Por Yolanda Ramírez Michel

 

La palabra “persona” deriva del latín personare y quiere decir “sonar a través de”, mientras que en griego proposon significa máscara, misma que en el teatro griego cubría el rostro de los actores en el escenario, e incluía una bocina para aumentar el volumen de la voz. Así, al utilizar esa máscara, la palabra “persona” adquiría el significado del personaje representado.

 

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¿Somos reales?, ¿somos lo que vemos frente al espejo? Desde hace siglos filósofos, teólogos y artistas se hacen la misma preguntan aposentados desde distintos ángulos de la realidad; los primeros han tratado de responder mediante extensos tratados filosóficos; los segundos, mediante la hermenéutica; los terceros, valiéndose del arte.

Los escritores, propensos por cuestión de su materia prima -la palabra-, a seguir de cerca la trama de este hilo temático, juegan muy seriamente con la fábula, desentrañando -o enredando más- las inconsistencias naturales de estar vivos en un mundo hecho de fenómenos y causas.

Una de las respuestas que el espejo o la hoja en blanco han dado a algunos de sus inquisidores es: que somos algo así como un personaje que porta momentáneamente un disfraz para asistir a la trama de la vida; es decir, que al Ser que somos, le ha tocado un papel en una obra, y es tan buen actor el ego que termina creyendo ser el protagonista del teatro donde actúa.

Los griegos, en esta misma línea de pensamiento, colocaban una máscara a los actores teatrales, dicha máscara cumplía dos funciones: mostraba (al personaje) y sonaba (daba voz a lo que se llevaba dentro). Las filosofías orientales intentan que dejemos atrás esa máscara, para encontrar al ser real. La literatura trabaja desde otra trinchera, pero lleva hasta la misma encrucijada… ahí la mascarada toma la forma de personajes literarios para que nos vayamos reconociendo.

Veamos un ejemplo: Perseo intuye que debe mirar a través de un espejo a Medusa, desde ahí puede enfrentarla. Parapetado tras un pilar, Perseo triunfa donde otros fracasaron, porque gracias a su escudo (con funciones de espejo), ha evitado la mirada directa y ha logrado atacar y vencer a su contrincante. Así la literatura, en su función de espejo nos permite mirar la “realidad” sin quedar convertidos en piedra ante la mirada directa de su Misterio…

La literatura, espejo de formas interiores y exteriores que le sirven al hombre de asidero para enfrentar los monstruos, y también para ver ahí reflejado el propio rostro.

Conocernos a nosotros mismos es la mejor aventura, la única tal vez.

La literatura es nuestra aliada.

2 comentarios en “Máscaras, personare, personajes

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