Todos los días, cuando cae la noche, tengo un encuentro con mi alma al interior de mi universo. Un hombre agazapado atrás de la puerta observándome, un coche a toda velocidad y un camino incontrolable. Un autobús, y en el último asiento: yo, joven, observando tranquilamente el paisaje, el mundo abierto ante esos ojos… Abrazo, reconciliación.
A lo lejos la inmensidad del mar, mis pies descalzos nunca llegan a la orilla.
Un campo lleno de maleza, el hombre fuerte promete fertilidad.
Despegar del suelo, atravesar ciudades, universos, cruzar la puerta, antesala del cielo.
Un campo limpio, verde florecido, frutos gigantes.
Mi casa, llegué al mar, toqué sus aguas, el suelo ya no me quema, el agua me acaricia.
Una vida resumida en unas cuantas imágenes.
Este texto surge en una de las sesiones de Biográficas, en Trithemius Talleres Literarios. Lo maravilloso es que María acaba de ingresar, y ya su pluma nos asombra y encanta con la narración de este mundo onírico.
Gracias, Maria Consuelo Alcázar Yepez. Un fuerte abrazo.
Eso quiere decir que pronto será Navidad. Mi primo compra una olla de barro y con papel plata forramos los conos de cartón con los que hacemos los picos de la piñata. Recortamos las tarjetas de Navidad del año anterior y las convertimos en farolitos. En la calle los vecinos atan unos cordones de lado a lado y cuelgan hebras de heno para fingir un bosque que hace mucho se fue de la ciudad.
Regreso a los chorizos, el proceso empieza con mi mamá y mi tía yendo al rastro a elegir la carne.
Es curioso, pensando en eso recuerdo el sonido del mugir y los cencerros de las vacas cuando regresaban al establo en la tarde.
La ordeña, que aún era manual, empezaba a las 7 de la mañana con sus cuidadores sentados en un banco, pellizcando una a una las ubres plenas de cada animal hasta llenar las cubetas de un líquido tibio y espumoso. La cola de vecinos se formaba poco a poco, porque si llegabas tarde ya no alcanzabas leche. Mii primo iba con el bote de latón gris y cuando llegaba a la casa mi mamá con ojo clínico dictaminaba:
-Ya viene bautizada.
A mí ese pensamiento me confundía. No entendía que clase de pecado original podían haber cometido las vacas. Por supuesto mi mamá se refería a que a la leche le habían añadido un buen porcentaje de agua, el cual estaba bien siempre y cuando no pasara de la mitad. Sea como fuera, sin pasteurizar y sin envases desechables ella se encargaba de hervir la leche, proceso de esterilización primitivo pero eficaz que además tenía el efecto colateral de formar una costra de nata a veces hasta de 2 cm de grosor. Ir a escondidas y meter el dedo en aquella especie de mantequilla para inmediatamente llevármela a la boca formaba parte de ese pequeño placer que da a los niños hacer algo que los adultos desaprueban.
Los establos se modernizaron y también fueron expulsados de la ciudad, la leche llegaba en frascos de cristal con una tapita de aluminio. Creo que por ahí en alguna tienda de Delicatessen sigue llegando así, pero yo ya solo la he visto en alguna película vieja.
Y dirá el lector, ¿y los chorizos?, le pido que disculpe mi desvío, pero el bosque de los recuerdos es así, y a veces hay que detenerse a medio camino porque se oye un ruido, o nos encontramos una fuente de la que hay que beber y…
Sí ya sé, ya sé, los chorizos…
Después de elegida la carne, era importante el pimentón en polvo, dulce y picante, siempre fresco, recién traído por alguien que acaba de llegar de “Allá”. Al abrir la lata mi mamá daba su diagnóstico según el color y el olor, para terminar dando su aprobación metiendo la yema del dedo en aquel polvo rojizo y ponerlo en la punta de la lengua.
Con la carne picada en minúsculos pedacitos, combinaba ajo, cebolla, grasa, sal y pimentón, hasta que la mezcla tenía el tono y el aroma que hacían de su receta algo único e irrepetible.
La mezcla se dejaba macerar en el refrigerador por lo menos una semana, pero cada día se freía un poco de aquella mezcla que en el “Alla” se llamaba “zorza” para ir probando como se iban combinando los sabores. ¡Qué rico era pisar las papas con el tenedor y mezclarlas con un poco de aquella mezcla!
Y si además me daban un poco de refresco… Uno para todos los niños, nada nos daba asco, nos pasábamos la botella sin pensar en virus, ni bacterias, lo importante era el líquido y la corcholata. ¡Ah la corcholata!, mis primos iban a la fondita de enfrente y cuando juntaban una bolsa hacían montañas, una enfrente de otra y como enemigos cruzados jugaban a ver quién destruía primero la del vecino con canicas lanzadas por una resortera. Yo siempre quise jugar con ellos porque lo de las muñecas no se me daba, pero las niñas no podían andar por ahí jugando a la guerra.
Pero en qué estábamos, ah sí, los chorizos.
Después de la semana en el refrigerador, de mezclarla dos veces al día la “zorza” se convertía en el relleno de los chorizos. Las tripas de cerdo lavadas hasta dejarlas transparentes, esperaban en un plato con ajo, las delgadas para el chorizo de carne y las gruesas para el de cebolla, dos o tres chorizos grandes y sustanciosos que por raros eran mis favoritos.
En el proceso trabajábamos todas, mi mamá con un embudo rellenando la tripa, mi tía, mis primas y yo calculando el tamaño del chorizo, para atarlo con dos nudos, siempre dos, para poder cortar en medio de los nudos y no romper el chorizo.
¡Extraño tanto ese trabajo comunitario! En las tardes todas salíamos al rellano de las escaleras, a bordar, tejer o remendar. Lo qué se hacía era importante, pero más importante era el intercambio diario de penas y alegrías que liberadas en el aire evitaban su concentración en el alma.
El reconocimiento que ahora se anhela, se encontraba allí, enseñando una puntada a quien no la sabía, de la labor terminada para estrenar “Algún día” y por qué no decirlo de la eterna competencia por ver quién era la que más sufría. Debo reconocer que había un equilibrio en el reconocimiento de agravios y dolencias, y todas tenían por lo menos un día de ganadoras en el sufrimiento mensual.
¡Esto es para “Algún día”! Decían. Esa frase que ahora se considera hueca, pero que conlleva el valor de la paciencia, el aprecio por el trabajo bien hecho y sobre todo la esperanza de “Algún día” será mi día, brillaré con mi obra y seré reconocida.
Mil disculpas paciente lector, estábamos en la mesa de los chorizos. Se cuentan y se colocan en una tina para llevarlos a ahumar. Todos los días por lo menos 2 veces, mi mamá hace una fogata tronando los dedos, bueno eso me parecía, todavía me asombra que haya alguien capaz de hacer fuego con un puñado de carbón y un pedazo de papel.
Hay un cuarto en la azotea, es oscuro como tiro de chimenea y huele a años de humo, allí como si fueran piezas de ropa se cuelgan los chorizos para ahumarlos ¡Sí consiguiéramos un poco de laurel como el “de Allá”, Todo es como el “de Allá”. “Allá” se mueve en la perfección de lo mítico.
Este año tocan hierbas de olor, eso sí con mucho laurel que no es como el de ”Allá. Enciende el ramo y cual chamana invocadora acerca el aromático humo a los chorizos que gotean, tic, tic, tic, hasta que deshidratados se convierten en deliciosas momias de sí mismos.
Un día fui al “Allá” y en la casa de mi abuela, había un cuarto igual, igual de oscuro, igual de ahumado, igual de oloroso.
Me sorprende el poder del recuerdo en las mujeres, trasplantadas de su infancia, llevan con ellas la memoria de su historia en el sabor de la comida, en la puntada del tejido, en las historias con las que arrullan a sus hijos.
Los hombres solo se llevan a ellos mismos, pero ellas en su delantal, llevan caminos de vida.
Trithemius comparte con orgullo los talentos que se acercan a la comunidad. Este es otro ejercicio acerca de los sueños y su portentoso despliegue de fantasías (¿o acaso de verdad?).
Imagen Mafe Izaguirre
Cinco Monstruos en la gruta
Por Mafe Izaguirre
Yo no sé el porqué sueño. Sin embargo, sueño siempre. Voy despierta. Voy dormida. Sueño siempre que imagino, con los sucesos pasados, con diálogos inconclusos, con las personas que quiero. Sueño también con nostalgia, volver a ver a los míos, abrazarnos, cantar juntos, como lo hacíamos antes, sin excusas, los domingos. Sueño cosas increíbles. Cuando cierro los ojos. Sueño. A veces duermo profundo. A veces viajo a otros mundos. Otros tiempos. Otras versiones. Otros yo. Otras formas de realidad.
Sueño como una película, con sonido y en colores. Sueño que vuelo. Sueño instrucciones para volar. Sueño que soy: pájaro, robot, gigantes. Sueño también con mis monstruos, son horrendos, conocidos. Quizás demasiado famosos. Quizás demasiado monstruosos. Ellos salen de una gruta, saludándome a lo lejos. No se parecen a nada. Son míos, los recuerdo.
Sueño con seres abstractos, que me muestran sus verdades. Sueño con mis propios retos, mis rituales, mis procesos. Cuando sueño estoy despierta. Trato de memorizar. El último sueño que tuve, repetía cinco cosas, una cosa en cada dedo. Repetía y repetía, como sabiendo el olvido. Sueño que libro batallas, que me escapo, que trasciendo. Sueño mucho y no descanso. Abro los ojos y sueño. Traigo cosas a este mundo, las construyo, las escribo. Los sueños se me desbordan.
Sueño con un mundo suave, con sanar, con mis lobos. Sueño que tengo herramientas, códigos, playas y claves. Sueño con el inframundo, con el mal, con el vacío. Soñar ha sido una fuerza, un laberinto, un refugio. Sueño casi todo el tiempo. Despierto poco. Me aburro. Sueño con mi paz interna, con un jardín, con un perro. Con la mirada trasera, completa, satisfecha. Sueño con todas mis vidas. Con la posibilidad. Sueño mucho, sueño y sueño. Sueño con mi libertad, sueño.
Mafe Izaguirre
Puedes conocer más acerca de esta autora en su página: mafeizaguirre.com
Este poema fue otro de los ejercicios de Trithemius Talleres Literarios que realizamos en la clase de Biográficas. En base a la lectura del libro Willy sueña, de Anthony Browne, se les solicitó que dieran seguimiento a su propia secuencia onírica, cada texto fue una gratísima sorpresa de talento. Aprendemos acompañados por los grandes, seguimos sus pasos como un homenaje. Seguiremos compartiendo.
Acá te dejamos el cuento con que dimos seguimiento a este ejercicio.
En Trithemius Talleres Literarios nos gusta que los grandes nos provoquen a escribir. Les compartimos hoy uno de los textos escrito por Maritza Flores Hernández a raíz de un ejercicio juguetón con el libro Willy el Soñador, de Anthony Browne, gran clásico del género Libro Álbum.
A veces sueño que estoy despierta en un espacio malva
No sé cuántos años habrá requerido aquel portentoso cactus en adquirir sus extremas dimensiones, Briareo de muchos brazos que en junio se poblaban de blancas flores y rojos frutos.
No sé qué edad habrá alcanzado…, cuando yo llegué a vivir a esa casa ya era inmenso, ya causaba desde hacía mucho tiempo el arrobo a los viandantes de aquella calle empedrada, máxime mi propio arrobo. Qué orgullo me daba tenerlo al ingreso de mi hogar, cargado de humedad, anchas espinas, insectos curiosos, panales grandes como sandías, y nidos.
Desde que llegué a aquella casa, hasta que partí, pasaron nueve años. En todo ese tiempo lo vi crecer mucho más, entregando, sin perjuicio de su belleza, varios hijos para poblar otros espacios del jardín. Lo vi engrosar su base, oscureciendo ahí su verdor hasta el café, como para volverse tronco, sostenedor casi pétreo desde su base, Atlas sosteniendo un mundo. Un mundo de nidos y arañas de colores extraterrestres.
Desde la ventana, que su cuerpo titánico medio cubría, yo veía detenerse los autos para tomarle fotos al majestuoso ejemplar. En Ajijic hay muchos cactus, pero quien veía aquel espécimen no podía evitar guardar en el celular la evidencia de que un cactus pudiera ser tan grande (rebasaba por mucho la altura de la casa).
Yo sentía que me protegía, que una sensibilidad vegetal acompañaba mi vida. Sus espinas llegaron a agredir algunos despistados, sus flores de estación aparecían sólo un día, como gloria de un sol espléndido, luego se cerraban para gestar en su vientre el fruto, tunas nunca vistas en un mercado. Inspiró metáforas para mis clases, y poemas para mis libros.
¿Cuánto tiempo requirió su majestad para engalanar el ingreso a esa casa, en aquel vecindario de Rancho del Oro… desde cuándo estaría ahí, y cuántas lluvias, cuántas secas, le dieron el vigor para mantenerse noblemente erguido?
Yo le llamaba el Guardián. En una ocasión entraron a casa, pero no se llevaron nada. Tal vez porque en mi hogar lo que abunda son libros, y no les interesaron… ¿pero, porqué ni la computadora portátil, o la pantalla, algo que les valiera el riesgo?
-Fue el Guardián- dije yo.
El 20 de agosto me mudé de ahí. El dueño me pidió la casa para heredarla a su hija.
La dejé dócilmente, no sin largas sesiones de suspiros, recorriendo cada rincón como una sacerdotisa en su rito más íntimo.
Traje a mi nuevo hogar un pequeño hijo del Guardián.
Ahora me informan que el Guardián fue derribado, podado desde su anchísima base. Siento que una estaca se clava en mi corazón. Siento que el pequeño cactus que traje a casa ahora es mi responsabilidad. Debo cuidar de él para que viva largo tiempo, para que alcance gran estatura, para que de a quienes estemos cerca sus bienes, como los dio durante tanto tiempo su padre.
De El Barrio de las Letras (novela de próxima publicación)
Por Yolanda Ramírez Michel
Collage de la pintora AdI Rivera
Dime, Miguel, que no estoy loca, muchos amigos me lo dicen cariñosamente, pero siento que en el fondo lo dicen en serio, no tanto como para llevarme al manicomio, pero sí lo suficiente como para no comprenderme enteramente. Hoy como ayer es loco todo el que vive en la periferia de la razón que venden las instituciones, es loco todo el que persigue sus sueños antes que un buen sueldo, es loco todo el que ama la fantasía y puede ver hadas en los setos con flores. Como don Quijote. ¡Qué necesario comprender al Quijote hoy! Por eso lo enseño, por eso tengo cursos y toda clase de proyectos para que los lectores no juzguen a tu personaje como un loco, sino como uno que ve, más allá de lo real, lo posible; como un iluminado, un cabalista, un místico. A todo el que se sale de la media se le pone la etiqueta de loco, pero luego de los locos es el reino de los cielos, el reino del arte y las empresas creativas.
He defendido a don Quijote de los que se quedan en lo literal, lo he defendido porque es una forma de defensa personal. En los personajes amados u odiados estamos los seres de carne y hueso, y nuestras historias personales son un reflejo de los cuentos que nos contamos. De la vida a la literatura, de la literatura a la vida… y nada es estático, ni nada es lo que parece, ni los molinos son exactamente molinos, pueden ser ciertamente briareos, que mueven sus aspas para el molimiento de las causas más reales. Pocos lo ven, de ésos es el reino de los cielos, de los que pueden ver la vida fantástica como un reflejo de la verdadera vida. El exterior es sólo una pantalla, la pantalla de un teatrillo fabuloso, la pantalla donde se proyecta lo que somos, pero no somos sólo esto, lo externo, lo tangible.
Defiendo tu Quijote, Miguel, y me defiendo a mí. Igual defienden todos, antes que lo defendido, a lo que de sí mismos hay en el tema, el tema los refleja y hay que defenderlo, defenderse en él de las acechanzas, con la palabra defensora queremos componer algunas afrentas, y por eso defendemos hasta el extremo de enfadarnos. Las feministas defienden algo suyo, muy interior, no solamente el feminismo, las lleva a esa defensa alguna injusticia padecida muy hondamente, algún crimen cometido por el machismo. El feminismo es el medio para defenderse… Así yo, defiendo el Quijote porque me defiendo a mí, defiendo la utopía, el idealismo, defiendo que se puede sembrar una mirada fantástica sobre lo real.
Sesión de cierre del taller donde se leyó Don Quijote de la Mancha
Desde que leí El Matrimonio entre el Cielo y el Infierno quedé enamorada del poeta británico William Blake (1757-1827). Sin embargo, no escribiré hoy de ese libro, sino de una de sus cartas…
William Blake, poeta, pintor y grabador británico.
William Blake fue uno de esos genios adelantados a su época, incomprendido por su generación, como suele suceder con los grandes espíritus. Nos cuenta él que cuando era niño, un día de verano, contempló un árbol y lo que vio lo lanzó corriendo emocionado a decirle a su madre: “he visto el árbol lleno de ángeles”. ¿Cómo negar que cada fruto es un mensaje sagrado de la divinidad que preña la naturaleza? Si nosotros sólo vemos el fruto como alimento para saciar el hambre, y no como el contenedor de semillas que almacenan grandes milagros (la multiplicación de los panes ha devenido de alguna primera semilla…), no podemos culpar al que sí tiene en la mirada el alcance de esas visiones.
William Blake, Canciones de Inocencia
Ya desde niño Blake estuvo cerca del milagro porque traía la condición de visionario, el rechazo que espíritus como el de William Blake padecen viene de que su mirada mística se aleja en mucho de la mirada común.
Para ejemplificar estas cuestiones quiero compartir con ustedes una carta que escribió William Blake al reverendo John Trusler —autor de “exitosos” (nótense las comillas, por favor) libros que trataban acerca de religión, libros parecidos a lo que hoy denominamos best sellers— dicho reverendo había contactado a Blake después de visitar la exposición en la Royal Academy de Londres donde Blake había expuesto “La Última Cena”:
La última cena, de William Blake
El sacerdote se había hecho rico con sus escritos, y ahora deseaba que Blake ilustrara algunos de sus textos sobre moral. Permítaseme ser irónica: ¡qué bueno que el sacerdote no tenía visión!, de lo contrario hoy en día tendríamos los trazos de Blake junto a palabras de poca monta.
William Blake siempre fue malentendido, Trusler no fue la excepción. Cuando recibió las imágenes, (que por supuesto no respondían a la estética de las caricaturas religiosas de entonces), el reverendo escribió al poeta calificándolas de raras y exageradamente extravagantes, además de sugerir que la imaginación de Blake pertenecía más bien al “mundo de los espíritus”.
Ilustración de William Blake para la Divina comedia de Dante (1826)
Hoy, la obra del reverendo ha sido por completo olvidada, y conocemos a John Trusler sólo por este desafortunado incidente en relación a la obra de uno de los gigantes de la poesía y la mística británica. Si la visión de algunos ignorantes es limitada, no es culpa del artista, poseedor de una visión siempre hacia lo alto, cuando esos otros miran tan bajo. Aquí las primeras palabras de la respuesta que Blake dio al reverendo, motivo principal de este post.
Carta del joven William Blake en defensa de la imaginación (que parecen no poseer o no valorar algunos)
Carta de William Blake a John Trusler
“!Lamento de verdad que usted se encuentre distanciado del mundo espiritual, especialmente si soy yo quien tiene que responder por ello. Si estoy equivocado, lo estoy en buena compañía… Lo que es grande es necesariamente incomprensible para los hombres débiles. Aquello que puede hacerse explicable para los tontos no merece mi atención. Siento que un hombre podría ser capaz de ser feliz en este mundo. Y sé que éste es un universo de imaginación y visión. Veo que todo lo que pinto existe en este mundo, pero no todos lo ven de la misma manera. A los ojos de un indigente, una moneda es más hermosa que el sol, y una cartera gastada por haber estado llena de dinero ostenta proporciones más bellas que una vid cargada de uvas. El árbol que mueve a algunos al punto de las lágrimas, para otros es solamente una cosa verde que estorba en su camino. Algunos ven a la naturaleza ridícula y deforme, y yo nunca regiré las proporciones de mi arte bajo estos preceptos; hay personas que ni siquiera ven la naturaleza. Un hombre es, y así es como ve. […] Usted está ciertamente equivocado cuando clama que las visiones fantasiosas no pueden ser encontradas en este mundo. Para mí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación…”
¡Cuánto daría por reposar mi hambriento y cansado cuerpo sobre un lecho acojinado, y acabar de una vez con este huérfano peregrinar!, pero aquella noche, tuve que salir huyendo del palacio; la única morada que consideré mi hogar a su lado mi señora…si yo le contara. ¿Y cómo?, usted está de bodas y es momento de alegría. La veo peinar emocionada sus negrísimos cabellos con esa ondulación perfecta que sólo luce una princesa, y a la servidumbre arreglar con dedicación su espléndido sari de bodas. ¡Ese delicado ajuar bordado de finos diamantes y listones de colores, ¡yo lo digo; son sólo dignos de su real belleza! Pero…si yo le pudiera contar ¡cómo se vive con hambre, y cuán grande es el deseo de un abrazo desde aquí..! Mi huída fue tan imperiosa, que aún siento en la boca ese sabor amargo de la renuncia, y en mis manos el barro de la soledad. Yo callé señora mía, me desvanecí en silencio perdiéndome en las sombras, pero… lo valía ¡Es usted el reflejo de un ángel esculpido por el amor mismo! Y bajo esos velos de seda, y suntuosos ornamentos de gala, su belleza resplandece como el cielo de Brahma. ¡Cómo no iba a hacerlo…! Hoy es su boda; día de gloria. Ya los chandes y los shehnai, suenan alegres en el kalyana Mandapam, reclamando su presencia: ¡Cuánta algarabía!, ¡Lo volvería hacer lo juro! Mi silencio fué justo; ¿Quién manda a un sirviente posar sus pobres ojos en los de un angel como usted?¿Quién al amor desdeña aunque no venga de vuelta? Usted, no lo supo; su mirada transparente no me habló nunca de amor pero ¡cuánta bondad me regalaron! ¡cúanta sabia corrió por mis venas y abrevó en mi alma dulcemente! Tuve que guardar mis deseos de adorarla, y salir huyendo para no avergonzarla. La calle fué el refugio para sanar esa honda pena y esconder mi amor. En ella mendigué cobijo, otras veces cálido consuelo hasta que llegó mi partida. ¡Si yo pudiera contarle y descansar en su lecho, y beber de sus labios un arrullo…si yo pudiera pero… ¡ya no tengo cuerpo y usted está de bodas! y ¡Por los dioses!: ¿Quién ante usted, al amor desdeña aunque no venga de vuelta?
*Chande: Tambor muy conocido en la música tradicional y clásica al sur de la India, y es para acompañar dramas dancísticos, y cualquier celebración.
*Shenai: Es un instrumento en forma de tubo que gradualmente se ensancha hacia el pabellón. Tiene entre seis y nueve orificios. Emplea dos series de doble lengueta haciéndose un instrumento cuádruple.
*Kalyana Mandapam: Lugar muy lujoso para celebrar bodas y distintos festejos.
Este texto fue el producto de una consigna surgida en el taller del Libro Rojo de Jung, aquí te dejamos la sesión completa:
En este espacio compartimos los textos que el taller del Libro Rojo de Jung ha inspirado. En esta ocasión les presentamos el texto de Selene Cázares, Madre Perla.
Captura de pantalla del grupo Libro Rojo de Jung 2021
Al reventar de cada ola se escuchaba el rugir del océano; al contacto con las rocas el agua era regalo permanente que yo no podía dejar de admirar. Imaginé cuánto tiempo desde los inicios de la vida esas aguas habían irrumpido en la esencia de la piedra para terminar dándole la forma caprichosa de un risco. Así vi nacer esa noche en el vasto cielo la luna llena más grande y redonda que mi mirar jamás percibió, me abracé a los hilos de la nostalgia…, poco a poco, me arrulló la brisa y mis sentidos fueron cediendo a la vigilia.
De lo profundo emergió una gran ostra, fue arrojada por el oleaje a la playa. Iluminada por aquella noche de luna llena pude ver con claridad cómo la ostra cedía ante la fuerza de los vientos y cómo regresaba al mar una y otra vez. Finalmente quedó varada en la arena.
Corrí tras la luz que salía de su interior. Al acercarme a ella descubrí que en sus entrañas había una creatura que parecía despertar de un largo sueño; a su lado vi una madre perla que la criatura rápidamente tomó entre sus manos, intentando protegerla.
La cabeza de la creatura se mecía de un lado a otro, yo entendí que me observaba con tanta curiosidad como yo a ella. Apretó la perla contra su regazo y luego me la entregó. Entonces, por primera vez, pronunció palabra:
– Hay sueños antiquísimos de la humanidad, uno nunca puede escapar de ellos,y tú me has llamado esta noche de plenilunio, porque intuyes que hay mas realidades, porque no te son suficiente las apariencias, quiero regalarte un mundo de palabras sin censura, porque me cansé de las líneas rectas, quiero entregarte mi imperfecta verdad para que conozcas las gamas de claro obscuros de que estoy hecha, es necesaria la curvatura para encontrar la raíz de la aparente razón. Yo formo parte de ti y a pesar de ser uno en la conciencia, en la psique nos confrontamos, por eso es necesario hurgar en las profundidades para separar la cizaña y dejar solo la mata que proveerá la vaina que nutre los sueños y transforma la vida.
Al alba me descubrí tendida sobre la arena, entre mis manos una pequeña ostra. Volví sobre mis pisadas hasta la casa del risco y me hundí en mis pensamientos, desde entonces escribo lo que siento, mi pensar, lo que me provoca cuestionar, creo que llevo una perla dentro.