¿Cómo nace una obra literaria?

Yolanda Ramírez Michel

Cada género literario, cada libro, cada proyecto tiene su particularidad desde el momento en que se me manifiesta. Cada uno de mis libros ha sido único en su forma de gestarse dentro de mí. 

La poesía, por ejemplo, es la más extraña. La poesía me la puede dar un petirrojo, un té de menta con limón y miel, un objeto no identificado en lo alto del cielo… o una mariposa que se derrumba ante un aguacero intempestivo. Así es la poesía, se apodera de mí y no me queda más remedio que escucharla…

De todos modos, aunque cada libro de poesía haya sido distinto desde su gestación, hay algo que comparten casi todos: la mayoría de sus páginas se escriben en vacaciones, o me despiertan a las tres de la mañana, o me despierto con un verso fresco en la almohada, parece que la poesía tuviera desconfianza o celos de la rutina. Nunca he podido escribir poesía como un acto de voluntad propia, siempre ha sido un acto de voluntad de la poesía misma, que es ajena a mí, aunque se presta a sí misma con generosidad cuando estoy atenta y sensible a su voz.

¿Cómo nace una obra literaria?


La prosa es distinta, necesita un motivo, un tema y un plan… aunque el plan nunca es definitivo, y puede ir cambiando conforme avanzo sobre el libro. Sucede siempre, que, conforme escribo, cambio yo y va cambiando mi escritura, el plan original es sólo el big bang, no permanece, pero se expande, y da de sí multitud de posibilidades. Pero esto no quiere decir que yo no tenga el control total de la obra, la obra es como un iceberg, tengo el control del extremo que emerge, mientras que, en lo profundo, algo más sucede… y eso que sucede “me crea” al tiempo que “yo creo”, es una creación mutua.

Yolanda Ramírez Michel

(Morelia, Michoacán, 1965). Poeta, ensayista y narradora mexicana; Doctora Honoris Causa en Ciencias de la Educación por la Universidad Santander. Se ha especializado en Mitología Comparada y Hermenéutica, es promotora de lectura, conferencista y docente; fundadora de la comunidad cultural Trithemius Talleres Literarios, y directora de publicaciones de la editorial Salto Mortal. Sus obras publicadas son: El gran niño, electrones de un sueño, (El viaje ediciones 2005/ Progreso 2008); Jacinta, (La Zonámbula 2008); La maestra Milagros (Progreso 2010/ Panamericana 2015); Palingenesia (C&F ediciones 2011); Los mitos del alba, (CECA 2011); Grimori Mundi (Salto Mortal 2013); Litterae (Salto Mortal 2014); Todos somos Magos (Edelvives Progreso 2014); El Tarot de don Quijote (Salto Mortal 2015); El Oráculo de don Quijote (Salto Mortal 2016); el Manifiesto Luminista (Salto Mortal 2017); Crónica de una reparación vital (Salto Mortal 2018); y Nimué la dama de los cuentos (Panamericana 2019).

http://www.yolandaramirezmichel.com

¿Cómo nace un escritor?

¿Cómo nace un escritor?

Al escritor lo da a luz su obra. Su obra lo llama desde el interior de sí hasta que el escritor se da a luz como tal. La obra que él va gestando lo gesta a él también. No pueden darse la una sin el otro, la obra nace de la vida y desde ahí espera las palabras que la nombran. 

¿Cómo nace un escritor?

Nace cuando unifica lo que le enseña la vida y lo que le han enseñado sus lecturas. Nace cuando no espera que le expliquen cosas de sí mismo los psicólogos, más que sus propios personajes.

¡¿Cómo nace?!

Nace cuando se da permiso de volverse él su obsesión más explícita, para así ser él la obsesión que escribe. Nace cuando lo dan a luz aventuras oníricas sin solicitar ningún permiso a su editor, ni a los lectores, ni a ninguna mercadotecnia. Nace cuando su primer libro es el último, y cada libro se vuelve a gestar como si siempre fuera el primero y el último.

No hay “cómo” general, cada obra tiene su particular metodología. En tanto sea particular, y se aleje de los esquemas masificadas, de los modelos prefabricados, de los seguimientos de formato, la obra será genuina, y será capaz de dar vida a su escritor.

Trithemius Talleres Literarios

Somos una comunidad que ama la escritura, los libros, la palabra.

http://www.trithemius.mx

Comunidad Trithemius https://www.youtube.com/watch?v=yIUdl3drurk

Cuando te dicen: “deja reposar un tiempo tu texto”

¿Por qué es importante darle tiempo a lo que escribimos? 

Ilustrado de Rocío Parra para el libro La maestra Milagros

Son varias las razones, la primera porque un primer impulso emocional puede cegarnos a los errores; por eso hay que dejarlo reposar, y luego visitarlo habiéndolo olvidado, para así ser lectores de nosotros mismos con ojos de asombro y sí, también con ojos críticos.
Esa es la razón más común, pero hay otras, más del alma, más interiores.

A veces no has vivido aquello que tu texto necesita que vivas, a veces no has sentido todavía algo…

A veces el tiempo no es para escribir, sino para borrar. Por eso le damos tiempo al libro, no tanto para escribirlo, sino para borrar lo que un día escribimos… el acto de borrar es sagrado, porque dentro también hemos borrado algo… Ese borrar, y reescribir (en el renglón) es una manera de re escritura personal, es tomar el control de la vida a través de la palabra. 


La vida es evolución, quedar estancados es muerte. Cuando soy capaz de ver hacia mi primera frase y juzgarla, y corregirla, para dar algo mejor (nuevo) estoy en el proceso, el proceso es evolución, y mi escritura es su registro.

Porque dentro del libro evolucionamos, la importancia no es en sí el tiempo transcurrido, sino que ese tiempo lleva al autor a un proceso personal, y el libro es su reflejo. 

Te invitamos a vivir la aventura de escribir en nuestros talleres literarios.

Video del taller de Escritura Creativa https://www.youtube.com/watch?v=0H05ZCoABec

CREDO TRITHEMIUS

 

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“Creemos en un espacio libre de crítica destructiva, un espacio donde los errores sean amigos de nuestra superación, y los amigos ayuden a corregir los errores.
Creemos en que no existe una sola manera de hacer las cosas, sino muchas, tantas como seres humanos, y que la genialidad no es sino encontrar esa manera personal de acercarnos a nuestros dones. 


Creemos en el poder inmenso de la palabra, que es portadora de hechizos, con ella podemos hacer que alguien sonría o llore, que alguien perdone u odie. Creemos que la palabra debe ser sanada, reconciliada con su esplendor, devuelta la conciencia de su poder. 


Creemos que con la palabra es posible construir el cielo en la tierra, aunque hasta ahora se haya enfocado el mundo más en la construcción del infierno sobra la tierra, creemos que es hora de invertir el peso en la balanza, ya tocan siglos de luz.


Creemos que los libros son hijos de los autores, y con el paso del tiempo se vuelven los mejores maestros de esos mismos autores. Creemos que un libro es inmortal y lleva nuestros pensamientos a otros continentes, a otros tiempos, a otros mundos, por eso debemos cuidar mucho lo que escribimos, porque se queda como semilla de baobab creciendo, dando frutos ácidos, amargos, o dulces. Creemos en los frutos dulces.


Creemos que todos pueden ser escritores si así lo deciden, siempre y cuando encuentren placer en la atención esmerada de sus palabras, en el estudio profundo de la ciencia del lenguaje, en la constante enmienda de los errores en pro de la claridad y la belleza, y… ¡en leer más que en escribir!, leer a los que han escrito renglones gloriosos es como tener a nuestra disposición al Gran Maestro de la orden de los que escriben.


Creemos que un maestro es un amigo, pero también que es alguien a quien deberás respetar y agradecer siempre por aquello que te ha enseñado. 


Creemos en la excelencia, la propia, entendida no como superar a otros, sino como superarte a ti mismo y dar lo mejor de ti, hasta el extremo en donde esté tu excelencia.
Creemos que escribir sana, primeramente, al escritor, no escribimos para la fama, escribimos para sublimar la vida, escribimos porque escribir nos da vida.


Creemos que la lectura es como la democracia, es para todos, pero no todos se animan a experimentarla.”

 

https://www.youtube.com/watch?v=x_et2kxttcM&ab_channel=TRITHEMIUStalleresliterarios

 

Video
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LOS MÁS JÓVENES

Por Magdalena Dueñas

No nos cansemos de escribir sobre lo bueno que hemos visto, después del sismo, en nuestra Patria. Cansados estábamos de lamentarnos, casi dándonos por vencidos ante la injusticia, la violencia, la impunidad.

Algunos de los que ya tuvimos oportunidad de trabajar muchos años, dejando lo poco o lo mucho que teníamos para dar, no estábamos plenamente conscientes de que los que vienen atrás, los muy jóvenes, heredaron el hartazgo, pero tienen la fuerza, y, hacia dónde se encauce ésta, es lo que importa.

 

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Parecen indolentes, desaliñados, dicen “guey”a cada instante como si el lenguaje estuviera mutilado, no se interesan mayormente por la historia oficial, parecen ajenos al mundo adulto, en casa no se distinguen por ser los más acomedidos para ayudar en las tareas del hogar, pareciera que habitan en otra dimensión cuando escuchan algo ajeno a sus aficiones, porque la era de la tecnología los atrapó de lleno y viven para ella, inclinados hacia algún artefacto, con audífonos en vez de orejas, y con una velocidad en los dedos para teclear, que la mejor mecanógrafa de otros tiempos envidiaría.

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Los hay de todas clases sociales y económicas.No suelen aceptarse entre ellos fácilmente pues manejan códigos distintos para la convivencia según los grupos de pertenencia. Si alguien hubiese querido organizar una gran campaña para reunirlos, no habría sabido por dónde empezar.

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Algo pasó. Bastó que la tierra se moviera en Oaxaca y Chiapas primero, en Morelos, Puebla, y en la Ciudad de México después, para que los mexicanos, todos, quisiéramos tender nuestras manos para ayudar. Y justamente han sido los más jóvenes quienes han dado ejemplo de lo que significa ser solidario: He visto escenas de jovencitos acarreando piedras, repartiendo agua, café, tortas, llevando lo que pueden a las zonas de desastre. He visto adolescentes que se organizan y alquilan un camión para ir personalmente a ayudar a los más pobres; otros que están ayudando con sus manos, a levantar las humildes casas de los damnificados en Oaxaca, adoptando mascotas perdidas, trabajando en centros de acopio, tratando de ser útiles sin importar el cansancio o la lluvia.

Alguien comentó un hecho que retrata al buen mexicano :” Cuando pasó el sismo y se vieron los primeros edificios desplomados, la gente no corrió alejándose de ellos, corrió hacia ellos en un movimiento sincronizado”.

Después, fue descubrir quién perdió a sus seres queridos, o el patrimonio familiar, o el trabajo, o todo. En ese recuento de las pérdidas nos percatamos de que, junto con la tierra, se cimbró la consciencia, se encendió una luz con la certidumbre de que unidos podemos ayudar y exigir que los recursos públicos se usen en la población , no en la auto promoción de políticos. Al conocerse que la ayuda enviada por la sociedad estaba siendo aprovechada por “buitres”, el rechazo fue general, tuvieron que devolverla ante la exhibición pública que se hizo a través de las redes sociales.

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Una vez más , los jóvenes nos demostraron que pueden organizarse, son amables pero se indignan ante la rapiña o la injusticia; solidarios, más no acarreados; incansables cuando es necesario, inteligentes en sus iniciativas, y sobre todo, que México cuenta con ellos. ¡Hay esperanza!

  • Este texto nació en el corazón de Trithemius Tallertes Literarios. Aquí queremos también reconstruir nuestro mundo, y lo hacemos con lo que tenemos: las palabras.

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La alquimia y yo

Por Irma Elena del Ángel Meza

 

Alquimia… el arte y la ciencia que busca la transformación o transmutación de la materia (usualmente se trataba de trasmutar el metal en oro).  Para conseguir estos cambios se requería de tres fases: Nigredo, Albedo, Rubedo.

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ESPIRITUALMENTE es la transformación del cuerpo y la mente con el fin de convertir a la persona a una nueva conciencia.

El alquimista da cuenta del vínculo indivisible entre El Creador, El Universo y La Naturaleza Humana.

A veces la vida nos empuja a una “Nigredo”; otras, podemos hacer una “Nigredo” por decisión propia.

La Nigredo es el primer paso para toda transmutación, el primer umbral para todo cambio. Nigredo es “rompernos” “resquebrajarnos”, para dejar entrar la Luz. Suena fuerte y lo es, significa que hay que soltar, dejar ir, disciplinarse y re-armarse de otra manera.

Albedo es la segunda fase, el “blanqueamiento”. Representa el proceso de purificación espiritual, el “despertar” de la conciencia para alinearla con la Conciencia Superior.

 

La Rubedo o enrojecimiento es la tercera y última fase, y consiste finalmente en la transmutación, en la unificación del hombre con LA FUENTE.

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Este texto fue producto del taller de Hermenéutica en Trithemius Talleres Literarios, en clase hablamos de la relación de la alquimia con las fases de trasformación personal; vimos que todo autor se mueve en dos mundos, el simbólico y el literal.

Si deseas más información acerca de los talleres puedes ver este video:Trithemius Talleres Literarios