El universo de Tolkien

En los personajes del autor de “El hobbit” y “El señor de los anillos” vemos reflejadas muchas actitudes humanas.

Yolanda Ramírez Michel

“Ancho, alto y profundo es el reino de los cuentos de hadas y lleno todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables estrellas; belleza que embelesa y un peligro siempre presente; la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas”.

He querido adueñarme de unas palabras del mismo Tolkien y utilizo esta cita, pues las obras por las que es mayormente conocido se encuentran catalogadas en el género de alta fantasía o literatura para niños y jóvenes, tal es el caso de “El hobbit” y “El señor de los anillos”.

Por ello, antes de entrar de lleno al autor debo asentar algo sobre el género en el cual está inscrito: se puede entrar a la literatura por muchos umbrales, pero el de la fantasía o la literatura catalogada para jóvenes o niños ha sido desprestigiado por algunos intelectuales, así que es necesario, primero, devolver al género su estatus de gran potencia creadora, presente a lo largo de toda la historia de la literatura universal.

Me basta con señalar algunos de nuestros gigantes literarios y reflexionar sobre su relación con la fantasía y el mito: ¿No utilizó Goethe la leyenda del Fausto; Shakespeare, las hadas; James Joyce, la mitología; Cervantes, los libros de caballería (aunque muchos insistan a la ligera en señalar que su deseo fue criticarlos)? ¿No describió Dante geografías para la imaginación?

Para los que no están muy familiarizados con Tolkien, debo explicar que imaginó y desarrolló, con todo lujo de detalles, geografías exclusivas para su mundo de ficción; mapas y coordenadas exactas para situar los territorios donde viven aventuras sus personajes, montañas, lagos, acantilados, hundidos reinos… Cuando he conversado sobre el tema con algunos de sus más fieles lectores, son capaces de señalar en el mapa cada una de las locaciones en las cuales se desarrollan los hechos.

Para Tolkien, la magia no es otra cosa sino la creatividad. Con esta cualidad se pueden realizar grandes hazañas, por eso es que el pequeño Pulgarcito vence al ogro, porque ha sabido usar su magia interior, la creatividad, esa capacidad de trasformar una realidad abrumadora en un recurso para crecer. Porque Pulgarcito al final de la historia resuelve la situación financiera de su pobre padre y es reconocido por sus hermanos como el más grande de todos, grandeza que no tiene nada que ver con la estatura. Esa es la verdadera magia para Tolkien, la magia interior, y es que las verdades íntimas no se pueden expresar tan fácilmente, requieren de símbolos, porque son verdades interiores, y se manejan con elementos muy distintos a los que la realidad exterior presenta. Sin embargo, el que la fantasía parezca, sólo parezca, estar desconectada de la realidad, es una falacia, la fantasía es uno de los formatos de un escenario que vincula el exterior y el interior humano.

Salvado este primer deber ante la fantasía, me dispongo a seleccionar algunos de mis asombros. Advertencia: estamos en presencia de un autor de dimensiones tan tremendas que un artículo no me bastará para exponerlo en su totalidad, por ello me limitaré a compartir los asombros y a contares sobre cómo es que llegué a él.

Soy maestra de Mitología, y varios de mis temas preferidos son coincidentemente las obras que lo inspiraron a desarrollar su legendarium, nombre que el mismo Tolkien le ha dado a una parte fundamental de la colección de escritos que conforman su obra.

La canción de los niblungos, o Nibelungenlied, ha sido siempre uno de los grandes temas dentro del curso de Mitología y ha ocasionado entusiasmos extremos entre los alumnos, desembocando en su definitivo maridaje con las leyendas épicas y la fantasía.  Pero lo curioso es que siempre que impartí la sesión de La canción de los nibelungos hablaba tangencialmente de Tolkien pues él confirmó varias veces que usó muchos de los elementos presentes en Nibelungenlied, así como en las Eddas, el Kalevala, Beoulf, las narraciones sobre el Rey Arturo, y por supuesto la gran herencia mítica del pueblo hebreo.

Sin embargo, en dichas sesiones no podía ahondar sobre el mismo Tolkien, siendo éste un representante contemporáneo de la herencia mítica universal, así que ahora haré un recuento de mis asombros.

ASOMBRO 1
DE SU VIDA LIGADA A SU OBRA

Nació en Sudáfrica, por razones de un traslado paterno. Pero su vida trascurrió en Inglaterra. Fue escritor, poeta, filólogo y profesor universitario británico, conocido principalmente por ser el autor de las novelas clásicas de la alta fantasía “El hobbit” y “El señor de los anillos“.

Ronald disfrutaba dibujando paisajes y árboles, pero sus lecciones favoritas eran aquellas relacionadas con los idiomas; su madre comenzó a enseñarle las bases del latín a muy temprana edad, al igual que despertó en su hijo el placer de observar y admirar las plantas… actitud que luego se reflejaría en ese mundo mítico en el cual la naturaleza es la primera voz del mundo.

El pequeño comenzó a leer a los cuatro años, y escribir de forma fluida poco después. Como resultado de estas aficiones se entretenía inventando sus propios idiomas, como el «animálico» creado de forma compartida con una prima suya; el «nevbosh» («nuevo disparate»); o el «naffarin», basado en el español. Mabel, la madre de Tolkien

Cuando Ronald comenzaba a andar, fue picado por una tarántula en el jardín de su casa, un evento que tendría paralelos en sus historias. Todo aquello que a temprana edad se registra en el inconsciente, aparece luego en forma de gran monumento y así es como Ungoliant es un personaje oscuro, hambrienta devoradora de luz, tejedora de tinieblas en el universo tolkiano, secuaz de Morgoth, personificación del mal. Es la responsable de la muerte de los dos árboles, el Telperion y el Laurelin de Valinor (valinor podría ser visto como el equivalente al paraíso). Estos dos árboles son una de las causas originales, de la caída de los elfos, pues uno de ellos, Feanor (digamos que es uno de los patriarcas), era un experto orfebre, y guardó la luz de los árboles en tres joyas (los silmarils).  La ambición por estas joyas llevarían a la perdición a los habitantes de la tierra media… Y tal vez, así como el fruto de otro árbol mítico llevó al exilio a los hombres, así, [la notable influencia de la conversión de su madre al catolicismo, comenzó a sembrar en el imaginario de Tolkien, desde niño, las semillas de un gran corpus literario que ahora admiran muchos de sus seguidores.

Nuestro autor, sin embargo, padeció muy joven la muerte de su padre (y posteriormente, también a muy temprana edad, la de su madre). Su padre permanecía en Sudáfrica, a cargo de la venta de diamantes y otras piedras preciosas para el Banco de Inglaterra, y quién sabe cuánto de esto no alimentó en la imaginación de nuestro autor los elementos para desarrollar las oscuras minas donde se gestaron los orcos de sus obras o los enanos fabricantes de joyas.  

Muy joven, a los dieciséis años, conoció a Mary, la que fue el amor de su vida, con la que se casó y formó una familia. Evidencias de este impacto emocional en la vida de Tolkien son los personajes Beren y Luthien, protagonistas de la más intensa y extensa historia de amor dentro de su obra. En su lápida están escritos el nombre de Tolkien y el de su mujer, vinculados por supuesto al de los nombres de la fantasía donde continuaron su historia de amor. 

ASOMBRO 2
LA FILOLOGÍA SIGNÓ SU VIDA

Tolkien, como académico de Oxford, reconocido medievalista, filólogo y lingüista, fue llamado por el servicio secreto para desentrañar los misterios de las máquinas Enigma; tal era su capacidad como lingüista. No se sabe bien a bien si finalmente fue uno de los que participó en el grupo que desentrañaron el sistema criptográfico, lo que sí se sabe es que pertenecía a los cincuenta catedráticos que fueron recomendados por las mejores universidades de Londres para apoyar al sistema de defensa que se enfrentaba entonces con una máquina muy poderosa, la Enigma.

Los idiomas llegaron a ser parte fundamental de su creación artística, y a partir de este interés profesional, Tolkien desarrolló su ficción. Pensaba que las lenguas artificiales que se habían diseñado hasta entonces, no habían logrado afianzarse debido a que no contaban con un origen real, es decir, que había que dotar a las lenguas de una herencia para que cada palabra tuviera verdadera vida. De esta intensión fundamental surge un monumental corpus de lenguas que Tolkien desarrolló dentro del mundo fantástico que creaba al escribirlo. Así, motivos estéticos, artísticos y lúdicos se conjugaron para una monumental fantasía lingüística: quince diferentes lenguas aparecen en el legendarium de Tolkien, cada una acorde a sus hablantes. La lengua de los elfos era musical; la de los enanos, ruda; la de los hombres, una mezcla, y la de Melkor, un tenebroso reverberar de sílabas oscuras.

Una lengua construida, también llamada idioma artificial, ideolengua o conlang, es un idioma que ha sido total o parcialmente construido, planeado o diseñado por seres humanos a partir del estudio de las lenguas naturales.

Algunas de las lenguas del universo tolkiano fueron desarrolladas por el autor en todos sus aspectos, al grado que tenemos cantos completos en quenya o sindarin, principales lenguas de los elfos.

Tolkien pensaba que una palabra es más que una palabra; pensaba que había vida en ella, herencias arcaicas que dotaban a la palabra de espíritu, estaba enamorado del lenguaje, y ¿qué puede producir un espíritu así sino un séquito de admiradores de su talento? Y por supuesto otro tanto de envidiosos de su genio.

El quenya es, junto con el sindarin, el idioma más difundido y estudiado de las más de quince ideolenguas que, con distintos grados de detalle, fueron inventadas por J. R. R. Tolkien y usadas en su legendarium. El corpus de textos que constituyen las fuentes de conocimiento actual sobre el quenya incluye el poema «Namárië», conocido como «El lamento de Galadriel», el texto original más extenso en esta lengua, extraído de la obra capital de Tolkien: “El señor de los anillos”.

Sabemos de la existencia del quenya al menos desde la Primera Guerra Mundial, cuando Tolkien tenía poco más de veinte años. La lengua fue desarrollada a lo largo de toda la vida del escritor, alcanzando la etapa que algunos estudiosos llaman «madura» a partir de la redacción de “El señor de los anillos.

Tolkien quiso dar una apariencia de lengua clásica al quenya, de manera que trató de que tuviera una semejanza visual con el latín. Todas estas influencias no fueron en ningún modo directas; no generaron vocabulario, por ejemplo. Más bien se trata de una inspiración estética muy fuerte en Tolkien, «fonoestética», según el propio autor.

Dentro de los usos y costumbres de los personajes vemos reflejadas muchas actitudes humanas; los enanos, por ejemplo, no deseaban que nadie conociera su lengua, así era más fácil guardar sus secretos… además preferían aprender las lenguas de otros por motivos meramente comerciales.

TERCER ASOMBRO
EL DESARROLLO DE SUS OBRAS

Tolkien nunca esperó que sus historias sobre ficción se volvieran tan populares, pero fue C.S. Lewis quien lo persuadió para que publicara un libro, llamado “El hobbit”, que había escrito para sus hijos en 1937.[

El hobbit” es un cuento de hadas con giros un tanto infantiles ‑que posteriormente el mismo Tolkien rechazó-, tales como facilitar al lector la comprensión de la obra… “en un agujero en la tierra vivía un hobbit…”

Posteriormente y ante el éxito de “El hobbit” (¿por qué tuvo éxito el hobbit, no será porque era un cuento de hadas en medio del mundo caótico entre las guerras que asolaron Europa? ¿No había señalado ya Tolkien los cuentos de hadas como elementos sanadores de la psique humana, territorios para pelear las batallas que podemos pelear y ganar?), la editorial le solicita a Tolkien otra historia de hobbits. A estas alturas el contexto histórico es una influencia decisiva en su obra, y si bien había iniciado su carrera literaria con esta historia, Tolkien envía a la editorial “El silmarillion”.

Tolkien no ha escrito obras, ha creado una mitología, completa, ha desarrollado él sólo un mundo donde cada una de sus obras se vinculan entre sí, las genealogías de un libro a otro están selladas por lazos de tinta. Sus personajes son reales, tan reales como nosotros, pequeños entre los monstruosos orcos que amenazan con sus putrefactas fauces. En “El señor de los anillos” presenciamos la imagen de los pequeños héroes, así llama Tolkien a los hobbits, gente pequeña, ¿y no somos nosotros gente pequeña en la diaria lucha? Parece que son los héroes como Aragorn los que definen el triunfo en la batalla, porque alzan un grito de guerra y blanden la espada, pero sin el pequeño Frodo, agobiado por la carga del anillo maldito, en la soledad de un volcán, sin que nadie contemple su hazaña excepto su inseparable amigo Sam. Frodo es quien define el verdadero triunfo del bien, y no es el mismo Sam, su acompañante en esta cruzada y quien apoya al héroe cuando está al borde de la renuncia.

Ciertamente esta es la crítica que muchos hacen a la fantasía, señalan, que en la realidad que ellos viven no existen esos finales felices, y es que se olvidan, que dentro del corazón es donde se baten las verdaderas batallas, y ahí ¡sí que es posible ganar!

Las enseñanzas de Trithemius

Experiencia en un taller de Teoría Literaria que no se da en Letras Hispánicas

Por José Aguilera

Abordar la composición de las obras textuales es el quehacer de la Teoría Literaria, eso lo medio aprendí en mi paso por la facultad de Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Lo que no aprendí fue a acercarme a los textos desde las múltiples ópticas que existen para interpretarlos y descifrar su composición; no vimos cómo desde lo pagano se puede entender lo sacro del texto. Tampoco vimos la manera en que los astros influyen en la composición de tal o cual obra, o cómo Escorpio se vuelve agua y hace que todo fluya en el texto. No, allá nos encargábamos de juzgar desde los ojos estructuralistas, desde las arcaicas escuelas de la Europa agria y cuadrada. Ni siquiera nos acercamos al texto desde las visiones femeninas o de género.

Ahora que estoy en un reencuentro con la literatura y sus procesos, descubro, inmerso en una marea de voces, muchas visiones del mundo que nos acercan a los textos y sus autores desde los astros, la magia, los silencios y la carne. Lo esotérico se vuelve regla y ley cuando la lectura de los astros coincide con la biografía de los escritores, cuando las casas y sus ascendentes son mapas para entender la forma de ser del texto y del poeta, y nos guían por el puente tendido entre la obra y las palabras, que flotan en un éter seductor.

No. Esto no lo aprendí en Letras, lo estoy descubriendo en un taller lleno de “brujas” -dicho por ellas mismas-, un taller en el que se acercan a los textos con la curiosidad de un niño que sólo quiere saber qué se siente caer al fondo de las cosas.

Lo aprendí en un taller de Trithemius mientras la cuarentena pasa lenta y contundente.

La butaca vacía

Por Vania C. Libenson

“La capacidad de crear es paralela a la capacidad de sobrevivir”.

Viktor Ullman

Las butacas están vacías. Cientos de producciones y grandes espectáculos han sido cancelados, pospuestos o desarmados. Los empleos que generaban los foros se perdieron. La sorprendente realidad que hoy intentamos digerir nos separa, al menos temporalmente, del arte y la cultura en escena. ¿Qué va a pasar con las taquillas cerradas, compañías teatrales en quiebra y grupos artísticos en paro?

El arte acompaña al hombre desde antes de que se escribiera la historia. De generación en generación, comunicamos y transmitimos lo que somos, mediante la pintura, la danza, el cine, la literatura y el teatro. Transformamos en belleza estética la cruda realidad, para poder verle a la cara, e inmortalizamos lo indecible, para perpetuarlo como recurso de esperanza.

Sí, el mundo está en crisis, en pausa, y necesitamos arte. Como dijo Diego Sánchez Meca, en un diálogo imaginario con Friedrich Nietzsche: “Tenemos arte para no morir de la verdad”.  Lo artístico pone un velo sobre la realidad y proyecta o revela lo más interno de nuestros pensamientos; si bien tranquiliza y sana sólo momentáneamente, empuja internamente al hombre lo suficiente como para trabajar en una mejora real de sus condiciones de vida.

Guadalajara siempre ha sido una ciudad icónica por su movimiento cultural, su legado histórico y su extensa red de instituciones artísticas, pero la extinción del teatro amenaza su lugar como fuerza cultural del país.

Ya antes se sufría por las producciones comerciales masivas a las que sólo se asiste para ver y ser visto por la sociedad, aunque el teatro no es sólo un recurso filantrópico, también es terapéutico, evolutivo y da identidad a nuestra Perla Tapatía como cuna de dramaturgos y artistas internacionalmente reconocidos.

Los tapatíos nos tomamos las expresiones artísticas muy en serio, por eso hoy más que nunca necesitamos recuperar el equilibrio entre crear y vivir el arte.

Hace falta el teatro. Nuestra preservación intelectual y estabilidad anímica lo necesitan. Requerimos leerlo, estudiarlo, recordarlo, vivirlo y admirarlo. Queremos dejarnos envolver por sus engaños, sus trampas, sus misterios y sus relatos.

El teatro nos deja ser quienes siempre fuimos, probar lo que a ratos salivamos y permite dejar ir aquello que se carga junto con las risas que soltamos. El teatro nos muestra el pasado y el futuro; nos dice quiénes somos y a dónde vamos. Así pues, que las butacas no permanezcan vacías mucho tiempo más; que se escuche la tercera llamada.

La invasión de los imbéciles

En la actualidad, en la arena de las redes sociales, cualquier persona puede escribir cualquier idea en su muro.

Por Maik Granados

Hace poco más de 30 años se decía que el acceso a la información era un privilegio de pocos. Los miembros de las élites educativas, empresariales, políticas y sociales eran los únicos con los recursos suficientes para ello. Para el caso de los gobiernos, su situación era, es y siempre será obligatoria. Se decía que quien tenía la información, tenía el poder.

Hoy, tres décadas después, el acceso a la información se ha constituido en un derecho casi inalienable al ser humano, a la altura del derecho a la educación o a la salud. La Internet, la telefonía celular y el desarrollo de redes de telecomunicaciones, cada día más eficientes y potentes, han detonado un apetito casi voraz por el consumo de información en las sociedades actuales. Hoy cualquier persona con un celular puede ingresar al infinito mundo de la red de datos que hemos llamado ciberespacio y consultar prácticamente lo que quiera en unos pocos segundos. Sin duda, un gran logro para nuestra especie, equiparable a otros más como los autos voladores o los viajes a Marte, eventualmente.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Hoy, las redes sociales, que no son otra cosa que simples carteleras modernas donde cualquiera puede postear, colgar o publicar prácticamente lo que sea y lo que quiera, se han erigido en las principales plataformas de acceso a la información ilimitada que se ofrece en el mundo.

En un ambiente casi democrático, con una supuesta gratuidad, porque el costo de ser miembro de alguna red social se traduce en entregar la atención y el tiempo de quien se inscribe a ella, cualquiera puede buscar la información que más le interesa o, lo mejor de todo, puede publicar la información que más convenga a sus intereses. Pero, ¿realmente esto es lo mejor? ¿Es conveniente, para el interés común de las sociedades, que cualquier persona pueda subirse al púlpito de las redes sociales a exponer, decir y publicar LO QUE SEA?

En la actualidad, en la arena de las redes sociales, cualquier persona puede escribir cualquier idea en su muro: emitir un juicio, tomar partido sobre una postura respecto a un tema de moda, o simplemente reírse, mofarse o burlarse de la pifia de un influencer, sin ningún tipo de filtro o censura, porque simplemente es su derecho. Y aquí viene lo mejor, ante dicha publicación se genera un fenómeno: no hay espacio para las posturas moderadas o terceras vías.

“La polarización social y el extremismo son el caldo de cultivo detonante del discurso de odio y lo que lo legitima. El ciberodio presente en las redes sociales, foros de noticias e Internet en general es cada vez más preocupante debido a su carácter extremo. Los mensajes agresivos son más notables cuando hay picos mediáticos a raíz de hechos concretos que generan debate y alarma social, cita la ONG Accem en su informe “Save a hater: ideas para actuar contra la polarización y el discurso de odio en las redes sociales”, http://injuve.es/sites/default/files/2019/02/noticias/manual_save_a_hater.pdf (página 5)*.

En la actualidad, en los debates públicos digitales no se busca generar conocimiento, o por lo menos no en la generalidad. Es notorio que los algoritmos diseñados para las redes sociales buscan amasar la mayor cantidad de simpatías alrededor de una postura basada en estudios serios científicos o en simples y rimbombantes bulos.

La gran mayoría de los temas importantes en nuestras sociedades buscan resolverse en esos espacios dependiendo del número de detractores o promotores que dan ME GUSTA a esas opiniones. Así dan paso a la infodemia, ese mal que Antoni Gutiérrez-Rubí define como “un cúmulo de datos publicados por los medios de comunicación o redes sociales y convertidos en un proceso patológico que se comporta como una enfermedad. Es la primera epidemia de las redes”. 

Este asesor de comunicación y consultor político español puntualiza: “El mundo se ha vuelto más frágil y vulnerable. Los miedos sustituyen a las seguridades, los prejuicios a las razones y las alarmas a los datos. Es tiempo de sociedades nerviosas, tiempo de sociedades víricas” (**).

En efecto, no existen las medias tintas, no hay espacio a la negociación, no hay modo de procurar el diálogo, solo hay cabida para las confrontaciones definitivas. Hoy se trata de imponer las condiciones propias a costa de lo que sea.

Ya lo decía Umberto Eco: Las redes sociales le dan derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho de hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles”, (cita tomada de una entrevista realizada al escritor por el diario La Stampa).

Referencias

(*)https://ethic.es/2019/10/haters-vs-lovers-redes-matado-termino-medio/

(**)https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200213/articulo-mobile-suspension-infodemia-coronavirus-antoni-gutierrez-rubi-7846359

Más referencias

https://pijamasurf.com/2018/05/la_enfermedad_de_la_ignorancia_la_epidemia_de_nuestros_dias/

https://www.lavanguardia.com/vida/20181026/452547555406/las-redes-sociales-polarizan-la-sociedad.html

https://www.elperiodico.com/es/opinion/20190507/un-tuit-no-es-un-voto-articulo-opinion-antoni-gutierrez-rubi-7442672

https://ethic.es/2018/04/batalla-politica-se-libra-twitter/

https://ethic.es/2020/08/disponibles-para-estar-dispuestos/

https://pijamasurf.com/2020/08/el_oscuro_pronostico_de_carl_sagan_una_sociedad_cada_vez_mas_estupida_y_controlada_por_medios_tecnologicos/

El mago de Oz y el camino del oro

Por Yolanda Ramírez Michel

El maravilloso mago de Oz es uno de los  cuentos clásicos favoritos de muchos. Pero, ¿cuántos saben que, además de narrar esa historia inolvidable, también es una alegoría económica?  

El mago de Oz es un clásico de la literatura denominada infantil. Algunos lo recordamos por haber leído el libro de Frank Baum, otros (la mayoría) debido a  la película que estelarizó Judy Garland. Y, aunque el musical de Hollywood se volvió tan famoso,  muy pocos saben sobre la relación que la aparentemente inocente trama tiene con el panorama político y social que se vivía entonces en los Estados Unidos.

Judy Garland sufrió abusos en el rodaje de 'El mago de Oz', según ...

La obra es mucho más que un cuento infantil, leyendo entre líneas se descubre un mundo de símbolos que dimensionan los personajes y acontecimientos hacia la realidad:

Cuando Baum publica El  maravilloso mago de Oz, en 1900, Estados Unidos apenas salía de un periodo de deflación y depresión; las deudas habían afectado a todos, pero mayormente a los campesinos. Entonces, el sistema monetario respaldaba cada dólar con una cantidad de oro y el Partido Populista quería cambiar aquello: proponía que la plata, junto con el oro, se usara como moneda. Eso incrementaría el suministro de dinero estadounidense, reduciendo la carga de la deuda de los granjeros.

El clásico filme El Mago de Oz cumple 75 años de encantar al mundo ...

El camino amarillo, por el que transita Dorita (algunos prefieren llamarla Doroty), no es otro sino el símbolo de aquella terrible pugna. Tal vez Baum escribía  influenciado, entre otras cosas,  por William Jennings Bryan, político estadounidense,  quien abogaba por la propuesta del bimetalismo (política monetaria que consiste en utilizar dos metales, por regla general el oro y la plata, como base del sistema monetario).

Así vemos que el “dorado” camino amarillo, por donde Dorita avanza con sus zapatos “de plata” (que en la versión cinematográfica cambian al rojo por cuestión estética), contienen pistas para leer el cuento de hadas como una alegoría muy alejada del mundo de la ingenuidad.

Dorothy, pequeña granjera de Kansas es símbolo de los ciudadanos rurales estadounidenses; el hombre de hojalata es el reflejo de los trabajadores urbanos (en cuyos trabajos padecen el constante bloqueo emocional); el león cobarde tiene su referente en William Jennings Bryant, que al final de la trama se muestra como valiente y cuidadoso de sus compañeros; el espantapájaros es semejante en esencia simbólica a los agricultores estadounidenses, a quienes se juzgaba superficialmente como faltos de cerebro debido a su falta de estudios. Los cuatro, viajando hacia el este por el camino de ladrillos amarillos —un camino hecho de lingotes de oro—  para ver al Mago de Oz, posible reflejo de aquellos banqueros del este que manipulan la economía mediante artificios detrás de una cortina. OZ es la abreviación, mediante una licencia literaria, de onza (onzas de oro).

El mago de Oz, según la gente en Ciudad Esmeralda, tenía la capacidad de entregar a cada uno de los personajes aquello que necesitaban, ¡pero aquel mago no era sino un pobre farsante…! ¿Sería que Baum, consciente, o inconscientemente, estaba contando la azarosa batalla  que muchos enfrentaban?

¿Si esto es lo que podemos encontrar en un cuento infantil qué habrá en material como la Divina Comedia?

Yolanda Ramírez Michel

Centenario de Charles Bukowski

Un novelista transgresor y poeta del submundo

Por Mireya Espinosa

Este era Charles Bukowski: el del lenguaje directo, el del verso rudo de mensaje claro y áspero, el de los personajes marginales de una sociedad que los rechaza, el de la vida dispersa, el que lleva al lector hacia sórdidos recorridos, el que caminó sobre la línea del anticonformismo, el que escribió una obra singular: “El cartero”, “Escritos de un viejo indecente”, “Ordinaria locura”, “Música de cañerías”…

Este año tiene conmemoraciones centradas en personajes emblemáticos de la literatura: uno de ellos es Bukowski, de quien se celebra el centenario de su nacimiento.

Al autor, de origen alemán, pero nacionalizado estadounidense, se le relaciona con la generación beat, la de los escritores malditos. La mayor parte de su vida transcurrió en Los Ángeles y ahí es donde se desarrollan muchas de sus obras, obras en la que plasmó el desencanto con la sociedad de su tiempo.

Charles Bukowski

Nació el 16 de agosto de 1920 en Andernach, una de las ciudades más antiguas de Alemania. Hijo de un oficial norteamericano y de una alemana, llegó a Estados Unidos cuando tenía apenas tres años.

Bukowski creció maltratado por su padre, supo de la miseria durante la gran depresión económica y del rechazo. De entre una vida sin rumbo, entregada al alcohol, nacieron sus primeros poemas y cuentos, que publicaría a partir de 1940.

Muchos de sus personajes no conocen el éxito pleno, entre ellos su alter ego, Henry Chinaski, cínico intelectual y amante incansable. Bukowski se inspiró en lo que la sociedad no quiere ver: prostitutas, alcohólicos, vagos, jugadores arruinados; sin embargo, el libro “Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos 1946-2002”, publicado por Anagrama, permite conocer su otra faceta, se le muestra con una imagen tierna, vulnerable, despojado de su imagen rebelde de los 60 y 70.

 Para recordarlo en su centenario ofrecemos su poema “¿Así que quieres ser escritor?”.

¿Así que quieres ser escritor?

Charles Bukowski

Si no te sale ardiendo de dentro,

a pesar de todo,                                                                                                                                              

no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón

y de tu mente y de tu boca

y de tus tripas,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas

con la mirada fija en la pantalla del computador

o clavado en tu máquina de escribir

buscando las palabras,

no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,

no lo hagas.

Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte

y reescribirlo una y otra vez,

no lo hagas.

Si te cansa solo pensar en hacerlo,

no lo hagas.

Si estás intentando escribir

como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,

espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa

o a tu novia o a tu novio

o a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.

No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti

esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,

y si has sido elegido,

sucederá por sí solo y

seguirá sucediendo hasta que mueras

o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.

Cartas a un joven poeta (moderno)

Por Yolanda Ramírez Michel

También el arte, no es más que un modo de vida.

Rainer Maria Rilke

El poeta Rainer Maria Rilke, nacido el 4 de diciembre de 1875, en la República Checa, nos ha legado, entre varias obras de extraordinario valor,  un libro formado por diez cartas, escritas entre 1903 y 1908 a un joven poeta que solicita consejo sobre la vocación a la cual se siente llamado. Aparentemente breve, como todas las cosas que valen la pena, el texto se niega a ser un tratado descomunal de términos eruditos que dejan al lector pasmado, pero ignorante; Rilke intenta sólo animar a su joven discípulo a seguir el llamado misterioso de esa vocación tremenda. En diez cartas que condensan el sentir de Rilke con respecto a varios temas, sentimos la fascinación de la palabra sencilla y profunda con la que un verdadero mago del lenguaje expresa: “Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un camino: entre en usted.”

En la actualidad la poesía permanece como influjo lumínico de sectores cada vez más reducidos, las grandes masas entienden por poesía una suerte de cancioncilla de las palabras y un sentimentalismo empalagoso. La verdadera poesía es más bien una manera de abordar lo más profundo y grave de la vida humana, aquello que interesa a todos y en todos encuentra cabida. Pero para estar a tono con la poesía  es necesario abrir el corazón y contemplar la vida, y cito una frase de la primera carta del libro: “Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted de no ser lo bastante poeta como para encontrar sus riquezas”.  

Es dado a todos el mundo, pero no todos lo contemplan con la gravedad, el gusto, el arrobo  y profundidad del poeta. Sólo quien tiene el alma atenta a los signos que se manifiestan a diario es capaz de percibir la voz de las cosas más simples y pequeñas como mensajes divinos. Porque el poeta comprende que la voz de Dios es un gran poema. Y es en su segunda carta que Rilke se manifiesta lector de un libro total:  “de todos mis libros pocos me son indispensables, dos de ellos van siempre conmigo dondequiera que esté: la Biblia y los libros del gran escritor danés Janes Peter Jacobson…”. Qué distinta esta pequeña bibliografía a la larga lista que un erudito maneja en una conferencia sobre alguna obra de arte, qué distinto a algunos cursos a los que asisten alumnos con hambre de un conocimiento profundo; cursos de los cuales salen con una admiración ciega hacia el recitar absurdo de autores y obras inaccesibles, sintiendo en lo profundo más lejana que nunca la poesía. En cambio Rilke casi ruega al aprendiz de poeta “lea lo menos posible textos de crítica estética. Las ideas vertidas en ellos suelen ser opiniones de escuela, petrificadas y carentes de sentido por su endurecimiento ya sin vida (…) las obras de arte son de una soledad infinita, y nada es tan poco apropiado para abordarlas como la crítica, sólo el amor puede comprenderlas, tratarlas y ser justo con ellas.”

Sólo el amor por la poesía la sacará del absurdo silencio en el cual nuestra generación la ahoga, sólo siendo lectores de estos y otros mensajes que los grandes autores han vertido en sus obras, podremos despertar el poeta que todos llevamos dentro, porque ser poeta, como lo dijo Rilke, es sólo: “dejar que cada impresión y que cada germen de sentimiento se completen totalmente en sí, en la oscuridad, en lo indecible, en lo inconsciente, y esperar con profunda humildad y paciencia la hora del nacimiento de una nueva claridad.”

La reina hada

por Yolanda Ramírez Michel

La reina hada, poema épico de Edmund Spenser (¿1552/1553?–1599) , fue la primera obra con estas características en inglés, y la precursora de la tradición poética heroica en este idioma. Milton, figura también fundamental en el panorama de la poesía inglesa, le tenía una devoción inmensa. Comentamos esto porque es importante entender que los grandes espíritus siempre han sabido admirar a otros grandes genios, y en ello han demostrado su propia grandeza.

La poética de Spenser posee el poder de entregar con sus imágenes el conocimiento de lo profundo y espiritual. La musicalidad, y las retórica simbólica de La reina hada, ha deleitado durante décadas a nuestros más insignes poetas, y a dado gozo estético a los más exigentes lectores.

Los vates del siglo XVIII seguían las propuestas estéticas de Spenser ya con desenvoltura, Wordsworth, Keats y Tennyson estuvieron profundamente influenciados por la sensibilidad de su trabajo.

Seguramente Spenser se proponía ofrecer una renovación de los romances épicos de los poetas italianos Ariosto y Tasso. Se nota en su propuesta estética y temática que deseaba unificar el romance medieval y la épica renacentista. Una síntesis de los antiguos y los modernos que agradece quien desea renovación sin pérdida de los altos valores de la tradición.

Si vemos la tradición poética como una línea que se despliega desde la antigüedad Clásica, en Spenser la tradición alcanza un grado de originalidad y renovación que da pie a que los poetas posteriores no se desliguen de los veneros originales aunque propongan cada uno sus cuotas personales.

Es importante que al traducir el título de Spenser como “La reina hada”, se comprenda que la obra es una alegoría fantástica acerca de Isabel I, la llamada Reina Virgen, presente en el poema sólo como una luna sobre el reino al que gobierna.

El poema, entre otras cosas es una crítica -velada por el entramado mítico y la apariencia de cuento de hadas-, de la tergiversación de los valores por parte del gobierno y la iglesia. Publicado en 1590 celebra públicamente la victoria inglesa frente a la Armada Invencible de Felipe II. Y en el plano moral intenta inculcar valores cristianos.

La división del libro se da mediante la semejanza con el orden cósmico de la semana planetaria de Ptolomeo: •Sol •Luna •Marte •Mercurio •Júpiter •Venus •Saturno.

La reina hada se publicó en dos partes (la primera parte en 1590 y la segunda en 1596).

Aunque al inicio del poema manifiesta su intención de escribir doce libros, y por esto se infiere que la obra quedó inconclusa (sólo posee seis cantos y un fragmento), finalmente pudo parecerle a Spenser más idóneo el siete como referente de una temporalidad que une todos los tiempos en uno (recordar que el siete, los siete días de la semana, es un símbolo del tiempo que se renueva sin cesar).

Esperamos que esta pequeña reseña te despierte las ganas de conocer las grandes obras de la Literatura Universal, recuerda que tenemos talleres en línea donde las estudiamos, sigue nuestro canal y podrás enterarte:

Querido Facebook:

El 2 de agosto de 2020 publiqué un artículo en el WordPress de la comunidad Trithemius, acerca de la escritora chilena Isabel Allende.

La autora de “La Casa de los Espíritus”, “Paula”, “Eva Luna” y otras obras mundialmente conocidas, estaba celebrando su cumpleaños ese día. Ya que Trithemius es una comunidad dedicada a la literatura y escritura, se le quiso festejar con ese artículo en el que, además de su obra, se escribió de su niñez, las duras experiencias de la dictadura y el exilio.

El aniversario también resultaba ideal para compartir una reflexión maravillosa de la escritora, relacionada con la pandemia. La expresó en una entrevista a una agencia internacional de noticias; de hecho, muchos medios de comunicación publicaron la nota, es más, a mí me la compartieron por WhatsApp. Así de profundo había tocado Isabel Allende los sentimientos con sus declaraciones, y así de prominente es su palabra, por eso se le dio tanto vuelo y por eso la sana intención fue replicarla para que siguiera emocionando.

Te comparto una cita textual de esa reflexión que tanto cautivó: “Lo que la pandemia me ha enseñado es a soltar cosas, a darme cuenta de lo poco que necesito. No necesito comprar, no necesito más ropa, no necesito ir a ninguna parte, viajar. Me parece que tengo demasiado. Veo a mi alrededor y me digo para qué todo esto. Para qué necesito más de dos platos”.

¡Qué bonita invitación a marcar distancia del apego que tanto daño hace! ¿No crees?

En esa entrevista virtual que, insisto, replicaron muchos medios, Isabel Allende también habló acerca de la verdadera amistad en estos tiempos que han debilitado el equilibrio y la fe y nos han puesto de rodillas. Cuestionó la desigualdad entre quienes se aislaron en un yate y quienes se encerraron con su pobreza. También se refirió a la esperanza de un mundo diferente. Por eso el artículo se tituló “Isabel Allende y la enseñanza de las prioridades”.

¿No te parecen, querido Facebook, conceptos con mensaje positivo como para compartirlos? Asumo que no. Porque tu reacción fue la de sellar una ventana, por razones que no se entienden. ¿Acaso consideraste que se acosaba o se lucraba o se difundían fake news o que se hacía bullying o que se violaban derechos de autor?

¿Acaso hubo quien o quienes señalaron este sitio como inseguro y de dudosa reputación y abonaste su cizaña?

En Trithemius se cree en el poder inmenso de la palabra, en los libros y sus padres, los autores; se cree en la lectura, que nos transporta a cualquier lugar del mundo y más allá, hasta universos fantásticos; se cree en las buenas intenciones de las personas.

En síntesis, este credo remite a la libre expresión, ¿no lo consideras así, querido Facebook? ¿Recuerdas que tú te has manifestado en contra de coartar esta libertad de tus usuarios?, por eso es que menos se entienden las razones del castigo a Trithemius. No sólo eliminaste el artículo acerca de una escritora famosa, también vetaste la oportunidad de enlazar cualquier contenido de su WordPress contigo.

Los medios de comunicación han consignado que un juez te obligó a pagar millones de dólares por no cumplir la orden de bloquear cuentas de aliados al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Tuviste que acceder, aunque catalogaste la medida judicial como “extrema”, claro, porque tú dices defender la libre expresión.

No bloqueaste a esas cúpulas políticas brasileñas, sí bajaste un video del presidente estadounidense, Donald Trump, (que no es que haga falta, tampoco) y sí castigaste a un sitio entregado a la literatura. Tu balanza está en total desequilibrio. Si el Covid infectara también a las plataformas, pensaría que estás contaminado.

Los medios también reportan que estás formando un ejército de bots que imitan el comportamiento vil y despiadado del ser humano, para anticiparte a cualquier artimaña que busque eludir tus bloqueos. Las noticias afirman que es un ejército capaz de crear bloqueos de mayor potencia y alcance porque quieres evitar el acoso, la actividad criminal, la información falsa y cualquier irregularidad dentro de la plataforma.

Pareciera que ese ejército ya está activo, pero actuando de forma irracional e indiscriminada, sin importarle los daños colaterales. No distingue cabalmente lo bueno y lo malo, no aplica criterios, acribilla a destajo. Abuso de fuerza, como en tantos casos de la vida real. ¿Cuál es la diferencia entonces, cuál es el beneficio de tus bots?

Querido Facebook, envías al paredón sin juicio de por medio, sin sentencia, sin notificación alguna. Directo al paredón.

No en balde siempre he mantenido la sana distancia contigo. Detesto tu doble moral. Sin embargo, en estos tiempos duros, he tenido que recurrir a tí a falta de la cercanía física.

Al escribirte han pasado 10 días de bloqueo, ya se presentó una defensa que no atiendes, sigo sin saber cuál fue el delito, sigo apelando a un juicio justo.

Atentamente:

Mireya Espinosa

Tarzán lee

Por Yolanda Ramírez Michel

Era como una alegoría de los primeros pasos a través de la negra noche de la ignorancia en busca de la luz del conocimiento.

E. R. Burroughs

¿Quién ha sido capaz de aprender a leer por sí mismo? Ante esta pregunta es inevitable visualizar nuestros primeros años en la escuela. Algunos tienen un recuerdo claro del hecho, otros lo imaginan apoyados por referencias de quienes los adelantan en edad. El caso es que, para la gran mayoría, aprender a leer es algo que se logra a través de un maestro; no imaginan que pueda ser de otro modo, no hasta que leen Tarzán…

En la novela Tarzán de los monos, publicada en 1914 por el autor  Edgar Rice Burroughs, se narra la historia de un personaje que, por azares del destino, debe crecer en un ambiente salvaje y ser criado por un grupo de monos. En el capítulo VII de la novela (capítulo titulado “La luz del conocimiento”),  Tarzán aprende a leer gracias al hallazgo de varios libros, unos cuantos llenos de ilustraciones, y un gran diccionario.

Quiero creer que el éxito de la obra se debió, entre otras cosas, a que en el imaginario colectivo el símbolo del hombre salvaje guarda los ecos de una edad que, a pesar de haber quedado fuera de la historia oficial, es una edad añorada; edad en la que el hombre vivía en estado de libertad, en un paisaje que imaginamos terriblemente prístino. Y sin embargo, a pesar de ese atractivo por lo primitivo, en el capítulo donde Tarzán halla los  libros, se puede ver al hombre salvaje cuando se encuentra con la lectura. La imagen del pequeño niño criado por monos, inclinado sobre los libros, contiene y abarca los siglos que llevaron a las primeras civilizaciones emergentes a desarrollar el medio escrito por el que ahora nos manifestamos y comunicamos, expresa el momento misterioso y mágico en que el hombre vio en los signos y su vinculación articulada, un elemento importante para el desarrollo de la conciencia, una herramienta para una mejor interpretación del mundo, un camino por el que se eleva de la condición de hombre mono a la de ser humano. Ciertamente mucho tendrían que argumentar los lingüistas contra este pasaje, hay evidencias de que un niño que crece en un medio salvaje, que no aprende a hablar desde pequeño, difícilmente logra hacerlo siendo adulto (mucho menos lograría leer), parece ser que el lenguaje es una capacidad que todos tenemos, pero que debe desarrollarse en los primeros años.

Afortunadamente, la ficción no pretende ser una exacta copia de la realidad, sino reproducir condiciones para el símbolo. En Tarzán, el símbolo del personaje que explorando encuentra unos libros, y observando aprende a descifrar los signos que en él aparecen, no es sino una imagen del hombre que encuentra en el mundo una serie de datos que debe interpretar. Datos que posteriormente le ayudarán a pasar de un entorno salvaje y violento, donde la fuerza determina el éxito o el fracaso en la vida, a uno civilizado, donde la comprensión profunda de los hechos contiene la clave de la evolución personal.

Yolanda Ramírez Míchel