libroarte

¡Se me hace tarde, se me hace tarde…!

“La gente no lee”, decía un locutor de radio explicando que hoy se tiene mucha prisa, y por eso no se lee.

Entonces, según él… ¿la prisa nos aleja de la lectura?

La prisa nos aleja de la vida, no de la lectura. La prisa hace que vayamos siempre corriendo hacia un “otro lugar”, hace que nunca gocemos el lugar presente por correr hacia el lugar venidero, lugar que, apenas se alcanza, deja de ser anhelado por nuestras correrías, para volverse de nueva cuenta el puro trampolín hacia algo más.

Para ser lectores hay que tener tiempo, porque la entrada a la lectura implica entrar a un lugar que no se rige por el reloj. Y el reloj se ha vuelto el dios de muchos, un dios dictador que impone actividades (muchas) que difícilmente dejan tiempo para el sillón mullido y el libro. Y sin el permiso de este dictador moderno ¿quién puede entrar a cualquier país de las maravillas?

Para ir al rescate del tiempo, hay que volvernos un poco ladrones, robar a cada prisa un poco de calma, a cada segundo acicateado por el reloj, un tiempo inmortal que nos alimente el alma. Robarle al tiempo el tiempo para cosas inmortales, porque si no lo robamos, el tiempo se roba nuestra vida, la va dejando en las agendas, siempre tachada la vida como tarea cumplida a la hora programada.

No digo que seamos impuntuales, sino precisamente que seamos puntuales en darle a cada segundo de la vida, vida bien administrada. Y es que la prisa viene de intentar llenar el cubo que debe estar vacío (sólo en el vacío cabe algo), en la antigüedad el filósofo valoraba el ocio, que era el tiempo sagrado para adentrarse en sí mismo, para despojarse de antecedentes y recibir con los brazos abiertos los momentocedentes.

La lectura es el privilegio de los que supieron robarle al reloj horas para entrar en una dimensión sagrada, y desde ahí reconstruir un poco la realidad amortajada por los noticieros y las alarmas apocalípticas.

Ay, la prisa… no nos alcanzan las veinticuatro horas, por eso hay que encontrar el modo de hacer más cosas en menos tiempo… Y entramos en un círculo vicioso, ¡hacemos más cosas en menos tiempo! A mí me encantó la respuesta de Diego Alejandro a la pregunta de Estela:

-¿Qué opinas de los cursos de lectura rápida?

-También puedes comer rápido…

Puedes no leer porque tienes muchas cosas que hacer, y poco tiempo. O puedes leer rápido, para seguir sujeto a la misma dinámica de la prisa. Pero también, y es lo que yo sugiero, puedes robarle tiempo al reloj para leer al compás de un renglón glorioso, y así rescatar del tiempo, el no tiempo.

2 comentarios en “La prisa y la lectura

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