Sólo atravesando ciertos límites pasa el individuo a una nueva zona de experiencia.
Joseph Campbell
Para comerte mejor…
Imagen del blog colorgrafico.wordpress.com
¿Es CaperucitaRoja una
historia tan inocente como parece a primera vista?
Anterior a la versión que la mayoría conocemos (difundida por Perrault y los hermanos Grimm), el cuento de Caperucita Roja nació durante una época en la que no existía la literatura infantil como tal. Los niños y los adultos se reunían juntos en la plaza para escuchar a los contadores de historias. Entonces había algunos cuentos cuya función era la de advertir no solamente a los niños, sino al público en general, sobre los peligros inherentes a la vida. Caperucita Roja trata del acoso de un lobo a una niña… Si nos detenemos en la literalidad, ésta es un argumento sencillo, pero si ahondamos un poco y penetramos los símbolos es posible descubrir algo mucho más intenso:
En una de las versiones de este cuento, analizada en el libro La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, del Fondo de Cultura Económico, leemos de una niña que va a visitar a su abuela enferma y en el camino por el bosque se encuentra un lobo que le cuestiona:
“¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas, o el de los alfileres?”
Para quienes han intentado fabricar un vestido saben que hay dos formas de hacerlo: podemos usar sólo alfileres y cocer, lo que implica que el trabajo nos llevará muy poco tiempo (con el riesgo de que si no somos expertos es posible arruinar la labor), o podemos hilvanar minuciosamente la tela con una aguja para hacerlo como es debido. La niña ha sido aleccionada por su madre y sabe que no debe ir por el camino fácil, así que responde al lobo “por el de las agujas”.
Pero el lobo es astuto y “experimentado”, puede ir por el camino de las agujas, llega primero a la casa de la abuela, y se la come. En algunas versiones infantiles se aplicó la censura y el lobo sólo esconde a la abuela en el armario, pero censurar es una forma de eliminar el símbolo: la abuela está ahí representando la sabiduría. El lobo debe comerse a la abuela para que la niña no tenga acceso a ella (a la sabiduría) y él pueda más fácilmente convencerla de sus propósitos…
¿No deberíamos preguntarnos en este momento por qué no se comió a la niña justo donde la encontró? ¿No resultaba más fácil y práctico para el lobo hacerlo así?
Bien, si la intención del lobo sólo es comer a la niña, la respuesta a todas estas preguntas es sí, pero si la intención del lobo no es literal y debemos enfrentarnos de nuevo a los símbolos, ésta es la clave de lo que el cuento representó en sus orígenes: ¿En dónde se come el lobo a Caperucita y después de qué tipo de preguntas? El lugar que el lobo elige para “comer” a Caperucita es la cama, y las preguntas sobradamente sensuales.
En una recopilación de cuentos franceses del siglo XVIII de Paul Delarue y Marie-Louise Teneze (París 1976) encontramos la siguiente versión: “Abuela, ¿por qué estás tan peluda? Para calentarme mejor, hijita. ¿Abuela, por qué tienes esos hombros tan grandes? Para poder cargar mejor la leña, hijita…” y así sucesivamente el “lobo” responde a la niña, justo como respondería un hombre a una mujer curiosa.
El cuento ha sido despojado de su intención original para adaptarlo con gran éxito al público infantil. Sin embargo, en el proceso evolutivo de la historia se han perdido valiosas pistas.
El final de algunas versiones es más sanador que el de otras: el lobo se come a la niña, un cazador lo encuentra dormido cercas del río, le abre la panza y saca a Caperucita, a la manera de un parto por cesárea. Una experiencia así permite al individuo, que ha pasado por una de las muchas trampas de la lobísima vida, volver a nacer. El lobo se traga a la protagonista, como sucede en la realidad, pero la liberación última, a pesar del traumatismo brinda redención y esperanza, ¡y eso, es sanador!
Me gustaría aprovechar este espacio
para compartir con los lectores las palabras del Jefe indio Seattle, dirigidas
al hombre blanco en 1855 como respuesta a la “solicitud” de venta de sus
tierras. Al parecer estas palabras resultan proféticas, escuchemos:
“¿Cómo se
puede comprar o vender el cielo? ¿Acaso se puede poseer la lluvia y el viento?
La idea nos resulta extraña. Ya que nosotros no poseemos la frescura del aire o
el destello del agua. ¿Cómo pueden comprarnos esto?
Cada parcela
de esta tierra es sagrada para mi gente. Cada aguja brillante de pino, cada
ribera arenosa, cada niebla en las maderas oscuras, cada claridad y zumbido del
insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo.
Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos también son sus hermanos y deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida.
Trata a su
madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran,
se explotan y se venden como ovejas o cuerdas de colores. Su apetito devorará
la tierra, dejando atrás solo un desierto.
La sola vista
de sus ciudades apena los ojos del piel roja, pero quizá esto es porque el piel
roja es un salvaje y no entiende.
Las ciudades
están llenas de pánico a los ojos de piel roja. No existe un lugar pacífico en
las ciudades del hombre blanco. El ruido solo parece insultar nuestros oídos.
El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres
comparten un mismo aliento.
Yo soy un
salvaje y no entiendo como el humo del caballo de hierro puede ser más
importante que el búfalo, al que nosotros matábamos solamente para poder
sobrevivir.
Cualquier cosa que le pasa a los animales, le pasará también al hombre. Todos los seres están relacionados. Cualquier cosa que acontezca a la tierra, acontecerá también a sus hijos.
Pero si decidimos vender la tierra, deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros; que la tierra es nuestra madre.
Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no teje la red de la vida, no es más que un hilo de ella. Todo lo que hacemos a esta red, nos lo hacemos a nosotros mismos.
Si vendemos nuestra tierra, ámenla como nosotros la hemos amado. Preocúpense de ella, como nosotros nos hemos preocupado. Guarden en la memoria el recuerdo de la tierra tal como era cuando la recibieron. Conserven la tierra, el aire y los ríos para los hijos de sus hijos, ámenla como nosotros la hemos amado y como la Divinidad nos ama a todos nosotros.”
Si deseas dar continuidad al tema tal vez te interese acercarte a este canal mediante alguno de nuestros videos:
El poeta Rainer Maria Rilke, nacido el 4 de diciembre de 1875, en la República Checa, nos ha legado, entre varias obras de extraordinario valor, un libro formado por diez cartas, escritas entre 1903 y 1908 a un joven poeta que solicita consejo sobre la vocación a la cual se siente llamado. Aparentemente breve, como todas las cosas que valen la pena, el texto se niega a ser un tratado descomunal de términos eruditos que dejan al lector pasmado, pero ignorante; Rilke intenta sólo animar a su joven discípulo a seguir el llamado misterioso de esa vocación tremenda. En diez cartas que condensan el sentir de Rilke con respecto a varios temas, sentimos la fascinación de la palabra sencilla y profunda con la que un verdadero mago del lenguaje expresa:
“Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un camino: entre en usted.”
En la actualidad la poesía permanece como influjo lumínico de sectores cada vez más reducidos, las grandes masas entienden por poesía una suerte de cancioncilla de las palabras y un sentimentalismo empalagoso. La verdadera poesía es más bien una manera de abordar lo más profundo y grave de la vida humana, aquello que interesa a todos y en todos encuentra cabida. Pero para estar a tono con la poesía es necesario abrir el corazón y contemplar la vida, y cito una frase de la primera carta del libro:
“Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted de no ser lo bastante poeta como para encontrar sus riquezas”.
Es dado a todos el mundo, pero no todos lo contemplan con la gravedad, el gusto, el arrobo y profundidad del poeta. Sólo quien tiene el alma atenta a los signos que se manifiestan a diario es capaz de percibir la voz de las cosas más simples y pequeñas como mensajes divinos. Porque el poeta comprende que la voz de Dios es un gran poema. Y es en su segunda carta que Rilke se manifiesta lector de un libro total: “de todos mis libros pocos me son indispensables, dos de ellos van siempre conmigo dondequiera que esté: la Biblia y los libros del gran escritor danés Janes Peter Jacobson…”. Qué distinta esta pequeña bibliografía a la larga lista que un erudito maneja en una conferencia sobre alguna obra de arte, qué distinto a algunos cursos a los que asisten alumnos con hambre de un conocimiento profundo; cursos de los cuales salen con una admiración ciega hacia el recitar absurdo de autores y obras inaccesibles, sintiendo en lo profundo más lejana que nunca la poesía. En cambio Rilke casi ruega al aprendiz de poeta :
“lea lo menos posible textos de crítica estética. Las ideas vertidas en ellos suelen ser opiniones de escuela, petrificadas y carentes de sentido por su endurecimiento ya sin vida (…) las obras de arte son de una soledad infinita, y nada es tan poco apropiado para abordarlas como la crítica, sólo el amor puede comprenderlas, tratarlas y ser justo con ellas.”
“dejar que cada impresión y que cada germen de sentimiento se completen totalmente en sí, en la oscuridad, en lo indecible, en lo inconsciente, y esperar con profunda humildad y paciencia la hora del nacimiento de una nueva claridad.”
Artículo publicado en la revista Portada en septiembre del 2012
Escribir bien para niños es igual de complicado que escribir bien para adultos.
Acerca de Literatura Infantil y Juvenil
Entrevista a Yolanda Ramírez Michel
Yolanda, eres una autora polifacética, sé que tienes escritos
libros en varios géneros literarios, pero hoy quiero enfocarme en los libros
para el público joven. Desde tu perspectiva, ¿cuál
es la importancia del fomento a la lectura desde la infancia?
Es importante porque les muestras una actividad que da felicidad por encima de todo; lo demás -esas cosas que los docentes tanto alaban-, viene junto con pegado, pero yo lo que creo es que lo más importante al fomentar la lectura, es que fomentamos la felicidad.
¿Cómo puede influir la literatura en el desarrollo de un niño?
Un niño lector adquiere herramientas de lenguaje que se traducen en herramientas cognoscitivas. Un cuento es un tratado sociológico de fácil digestión, un dulce con vitaminas y minerales.
El gran niño, electrones de un sueño, primera edición
¿Existe algún texto de literatura infantil que haya marcado tu
infancia? Y…, ¿cuál fue el motivo?
Te hablaré de dos:
Primero: Los Pardaillan,esos libros me tenían hechizada, 33 tomos de aventuras de mosqueteros. No sé si de ahí se derivará mi actual pasión por Don Quijote.
Y segundo: Mi papá me regaló un libro donde se contaban las aventuras de los héroes de la Biblia como si fuera un cuento de hadas, creo que eso ciertamente determinó mi actual pasión por la mitología y los relatos sagrados.
Ilustración de la primera edición de La Maestra Milagros
¿Crees que escribir para niños es más sencillo que escribir para
adultos?, ¿por qué?
Todos somos magos, de editorial Edelvives
Escribir bien para niños es igual de complicado que escribir bien para adultos. La dificultad de escribir bien y adecuado a cierto público, estriba en saber utilizar los símbolos, personajes y las estructuras ideales. Al niño hay que contarle la vida con la misma dedicación que se la contamos al adulto. El niño merece que los escritores que escriben para ellos sean profesionales y no advenedizos del género que creen que por ser niños pueden darles cualquier historia simplona.
¿Existen diferencias notables entre la literatura infantil de épocas pasadas y la actual?
Sabes, antes no existía la denominada “literatura infantil”, los niños se apropiaban de ciertas historias para adultos, las que les llamaban la atención (ni siquiera los cuentos de hadas fueron escritos originalmente para niños). El género que nosotros denominamos “literatura infantil” tiene relativamente poco tiempo, digamos que comenzó a formarse a mediados del siglo XVIII cuando el librero y editor John Newery abrió las puertas de su Juvenile Library, él fue famoso por publicar libros asequibles a los más jóvenes y por considerar la infancia como un público específico, una idea novedosa pero que no se haría realidad plenamente sino hasta el siglo XIX.
¿Cuáles son los temas tabúes en la literatura infantil?
No deberían existir temas tabúes, lo que debería estar prohibido es tratar de moralizar al niño, utilizar la literatura infantil para moralizarlo es equivalente a lo que hacen los colonizadores al llegar a una tierra virgen.
Todos los temas -todos-, pueden ser tratados en la literatura infantil y juvenil, la cuestión es cómo, con qué imágenes, qué símbolos, qué personajes y qué lenguaje.
La maestra Milagros, segunda edición
¿Existen códigos de censura en este tipo de literatura?
Sí, hay muchos, pero estos los dan las editoriales, los autores no deben tenerlos. El autor debe estar al servicio del “llamado”, y si el tema que lo solicita es un tema escabroso, deberá buscar qué editorial lo acepte.
¿Qué debe tener, o qué no debe faltar en la literatura infantil?
Que sea divertido, que encante al lector. Pero creo que eso debe ser no sólo para los jóvenes, sino para todos los que comienzan a leer, no importa la edad. La edad lectora no tiene relación con la edad cronológica. Hay lectores de 12 años que ya leen La Odisea. Hay lectores de 60 años a los que debemos conquistar con libros sencillos y por supuesto divertidos.
Luz en Pueblo Pequeño, editorial Salto Mortal
Por último, ¿actualmente tienes algún proyecto en puerta?,
¿algún libro por publicar?
Claro, el corazón siempre debe estar cargado de sueños, los sueños son la sangre de la vida. Y para alguien que escribe, los sueños y los libros siempre van de la mano.Por lo pronto te digo que está próxima a publicarse un mito sumerio... no te digo más, ya será cuando esté listo motivo para otra entrevista.
Gracias, Yolanda, y dime ¿cómo puede el público conocer más de tu obra?
Esa bendita manía de clasificación. Clasificamos todo en una afán por entender ese mundo variado que nos rodea. Pero clasificar también es separar irremediablemente. Y separar deja a unos del otro lado de la linea…
Ilustración de Rocía Parra
¿Desde cuándo existe el género denominado Literatura Infantil y Juvenil, si los niños y jóvenes existen desde siempre?
Hoy en día, hay un mercado especializado en casi todo. La literatura no se quedó atrás. El problema es que creamos sin cuestionar el rubro en el que hemos sido ubicados por los mercados internacionales.
Uno de los géneros en los que se ha pretendido dejar fuera a los adultos, y que merece nuestra atención, es el Libro Álbum, ¿en qué consiste? Se conoce por álbum ilustrado o libro-álbum a toda obra literaria que combina la información implícita en la imagen y la palabra para dar entre ambas un sentido superior, imagen y palabra mantienen una relación de interdependencia, lo que significa que uno no puede ser entendido en su totalidad sin el otro. Y cada uno de los elementos suma significado al otro desde las posibilidades de su formato.
PERO ESO NO ES TODO…
Espejo, de Suzy Lee
En el libro álbum el significado se va dando también gracias a la suma de herramientas de diseño gráfico y decisiones editoriales tales como el formato, el tamaño, el papel, los colores, y otros sistemas de significado aledaños.
¿Entonces, es algo más que un libro con ilustraciones?
Claro, es todo un universo de información con claves para todas las edades. Es el diálogo y la articulación de dos códigos simultáneos: el texto y la imagen. En el libro álbum pueden estar ocultos códigos semánticos que despliegan su significado según el grado de atención de los lectores, su gracia es que es para todos. La edad nos hará ver cosas distintas a las que ve el niño.
Un lector, no es quien conoce las letras y sabe unirlas para formar palabras, es mucho más. El lector lee la vida, lee los signos que no vienen en palabras, sino en imágenes vibrantes a la vuelta de la esquina.
Voces en el parque, de Anthony Brown
Un libro es más que palabras, es un universo de información.
Desafortunadamente, todavía se tiene la sensación de que leer un libro de mil páginas es más importante que leer un libro álbum. No entendemos que la cantidad no es sinónimo de calidad.
Aquí les comparto una lista de algunos imprescindibles, para quienes deseen entrar a este maravilloso mundo del ideograma moderno:
Voces en el parque, de Anthony Brown
El higo más dulce, de Chris Van Allsburg
El sonido de los colores, de Jimmy Liao
Olivia, de Ian Falconer
Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak
Zoom, de Istvan Banyai
Emigrantes, de Shaun Tan
Espejo, de Suzy Lee
Todos somos magos (upss, no pude evitar inmiscuirme)
Algunos de estos libros, incluso no contienen el discurso escrito, las imágenes dan seguimiento a un discurso que siendo vital, no llega a ser signo, sino palabra interiorizada:
Como en esta imagen del libro Emigrantes, de Shaun Tan.
Los invitamos a confiar en que el género Libro Álbum es para todos, porque la literatura no sabe de fronteras, y es ella misma medio de liberarnos de cualquier determinismo.
Al escritor lo da a luz su obra. Su obra lo llama desde el interior de sí hasta que el escritor se da a luz como tal. La obra que él va gestando lo gesta a él también. No pueden darse la una sin el otro, la obra nace de la vida y desde ahí espera las palabras que la nombran.
¿Cómo nace un escritor?
Nace cuando unifica lo que le enseña la vida y lo que le han enseñado sus lecturas. Nace cuando no espera que le expliquen cosas de sí mismo los psicólogos, más que sus propios personajes.
¡¿Cómo nace?!
Nace cuando se da permiso de volverse él su obsesión más explícita, para así ser él la obsesión que escribe. Nace cuando lo dan a luz aventuras oníricas sin solicitar ningún permiso a su editor, ni a los lectores, ni a ninguna mercadotecnia. Nace cuando su primer libro es el último, y cada libro se vuelve a gestar como si siempre fuera el primero y el último.
No hay “cómo” general, cada obra tiene su particular metodología. En tanto sea particular, y se aleje de los esquemas masificadas, de los modelos prefabricados, de los seguimientos de formato, la obra será genuina, y será capaz de dar vida a su escritor.
Trithemius Talleres Literarios
Somos una comunidad que ama la escritura, los libros, la palabra.
El Tarot de don Quijote es un proyecto que vincula la sabiduría de ambos libros. el Quijote y el Tarot. El Tarot es un libro de imágenes, y don Quijote un libro de símbolos. La primera edición, publicada por la editorial Salto Mortal (2016), contiene: El libro teórico, el oráculo y su mazo de cartas.
1.- El libro teórico.
El libro teórico contiene 22 capítulos con la investigación realizada por la Maestra Yolanda Ramírez Michel, acerca de los 22 arcanos mayores del Tarot, y su relación con ciertos capítulos y/o personajes del Quijote (más adelante te compartiremos un capítulo para que puedas darte una idea). En el libro teórico la estética iconográfica toma como base el Tarot de Marsella.
2.- El oráculo de don Quijote
El oráculo de don Quijote inicia con una introducción para realizar poemancia (ciencia practicada por los poetas surrealistas, y que consistía en abrir un libro de poesía y que los versos respondieran a inquietudes muy profundas), y consta de 22 poemas oraculares. La iconografía del poemario deriva de la interpretación del ilustrador Pedro Becerra
3.- El mazo de cartas
El mazo incluido en esta primera edición del Tarot de don Quijote acompaña la iconografía del oráculo.
Acerca de la autora:
Yolanda Ramírez Michel es poeta, ensayista y narradora mexicana; Doctora Honoris Causa en Ciencias de la Educación por la Universidad Santander. Se ha especializado en Mitología Comparada y Hermenéutica, es promotora de lectura, conferencista y docente. Es fundadora de la comunidad cultural Trithemius Talleres Literarios, y directora de publicaciones de la editorial Salto Mortal. Sus obras publicadas son: El gran niño, electrones de un sueño, (El viaje ediciones 2005/ Progreso 2008); Jacinta, (La Zonámbula 2008); La maestra Milagros (Progreso 2010/ Panamericana 2015); Palingenesia (C&F ediciones 2011); Los mitos del alba, (CECA 2011); Grimori Mundi (Salto Mortal 2013); Litterae (Salto Mortal 2014); Todos somos Magos (Edelvives Progreso 2014); El Tarot de don Quijote (Salto Mortal 2015); El Oráculo de don Quijote (Salto Mortal 2016); el Manifiesto Luminista (Salto Mortal 2017); Crónica de una reparación vital (Salto Mortal 2018); y Nimué la dama de los cuentos (Panamericana 2019). Coordinó la antología de cuentos para jóvenes y niños Submarinos de papel I y II (2009 y 2010 respectivamente), Actus Magno, los conejos también escriben (2011), Los cuentos de la calle Lux (2012), Fiestas de Yule (2013) y Nuevas Fiestas de Yule (2016).
Aquí te compartimos el capítulo del Loco:
EL LOCO
Don Quijote
El mundo hoy en día se ha vuelto demencial… y, quizá la única manera de
no perder la cordura sea vivir absurdamente para el mundo.
Entonces… ¿ser cuerdo en un mundo así me vuelve un
loco?
“Loco” -dirán muchos- y querrán ofender; “loco” -dirán
otros- y una leve inflexión en su voz revelará desconcierto ante la extrema originalidad, o asombro frente
el valor con que alguien se lanza a la aventura. “¡Loco!” es la
exclamación de los normales ante
quien no se sujeta a usos y costumbres.
También es loco el
que no ha soportado la realidad, y se fuga…
“Loco”
tiene algo de cielo, algo de infierno; también algo de niño, algo de hombre
libre, algo de valor llevado a los extremos (aparentemente innecesarios para
algunos, los que juzgan), y también tiene algo de manicomio, algo de descontrol
y pérdida del piso.
Hace muchos años en
la antigua Grecia no existía el sustantivo “loco”, sólo existía el
verbo “enloquecer”; lo que le sucedía al hombre que actuaba de manera
extrema, pasional, salvaje, descontrolada, era que el dios Baco lo poseía. Acción
pura. La lengua griega no sustantivaba la locura, el hombre podía entrar y
salir de ella, sin llevar la palabra a cuestas de por vida como un fardo.
Mucho de lo que
produce inspiración a los artistas, y las cosas que hacen, dicen, o piensan,
son para el mundo locura, no obstante,
a la hora de admirar sus obras, el mundo cae rendido a los pies de aquel que,
en primera instancia, juzgaron o que incluso siguen juzgando como “loco”,
aunque muy dentro, y a su pesar, lo admiren.
También sucede que,
damos en llamar “loco”, al que arriesga el pellejo por una causa
noble; o al que deja una buena y lucrativa empresa por seguir un sueño.
Y no hay que
olvidar el dicho: de músico, poeta y
loco, todos tenemos un poco, o quisiéramos tener un poco.
Cuántos locos…
En el Tarot también
hay un loco; un loco que viste traje de bufón. Parece, por el hatillo que carga
a la espalda, que se fugó de casa y abandonó sus bienes. Va directo a la
aventura colmado de entusiasmo. Avanza con rumbo diestro, es el loco del bien,
de las buenas intenciones, de los sueños utópicos. Vaya, ¡el loco del bien!,
qué palabras evocadoras, en un dos por tres viene a la memoria la figura del
caballero andante más famoso del mundo: don Quijote de la Mancha, del que
muchos se reían por su insistente búsqueda de heroicidad ante un mundo brutal, por
su atuendo anacrónico y bufonesco. Don Quijote, el que sale de la comodidad del
hogar para ir por el mundo a luchar por los desamparados, los débiles… el que
se lanza en pos de aventuras con la ingenuidad de un niño, con el valor de un
guerrero, don Quijote de la Mancha, el gran idealista.
En la literatura, cuando
aparece un loco o un bufón es porque su condición de seres periféricos les
permite decir las cosas que a otros están vedadas, las autoridades no prestan tanta
atención a sus palabras… y si lo hacen hay manera de evadir la censura: lo dice un loco, ¿qué te apura? Tal vez sería mejor ser prudentes a la hora
de juzgar a los locos, atender con menos recelo sus imaginerías… y más si su
voz resuena durante siglos por las páginas de un libro; y más en el caso de don
Quijote, que no es cabalmente un loco, es más, mucho más…
…y, entre todos
esos más, don Quijote ¡es lector!, y
como lector es que adquiere sus primeras trazas de alucinado, ¿quién va a negar
que eso hacemos los lectores? Alucinamos bajo el dulce yugo de un renglón
glorioso. Por eso los lectores nos reconocemos en don Quijote desde que lo
sabemos gastador de sus ralos ingresos a favor de la causa líbrica; y es que muchísimas de las cosas que hace, dice y piensa
son el pan nuestro en los cada un días de la vida de un lector. Eso de defender
con toda el alma a los personajes de los libros, como si fueran seres de carne
y hueso, nos pasa seguido… muy seguido. Eso de estar al borde de las lágrimas
ante una página, porque de ella surgen con vida verdadera los seres narrados,
qué seguido lo vivimos. Cuántas veces salimos de alguna historia trasformados,
-y digo así: “salimos”, porque leyendo estamos adentro, y dejando de
leer estamos afuera- dispuestos a llevar las aventuras del papel a la vida… y,
si ésta no lo permite, al menos lo hacemos dentro, muy dentro, en lo más íntimo; ahí penetramos
dimensiones nuevas, vamos por un libro y éste nos lleva a otro, y con todo este
recorrido laberíntico, de lectura en lectura, un día nos encontramos
distanciados del mundo ordinario, la lectura nos ha llevado a otra patria, ahí
las palabras están vivas y han formado comarcas enteras. Ante nuestra
metamorfosis todo lo que antes era natural, se ha vuelto distante. Por eso, a
los lectores, muchos nos juzgan locos.
Don Quijote es un
lector. Un lector especialmente valiente, no se conformó con soñar las
aventuras de los libros, cargó con ellas, y con las fantasías, las llevó a casa;
más aún, supo advertir en la vida real lo que los libros contaban con trazos
fantásticos. Contempló la rutina con ojos de fábula, los monstruos del diario
vivir con mirada épica. Supo ver en medio de una realidad tangible, un denso
mundo de sombras, latiendo. Las visiones fantásticas de los libros salieron del
papel gracias a la lucidez de su mirada simbólica para abrir la carne de las cosas,
para insertar su analogía fantástica en los aparentemente sencillos avatares cotidianos,
y sólo así, habitando lo que otros llaman locura, pudo ver la belleza en un par
de toscas campesinas, o castillos donde unos simples adobes dan cobijo al
viajero, o princesas de buena cepa en las Doroteas que luchan por conservar el
amor.
Don Quijote es un
lector, y su historia, entre otras muchas cosas, habla sobre libros, objetos
materiales que trasforman la vida; no obstante, cuántos peligros ven en ello
quienes detentan el poder, o quienes no quieren arriesgarse a ver más allá de
sus narices, conformes con su enmohecida pero cómoda existencia. Mejor
considerarlo loco, loco por leer tantos libros de cabalería… perdón: caballería. Eso de salir de casa para ayudar a
otros, ¡qué locura! ¿No se conforma con leer acerca de héroes que buscan el bien?,
quiere hacer el bien, vivirlo, padecerlo en carne propia, dejar que estas cosas
le cambien la vida. Y todo sin ningún tipo de recompensa material. Y es que don
Quijote no va por ninguna recompensa material, hace las cosas porque lo guía un
sino trascendente, algo en su interior valida sus “torpezas”. Y eso, ¡cuánta
extrañeza les causa a muchos! No obstante, nosotros, lectores, ¡ay!, aunque
pudiéramos también ser algo conformistas, o racionales, o incluso escépticos, si
somos LECTORES indefectiblemente nos conmovemos, y seguimos al hidalgo con
secreta admiración en pos de la utopía, y cuántos nos reconocemos en la mayoría
de sus luchas y derrotas.
Y si tú, aunque
esto lees, no te consideras lector con toda la anchura de la palabra, piensa
que don Quijote no fue sólo lector de libros, y que, aquí no estamos tampoco
hablando sólo de esa clase de lectura, sino incluyendo una lectura viva, la de
la vida, (y las imágenes de la vida). Por eso nos impacta tanto a todos,
lectores y no lectores, este gran devorador de libros, algo en el personaje nos
imanta, posee un secreto que nos obliga tiernamente a amarlo, un anzuelo magnífico.
Es un anacrónico caballero andante, pero también es un niño ingenuo y bueno,
que la mayoría terminamos queriendo irremediablemente. Don Quijote se gana
nuestro cariño porque todo él es auténtico, sus acciones son trasparentes, por
ello los demás pueden manipularlo a veces, y lo hacen precisamente usando lo que
él lee, pueden usarlo porque para don Quijote lo que lee ya se volvió
importante, y significativo, le dio causa mágica al mundo material.
De la lectura a la
locura, y de la locura a la lectura, inevitable tratándose de esta historia.
Lectura y locura se vinculan, y los que somos lectores nos sentimos
extrañamente satisfechos de que alguien las vincule, es como si validara y
entendiera todas nuestras fantasías. No obstante, tratándose de lectores
también hay sus variantes, don Quijote es indiscutiblemente un lector, pero no
usa lo que lee principalmente para aumentar su intelectualidad, no está
buscando necesariamente saberes, está buscando más bien emociones, vida,
trascender la realidad a partir de experiencias límite. Sus lecturas no lo
llevan al liceo, lo llevan a lustrar las armas de sus ancestros, a salir de
casa para enderezar y desfacer entuertos,
quiere salvar damas en peligro, enfrentar gigantes. En pocas palabras, es
lector activo, permite que la lectura lo cambie, a don Quijote lo que le reboza
es el corazón. Quiere donarse totalmente, es AMOR entregándose, no pide nada; y
esto, obviamente, ¡es locura para el mundo!
…aunque una locura un
tanto extraña, sólo acontece en tratándose
del tema de la caballería. Fuera de ese tema sus discursos son del todo
lúcidos, ningún erudito pondría un pero a sus razones. Señores, es que don
Quijote no es un loco, ¡es un iluminado!, un iluminado extravagante. Para ver
lo que él ve, habrá que entender el mundo en su dimensión simbólica, habrá que
leer la alegoría, hacer exégesis y hermenéutica, sublime forma de leer; y por
eso El Quijote es grande, porque nos
reta a entenderlo así, con y por las causas de otro reino.
Carta:
Polo de evolución: potencialidad de ser, inocencia, entusiasmo, pureza
de intención, espontaneidad. Polo de involución: inconsciencia, absurdo,
demencia.
El mundo editorial se abre a lectores y escritores.
¿Con qué nos enfrentamos los editores de hoy?
Con la necesidad urgente del rescate del libro como objeto. Los libros electrónicos tienen todo el brillo que la facilidad, la gratuidad y la modernidad pueden ofertar. Los libros de una editorial no pueden competir con ello, a menos que usen todas las gracias del libro, propiciando que el lector desee tenerlo en sus manos, abrazarlo cuando un renglón lo conmueva, colocarlo sobre una mesita de noche, al alcance de la mano y la mirada, cercano a la lámpara del desvelo.
Si un editor no comprende que las estrategias comerciales nos llevan a un cuidado editorial y estético de la forma junto con el contenido, el editor habrá gastado en vano sus recursos, habrá dejado sus ojos en el altar de lo inútil, habrá regalado su valioso tiempo a la nada.
Por eso cada vez
hay menos editores dispuestos a invertir sus recursos en un libro, por eso los
servicios editoriales comienzan a ser sistemas viables para que un libro vea la
luz.
Pero, ¿lo comprenden los autores? ¿Comprenden el frágil hilo que sostiene la vida del libro? ¿Comprenden que las estrategias deben ser renovadas? ¿Comprenden que ya no se escribe más para una generación que se despide de su vista con resignación ante lo inevitable? Escribimos para un nuevo mundo, hemos de comprender otra América…
Autores y editores
deben unirse en una cruzada común en pro del rescate de un baluarte amenazado. Unirse,
no como enemigos apostados en dos lados de un territorio que es el mismo
territorio, sino como dos interesados en la misma sagrada encomienda.
Me pasa que, no importa si son autores nóveles o autores con trayectoria, hay los que olvidan que, un editor que atiende tu obra, es un quijote que ha dado lo más sagrado que posee: su tiempo, sus recursos, que podría gastar en otras aventuras. Y más: ha dejado de lado sus propios sueños para dar vida a los sueños de otros.
¿Por qué lo digo? Porque algunos autores, en lugar de facilitar nuestra tarea, que ya de por sí es compleja, hacen por inmiscuirse tanto que derrumban nuestras mejores intenciones. Cuando un editor le ha dicho que sí a un libro -pague o no el autor por ello-, el editor ha firmado un contrato invisible, el de dar sus horas y su entusiasmo, el de pensar lo mejor para el libro, el de coordinar al equipo de diseño e impresión. Pero… esto es inevitable, y hay que reconocerlo, y hablarlo, y superarlo entre ambos: el autor siempre tendrá otra visión con respecto a su obra, porque la visión siempre es personalísima, el autor casi siempre pensará que aquello pudo haber sido mejor de lo que fue. Seguramente opinará que el color, el diseño o el orden de algún gráfico debió haber sido distinto.
Esto hace que, poco a poco, los editores nos coloquemos una coraza de insensibilidad, ojalá los autores pudieran comprender esa locura de quijotes que nos hace estar en esta empresa y no en otra para seguir adelante por este camino en el que seremos más que sombras, ¿sabe alguien quién fue Juan de la Cuesta? Pero todos saben quién fue Miguel de Cervantes.
Aunque seas un autor fundamental, tu libro puede pasar años en una editorial, así le sucedió a Lizalde con el Fondo de Cultura Económica (link de la entrevista con este dato más abajo).
Los autores dependen del editor, de los recursos que consiga o ponga de su bolsa el editor, y de la experiencia que el editor ha ganado en este ramo. Y el editor necesita autores que se comprometan más allá de su ego, que se comprometan con la literatura, más que consigo mismos.
Si nos vamos a lanzar en pos de este sueño, habrá que comprender, no somos enemigos.
Como editor: haces tu trabajo lo mejor que puedes, algunos incluso hacemos más de lo que ningún contrato incluye, nos involucramos con los autores y su circunstancia, atendemos en horarios no laborales, nos casamos con la obra hasta soñar episodios donde nos persigue una errata. Nadie lee tantas veces el texto de un autor como su editor.
Buscamos con el equipo el diseño adecuado, el formato adecuado, la tipografía, incluso, cuando el autor paga su edición (porque las editoriales no tienen fondos suficientes para la avalancha de autores que nos solicitan), incluso entonces, buscamos la manera de acoplarnos a sus necesidades y su presupuesto, si la obra es buena.
Y se inicia el proceso.
Un día la obra muestra su cabecita
perfumada de tinta, como bebé que ya viene a la luz. Los editores somos los
primeros en verla, y cuánto gozo hay en ello.
A la brevedad llamamos al autor, o le mandamos foto para que más pronto goce, como nosotros, del próximo alumbramiento.
La mayoría de las veces (afortunadamente) el autor abraza su libro y sonríe. Otras veces, no…
Otras veces llega el ego, que a estas alturas ya se ha posesionado totalmente del autor en cuestión, el ego lo hace mirar con lupa cualquier interferencia con su ideal. El ego de este tipo de autor no lo deja gozar con el proceso, ha recibido ya con una mueca de disgusto algunas decisiones del editor acerca de cortes necesarios en su obra. El ego tampoco deja que el autor goce con la entrega de las muestras: le murmura desde un pernicioso susurro “no es como lo imaginabas”.
Un libro nunca será como lo imaginamos, es algo así como los hijos, que tienen un rostro propio, un rostro que a veces encanta al padre, un rostro que a veces sorprende. Pero los hijos corren con más suerte que los libros: como son hijos, la moral no deja que los rechacemos cuando los ponen en nuestros brazos. En cambio, hay autores que, a pesar de que el editor ha obrado milagros con palabras mal articuladas, textos plagados de lugares comunes, errores ortográficos, sintaxis y redacción incomprensible, aún después de que entregamos ese hijo de la “inteligencia” pulido y limpio, como un bebé recién bañado y a punto de bautizo, el autor lo mira, ¡¿y dime dónde la complacencia que nuestros sacrificios esperaban?! NADA.
Qué dolor -lo juro-, qué dolor para el editor que ha dejado sus ojos, su sueño, sus lecturas, sus descansos, en aquel hijo ajeno. Descuidando incluso sus propios libros (que un editor siempre tiene por ahí lo suyo).
Una disculpa, es que acabo de terminar un libro que ha costado particulares desgastes… y la autora no ha recibido con ninguna muestra de cariño el ejemplar.