Tierra Colorada

Desde el 2012, Trithëmius Talleres Literarios ha sido casa de quienes albergan la esperanza de convertir sus palabras en libro. El amor por la literatura los ha llamado para dejar su huella en el papel, saben que la danza creadora de un lápiz no es inocente, y cada elemento de un texto, en el lugar adecuado, puede lograr lo que todo el que se dedica a contar historias desea: no dejar al lector indiferente.

Hoy, la comunidad vuelve a ser testigo del alumbramiento de otro hijo de papel con la
publicación de Tierra Colorada, de Iván Alatorre Orozco, como parte de la colección de
historias que Trithemius aporta a la editorial Salto Mortal.

Por aquí te dejamos toda la información de Tierra Colorada, que podrás adquirir próximamente en la tienda en línea de la editorial Salto Mortal:
https://www.editorialsaltomortal.com/tienda

Sinopsis
Para Leonor sus primeros ocho años de vida fueron un reino de dicha. Hasta que se enteró
de la enfermedad terminal de su madre. Aquel acontecimiento abrió la puerta a un
sombrío futuro, que la obligó a enfrentar una lucha contra ella misma y sus circunstancias.

Con el paso del tiempo, los libros, que habían sido ya en su infancia amigos entrañables,
volvieron a ella y la llevaron a sus reinos como a una tierra que promete curar las heridas.

La tierra prometida de la protagonista se ubica dentro de los terrenos de una granja en
Arandas, ahí el amanecer y el ocaso juegan en total armonía, ahí el frío se acurruca con el
cobijo del primer rayo de sol de la mañana; ahí no se le escatimaron a Leonor las palabras
de aliento, ni el abrazo de la tierra colorada de los Altos de Jalisco, que se encargó de hacer
el resto.

Sobre el autor
Iván Alatorre Orozco (Zamora, Michoacán, 1975) demostró desde muy temprana edad su
interés por la lectura y la escritura. Ha escrito poesía, cuento y ensayo. Ha publicado en
una veintena de países. Ha sido galardonado en Uruguay y Argentina por dos de sus
trabajos en certámenes literarios internacionales. Con notable entusiasmo se ha dedicado a
contar historias, dirigidas tanto a niños como a jóvenes y adultos. Tierra Colorada es su
primera incursión en el mundo de la novela.

Tanto para Iván como para la protagonista (Leonor), los libros significaron una especie de
salvavidas, una oportunidad para sacar a flote su propia voz, que al ser escuchada logra
reconocerse en el espejo del otro, descubriendo así su propia humanidad.

Tranquila como el cielo nocturno (versión español e inglés)

Por Luna Tarheni Hernández González

Soy la hija de la oscuridad.

El viento aúlla a mi alrededor

mientras me dice que me vaya a casa.

La luna me mece,

mientras siento todo el resplandor fuera de mí.

Y podría tranquilamente irme a dormir

soñando con mi destino y el despertar de todos los caballeros oscuros.  

El cielo está oscuro como siempre

y hace que mi corazón se vuelva negro.

El cielo oscuro es mi hogar

y la oscuridad es lo que me hace más fuerte.  

Cuando llega la siguiente mañana oscura,

hay un grito de miedo…

Y me hace despertar

tan pacíficamente como lo hice, cuando me fui a dormir.  

Todo está oscuro 

excepto por un lugar.  

Es una pesadilla.

Un punto brillante…

Un punto brillante no es una buena señal,

pero la curiosidad se acumula dentro de mí.

 

Cuando me acerco para tocarlo ...

Hay un cosquilleo de dolor alrededor de mis dedos.

Aunque duele….. Sigo tocándolo, sin ningún miedo.  

Ahora...

Estoy sosteniendo el brillo.

Y aunque tengo dolor,

todavía lo sigo sosteniendo.  

Mientras me observo

veo que me estoy quemando.  

Estoy asustada.

Por primera vez en mi vida

estaba asustada.

Sentía que el miedo se elevaba dentro de mí.  

Pronto...

me encontré cerrando los ojos.

Y mientras tomo mi último… último aliento…

Digo: “una vez fui oscuridad. Pero ahora… Soy la hija del sol.

Y disfrutaré esta última parte de mi vida “.  

Cierro los ojos una vez más.

Y nunca los volveré a abrir.

I am the daughter of the darkness.

The wind howls all around me,

as it tells me to go on home.

The moon rocks me, 

as I feel all the brightness out of me

and I could peacefully go to sleep, 

dreaming about my doom and all the dark lords awakening.

The sky is dark as always

and makes my heart go black.

The dark sky is my home

and the dark is what makes me stronger.

As the next dark morning arrives,

it makes a yell of fear…

and makes me wake up

as peacefully as I had, when I went to sleep.

All is dark

except for one spot.

It is a nightmare.

A bright spot…

a bright spot is not a good sign,

but curiosity builds up inside of me.

As I reach forward to touch it…

there is a tingle of pain around my fingers.

Although it hurts…I keep touching it, without any fear.

Now…

I am holding the brightness.

And although I’m in pain,

I still keep holding it.

As I look at myself

I see that I am burning.

I am scared.

For the first time in my life.

I was scared.

I was sensing fear rise inside of me.

Soon enough…

I was closing my eyes.

And as I take my last… And final breath…

I say “I was once darkness. But now… I am the daughter of the sun.

And I will enjoy this last part of my living life.”

I close my eyes once more.

And I will never open them again.

Luna Tarheni Hernández González

Trithemius Talleres Literarios se complace en promover los jóvenes talentos.

¡¡¡Felicidades por este comienzo en las letras, Luna!!!

Esmeraldas secas

Esmeraldas secas

Ana Jazmín Sossa González

Lo encontré tirado sobre la superficie del lago de cemento congelado. Su cuerpo de noche estaba cubierto por una dulce jalea pegajosa, que en un pasado le dio vida. Yo, a usted le tengo que recalcar que nunca lo busqué, pero sin duda, a su manera, él descubrió la forma de encontrarme, y yo, como siempre lo he hecho, lloré su muerte para después enterrarlo en el papel, porque era lo único que me quedaba, es lo único que siempre me queda. 

Sucedió una tarde de este año, mientras esperábamos ansiosos la llegada de la primavera, y antes de que los monarcas locales decretaran bajar todas las cortinas. Fue una tarde en la que, como llevo tanto tiempo haciendo, dejé de ahogarme en vasos de agua, para reemplazarlos por café. Cappuccino con doble carga del establecimiento más cercano para gastar la noche en vela.

Cual caramelo mordido y tirado al suelo, llegaban pensamientos en forma de hormigas a hacer vibrar mi cerebro. Pasos largos y presurosos en el corto camino a casa.

Ensimismada, en-mi-mis-ma-daaaa. Caminaba ciegamente aún con los párpados de par en par. Entonces, antes de doblar la primera esquina, un intenso aroma, que sin embargo no llegaba a la pestilencia, comenzó a invadir el ambiente. No tardé mucho en darme cuenta de que fuera de una de las casas que se desvanecían ante mis ansiosos pasos, yacía el cuerpo de un gato negro. Me detuve un momento, hasta que un extraño impulso me invitó a acercarme a él. Nunca he sido muy cercana a los gatos, pero el solo hecho de verlo ahí me llenó de tristeza, sentimiento con el que siempre tendí a firmar contrato y compromiso apenas lo sentía. Al observar su cuerpo con mayor detenimiento, vislumbré numerosas líneas disparejas en sentido vertical y horizontal. Piquetes de tenedor para corroborar el cocimiento de la masa, puñaladas mortíferas y cobardes. ¿Qué mereció ese mísero animal, sin duda mucho menos mísero que muchos humanos para haber sido víctima de semejante martirio? Me resistía a ver su rostro. Volteé a los alrededores intentando buscar pistas que me indicaran el motivo de su muerte. Al no encontrar resultados y como por obra de la inercia volví mi vista a la escena del crimen: lo primero que vi fueron sus ojos. Entonces todo, al menos para mí, comenzó a tener sentido.

Usted va a pensar que yo estoy loca, que se me están botando los tornillos e incluso es posible que cuestione la veracidad de mi experiencia, pero desde aquella tarde todo a mi alrededor tuvo más sentido. El par de esmeraldas abiertas, ahora secas y mosqueadas, con que aquél pobre animal llegó a descifrar el mundo, lo he visto en muchas otras ocasiones, y seguramente usted también. Su resplandor es el mismo que se desprende de los ojos de todos aquellos que viven con fulgor y levantan su estandarte por las calles día a día. Su brillo es aquél que se extingue cuando la censura extingue también todo aliento de vida. Su brillo también es el de la inocencia y el de la osadía, que se ven apagados diariamente por huestes de violencia. Brillo que se derrite en forma de lágrimas ante las hordas del silencio.

En ese momento, no pude evitar imaginar a mi flagelado compañero portando en vida, ya fuera rosario, pañuelo verde, blanco, morado, naranja o celeste, ya fuera viajando, caminando, trabajando o estudiando, ya fuera danzando, corriendo, comiendo, creyendo y refutando, sabiendo e ignorando, siempre viviendo e intentando sobrevivir. De pronto, en medio de mi dolorosa maraña de reflexiones, observé que su vientre comenzó a moverse de arriba abajo. Tal vez lo imaginé, tomando en cuenta la sensación de vértigo y pesadez que todo aquello encendió. Onduló poco más de 7 veces y finalmente descansó.

Quiero creer que formularme alguna idea de su historia y traerla a este cuarto oscuro, fue la sepultura que le pude dar. Quiero creer que en ese gato estamos nosotros dentro de la marcha continua de supervivencia. Quiero creer que en él hay riqueza y pobreza, limpieza e inmundicia, sensibilidad y hostilidad, humanidad y deshumanización expresas en una danza pura y constante. 

Ana Jazmín Sossa es alumna del curso de escritura creativa

Desde aquí arriba se ve todo diferente

Por Maritza García Plata

Desde aquí arriba se ve todo diferente…
Nada es tan grande como parece de hecho se reduce a puntos de colores, brillantes y movedizos.
Admiro apacible los movimientos y me maravillo de poder observar las nuevas formas que se hacen de tiempo en tiempo.

Desde aquí arriba se ve todo diferente…

El ruido impresionante cuando truena la ola, se desvanece y me envuelvo en el apacible regreso del agua al mar.

Desde aquí arriba se ve todo diferente…
Me maravilla el sonido del silencio, es un bucle con ritmos y formas donde flotas en todos los sentidos… y de pronto despierto de mi ensoñación.

Maritza García Plata es alumna del curso de escritura creativa

Seis variaciones sobre una tienda de sombreros

Por Jorge Nájera

I

Kal Dabara extendía las manos hacía arriba mientras hablaba. Una de ellas
sostenía el sombrero que describía, otra hacía pantomima al respecto y las dos
restantes se levantaban hacia el techo, como si quisieran sostener en ellas la
transparencia del Domo de Observación, que mostraba estrellas brillantes,
acumuladas sobre el disco galáctico, en movimiento aparente, como si flotaran
sobre un río oscuro.
Uno de los jóvenes alzó su propia mano. Kal detuvo sus palabras. El
muchacho preguntó: ¿qué es una vaca?
Una sonrisa amplia, una pausa. Kal puso el sombrero sobre su propia
cabeza, tratando de que sus formas encajaran en el hueco del centro, a pesar de
que el sombrero no había sido pensado para ellas cuando lo hicieron, setecientos
años antes. Uso la extensión completa de tres brazos para trazar el contorno de una
bestia enorme y con la cuarta mano simbolizó los cuernos que coronaban la silueta.
Una vaca era un animal que nuestros ancestros criaban en la Tierra-que-fue.
De ellas se alimentaban. Los vaqueros eran quienes las cuidaban y las llevaban de
un lugar a otro, durante semanas y meses, acampando en las llanuras.
El joven guardó silencio. Kal Dabara reconoció en sus facciones la expresión
de quien ha comenzado a imaginar otra época y otro lugar. Miro de reojo el saco a
su lado, donde guardaba las reproducciones de los sombreros que presentaba.
Estuvo seguro entonces de que en esta nave podría vender varios, antes de pasar a
otra en la gigantesca caravana que era la Flota Migratoria.

II

Sarra-Ukin, Rey Legítimo de Akkad, contempló curioso los actos de su
invitado. El embajador de los reyes de Awan paseaba entre las vastas filas de
estantes que cargaban la colección de los sombreros reales. Oro, plata, gemas
preciosas, maderas fragantes, pieles de animales traídas de las cuatro esquinas de
su imperio. Sarra-Ukin se preciaba de nunca haber repetido el uso de uno en todas
las ceremonias y banquetes que había precedido durante los treinta años de su
reinado. Los había preservado en este gran salón, como si en ellos se guardaran las
memorias de lo que habían atestiguado, y habían sido tesoro sólo de sus ojos hasta
que uno de sus consejeros había sugerido, sin pensarlo realmente, que serían mejor
aprovechados como regalos para los embajadores de otros reinos que visitaban la
capital.
Sarra-Ukin, sabio entre los sabios, había tomado la idea, la había devorado,
como un halcón del desierto, y en su mente se había transformado. Cada sombrero

era, ahora, no un obsequio, sino un contrato. Un símbolo de la sumisión
inconsciente pero manifiesta de los visitantes, que regresaban a sus tierras portando
sobre sus cabezas las glorias de su imperio. Cuando, finalmente, el embajador de
Awan escogió uno y regresó orgulloso con él cubriendo sus cabellos rizados, Sarra-
Ukin, Rey Legítimo de Akkad, sonrió satisfecho.

III

Entre las muchas enciclopedias escritas sobre todos los aspectos de la vida
galáctica, destaca por el contraste entre lo mínimo de su origen y la inmensidad de
su producción el “Absoluto catálogo de los sombreros y adornos semejantes a
través de los cinco brazos y veintitrés nebulosas de la Vía Láctea, ilustrado”, que
inicialmente era un servicio de venta por la Hiperred, dedicado a transmitir a los
mundos periféricos las modas de los planetas centrales. Con el pago de una mínima
cuota por miliciclo galáctico estándar, los suscriptores podían construir en casa
diseños creados a miles de años luz de distancia; lo cual probablemente resultaba
reconfortante en los primeros milenios de colonización, cuando las posibilidades de
viajes interestelares para el ciudadano promedio eran escasas.
Con el tiempo, el Catálogo evolucionó. De simplemente mostrar modelos y
sus patrones, pasó a incorporar descripciones, breves al principio, después más y
más elaboradas, hasta convertirse en auténticos artículos de investigación que
detallaban todos los pormenores de los mundos, épocas y culturas que originaban
cada sombrero. Ahí están desde los inmensos asteroides excavados que usan los
metacetáceos cislunares para proteger sus cráneos mientras orbitan gigantes
gaseosos, hasta las así llamadas “gorras de pecado” de los subterráneos en Tau
Ceti, que viven ciegos en sus túneles y acumulan las culpas de su existencia en sus
sombreros, los cuales sólo pueden tocar y conocer aquellos con los que acuerdan
compartir su vida. Todo esto en un mero catálogo de venta de sombreros.

IV

La vida de Manuel Zúñiga está dedicada por completo a la elaboración de
sombreros. El origen de esta pasión, según narra, estuvo en las horas de su infancia
que pasó jugando con sus soldaditos, a los cuáles, siempre sintió, les faltaban
gorros adecuados a todos los grados y pompa de su Ejército imaginario. Fue así
que Manuel comenzó a dedicar más tiempo a crear dichos sombreros que a jugar
con las figuras que los portaban. De ese entretenimiento infantil, siguió un
pasatiempo de juventud y finalmente, una profesión de adulto.
Manuel, habiendo descubierto que sus miniaturas eran apreciadas por los
coleccionistas, decidió dedicarse de lleno a ellas y abrió su primer taller formal hace
veinte años, taller que ha crecido hasta su tamaño actual, dándole trabajo a casi
cien artesanos de múltiples nacionalidades. Pero, como todo maestro, Zúñiga nunca
se ha detenido en la perfección de su arte, sino que la ha continuado, esforzándose
temporada tras temporada por sacar sombreros cada vez más pequeños pero más

detallados. Hace mucho que en el taller deben fabricar sus propias herramientas y
lentes, a la par que elaborar los sombreros. Actualmente se enorgullece de que su
grupo de avanzada está acercándose a romper la barrera del nanómetro, lo cual
pondría sus últimas creaciones al nivel de microprocesadores en cuanto a tamaño y
detalle. Pero, según declara, el mayor de sus orgullos es saber que sus hijos han
encontrado también la belleza en lo mínimo, Miguel, el mayor, se prepara a tomar
las riendas del taller una vez que su padre decida retirarse. Luis, el menor, por otro
lado, acaba de graduarse como físico especializado en partículas subatómicas. Con
alegría, confiesa temer que la profecía de su padre se descubra cierta durante sus
investigaciones: que Dios se le adelantó y la más pequeña partícula que constituye
el Universo sea un ínfimo sombrero.

V

Ha sido una cuestión intrigante para los historiadores durante la última década la
obsesión que mantuvo el Comité de la Segunda Revolución con los sombreros. El
hecho conocido por todos es que el día después de que sus fuerzas tomarán la
Ciudad Estado de Nueva Shangai, el primer acto de la Segunda Revolución fue
prohibir la portación de sombreros a los cincuenta millones de habitantes de la
ciudad. Se han propuesto varias teorías, desde el mero capricho revolucionario
hasta algún personaje con sombrero que hubiera marcado la vida del Director del
Comité. Por supuesto, nada se ha comprobado. Lo único que se tiene documentado
es la propaganda que pintaba al sombrero como un símbolo de ocultamiento. Un
muestra de que los enemigos de la Revolución querían esconder sus ideas.
También están los cientos de artículos publicados por los admiradores del poder
que defendían la prohibición aduciendo las cualidades opresoras, burguesas y
aristocráticas de los sombreros. Es bien sabido que si bien ningún símbolo empieza
siendo político, los opositores pronto se dieron a la labor de darle estos atributos a
los sombreros en sus famosas “tiendas invisibles”, fiestas privadas donde se
reunían a describir los más exóticos y exagerados gorros que podían y se prometían
conseguirlos y lucirlos en la celebración a la caída del Comité. Resulta irónico que
cuando el régimen radicalizó a la oposición reprimiendo estas “tiendas”, fue
precisamente la falta de cascos de sus soldados lo que le dio la ventaja definitiva a
los francotiradores rebeldes.

VI

1096 Verbos de Compasión, deidad sublime de la Casa de K, sostuvo entre su
millón de brazos el sombrero que 333 Adjetivos de Perfección, sastre de
divinidades, había colocado. Era el sombrero un pequeño universo completo, de
solo cuatro dimensiones, pero primorosamente labrado, hecho según 333 para tener
sólo un propósito: era este un universo dedicado a elaborar sombreros. Todos sus
tiempos, mundos y habitantes tenían en su interior una fuerza motriz que los
empujaba inexorable a tejer, a bordar, a ensamblar, a forjar billones, trillones de
sombreros distintos ¿Y cómo podría ser de otra forma, si hasta sus partículas más
ínfimas eran sombreros indivisibles? 1096 contempló todo este detalle durante un

breve kalpa y decidió que había encontrado el adorno perfecto para la celebración
de la Superconstante Atemporal.
333 Adjetivos de Perfección, sastre de divinidades, sonrió con satisfacción.