La cultura popular a través del refrán y el doble sentido.

Por Vania Coria Libenson*

Nada protege tanto y tan bien a un mexicano como nuestra Virgen de Guadalupe, la bendita ignorancia y el peculiar sentido del humor.

Como México no hay dos. Somos un pueblo rico en ideas y recursos naturales. Generoso y solidario ante las tragedias, pero bueno para dar pretextos y salirse con la suya.

Los mexicanos, para librarla, nos pintamos solos. Hemos sobrevivido impensables caos gracias a lo fácil que nos sabemos adaptar… o conformar y a lo dispuestos que estamos para reírnos de nosotros mismos y hasta de la misma muerte. Nada se nos atora.

Si nos azota el huracán, sacamos el inflable y las chelas. Si la crisis nos arranca el pan de la boca, nos ponemos a dieta. Y si un virus nos encierra a piedra y lodo, hacemos de la piedra un muro para el pizarrón de clases y, con el lodo, guerritas en traje de baño.

¡Ah, que dicha es ser mexicano! Aquí no se va al baño, aquí se hace del uno y del dos. Las mujeres no tienen períodos menstruales, navegan con bandera comunista, y lo mejor es que  pa’ pendejo no se estudia.

Estamos dotados de una única y mágica manera de hablar sin explicitar, sin comprometernos demasiado, pero no dejando cabos sueltos, ni duda alguna.

Aquí en México, “en casa del jabonero, el que no cae, resbala”, “nadie experimenta en cabeza ajena” y nos queda claro que “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. Sí, “al buen entendedor, pocas palabras”.

Estamos conscientes y sin pena admitimos que “al nopal sólo se le arriman cuando tiene tunas”, porque “el que nace pa’ tamal, del cielo le caen hojas”. Sabemos que lo ideal sería ir “caminando y miando, pa’ no hacer charco”, porque no se puede “chiflar y comer pinole”, aunque “el que es perico, donde quiera es verde”.

La picardía mexicana es rica en metáforas, albures, chistes, alusiones sexuales, sociales y políticas. La hay para todas las edades: en dichos, refranes y moralejas. Fluye en el fresa de Polanco y en el ñero de Santa María la Ribera.

En esta casa donde vivimos todos, la picardía es un lenguaje claro, divertido, que nos une e identifica. Y sí, también nos salva. Nos aligera la carga diaria.

Así que, “a ver a un velorio y a divertirse a un fandango”. ¡Feliz mes patrio, orgullosos hijos del nopal, del buen chile y de la mujer de a de veras! ¡Que viva México, cabrones!

*Alumna del taller de Periodismo y Literatura.

Un comentario en “El pícaro mexicano

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