Grace Miranda

Mi oncóloga fue muy clara al decirme que con el tratamiento de quimioterapia mi cabello se iba a caer por completo y  que sería más cómodo irlo cortando muy pequeño para evitar dolor en el cuero cabelludo cuando lo perdiera por completo . En el fondo tenía la ligera esperanza de que no se me cayera, creía que mi optimismo me alcanzaría para retener mi cabellera intacta; pero no fue así. Recuerdo fue un viernes cuando me metí a bañar y mi cabello comenzó a caerse considerablemente, al salir del baño compartí esta experiencia con Sara mi hija; las dos derramamos algunas lágrimas sin más palabras que las que emite el latir del corazón en un abrazo rodeado de amor, ternura y comprensión. 

Ya sola en mi habitación, tuve una sensación extraña, triste, siguieron derramándose más lágrimas al darme cuenta que mi esperanza y fe no fueron suficientes para evitar este suceso. En este momento al recordarlo, mis lágrimas ruedan por mis mejillas, y confieso que no se debe a la vanidad, sino a contactar con mi fragilidad ante este proceso de  “curación” a través de un método tan agresivo a mi organismo como son las quimioterapias, también se debe a la incesante necesidad de soltar todas mis creencias respecto a mi optimismo, a mi control de las cosas, al concepto de mi bienestar físico, a mi entendimiento de la Fe, a la vulnerabilidad que sentí frente al escenario de no tener otra salida aparente y sólo poder seguir este camino de curación. El cabello fue la gota que derramó el vaso y me rendí con conciencia ante esta realidad que estaba enfrentando. Ya no había escapatoria, estaba completamente inmersa en un tratamiento al que meses anteriores me había resistido por completo… Tenía que decidir ser valiente y aventarme del trampolín de 10 metros y seguir nadando o quedarme temblando y aferrarme a permanecer atrapada en las alturas del miedo y la desesperanza. Decidí saltar con una gran valentía, pero también temblando de miedo, con toda mi fragilidad encima y tomando conciencia de que yo sola no podía, que tenía que tomarme fuertemente de la mano de mi Sabiduría interior, de mi poder Superior, de mi Maestro y de mi fuerza interior Divina y con ello; todo cambió!


Ese mismo día viernes, tocó la reunión en mi casa de un círculo de lectura que organicé entre amigas que invité quincenalmente a acompañarme a vivir mi proceso de curación, les compartí mi sentir, mis lágrimas y también mi reflexión mencionada anteriormente… fue un momento muy emotivo, lloramos juntas y definitivamente sanamos juntas. Ellas han sido un bálsamo de ternura,  han significado para mi una red de contención amorosa que me han ayudado a verme con aceptación a través de sus historias y experiencias compartidas, cada una es para mi un reflejo de Luz y esperanza. Seguimos caminando juntas porque todavía hay mucho amor para darnos,  una gran cantidad de sabiduría para compartir y entre nuestras carcajadas bañadas de simpleza y alegría, untarnos la dicha del encanto de la vida cotidiana, esa que nos confirma que definitivamente sí hay otra manera de vivir y de gozar.


Después de mi primer quimioterapia fui al día siguiente a hacerme un corte de cabello super chiquito y muy moderno. Recuerdo que acudí a una barber shop y justo el chico que me atendió había vivido un proceso con su mamá similar al mío; pero él, en aquel momento, no pudo cortarle el cabello porque emocionalmente se sentía muy vulnerable y le dio mucho gusto poder contribuir conmigo en una situación parecida a la de su mamá. Disfruté mucho esa primer etapa de soltar mi cabello largo, me divertí escogiendo el corte. Fue como una señal de aceptación, de  decidir confiar por completo en este nuevo proceso de quimioterapias. Dejar este proceso en un Poder Infinito, al que yo le llamo Dios, me permitió sentirme segura y fortalecida para poner la importancia en lo que realmente Soy y no en la fragilidad del cuerpo, definitivamente esto cambió mi perspectiva y por ende, mi experiencia de lo que viví en lo sucesivo con el tratamiento.Justo cuando estaba en la CDMX para recibir la segunda quimioterapia, por la mañana al bañarme, se cayeron mechones completos de cabello. Me quedé medio calva en la parte delantera de mi cabeza pero en ese momento me dio mucha risa hasta me saqué fotos de lo chistosa que me veía porque al secarme el cabello se me hizo una honda rara que en la siguiente secada esa honda de pelo terminó tirada en el piso y otro tanto en la toalla; mi mayor preocupación fue por las chicas de limpieza ya que dejé un reguero de cabello por todo el baño pero ya no sufrí por ello, había tomado una decisión de soltar lo que tuviera que soltar y esto me hacía sentirme liberada. 

Al día siguiente de la segunda quimioterapia fui con el mismo estilista y me peló a rapa, creo que para los dos fue un momento catártico, nos sacamos fotos para que él pudiera enseñárselas a su mamá y yo para el recuerdo. Por otra parte me encantó que Marcos mi hijo me acompañó y también se cortó su cabello casi a rapa, para mi fue una manera de decirme aquí estoy contigo mamá, te acompaño en tu proceso, yo suelto contigo lo que tengamos que soltar, sí se puede! Decidí andar con mi pelona al aire, sin taparme mi cabeza excepto un gorrito cuando me daba frío. Cuando me veía al espejo, me gustaba como me veía. En mi imagen reflejada me veía más allá de una mujer sin cabello, una mujer valiente, consciente de mi proceso, fortalecida en mi Ser más profundo, decidida a enfrentar este proceso viéndome a mi misma hermosa, sabiéndome bonita y valiosa más allá de mi cabeza pelona, reconociendo todo el profundo aprendizaje que tenía en puerta para crecer en mi humildad, en mi sencillez, en la confianza, en reconocer mi  riqueza interior, echarme un clavado a mi espiritualidad y sumergirme en las verdades que sostienen como pilares mi sentido de vida y el propósito de mi existencia.  

Debo reconocer que Roberto, mi esposo, ha sido parte importante en mi proceso de autoaceptación de esta etapa, su mirada amorosa me motiva a verme a mi misma con su ternura y aceptación; saberme acariciada por su paciencia y su amor incondicional me comprometen a sacar lo mejor de mi en este aspecto y de verdad que ni me cuestiono si he perdido el glamour de una mujer con melena larga porque sus ojos me reflejan el gusto de saberme querida y aceptada… por otra parte que mejor belleza que la de celebrar la dicha de seguir con vida. 


Después de 15 días de mi primer rapada, me rasuré yo sola la cabeza y después cada semana durante todo el proceso de las quimioterapias porque el cabello me salía muy escaso. Todo esto llegó a ser divertido sin pasar por alto que los primeros días viví un proceso de adaptación por el cambio de temperatura en mi cráneo sin la cobijita del cabello y por discernir entre taparme la cabeza para no espantar a los demás o sentirme libre de vivir esta experiencia como yo lo decidiera … es entonces cuando elegí soltar mi cabello, mi imagen y engrandecer mi corazón!

Grace Miranda

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