Pan de miles

Por Magdalena Dueñas

Había pasado un año, distinto, especial, ese que marcó la historia del siglo XXI, y siendo una persona que había vivido ya casi la mitad del siglo anterior y los 20 transcurridos del que corría, me sentía con la suficiente experiencia para asegurar que era algo inusitado, algo que no hubiésemos creído posible que nos tocaría vivir, dado que la ciencia había avanzado de forma tal, que aun cuando existían enfermedades incurables o brotes de virus extraños en algunas zonas del planeta, el imaginar que el mundo entero padeciera simultáneamente un contagio casi incontrolable que obligara a los gobiernos a pedir a los ciudadanos resguardarse en sus casas, suspender actividades productivas, educativas, comerciales etc., era impensable.

Y sin embargo ahí estaba, no había modo de sustraerse a las noticias que día a día llegaban acerca de la malignidad del virus que azotaba a la humanidad, y de las consecuencias que dejaba a su paso. Prácticamente la vida giraba en torno a eso.

Al formar parte de la “población vulnerable” al padecimiento, por mi edad y algunas otras lindezas, mis hijos decretaron prisión domiciliaria, la cual cumplí estoicamente por más de un año, tiempo en el que tuve vivencias de todo tipo. Una de las más satisfactorias consistía en desvelarme a mis anchas, leyendo hasta que me percataba que el libro o el IPad estaban en el suelo, sin poder distinguir entre lo que soñaba o leía.

Fue en ese tiempo, diría que, en abril o mayo, pues dentro hacia un calor alucinante, que intentando refrescarme un poco, salí al jardín. La luz que me llegaba era únicamente la que provenía del alumbrado de la calle, pero suficiente para no tropezar. Aunque no podía ver las plantas con claridad, pase junto a los rosales, las gardenias, las macetas donde sembraba el romero, la albahaca, la citronela, y me pareció raro no percibir el aroma de ninguna. Me incliné hacia el romero, siempre tan oloroso, y ¡nada! Lo primero que pensé fue “tengo coronavirus”, pues entre los conocimientos médicos recién adquiridos estaba el de que puede ser un síntoma.

De ahí, salté al Alzheimer, !eso también podría ser!

Intentando evitar la paranoia, respiré, me senté en una de las dos sillas que tenemos en el jardín bajo la pérgola, y antes de poder continuar con mi disertación mental, me percaté que una estrafalaria mujer estaba ya sentada en la otra.

No te asustes, no tienes ni coronavirus ni Alzheimer.

Extrañamente, en vez de gritar o correr, le pregunté:

¿Cómo sabes?

Pues mira, eres propensa a imaginar escenarios que coincidan con tus creencias. Eso le pasa a muchos.

En ese momento me percaté de que sí percibía los olores. De hecho, la mujer tenía un olor penetrante, como a medicina.

Tú hueles raro. ¿Usaste desinfectante?

No, que va. Me choca. Eso que percibes es el reflejo de tu actualidad. Pero puedo oler a muchísimas otras cosas que también vives.

¿Como a qué?

A todo aquello que es común y contagioso. Como el desencanto, el hastío, la incertidumbre.

¡Qué patético! ¿De dónde sacas que puedo sentir eso?

Ah ¿Tú te crees diferente ?Mira, unos más, otros menos, pero todos llevan dentro algo que se ha generalizado. Hay quien piensa que únicamente propago enfermedades del cuerpo, como esa que traigo de moda, pero eso es un trabajo bastante esporádico.

¿Quién te otorga semejante poder?

Mmm…, digamos que soy una consecuencia de la condición humana. Las personas suelen adoptar sin darse cuenta pensamientos, creencias, hábitos y vicios que yo me encargo de

hacer populares. Por ejemplo, el miedo. Es uno de mis favoritos.

Yo no soy miedosa. Como no sea a los roedores, difícilmente me asusto. Aquí estoy contigo, ¿no?

Mis especialidades son otras, como la ansiedad que tú y millones han padecido, la depresión, el miedo al dolor de los que amas.

¿Y te gusta que ese tipo de cosas se generalicen?, ¿por qué no te ocupas de algo más positivo?

Yo estoy dispuesta, pero qué quieres, he tratado de que cundan otras ideas, pero tengo más éxito con las que son fáciles. Por ejemplo, a la gente le gusta comer lo que no debe, comprar lo que no necesita, compararse con el otro, discutir inútilmente sobre política…

Upss…

En ese tipo de asuntos casi no hay excepciones, pero el menú es extenso. Entre los jóvenes lo que se hace cada vez más popular es el enajenamiento con las redes sociales, el alcohol, las drogas. No digo que sea exclusivo de la juventud, pero a mí me encanta la velocidad con la que me propago en ese ambiente. Y en mi negocio la cantidad y la universalidad es lo que cuenta.

Eres una desvergonzada. No entiendo como andas tan libre y metiéndote en las casas, si sabes que en este momento la humanidad entera quiere destruirte, o al menos a tu manifestación más reciente.

Sí, los he visto ocupados tratando de combatirme , pero cuento con el apoyo incondicional de los incrédulos y los descuidados. Para los casos difíciles, como el tuyo, hago visitas domiciliarias buscando la oportunidad de inocularme.

Lamento informarte que llegaste tarde, ya me vacunaron. Conmigo no cuentes. Y más vale que te busques otra diversión, pues dentro de poco serás historia.

Estoy acostumbrada. Pero no me negarás que ha sido de mis mayores logros. No me preocupa, mis actividades principales se desarrollan con éxito porque no hay campañas masivas para evitarlas. De hecho, no me doy abasto. Bastante tengo con los que no cumplen las leyes, los violentos, los infieles. Para qué te cuento. Esto de ser pandemia no deja tiempo libre.

Mientras yo trataba de entender si lo que me estaba pasando era real, la mujer se levantó de la silla, me dio la mano y se fue cruzando el jardín. Yo corrí a lavarme las manos.

Este texto fue producto del taller Libro Rojo de Jung de la comunidad Trithemius. Si deseas ver la sesión en la cual se leyó el texto, aquí la compartimos contigo:

CUENTOS DE CUARENTENA

Cuentos de Cuarentena 2020 (antología)

Escribir siempre ha sido un reto, pocos son los iluminados que destilan literatura de sus manos, la gran mayoría tiene que trabajar por ello, buscar, encontrar, y seguir buscando para poder hilvanar una frase, un párrafo, un verso. Escribir es más un oficio que un don, la letra se suda, y a veces no es suficiente.  Entonces se borra todo y se vuelve a comenzar, se idean de nuevo los trazos que han de llenar la hoja.

Escribir durante una pandemia pareciera que es fácil, que se tiene el tiempo suficiente y el espacio adecuado, después de todo la mayoría estamos en casa. Sin embargo, las palabras pesan más, sus dimensiones se vuelven incalculables, todo a nuestro alrededor se pone más denso. El tiempo no es tiempo, los espacios lo absorben todo, pareciera que todos despertamos, sin darnos cuenta, con un caparazón sobre nuestras espaldas y, como Gregorio Samsa, no sabemos qué hacer con la vida. En este no saber que hacer van surgiendo las palabras, se van encadenando como verbos, como descripciones del tiempo y el espacio, o crónica de la forma en que nos desplazamos flotando en silencio por la ciudad enmascarada.

Cuentos de cuarentena es una ventana que nos permitió respirar un poco, nos ayudó a entender qué hacer con el encierro y sus horas aplastantes, nos dejó observar nítidamente la forma en que hemos cambiado nuestras rutinas para sobrevivir al aislamiento social y a la brutalidad de nuestras sociedades. Algunos se desahogaron en la hoja, se subieron al trapecio y desde ahí observaron al mundo y su convulsión, otros se dejaron caer al abismo de la pandemia y relataron sus angustias y sus dolores, otros decidieron crear su propia realidad con la que ordenaban un poco el caos. No importa desde qué trinchera se escribiera, todos estábamos en nuestra propia lucha interna por alcanzar la palabra exacta que nos liberara.

Esta antología ha sido luz, respiro, abrazo, un encuentro con uno mismo y con los otros, ha sido la memoria y el olvido de nuestras formas anteriores de vivir.

Este texto pertenece a uno de los autores que aparecen en la antología Cuentos de Cuarentena 2020, el filósofo Pepe Aguilera.

A quien esté interesado en acompañar la presentación, aquí les dejamos la invitación:

Cuentos de Cuarentena 2020 a la venta en:

https://www.yolandaramirezmichel.com/product-page/cuentos-de-cuarentena-2020

Aquí te compartimos uno de los cuentos de la antología:

Misterios que nos penen a pensar…

Por Yolanda Ramírez Michel

En el Museo de Antigüedades de El Cairo, en una pequeña sala (la número 33), rodeado por otros artefactos misteriosos, se encuentra el denominado “Egyptian Schist Tri-Lobed Disk”.

Schist disck en el museo de El Cairo

Fue encontrado por Brian Walter Emery, uno de los más importantes egiptólogos del siglo XX, fallecido en 1971. Los egiptólogos proponen que es una base para jarrón decorativo, pero a simple vista nos parece que esta conclusión es bastante frágil… Para otros luce como parte de algún tipo de máquina antigua (¿o moderna?). Pero dejemos de lado por un momento nuestras teorías acerca de qué es este objeto, y pensemos también: ¿Cómo pudo haber sido fabricado? Con las herramientas que nos dicen que se usaban en aquella época es imposible fabricar nada con las características de este objeto. Ningún cincel ni la simple fuerza de un artesano podrían cortar la piedra (porque es de piedra). ¿Cómo le dieron forma? ¿Para qué servía, o de qué era parte?

De acuerdo con la egiptología la rueda fue introducida a Egipto en el año 1,840 a. C. Entonces, ¿cómo pudo aparecer 1,400 años antes algo como esto? El Schist Disck fue encontrado en la tumba del príncipe Sabu, en la necrópolis de Saqqara, en el 3,000 a. C, junto con otros objetos extraños de cobre, ¿podemos imaginar un objeto tan delicado y complejo hace más de 5,000 años?

Además, este curioso disco parece ser apenas una pequeña parte de algún mecanismo más sofisticado, que se salvó gracias a que fue reproducido en piedra.

Más misterios que respuestas… da mucho qué pensar.

En este blog nos gusta escribir, ya sea para referir lo que encontramos, o para imaginar otros mundos, mundo mejores, mundos posibles, mundos que vale la pena rescatar del silencio.

También nos gusta conectar saberes, como que un descubrimiento arqueológico como el de este curioso disco puede estar relacionado con experimentos de física. Tal vez esto pueda explicarnos cómo cargaban piedras tan pesadas para las pirámides aunque… ¿Quién les enseñó esta ciencia?

Gigantes o ciencia, el caso es pensar fuera de lo cotidiano para que emerja del fondo un nuevo saber.

El video tiene subtítulos en español, actívalos para que puedas disfrutar de los milagros cotidianos de la ciencia.

Querido Facebook:

El 2 de agosto de 2020 publiqué un artículo en el WordPress de la comunidad Trithemius, acerca de la escritora chilena Isabel Allende.

La autora de “La Casa de los Espíritus”, “Paula”, “Eva Luna” y otras obras mundialmente conocidas, estaba celebrando su cumpleaños ese día. Ya que Trithemius es una comunidad dedicada a la literatura y escritura, se le quiso festejar con ese artículo en el que, además de su obra, se escribió de su niñez, las duras experiencias de la dictadura y el exilio.

El aniversario también resultaba ideal para compartir una reflexión maravillosa de la escritora, relacionada con la pandemia. La expresó en una entrevista a una agencia internacional de noticias; de hecho, muchos medios de comunicación publicaron la nota, es más, a mí me la compartieron por WhatsApp. Así de profundo había tocado Isabel Allende los sentimientos con sus declaraciones, y así de prominente es su palabra, por eso se le dio tanto vuelo y por eso la sana intención fue replicarla para que siguiera emocionando.

Te comparto una cita textual de esa reflexión que tanto cautivó: “Lo que la pandemia me ha enseñado es a soltar cosas, a darme cuenta de lo poco que necesito. No necesito comprar, no necesito más ropa, no necesito ir a ninguna parte, viajar. Me parece que tengo demasiado. Veo a mi alrededor y me digo para qué todo esto. Para qué necesito más de dos platos”.

¡Qué bonita invitación a marcar distancia del apego que tanto daño hace! ¿No crees?

En esa entrevista virtual que, insisto, replicaron muchos medios, Isabel Allende también habló acerca de la verdadera amistad en estos tiempos que han debilitado el equilibrio y la fe y nos han puesto de rodillas. Cuestionó la desigualdad entre quienes se aislaron en un yate y quienes se encerraron con su pobreza. También se refirió a la esperanza de un mundo diferente. Por eso el artículo se tituló “Isabel Allende y la enseñanza de las prioridades”.

¿No te parecen, querido Facebook, conceptos con mensaje positivo como para compartirlos? Asumo que no. Porque tu reacción fue la de sellar una ventana, por razones que no se entienden. ¿Acaso consideraste que se acosaba o se lucraba o se difundían fake news o que se hacía bullying o que se violaban derechos de autor?

¿Acaso hubo quien o quienes señalaron este sitio como inseguro y de dudosa reputación y abonaste su cizaña?

En Trithemius se cree en el poder inmenso de la palabra, en los libros y sus padres, los autores; se cree en la lectura, que nos transporta a cualquier lugar del mundo y más allá, hasta universos fantásticos; se cree en las buenas intenciones de las personas.

En síntesis, este credo remite a la libre expresión, ¿no lo consideras así, querido Facebook? ¿Recuerdas que tú te has manifestado en contra de coartar esta libertad de tus usuarios?, por eso es que menos se entienden las razones del castigo a Trithemius. No sólo eliminaste el artículo acerca de una escritora famosa, también vetaste la oportunidad de enlazar cualquier contenido de su WordPress contigo.

Los medios de comunicación han consignado que un juez te obligó a pagar millones de dólares por no cumplir la orden de bloquear cuentas de aliados al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Tuviste que acceder, aunque catalogaste la medida judicial como “extrema”, claro, porque tú dices defender la libre expresión.

No bloqueaste a esas cúpulas políticas brasileñas, sí bajaste un video del presidente estadounidense, Donald Trump, (que no es que haga falta, tampoco) y sí castigaste a un sitio entregado a la literatura. Tu balanza está en total desequilibrio. Si el Covid infectara también a las plataformas, pensaría que estás contaminado.

Los medios también reportan que estás formando un ejército de bots que imitan el comportamiento vil y despiadado del ser humano, para anticiparte a cualquier artimaña que busque eludir tus bloqueos. Las noticias afirman que es un ejército capaz de crear bloqueos de mayor potencia y alcance porque quieres evitar el acoso, la actividad criminal, la información falsa y cualquier irregularidad dentro de la plataforma.

Pareciera que ese ejército ya está activo, pero actuando de forma irracional e indiscriminada, sin importarle los daños colaterales. No distingue cabalmente lo bueno y lo malo, no aplica criterios, acribilla a destajo. Abuso de fuerza, como en tantos casos de la vida real. ¿Cuál es la diferencia entonces, cuál es el beneficio de tus bots?

Querido Facebook, envías al paredón sin juicio de por medio, sin sentencia, sin notificación alguna. Directo al paredón.

No en balde siempre he mantenido la sana distancia contigo. Detesto tu doble moral. Sin embargo, en estos tiempos duros, he tenido que recurrir a tí a falta de la cercanía física.

Al escribirte han pasado 10 días de bloqueo, ya se presentó una defensa que no atiendes, sigo sin saber cuál fue el delito, sigo apelando a un juicio justo.

Atentamente:

Mireya Espinosa

Todos somos magos… Magos y hechiceros

A todos los que creen en la magia verdadera, la de un corazón puro…

Les contaré una historia:

Todos somos magos, editorial Edelvives

 

Un día, una maestra milagros me localizó por medio de las redes sociales, se llama Lorena Guzzo, ella vive en Uruguay.
Todo comenzó cuando Lorena vio un video del libro Todos somos magos, libro álbum publicado por Edelvives, y quiso conseguirlo a toda costa, pero… a veces las editoriales que andan por todo el mundo no se dan abasto; el libro aún no llegaba a Uruguay.

Me conmovió mucho su insistencia y conseguí yo misma un ejemplar para enviárselo por Estafeta. Este fue el comienzo de una gran aventura. 

Cuando una maestra milagros tiene en su poder un libro, se detona la magia. Los libros son magia purísima, magia original y prístina. 

Lorena comenzó a leer Todos somos magos a su grupo de pequeños, y no sólo lo leyó, sino que siguió un plan de su mente mágica para hacer que la historia cobrara vida. Sacó el libro del papel para llevarlo a la vida, convirtió los personajes del libro en seres más cercanos a los niños, y los niños la siguieron con entusiasmo por ese camino hechizado.
Me tuvieron al tanto de sus aventuras, me mandaron videos y fotos (que no puedo compartir en redes sociales por respeto a la privacidad de los niños). Yo seguí aquel maravilloso despliegue de creatividad de Lorena, la admiré en cada ocurrencia. Mis ocupaciones a veces son tantas que no estoy lo cerca que desearía de mis lectores… por mí hubiera tomado un avión inmediatamente y me hubiera lanzado a conocerlos, pero la vida nos pone algunas trabas, que afortunadamente la escritura destraba.

Con estas palabras pretendo llegar hasta ustedes, chicos de Nivel 5 del Clara U. Con estas palabras quiero llegar hasta su salón y decirles que me ha gustado MIL la dedicatoria de su cuento. 

Porque déjenme les cuento a todos: ¡los niños de esta historia escribieron un cuento! No se conformaron con ser lectores, se volvieron también escritores, y le dieron al hechicero de Todos somos magos una vida y unos motivos para ser como era. Encontraron, con su dulzura de niños (guiados por una maestra mágica), la razón de que haya tanta gente triste, amargada, violenta… encontraron que perder de vista los sueños es el peor mal del mundo, y… ¡rescataron con sus palabras sabias al villano! Lo devolvieron a la villa de la felicidad.
Admiro mucho a estos jóvenes escritores, y admiro la guía talentosa y creativa de Lorena Guzzo. Espero que me consideren ya su amiga, no sólo una escritora que les mandó su libro, sino una amiga que les manda saludos, y que AGRADECE mucho su dedicatoria en el cuento. 

¿Me dejan compartirlo? Para que no sea sólo mío, sino de todos.
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Gracias, Lorena Guzzo, por tomarte tan en serio la docencia, estás sembrando semillas. 

Un gran regalo de Navidad para un lector: Cuentos de Navidad

En esta FIL (2017) aún puedes conseguir: Fiestas de Yule, título de la Editorial Salto Mortal.  Relatos navideños, cuentos cortos que nos muestran distintas versiones de un misma festividad.
Fiestas de Yule
Aquí algunos adelantos de lo que pueden encontrar en estos cuentos:
En “La primera navidad del mundo”, imaginamos origen del hombre y su contemplación de las estrellas, el deseo de agradecer lo que nace y muere.
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En Xaureme, wa matsika (Xaureme, el hermano mayor) escrito por Sandra Paz Wirikuta, vemos cómo dos culturas pueden compartir el mismo momento.
Con Un féerico cuento de Navidad, le damos lugar a la fantasía y a las hadas que habitan bosques misteriosos, texto de Nick G. Yuen.
La navidad también puede ser motivo para hacer amistades, como lo leemos en el simpático relato Los 12 días de Navidad (breve historia de un Nene y un pavo) de Luisa Amelia Bañuelos.
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En Regalos especiales de Yolanda Ramírez reflexionamos acerca de la importancia de los deseos de poseer o de no olvidar, lo material y lo inmaterial…de cómo todos tenemos esos anhelos.
Con Ese año había más trabajo que nunca en el taller de Flori Pérez, nos damos cuenta de las historias detrás de los juguetes, no sólo de quienes los fabrican sino de quienes los atesoran.
En El deseo de Lina y Pau, de Paulina Álvarez, volvemos a la magia con un relato relacionado al pino navideño.
Navidad en aprietos, de Yolanda Ramírez, una historia en donde en una casa en donde cabe el amor, a pesar de pequeña, hay lugar para el árbol más grande.
En Papá Miguel de Cristi Flores, vemos la infancia del que más tarde podría ser Santa, en una historia que nos hace recordar a los abuelos y sus aficiones por algunos juegos y juguetes.
El fruto prohibido de Yolanda Ramírez es un buen ejercicio de similitudes entre el deseo de Eva con la manzana y una necia pequeña por una esfera rojiza.
La estrella del abuelo, de Cristina Floress, nuevamente nos recuerda a los abuelos, la tradición y emoción del montaje de adornos y la melancolía que esto representa para muchos de nosotros.
En Navidad sube y baja, de Carlos Suarez, nos vemos reflejados en los que tienen y los que no, en un interesante juego de realidad ficción de su personaje.
Navidad en la selva, de Ninemy Marhx Gama, un relato navideño, con animales salvajes y la importancia de la convivencia.
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El Gran artista, de Cristina Flores, es un mítico relato sobre un personaje que pinta el universo para beneplácito de quienes lo contemplamos.
Con P.D. Nunca olvido cepillarme los dientes, Karla Medrano nos comparte un simpático relato en donde una niña llamada Lucy hace un trato con el hada de los dientes.
El regalo, de Luisa Amelia Bañuelos, escuchamos un relato entre niños, ejemplo de cómo se debate entre creer y portarse bien a lo largo del año, o asumir las consecuencias.
En Pavos y baños, crónica de una extranjera que reside en Ajijic, de Harriet Hart, leemos la visión de una persona que nos narra cómo experimentó una de sus navidades, entre tartas de melocotón y baños por arreglar.
Navidad en aprietos, de Yolanda Ramírez, un curiosos relato surrealista, donde la casa crece a la medida de las necesidades del corazón.
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Stille Nacht de Robert Bruce Drynan, es un relato histórico en donde podemos ser partícipes del festejo en tres distintos momentos.
El árbol de la vida de Sebastián Ōkami, es un relato corto en donde nos narra las navidades después de la guerra, texto que nos invita a reflexionar sobre la paz.
El trabajo de los ilustradores: Ángel Campos, Bea Ortiz Wario Casus Olivas, Carlos Jiménez Velado, Jorge Díaz, Mitzy E. Marquez, Mariana Pérez Villoro, Natalia Ramos y Yolanda Michel Castellanos, son la cereza del pastel, que con diversas técnicas acompañan y enriquecen los distintos relatos.
Fiestas de Yule es pues, un libro que debe leerse en casa en las vísperas de las fiestas, en donde nos reunimos en familia a recordar el propósito de la navidad.
Aquí podrán ver un video donde les contamos más…

Ensayo sobre la divinidad de una sombra

Por Jonás L. Laya

 

Llegó el momento. El sol había cruzado su cenit, y empezaba a inclinarse levemente hacia el horizonte. El hombre dejó caer su cabeza, abandonado por sus fuerzas. Consumado y consumido. Entonces la sombra avanzó y lo cubrió todo como una gran cobija: incluso aquel cuerpo desnudo y enhiesto; presencia sutil pero imponente, bañando serenamente al mundo.

 

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Este texto fue producto del taller Literatura Creativa de Trithemius Talleres Literarios. El autor lo escribió durante la sesión acerca de arquetipos, la consigna fue: divinizar la sombra, lo logró.

 

 

Madre y sus muchos hijos (interpretaciones)

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Ayer salí del cine en estado de shock, como si hubiera vivido momentos apocalípticos… no sabía decir entonces si la película me había parecido buena o mala, porque no sabía bien lo que había sucedido ahí. La sensación desagradable y el dolor en mi nuca seguramente alegrarían al director (Darren Aronofskiy), que intentó sin duda hacernos sentir el caos y el desorden. Conforme avanzaba la trama me daba explicaciones varias… llegó un momento en que sentí que ahí sucedía algo importante que yo no desentrañaba del todo… No voy a decir que “me gustó”, pero sí que me parece una buena película, ¿por qué?, por el logro de la alegoría bíblica… y porque tiene además otras interpretaciones posibles. El director explicó en una entrevista que su cinta trata acerca de Dios (el Poeta), la Naturaleza (la Madre), la Tierra (la casa), los primeros huéspedes (del planeta…) Adán y Eva, Caín y Abel, (con crimen incluido); que la naturaleza cuida la casa pero los hombres que llegan no se preocupan lo más mínimo por ella, y así podríamos seguir hasta el nacimiento del niño (Jesús) y su sacrificio…

Saber esto me dio una pauta para comprender la película y admirar la alegoría, pero también me dejó con ganas de hacer yo mi propia trama y desentrañar según mi propio guión lo que había sucedido ahí.

Para mí la película de Aronofsky es también la representación de lo que le sucede a un creador que ha sido rebasado por su ego; la inspiración (la musa, la madre de las obras de arte) está con él, pero él no la aprecia, como dijera Cortázar “hace mucho que no me acuesto con las palabras”, así el poeta de Madre. Ella era ignorada, a pesar de su belleza y su amor incondicional, era ignorada… , él deseaba el aplauso, la admiración de sus lectores, de sus seguidores, deseaba esto mucho más que el propio bien que representa poseer el don.

La inspiración está ahí, con el poeta, pero él necesitas las cosas del mundo, y no le basta el numen que lo acompaña.

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Cuando finalmente la inspiración se le planta con violencia, él es subyugado por su belleza, y ella queda preñada. Un tiempo de calma asienta al escritor, que escribe… olvidado ya de su pasado éxito (la gema que guardaba con celo). No obstante, la fama acecha… y justo cuando la obra está naciendo, el poeta (el escritor ególatra) prefiere a sus lectores que permanecer en calma con el hijo amado… e incluso prefiere que los críticos devoren a su hijo a permanecer en soledad, con el puro gozo íntimo de aquel engendramiento…, yo salí de la peli en shock (las imágenes son muy fuertes y muy violentas, pero me ha dejado pensando mucho mucho…

…pensando que la literatura ha sido descuidada por los escritores, igual que el planeta por los humanos, porque el hombre no cuida mucho ni su casa, ni sus palabras.

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La prisa y la lectura

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¡Se me hace tarde, se me hace tarde…!

“La gente no lee”, decía un locutor de radio explicando que hoy se tiene mucha prisa, y por eso no se lee.

Entonces, según él… ¿la prisa nos aleja de la lectura?

La prisa nos aleja de la vida, no de la lectura. La prisa hace que vayamos siempre corriendo hacia un “otro lugar”, hace que nunca gocemos el lugar presente por correr hacia el lugar venidero, lugar que, apenas se alcanza, deja de ser anhelado por nuestras correrías, para volverse de nueva cuenta el puro trampolín hacia algo más.

Para ser lectores hay que tener tiempo, porque la entrada a la lectura implica entrar a un lugar que no se rige por el reloj. Y el reloj se ha vuelto el dios de muchos, un dios dictador que impone actividades (muchas) que difícilmente dejan tiempo para el sillón mullido y el libro. Y sin el permiso de este dictador moderno ¿quién puede entrar a cualquier país de las maravillas?

Para ir al rescate del tiempo, hay que volvernos un poco ladrones, robar a cada prisa un poco de calma, a cada segundo acicateado por el reloj, un tiempo inmortal que nos alimente el alma. Robarle al tiempo el tiempo para cosas inmortales, porque si no lo robamos, el tiempo se roba nuestra vida, la va dejando en las agendas, siempre tachada la vida como tarea cumplida a la hora programada.

No digo que seamos impuntuales, sino precisamente que seamos puntuales en darle a cada segundo de la vida, vida bien administrada. Y es que la prisa viene de intentar llenar el cubo que debe estar vacío (sólo en el vacío cabe algo), en la antigüedad el filósofo valoraba el ocio, que era el tiempo sagrado para adentrarse en sí mismo, para despojarse de antecedentes y recibir con los brazos abiertos los momentocedentes.

La lectura es el privilegio de los que supieron robarle al reloj horas para entrar en una dimensión sagrada, y desde ahí reconstruir un poco la realidad amortajada por los noticieros y las alarmas apocalípticas.

Ay, la prisa… no nos alcanzan las veinticuatro horas, por eso hay que encontrar el modo de hacer más cosas en menos tiempo… Y entramos en un círculo vicioso, ¡hacemos más cosas en menos tiempo! A mí me encantó la respuesta de Diego Alejandro a la pregunta de Estela:

-¿Qué opinas de los cursos de lectura rápida?

-También puedes comer rápido…

Puedes no leer porque tienes muchas cosas que hacer, y poco tiempo. O puedes leer rápido, para seguir sujeto a la misma dinámica de la prisa. Pero también, y es lo que yo sugiero, puedes robarle tiempo al reloj para leer al compás de un renglón glorioso, y así rescatar del tiempo, el no tiempo.

Máscaras, personare, personajes

 

Por Yolanda Ramírez Michel

 

La palabra “persona” deriva del latín personare y quiere decir “sonar a través de”, mientras que en griego proposon significa máscara, misma que en el teatro griego cubría el rostro de los actores en el escenario, e incluía una bocina para aumentar el volumen de la voz. Así, al utilizar esa máscara, la palabra “persona” adquiría el significado del personaje representado.

 

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¿Somos reales?, ¿somos lo que vemos frente al espejo? Desde hace siglos filósofos, teólogos y artistas se hacen la misma preguntan aposentados desde distintos ángulos de la realidad; los primeros han tratado de responder mediante extensos tratados filosóficos; los segundos, mediante la hermenéutica; los terceros, valiéndose del arte.

Los escritores, propensos por cuestión de su materia prima -la palabra-, a seguir de cerca la trama de este hilo temático, juegan muy seriamente con la fábula, desentrañando -o enredando más- las inconsistencias naturales de estar vivos en un mundo hecho de fenómenos y causas.

Una de las respuestas que el espejo o la hoja en blanco han dado a algunos de sus inquisidores es: que somos algo así como un personaje que porta momentáneamente un disfraz para asistir a la trama de la vida; es decir, que al Ser que somos, le ha tocado un papel en una obra, y es tan buen actor el ego que termina creyendo ser el protagonista del teatro donde actúa.

Los griegos, en esta misma línea de pensamiento, colocaban una máscara a los actores teatrales, dicha máscara cumplía dos funciones: mostraba (al personaje) y sonaba (daba voz a lo que se llevaba dentro). Las filosofías orientales intentan que dejemos atrás esa máscara, para encontrar al ser real. La literatura trabaja desde otra trinchera, pero lleva hasta la misma encrucijada… ahí la mascarada toma la forma de personajes literarios para que nos vayamos reconociendo.

Veamos un ejemplo: Perseo intuye que debe mirar a través de un espejo a Medusa, desde ahí puede enfrentarla. Parapetado tras un pilar, Perseo triunfa donde otros fracasaron, porque gracias a su escudo (con funciones de espejo), ha evitado la mirada directa y ha logrado atacar y vencer a su contrincante. Así la literatura, en su función de espejo nos permite mirar la “realidad” sin quedar convertidos en piedra ante la mirada directa de su Misterio…

La literatura, espejo de formas interiores y exteriores que le sirven al hombre de asidero para enfrentar los monstruos, y también para ver ahí reflejado el propio rostro.

Conocernos a nosotros mismos es la mejor aventura, la única tal vez.

La literatura es nuestra aliada.