El Tarot de don Quijote es un proyecto que vincula la sabiduría de ambos libros. el Quijote y el Tarot. El Tarot es un libro de imágenes, y don Quijote un libro de símbolos. La primera edición, publicada por la editorial Salto Mortal (2016), contiene: El libro teórico, el oráculo y su mazo de cartas.

1.- El libro teórico.

El libro teórico contiene 22 capítulos con la investigación realizada por la Maestra Yolanda Ramírez Michel, acerca de los 22 arcanos mayores del Tarot, y su relación con ciertos capítulos y/o personajes del Quijote (más adelante te compartiremos un capítulo para que puedas darte una idea). En el libro teórico la estética iconográfica toma como base el Tarot de Marsella.

2.- El oráculo de don Quijote

El oráculo de don Quijote inicia con una introducción para realizar poemancia (ciencia practicada por los poetas surrealistas, y que consistía en abrir un libro de poesía y que los versos respondieran a inquietudes muy profundas), y consta de 22 poemas oraculares. La iconografía del poemario deriva de la interpretación del ilustrador Pedro Becerra

3.- El mazo de cartas

El mazo incluido en esta primera edición del Tarot de don Quijote acompaña la iconografía del oráculo.

Acerca de la autora:

Yolanda Ramírez Michel es poeta, ensayista y narradora mexicana; Doctora Honoris Causa en Ciencias de la Educación por la Universidad Santander. Se ha especializado en Mitología Comparada y Hermenéutica, es promotora de lectura, conferencista y docente. Es fundadora de la comunidad cultural Trithemius Talleres Literarios, y directora de publicaciones de la editorial Salto Mortal. Sus obras publicadas son: El gran niño, electrones de un sueño, (El viaje ediciones 2005/ Progreso 2008); Jacinta, (La Zonámbula 2008); La maestra Milagros (Progreso 2010/ Panamericana 2015); Palingenesia (C&F ediciones 2011); Los mitos del alba, (CECA 2011); Grimori Mundi (Salto Mortal 2013); Litterae (Salto Mortal 2014); Todos somos Magos (Edelvives Progreso 2014); El Tarot de don Quijote (Salto Mortal 2015); El Oráculo de don Quijote (Salto Mortal 2016); el Manifiesto Luminista (Salto Mortal 2017); Crónica de una reparación vital (Salto Mortal 2018); y Nimué la dama de los cuentos (Panamericana 2019). Coordinó la antología de cuentos para jóvenes y niños Submarinos de papel I y II (2009 y 2010 respectivamente), Actus Magno, los conejos también escriben (2011), Los cuentos de la calle Lux (2012), Fiestas de Yule (2013) y Nuevas Fiestas de Yule (2016).

Aquí te compartimos el capítulo del Loco:

EL LOCO

Don Quijote

  El mundo hoy en día se ha vuelto demencial… y, quizá la única manera de no perder la cordura sea vivir absurdamente para el mundo.

Entonces…  ¿ser cuerdo en un mundo así me vuelve un loco?

“Loco” -dirán muchos- y querrán ofender; “loco” -dirán otros- y una leve inflexión en su voz revelará desconcierto ante la extrema originalidad, o asombro frente el valor con que alguien se lanza a la aventura. “¡Loco!” es la exclamación de los normales ante quien no se sujeta a usos y costumbres.

                También es loco el que no ha soportado la realidad, y se fuga…

                “Loco” tiene algo de cielo, algo de infierno; también algo de niño, algo de hombre libre, algo de valor llevado a los extremos (aparentemente innecesarios para algunos, los que juzgan), y también tiene algo de manicomio, algo de descontrol y pérdida del piso.

                Hace muchos años en la antigua Grecia no existía el sustantivo “loco”, sólo existía el verbo “enloquecer”; lo que le sucedía al hombre que actuaba de manera extrema, pasional, salvaje, descontrolada, era que el dios Baco lo poseía. Acción pura. La lengua griega no sustantivaba la locura, el hombre podía entrar y salir de ella, sin llevar la palabra a cuestas de por vida como un fardo.

                Mucho de lo que produce inspiración a los artistas, y las cosas que hacen, dicen, o piensan, son para el mundo locura, no obstante, a la hora de admirar sus obras, el mundo cae rendido a los pies de aquel que, en primera instancia, juzgaron o que incluso siguen juzgando como “loco”, aunque muy dentro, y a su pesar, lo admiren.

                También sucede que, damos en llamar “loco”, al que arriesga el pellejo por una causa noble; o al que deja una buena y lucrativa empresa por seguir un sueño.

                Y no hay que olvidar el dicho: de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco, o quisiéramos tener un poco.

                Cuántos locos…

                En el Tarot también hay un loco; un loco que viste traje de bufón. Parece, por el hatillo que carga a la espalda, que se fugó de casa y abandonó sus bienes. Va directo a la aventura colmado de entusiasmo. Avanza con rumbo diestro, es el loco del bien, de las buenas intenciones, de los sueños utópicos. Vaya, ¡el loco del bien!, qué palabras evocadoras, en un dos por tres viene a la memoria la figura del caballero andante más famoso del mundo: don Quijote de la Mancha, del que muchos se reían por su insistente búsqueda de heroicidad ante un mundo brutal, por su atuendo anacrónico y bufonesco. Don Quijote, el que sale de la comodidad del hogar para ir por el mundo a luchar por los desamparados, los débiles… el que se lanza en pos de aventuras con la ingenuidad de un niño, con el valor de un guerrero, don Quijote de la Mancha, el gran idealista.

                En la literatura, cuando aparece un loco o un bufón es porque su condición de seres periféricos les permite decir las cosas que a otros están vedadas, las autoridades no prestan tanta atención a sus palabras… y si lo hacen hay manera de evadir la censura: lo dice un loco, ¿qué te apura?  Tal vez sería mejor ser prudentes a la hora de juzgar a los locos, atender con menos recelo sus imaginerías… y más si su voz resuena durante siglos por las páginas de un libro; y más en el caso de don Quijote, que no es cabalmente un loco, es más, mucho más

                …y, entre todos esos más, don Quijote ¡es lector!, y como lector es que adquiere sus primeras trazas de alucinado, ¿quién va a negar que eso hacemos los lectores? Alucinamos bajo el dulce yugo de un renglón glorioso. Por eso los lectores nos reconocemos en don Quijote desde que lo sabemos gastador de sus ralos ingresos a favor de la causa líbrica; y es que muchísimas de las cosas que hace, dice y piensa son el pan nuestro en los cada un días de la vida de un lector. Eso de defender con toda el alma a los personajes de los libros, como si fueran seres de carne y hueso, nos pasa seguido… muy seguido. Eso de estar al borde de las lágrimas ante una página, porque de ella surgen con vida verdadera los seres narrados, qué seguido lo vivimos. Cuántas veces salimos de alguna historia trasformados, -y digo así: “salimos”, porque leyendo estamos adentro, y dejando de leer estamos afuera- dispuestos a llevar las aventuras del papel a la vida… y, si ésta no lo permite, al menos lo hacemos dentro,  muy dentro, en lo más íntimo; ahí penetramos dimensiones nuevas, vamos por un libro y éste nos lleva a otro, y con todo este recorrido laberíntico, de lectura en lectura, un día nos encontramos distanciados del mundo ordinario, la lectura nos ha llevado a otra patria, ahí las palabras están vivas y han formado comarcas enteras. Ante nuestra metamorfosis todo lo que antes era natural, se ha vuelto distante. Por eso, a los lectores, muchos nos juzgan locos.

                Don Quijote es un lector. Un lector especialmente valiente, no se conformó con soñar las aventuras de los libros, cargó con ellas, y con las fantasías, las llevó a casa; más aún, supo advertir en la vida real lo que los libros contaban con trazos fantásticos. Contempló la rutina con ojos de fábula, los monstruos del diario vivir con mirada épica. Supo ver en medio de una realidad tangible, un denso mundo de sombras, latiendo. Las visiones fantásticas de los libros salieron del papel gracias a la lucidez de su mirada simbólica para abrir la carne de las cosas, para insertar su analogía fantástica en los aparentemente sencillos avatares cotidianos, y sólo así, habitando lo que otros llaman locura, pudo ver la belleza en un par de toscas campesinas, o castillos donde unos simples adobes dan cobijo al viajero, o princesas de buena cepa en las Doroteas que luchan por conservar el amor.

                Don Quijote es un lector, y su historia, entre otras muchas cosas, habla sobre libros, objetos materiales que trasforman la vida; no obstante, cuántos peligros ven en ello quienes detentan el poder, o quienes no quieren arriesgarse a ver más allá de sus narices, conformes con su enmohecida pero cómoda existencia. Mejor considerarlo loco, loco por leer tantos libros de cabalería… perdón: caballería. Eso de salir de casa para ayudar a otros, ¡qué locura! ¿No se conforma con leer acerca de héroes que buscan el bien?, quiere hacer el bien, vivirlo, padecerlo en carne propia, dejar que estas cosas le cambien la vida. Y todo sin ningún tipo de recompensa material. Y es que don Quijote no va por ninguna recompensa material, hace las cosas porque lo guía un sino trascendente, algo en su interior valida sus “torpezas”. Y eso, ¡cuánta extrañeza les causa a muchos! No obstante, nosotros, lectores, ¡ay!, aunque pudiéramos también ser algo conformistas, o racionales, o incluso escépticos, si somos LECTORES indefectiblemente nos conmovemos, y seguimos al hidalgo con secreta admiración en pos de la utopía, y cuántos nos reconocemos en la mayoría de sus luchas y derrotas.

                Y si tú, aunque esto lees, no te consideras lector con toda la anchura de la palabra, piensa que don Quijote no fue sólo lector de libros, y que, aquí no estamos tampoco hablando sólo de esa clase de lectura, sino incluyendo una lectura viva, la de la vida, (y las imágenes de la vida). Por eso nos impacta tanto a todos, lectores y no lectores, este gran devorador de libros, algo en el personaje nos imanta, posee un secreto que nos obliga tiernamente a amarlo, un anzuelo magnífico. Es un anacrónico caballero andante, pero también es un niño ingenuo y bueno, que la mayoría terminamos queriendo irremediablemente. Don Quijote se gana nuestro cariño porque todo él es auténtico, sus acciones son trasparentes, por ello los demás pueden manipularlo a veces, y lo hacen precisamente usando lo que él lee, pueden usarlo porque para don Quijote lo que lee ya se volvió importante, y significativo, le dio causa mágica al mundo material.

                De la lectura a la locura, y de la locura a la lectura, inevitable tratándose de esta historia. Lectura y locura se vinculan, y los que somos lectores nos sentimos extrañamente satisfechos de que alguien las vincule, es como si validara y entendiera todas nuestras fantasías. No obstante, tratándose de lectores también hay sus variantes, don Quijote es indiscutiblemente un lector, pero no usa lo que lee principalmente para aumentar su intelectualidad, no está buscando necesariamente saberes, está buscando más bien emociones, vida, trascender la realidad a partir de experiencias límite. Sus lecturas no lo llevan al liceo, lo llevan a lustrar las armas de sus ancestros, a salir de casa para enderezar y desfacer entuertos, quiere salvar damas en peligro, enfrentar gigantes. En pocas palabras, es lector activo, permite que la lectura lo cambie, a don Quijote lo que le reboza es el corazón. Quiere donarse totalmente, es AMOR entregándose, no pide nada; y esto, obviamente, ¡es locura para el mundo!

                …aunque una locura un tanto extraña, sólo acontece en tratándose del tema de la caballería. Fuera de ese tema sus discursos son del todo lúcidos, ningún erudito pondría un pero a sus razones. Señores, es que don Quijote no es un loco, ¡es un iluminado!, un iluminado extravagante. Para ver lo que él ve, habrá que entender el mundo en su dimensión simbólica, habrá que leer la alegoría, hacer exégesis y hermenéutica, sublime forma de leer; y por eso El Quijote es grande, porque nos reta a entenderlo así, con y por las causas de otro reino.

Carta:

Polo de evolución: potencialidad de ser, inocencia, entusiasmo, pureza de intención, espontaneidad. Polo de involución: inconsciencia, absurdo, demencia.

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