Queremos compartir con el público la entrevista que realizó Trithemius a la poeta Ana María Vargas con motivo de la reciente publicación de su poemario Arjé.

Trithemius es un espacio cultural especialmente acondicionado para el desarrollo de la palabra y sus dones a los que la poeta Ana María Vargas Vázquez se acercó en el 2016.

Ana María es una persona que prefiere la palabra escrita por encima de la palabra oral –aunque también la disfruta–. Prefiere más escribir una carta que platicar, porque sólo escribiendo es más ella misma.

Ana María siempre encuentra el mundo distinto. Se despierta, y descubre que otra vez el mundo es nuevo, y todas las cosas abren en ella preguntas, la inquietud, la sorpresa, el entusiasmo, una nueva pasión y una nueva intención por conocer, descubrir y aprender. Si algo ama Ana María es el conocimiento, el aprendizaje y el estudio del mundo. A veces lamenta profundamente padecer el descubrimiento de la muerte, porque sólo eso le anuncia que no va a tener tanto tiempo para aprender todo cuanto quiere aprender.

Ana María prefiere la soledad por encima del bullicio, y es posible encontrarla caminando por una calle vacía, en la biblioteca o en un parque con el violoncello al lomo, un libro de poesía, filosofía o matemáticas en las manos y una preciosa niña llamada Paloma entre sus brazos. Ese es su mundo perfecto. En el mundo en el que convive con otros, Ana María es franca y sincera. Sabe sonreír, saludar, preguntar o compartir, platicar o guardar silencio y escuchar, pero siempre prefiere más su propio universo.

¿De qué trata Arjé, Ana María?

Arjé trata sobre una emoción. Una sensación percibida durante toda mi vida.

Hay una cosa en mí que despierta a cada instante. Cuando camino, cuando recorro calles o mientras estoy en soledad, en los diálogos que invento con personajes imaginarios o al hacer cosas cotidianas que me permiten la dicha de pensar o el placer de la observación. En esos momentos,  percibo una cercanía, un hilo muy íntimo y personal que me une o que me dirige irremediablemente al origen, a la búsqueda y a las preguntas primigenias, es decir, ¿de dónde vengo?, ¿de dónde venimos cada uno?, y ¿de dónde viene todo lo que nos rodea en el universo?

De manera ordinaria, yo tiendo a creer que cada cosa que está en mi entorno tiene una voz muy antigua que celebra algún secreto, o el mensaje de un ancestro que vuelve en silencio cada día para revelar un mundo distinto.

Aquí está el hombre.

Su tiempo es este origen:

Ahí donde la carne es polvo,

ahí donde el polvo

es un trago de agua universal.

Ana María Vargas

¿Y.. cómo nacieron los versos que habitan tu libro?

La parte “escrita” de Arjé nació en Trithemius. La poeta Yolanda Ramírez Michel nos propuso en algún momento a un grupo de poetas y a mí, una serie de elementos que funcionaban como una gota de fuego inicial que incendiaba el papel con la llama de un poema. En cada encuentro, ella nos daba la gota primera, que bien podía ser una imagen o una palabra. En base a la imagen o la palabra, nosotros desarrollábamos un poema, y yo encaminé cada uno de esos poemas a la sensación del origen y el universo.

¿Qué parte de ti goza con la escritura y qué parte de ti la padece?

La parte que gozo de la escritura es el momento en el que surge la idea. El momento en el que comienza a sentirse el desarrollo de algo que crece en el interior. Es una sensación incluso física que se mueve entre la sensibilidad y el trabajo del intelecto. Parte de la escritura es emocional y llega de la experiencia vital del ser humano y de la sensación y la emoción que uno encuentra en el estudio y en la lectura. Pero hay otra parte que llega de la labor del cerebro al gestar la idea, al relacionar conceptos, al pulir algo que comienza a ser un poema.

La parte del desarrollo de la idea es muy íntima para mí, creo que es genuinamente literaria, además de funcionar como una magia seductora que surge sólo en el acto creativo. Además, esta  parte es muy plástica, porque yo puedo ir construyendo la idea del libro en completa soledad, o entre  la gente. En el silencio de la calle vacía o en medio del gentío. Ya en el acto de la escritura, el trabajo es aún más profundo e íntimo. Y esa es la mejor parte, porque es un gran placer estar frente al papel con un lápiz, un borrador, un sacapuntas y yo misma.La parte que padezco con la escritura es la línea que divide la intimidad de la creación y la literatura con el mundo real, en el que la obra literaria visita el bullicio, la relación pública, la difusión, la gestión y la política.

Qué ha sido lo más difícil de la aventura de escribir. ¿Y de publicar?

La parte más difícil de la aventura de escribir ha sido imaginar la forma de un libro y pensar su final, y encontrar que el final de esa obra se intrinca, y que la idea del final puede no llegar jamás. Es como entrar en un libro infinito que no termina, un libro que recorres  y que por más que buscas una conclusión, ella tiende al infinito, como si fuera un fractal.

Respecto a la parte más difícil de publicar tiene que ver con encontrar la voz que te escuche y que crea en ti. Encontrar los bellos ojos que te lean y que coincidan contigo desde la humanidad, antes que desde la poesía.

En este caso, la poeta encontró a la editora ideal, Yolanda Ramírez Michel, quien comprendió Arjé desde que escuchó el primer verso. La obra ha sido publicada en la colección de poesía que coordina Ramírez Michel en la editorial Salto Mortal.

Y por último, le preguntamos a Vargas Vászques el porqué del título. Aquí su respuesta:

Elegí el título Arjé porque en él hubo un punto de encuentro, un modo de coincidir en el tiempo con una sensación, una intuición, una definición del mundo. Ya platiqué líneas arriba de esa sensación que he tenido por siempre, ese fuerte vínculo con el origen, con el significado de lo primigenio.

 A lo largo de las lecturas, como podemos comprobar, cada lector  va encontrando siempre amigos entrañables, personas que pensaron o sintieron lo mismo que uno siente, y yo tuve la fortuna de encontrar amados amigos en las fuentes que existen sobre los filósofos presocráticos. Sentí que en ellos estaban las mismas preocupaciones que yo había tenido, que ellos ya habían pensado y habían coincido con las mismas preguntas que yo me he hecho, las mismas inquietudes. Así que al leer los fragmentos y las referencias que los grandes filósofos de la Grecia antigua hacen sobre ellos, no pude más que sentirme en mi casa, conmovida y acompañada en la búsqueda, en la inquietud y el deseo por encontrar el sentido de todo lo que existe. En los presocráticos, este concepto de arjé, hace alusión al primer principio, a la sustancia primigenia de la que han surgido las cosas. Cada filósofo presocrático encontraba una respuesta distinta a lo que podía ser ese primer principio. Para Tales de Mileto, por ejemplo, la sustancia primigenia era el agua; para Anaximandro, lo ilimitado del ápeiron; para Anaxímenes, el aire; para Pitágoras, el número; para Heráclito, el fuego; para Parménides, el Ser; para Empédocles, los cuatro elementos; para Anaxágoras, las semillas; para Demócrito, los átomos.

Así que, en cada parte del libro, he buscado las coincidencias, y he dedicado cada parte al presocrático con el que me encontrado y con el que he coincido sin importar la distancia de espacio o tiempo.

Aquí una liga donde podrán ver el gozo de la poeta al presentar su libro en FIL 2019 https://www.youtube.com/watch?v=-WepRbvR_1s&list=UUsb9-VZ2EK0wO0pN-3JsHgA&index=5

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