En la actualidad, en la arena de las redes sociales, cualquier persona puede escribir cualquier idea en su muro.

Por Maik Granados

Hace poco más de 30 años se decía que el acceso a la información era un privilegio de pocos. Los miembros de las élites educativas, empresariales, políticas y sociales eran los únicos con los recursos suficientes para ello. Para el caso de los gobiernos, su situación era, es y siempre será obligatoria. Se decía que quien tenía la información, tenía el poder.

Hoy, tres décadas después, el acceso a la información se ha constituido en un derecho casi inalienable al ser humano, a la altura del derecho a la educación o a la salud. La Internet, la telefonía celular y el desarrollo de redes de telecomunicaciones, cada día más eficientes y potentes, han detonado un apetito casi voraz por el consumo de información en las sociedades actuales. Hoy cualquier persona con un celular puede ingresar al infinito mundo de la red de datos que hemos llamado ciberespacio y consultar prácticamente lo que quiera en unos pocos segundos. Sin duda, un gran logro para nuestra especie, equiparable a otros más como los autos voladores o los viajes a Marte, eventualmente.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Hoy, las redes sociales, que no son otra cosa que simples carteleras modernas donde cualquiera puede postear, colgar o publicar prácticamente lo que sea y lo que quiera, se han erigido en las principales plataformas de acceso a la información ilimitada que se ofrece en el mundo.

En un ambiente casi democrático, con una supuesta gratuidad, porque el costo de ser miembro de alguna red social se traduce en entregar la atención y el tiempo de quien se inscribe a ella, cualquiera puede buscar la información que más le interesa o, lo mejor de todo, puede publicar la información que más convenga a sus intereses. Pero, ¿realmente esto es lo mejor? ¿Es conveniente, para el interés común de las sociedades, que cualquier persona pueda subirse al púlpito de las redes sociales a exponer, decir y publicar LO QUE SEA?

En la actualidad, en la arena de las redes sociales, cualquier persona puede escribir cualquier idea en su muro: emitir un juicio, tomar partido sobre una postura respecto a un tema de moda, o simplemente reírse, mofarse o burlarse de la pifia de un influencer, sin ningún tipo de filtro o censura, porque simplemente es su derecho. Y aquí viene lo mejor, ante dicha publicación se genera un fenómeno: no hay espacio para las posturas moderadas o terceras vías.

“La polarización social y el extremismo son el caldo de cultivo detonante del discurso de odio y lo que lo legitima. El ciberodio presente en las redes sociales, foros de noticias e Internet en general es cada vez más preocupante debido a su carácter extremo. Los mensajes agresivos son más notables cuando hay picos mediáticos a raíz de hechos concretos que generan debate y alarma social, cita la ONG Accem en su informe “Save a hater: ideas para actuar contra la polarización y el discurso de odio en las redes sociales”, http://injuve.es/sites/default/files/2019/02/noticias/manual_save_a_hater.pdf (página 5)*.

En la actualidad, en los debates públicos digitales no se busca generar conocimiento, o por lo menos no en la generalidad. Es notorio que los algoritmos diseñados para las redes sociales buscan amasar la mayor cantidad de simpatías alrededor de una postura basada en estudios serios científicos o en simples y rimbombantes bulos.

La gran mayoría de los temas importantes en nuestras sociedades buscan resolverse en esos espacios dependiendo del número de detractores o promotores que dan ME GUSTA a esas opiniones. Así dan paso a la infodemia, ese mal que Antoni Gutiérrez-Rubí define como “un cúmulo de datos publicados por los medios de comunicación o redes sociales y convertidos en un proceso patológico que se comporta como una enfermedad. Es la primera epidemia de las redes”. 

Este asesor de comunicación y consultor político español puntualiza: “El mundo se ha vuelto más frágil y vulnerable. Los miedos sustituyen a las seguridades, los prejuicios a las razones y las alarmas a los datos. Es tiempo de sociedades nerviosas, tiempo de sociedades víricas” (**).

En efecto, no existen las medias tintas, no hay espacio a la negociación, no hay modo de procurar el diálogo, solo hay cabida para las confrontaciones definitivas. Hoy se trata de imponer las condiciones propias a costa de lo que sea.

Ya lo decía Umberto Eco: Las redes sociales le dan derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho de hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles”, (cita tomada de una entrevista realizada al escritor por el diario La Stampa).

Referencias

(*)https://ethic.es/2019/10/haters-vs-lovers-redes-matado-termino-medio/

(**)https://www.elperiodico.com/es/opinion/20200213/articulo-mobile-suspension-infodemia-coronavirus-antoni-gutierrez-rubi-7846359

Más referencias

https://pijamasurf.com/2018/05/la_enfermedad_de_la_ignorancia_la_epidemia_de_nuestros_dias/

https://www.lavanguardia.com/vida/20181026/452547555406/las-redes-sociales-polarizan-la-sociedad.html

https://www.elperiodico.com/es/opinion/20190507/un-tuit-no-es-un-voto-articulo-opinion-antoni-gutierrez-rubi-7442672

https://ethic.es/2018/04/batalla-politica-se-libra-twitter/

https://ethic.es/2020/08/disponibles-para-estar-dispuestos/

https://pijamasurf.com/2020/08/el_oscuro_pronostico_de_carl_sagan_una_sociedad_cada_vez_mas_estupida_y_controlada_por_medios_tecnologicos/

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