Proyecto de Secretaría de Cultura Jalisco

Había una vez en el país del pensamiento una idea, una idea que andaba dando vueltas por los aires y no sabía cómo aterrizar. Para aterrizar había que encontrar la pista adecuada, pero más importante: había que descender y volverse “algo” capaz de andar con los pies en la tierra.

Así comenzó a formarse este “discurso”, inefable y abstracto, como suelen ser esos impulsos del decir primordial, así buscó la pista de aterrizaje y encontró algunas palabras para su andadura. Y así terminó (terminé) por decidirse (decidirme) a comenzar por las benditas definiciones y dejar de hablar en tercera persona para hablar desde ese decir íntimo y experiencial.

Por ello quiero establecer primero de qué va el título de esta charla, La escritura de la realidad requiere el decir de lo maravilloso, y definir “discurso”, y “maravilloso”.
Por discurso entiendo una determinada expresión del pensamiento, el discurrir de una idea, el curso de mi río mental. Por maravilloso todo lo que es asombro para un espíritu sensible; lo que sobresalta e impacta nuestra secreta rutina de cotidianidad, todo pequeño o gran milagro de la vida, todo encuentro en el espejo con la fábula que nos habita…

Quien logra verse como personaje, paisaje, principio, nudo y desenlace viviente, entra al discurso de lo maravilloso. Quien descubre tras el rostro citadino criaturas de la fauna feérica deambulando por las calles, puede avanzar con los sentidos dispuestos a la gracia y volverse poeta. Y no me refiero con poeta a quien gana concursos y reconocimientos, sino al chamán de la palabra.

Yolanda ramírez MICHEL

Con esta alquimia de la voz comenzó nuestra andadura por esto que hoy damos el nombre de Literatura. Se inició con estas visiones, cuando hombres y mujeres con dones desearon guardar en la palabra la vida, y se encontraron con la dificultad de contar aquello que en realidad sucede dentro…

En su auxilio llegó la metáfora, el símbolo, las analogías, y todas las figuras literarias que ayudan más que al buen decir, al decir precisamente de lo maravilloso. Tiempos primigenios dieron a luz cuentos y cantos alrededor de una hoguera, ¿o sería una higuera? El poeta comprende los símbolos, le habla el mundo, y él habla del mundo en esa misma tesitura, con los ecos de algo que es palabra adentro…

Cuando digo poeta estoy dando el título no sólo al que escribe poemarios, sino más a aquel que comprende el poder de la palabra, y de ahí parte para la creación de mundos. Por eso es importante la literatura, porque tiene la posibilidad de crear mundos, mundos que quedan, mundos para que otros entren en ellos. 

  • Dichosos aquellos que ven en una flor el vestido del hada,
  • dichosos los que distinguen en una mariposa un elfo,
  • dichosos los que intuyen en un ave el alado corcel e infinitas criaturas poblando los cielos,
  • dichosos todos los que ven tras el velo de la metáfora,
  • porque de ellos es el reino de los cuentos.


Pero, ¿y la realidad?, ¿qué con ella, dónde queda? La realidad es la otra cara de la moneda, no es que quede en otro lado, no es que desaparezca, siempre está, llena de velos… Ir al cine, por ejemplo, algo tan de sábado y domingo, y sin embargo algo tan grande: durante una hora y media tu verdad más inmediata entra al discurso de lo maravilloso, olvidas –o debieras olvidar- la rutina y tus problemas, ¿te has puesto a pensar qué gran milagro te dan los cuentos que te cuenta la pantalla de un cine? Cuando se termina la película y se prenden las luces, y avanzas por el pasillo hacia la salida es como si despertaras de un sueño, entonces es fácil darte cuenta con claridad de las dos dimensiones. De eso se trata todo, de entrar a una dimensión donde se bajan las defensas y los símbolos penetran hasta la médula.


En lo fantástico se encierra lo real. La literatura y el cine se valen de imposibles para hablar de lo posible. La mujer alada a la que cortan sus alas es ya casi un lugar común en la literatura feminista. La confusión del hombre moderno ante las ofertas mundanas en contraposición al trágico asalto a la naturaleza adquiere hoy dimensiones épicas.
¿Por qué no podemos ver las hadas que rondan un jardín florido? Por qué no salimos de lo literal y vamos hacia dentro de la palabra, hasta su casa más íntima.
La capacidad de hacer cuentos es de todos, de niños jugábamos y trasformábamos una casa de cartón en un mundo, ahí alzábamos el castillo de la imaginación, y jugábamos a ser aquello que el alma necesitaba más hondamente, pero crecimos y fuimos olvidando ese decir de lo maravilloso para entrar al discurso de lo real, y muchos incluso  renegaron de la magia que antes admiraron, entonces vieron la infancia como etapa superada, y pasaron a la siguiente amputados de imaginación. ¡No son etapas, señores! La vida es toda Ella un universo, y no se dejan de admirar las estrellas sólo porque alguien nos diga que no existen, se les permite brillar en la mirada, porque la infancia debe ser así, el resplandor fabuloso de algo que fue y sigue dando su luz.

El decir de lo maravilloso ha sido señalado con una hermosa palabra: fantasía, pero en ella se pretendió encerrar lo imposible, ¡y no!, ese contar de cuentos fabulosos tiene un nombre de altos vuelos, un nombre muy alto y muy desconocido: Mitopoyesis, que es la facultad humana para expresar con un cuento algo trascendente. Con la deformación de la palabra fantasía nos hurtaron la posibilidad de seguirla muy seriamente, como seguimos los adultos esas cosas “serias” de la vida. Por eso es necesario abogar por el discurso de lo maravilloso como algo fundamental y profundo, como algo que habla de lo más real.
La manzana que te expulsa del edén es el conocimiento que ya no te permite vivir en el aburrido paraíso de la ignorancia. La diosa del amor que entra a la laguna Estigia para recuperar su virginidad es comenzar de cero una nueva relación, el Niño que nace de una virgen es idea gestada a partir de una inspiración sublime. Dormir en el pabellón de los ecos es el diván del psicoanalista, pincharse el dedo con el huso está en cada “prueba de amor”. Cambiar una vaca por las habichuelas mágicas es la gracia dada a los emprendedores con visión… Y así cada cuento es hijo de la realidad y de una causa interior que la gesta y alumbra.
Cuidado cuando confías plenamente en la literalidad de las palabras, ellas NUNCA DICEN LA VERDAD, las palabras son mentira, esa es su esencia, es imposible que una palabra sea o posea la Verdad, las palabras son un Puente. Y como puente hay quien lo cruza, quien no lo cruza, quien se queda a medio camino, quien cae… quien llega.

Nosotros, ¿dónde estamos? ¿Ante el puente?, ¿en el puente?, ¿o ya por todo el país de las metáforas disfrutando los dones de la patria de la imaginación?

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