otros tiempos, a otros mundos, por eso debemos cuidar mucho lo que escribimos, porque se queda como semilla de baobab creciendo, dando frutos ácidos, amargos, o dulces. Creemos en los frutos dulces.


Creemos que todos pueden ser escritores si así lo deciden, siempre y cuando encuentren placer en la atención esmerada de sus palabras, en el estudio profundo de la ciencia del lenguaje, en la constante enmienda de los errores en pro de la claridad y la belleza, y… ¡en leer más que en escribir!, leer a los que han escrito renglones gloriosos es como tener a nuestra disposición al Gran Maestro de la orden de los que escriben.


Creemos que un maestro es un amigo, pero también que es alguien a quien deberás respetar y agradecer siempre por aquello que te ha enseñado. 


Creemos en la excelencia, la propia, entendida no como superar a otros, sino como superarte a ti mismo y dar lo mejor de ti, hasta el extremo en donde esté tu excelencia.
Creemos que escribir sana, primeramente, al escritor, no escribimos para la fama, escribimos para sublimar la vida, escribimos porque escribir nos da vida.


Creemos que la lectura es como la democracia, es para todos, pero no todos se animan a experimentarla.”

 

https://www.youtube.com/watch?v=x_et2kxttcM&ab_channel=TRITHEMIUStalleresliterarios

 

Video
www.trithemius.mx

ALTA VELOCIDAD

Por Yolanda Ramírez  Michel

 

Dios iba a toda velocidad y lo detuvo un policía:
—¿A dónde va con tanta prisa, Señor? —preguntó el policía sacando su libreta.
Dios lo miró con algo de culpa, no traía su licencia. Con las prisas salió así nada más que con lo puesto. Y además… Sí, iba muy rápido. Eso ciertamente no estaba nada bien. Pero…

—Es que… los hombres se me adelantaron, no los alcanzo… quiero entregarles un recado y…

El policía lo miró como quien está acostumbrado a las excusas.

—Su licencia, por favor.
—Verá, señor policía…
—¿No la trae?
—No…

Dios comenzó a mortificarse de verdad, los hombres ya iban muy adelante, muy lejos y él ahí,  explicando al policía lo inexplicable.

—Ni hablar, múlteme entonces… tengo prisa.

—No, no es tan sencillo, sin licencia ni identificación…
(Dios tampoco llevaba identificación).

—¿Qué…?
—Le voy a quitar su nube.

Y era el atardecer de un siglo.

 

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Eros

En pasadas sesiones de Trithemius Talleres Literarios (en Chapala) estuvimos con el tema del Amor. Vimos que para los griegos había, no una, sino varias palabras para nombrar al amor y expresar mejor sus muchos matices, sus muchos rostros: eros, philia, storge, ludus, ágape o cáritas, pragma, philautia.

Aquí un poema nacido a partir de la sesión:

 

EROS

Por Yolanda Ramírez Michel

 

Dios magnífico, impones a los ojos la mirada que denuncia los cambios interiores,

eres rosa que alcanzan los que no temen sangrar por sus espinas.

 

Eros,

de hermoso rostro,  y secretos calabozos

imantas el destino hacia la lucha contra nuestro egoísmo.

 

Avanzamos hacia ti, con la certeza de que no queda otro camino,

seguimos el llamado de unos labios invisibles, que tocan flautas de otro reino.

 

Ya nada nos detiene, hemos sido tomados por una mano divina,

volamos hacia un feudo que las nubes esconden

patria de los que no temen caer desde sus adentros,

a la vida…

alcázar para quien no usará corazas

y será: matador del dragón,

y dragón vencido.

 

28-01-2018

Imagen

Psique reanimada por el beso del amor, de Antonio Canova (S XVIII)

 

eros psique

Carta en el árbol

IMG_3814CARTA EN EL ÁRBOL

Querido Niño Dios:
Ya no soy una niña, ni pienso pedir juguetes esta Navidad, ni espero que bajo el árbol aparezcan algunos de mis sueños. De cualquier modo necesito escribir esta carta, un poco porque las cartas pertenecen al pasado, están llenas de nostalgia, y en esta temporada la nostalgia es un manto cálido que nos lleva hasta el sillón mullido frente a una ventana… otro poco porque la carta al Niño Dios no ha pasado de moda, gracias a los niños y sus ilusiones.
Lo cierto es que una carta es ideal para aterrizar los pájaros que vuelan en la cabeza, y es una buena forma de decir…
…decir que creo en ti, creo que eres tú quien llegas al final de un año agotador, cargado de dones, a darnos la fortaleza de un dios muy joven (según la región hay quien te ha dado el nombre de Santa y te ha montado en trineo, hay quien te ha multiplicado por tres y te ha convertido en mago, los hombres somos amantes de nombrar lo innombrable)…

… y sí, hoy escribo para reconocer, que a pesar de todos los malos casos en la historia humana, no dejas nunca de regar tus dones por la tierra, cada estación llenas los árboles de “esferas” y tu sol -invicto- no nos abandona nunca, sale día a día, incansable, vencedor siempre de la noche, iluminando el roció del amanecer con reflejos semejantes a los foquitos del árbol. Y, aunque las cartas navideñas siempre han sido recursos para pedir algo…  yo hoy necesito escribir por otras razones: para agradecer los dones que me has dado, agradecer el trabajo con el que gano el pan de cada día, los hijos, mis padres, mis hermanos, mi familia, mis amigos,  mis maestros. Pero también agradecer por esas cosas “malas”, porque me han hecho más fuerte, agradecerte las enfermedades que me han permitido conectar con mi alma, o las épocas en que no hubo pan en mi mesa (sin esas malas rachas no valoraría la abundancia ni haría por apoyar a los que pasan hambre); agradecer porque mis arcas no están llenas de oro, de ser así no habría conocido gente maravillosa intentando llenarlas de algo más valedero, de amor. Agradecer, en fin, las dificultades, que llegaron a sembrar mi vida de poderes y armas interiores.

Por todo ello, aunque ya no soy una niña, y no he puesto mis calcetines en la chimenea, esta Navidad estás en mi vida más presente que nunca, más vivo en tu pesebre de heno, más cálido en el ponche, y más gozoso en la reunión de familia. Claro y contundente, habitas en total esplendor todos los símbolos con los que el mundo pretende entenderte y celebrarte. Por eso y muchas cosas más, ¡gracias por venir a mi casa, cada Navidad!

Autora Yolanda Ramírez Michel

Ilustraciones Eli Mitzy

Trithemius Talleres Literarios  http://www.trithemius.mx

Voto por la lucidez

Por Micaela Amirez

En un país lejano, de cuyo nombre no puedo acordarme, vivía un pueblo muy próximo a las elecciones presidenciales… El día de la votación llegó junto con una cortina tenue de lluvia, un cielo gris y un viento helado. Los integrantes del partido de derecha, de izquierda y de en medio estaban todos juntos desayunando en un escondido saloncillo ubicado frente a una de las casillas. Era el observatorio perfecto.

Sin embargo, como cosa muy extraña, nadie había llegado a votar desde la apertura de las casillas electorales,  y los candidatos de derecha, de izquierda y de en medio se calmaban unos a otros señalando el mal tiempo.

Las horas pasaron y la cosa siguió igual, si acaso se acercaron los familiares de los candidatos a depositar su voto (cantidad insuficiente para que sea válida una elección).

Al terminar el día las urnas no contenían suficientes votos para que aquello pudiera arrojar resultados… Los tres partidos se reunieron para planear de qué modo harían, ya no para convencerlos de votar por uno u otro, sino para obligar al pueblo a emitir un voto.

Este es el comienzo de una de las novelas del fallecido José Saramago, autor visionario e inquisitivo que en esta novela explora las posibilidades de una unión entrañable entre los ciudadanos, pero no para atacar, como suele suceder cuando se trata de ganar, sino para exigir personajes que puedan representar dignamente al pueblo.

Creo que hoy en día si algo se comenta sobre las elecciones en las universidades, en tertulias, en los cafés, en las oficinas, en las asambleas, en las reuniones familiares, en las fiestas, en los desayunos de ejecutivos, por internet por teléfono, en los diarios, y muchos etcéteras más… es eso, que no se cree que exista en realidad quien sea capaz de gobernar sabia y honradamente al país.

Y no es que la política haya sido siempre lo que hoy por hoy estamos acostumbrados a ver. En la antigua Grecia se contaba que Atenea, diosa bajo cuya égida se hallaba la ciudad de la democracia y las artes: Atenas; compitió contra Poseidón por el patronazgo (el gobierno) de la ciudad. Era costumbre en Grecia que los competidores ofrecieran a los ciudadanos un regalo, en lugar de promesas, (y ese regalo no era arrebatado por ninguno al finalizar la contienda, además de que se entregaba antes, no después…). En una de las versiones sobre dicha contienda se cuenta que el dios Poseidón golpeó la tierra con su tridente y de ella brotó un caballo para la guerra. Atenea, en cambio, sacudió su lanza y ahí mismo brotó el Olivo, emblema que encarna la paz. Ello le valió ser elegida.

No vale ya justificarnos con eso de que la política es así, nuestro país es heredero de una tradición de la cual deberíamos estar orgullosos, el gran Netzahualcóyotl (que significa “coyote que ayuna, o coyote hambriento, entendiéndose este estado como una forma de sacrificio) gobernó Texcoco con valor y sabiduría. Su amplia formación intelectual se traducía en una elevada sensibilidad estética y un gran amor por la naturaleza, ambos reflejados no sólo en la arquitectura de la ciudad, sino en sus manifestaciones poéticas y filosóficas.

No podemos pedir menos que los antiguos mexicanos, aparentemente menos provistos de recursos y tecnología, ni menos que los instauradores de la democracia que tanto cantamos hoy.

Si uno de estos días la cortina de lluvia te lleva a un café o al cómodo sillón de tu sala, déjame recomendarte que leas sin falta Ensayo sobre la lucidez de José Saramago.

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Un gran regalo de Navidad para un lector: Cuentos de Navidad

En esta FIL (2017) aún puedes conseguir: Fiestas de Yule, título de la Editorial Salto Mortal.  Relatos navideños, cuentos cortos que nos muestran distintas versiones de un misma festividad.
Fiestas de Yule
Aquí algunos adelantos de lo que pueden encontrar en estos cuentos:
En “La primera navidad del mundo”, imaginamos origen del hombre y su contemplación de las estrellas, el deseo de agradecer lo que nace y muere.
Yule Casus 2
En Xaureme, wa matsika (Xaureme, el hermano mayor) escrito por Sandra Paz Wirikuta, vemos cómo dos culturas pueden compartir el mismo momento.
Con Un féerico cuento de Navidad, le damos lugar a la fantasía y a las hadas que habitan bosques misteriosos, texto de Nick G. Yuen.
La navidad también puede ser motivo para hacer amistades, como lo leemos en el simpático relato Los 12 días de Navidad (breve historia de un Nene y un pavo) de Luisa Amelia Bañuelos.
Yule Casus 1
En Regalos especiales de Yolanda Ramírez reflexionamos acerca de la importancia de los deseos de poseer o de no olvidar, lo material y lo inmaterial…de cómo todos tenemos esos anhelos.
Con Ese año había más trabajo que nunca en el taller de Flori Pérez, nos damos cuenta de las historias detrás de los juguetes, no sólo de quienes los fabrican sino de quienes los atesoran.
En El deseo de Lina y Pau, de Paulina Álvarez, volvemos a la magia con un relato relacionado al pino navideño.
Navidad en aprietos, de Yolanda Ramírez, una historia en donde en una casa en donde cabe el amor, a pesar de pequeña, hay lugar para el árbol más grande.
En Papá Miguel de Cristi Flores, vemos la infancia del que más tarde podría ser Santa, en una historia que nos hace recordar a los abuelos y sus aficiones por algunos juegos y juguetes.
El fruto prohibido de Yolanda Ramírez es un buen ejercicio de similitudes entre el deseo de Eva con la manzana y una necia pequeña por una esfera rojiza.
La estrella del abuelo, de Cristina Floress, nuevamente nos recuerda a los abuelos, la tradición y emoción del montaje de adornos y la melancolía que esto representa para muchos de nosotros.
En Navidad sube y baja, de Carlos Suarez, nos vemos reflejados en los que tienen y los que no, en un interesante juego de realidad ficción de su personaje.
Navidad en la selva, de Ninemy Marhx Gama, un relato navideño, con animales salvajes y la importancia de la convivencia.
Yule Casús
El Gran artista, de Cristina Flores, es un mítico relato sobre un personaje que pinta el universo para beneplácito de quienes lo contemplamos.
Con P.D. Nunca olvido cepillarme los dientes, Karla Medrano nos comparte un simpático relato en donde una niña llamada Lucy hace un trato con el hada de los dientes.
El regalo, de Luisa Amelia Bañuelos, escuchamos un relato entre niños, ejemplo de cómo se debate entre creer y portarse bien a lo largo del año, o asumir las consecuencias.
En Pavos y baños, crónica de una extranjera que reside en Ajijic, de Harriet Hart, leemos la visión de una persona que nos narra cómo experimentó una de sus navidades, entre tartas de melocotón y baños por arreglar.
Navidad en aprietos, de Yolanda Ramírez, un curiosos relato surrealista, donde la casa crece a la medida de las necesidades del corazón.
Yule Casus 3
 
Stille Nacht de Robert Bruce Drynan, es un relato histórico en donde podemos ser partícipes del festejo en tres distintos momentos.
El árbol de la vida de Sebastián Ōkami, es un relato corto en donde nos narra las navidades después de la guerra, texto que nos invita a reflexionar sobre la paz.
El trabajo de los ilustradores: Ángel Campos, Bea Ortiz Wario Casus Olivas, Carlos Jiménez Velado, Jorge Díaz, Mitzy E. Marquez, Mariana Pérez Villoro, Natalia Ramos y Yolanda Michel Castellanos, son la cereza del pastel, que con diversas técnicas acompañan y enriquecen los distintos relatos.
Fiestas de Yule es pues, un libro que debe leerse en casa en las vísperas de las fiestas, en donde nos reunimos en familia a recordar el propósito de la navidad.
Aquí podrán ver un video donde les contamos más…