Raúl Aceves nos cuenta acerca de “Conversaciones entre Lilith y el Ángel”

Raúl Aceves, noviembre de 2020.

En su libro más reciente, titulado “El evangelio del universo, conversaciones entre Lilith y el Ángel”, Yolanda Ramírez Michel nos da su recreación personal del Génesis, y nos pone como actores principales al Amor y a la Nada, el Origen y la Unidad, la Materia y el Pensamiento, el Sueño y la Imaginación, el Caos y el Hogar Universal, el Gran Pensador y los Niños Secretos, Ella (La Gran Madre) y los Ángeles (los primogénitos), hasta llegar al hijo inasible e infinito: el Tiempo.

El impulso de desentrañar el misterio de nuestro ser despertó la curiosidad del “ángel más joven” y lo hizo desafiar los límites establecidos al conocimiento y romper los tabúes del Padre. Así nació la tentación de probar “el primer fruto prohibido del mundo”. Y de ahí resultó “el espanto, el desasosiego, la confusión”, la extrañeza de “aquel primer vértigo llamado Libertad”, y la polaridad de los opuestos llamados Bien y Mal.

El Padre y la Madre habitaban en la aldea primordial, en aquella casa de los Destinos, y para no alterar la unidad original, el ángel rebelde optó por exiliarse acompañado de la Madre por “una escalera que nace rumbo a la profundidad, por aquel laberíntico tronco – del Árbol de la Vida – hacia lo más denso de la carne cósmica”. Ese fue el origen de los Ángeles caídos.

“La Gran Madre -Materia- estaba lista para que naciera Vida, hija bella y sagrada, Miríadas de hijos emergieron del vientre de la Tierra. Los ángeles exiliados tomaron nuevas formas y se convirtieron en hadas, elfos, gnomos, sirenas, ondinas, ninfas… y a los más rebeldes se les llamó demonios.”

Extrañando a la Madre, la “Ella” primordial, el Padre también descendió al mundo material por el tronco del Árbol de la Vida, recorriendo los 22 senderos de las 10 esferas refulgentes (como lo señala el Kábala). En este mundo el Padre reconoció las letras invisibles de su nombre detrás de todas las cosas creadas como un espejo donde podía verse a sí mismo (como lo señala el Zohar, libro místico judío).

A pesar de la disonancia que había en el mundo material , el Padre respetó la libre elección de sus hijos y la posibilidad de convertir el caos en un orden nuevo. Y así quedó sembrada la semilla de la utopía. El Padre entregó un último don a las nuevas criaturas: un ADN estelar fundador de su linaje, un código genético hecho a semejanza del código cósmico.

Luego de la Madre nació la primera pareja humana, el varón llamado Adán, y la hembra llamada Lilith, y fueron instalados en un lugar paradisiaco, donde no les faltaba nada, y el Padre les dio además e don del Verbo, la palabra que da nombre a todo lo creado, que da identidad a todas las cosas, que da forma a las esencias. La palabra que es al mismo tiempo puente y abismo.

En esta recreación mitológica – situada a medio camino entre la ficción y la prosa poética sin faltar la reflexión filosófica y los aforismos – la figura central de Lilith suplanta a Eva como primera mujer de Adán, y a semejanza del primer ángel rebelde, se auto-exilia del aburrido Edén y abandona a Adán, para ir a hacer compañía a los “Ángeles caídos”, y convertirse ella misma en símbolo de la primera mujer emancipada, libre del dominio masculino, rebelde, pero hambrienta del conocimiento que fue negado en el Edén.

En pocas palabras, Lilith se convierte así en la primera feminista de la historia, según nos propone Yolanda Ramírez en este libro, que sin duda resultará polémico y heterodoxo para muchos, y propositivo para otros. Sea como sea, creo que es un libro que reúne las mejores cualidades de Yolanda como narradora, pensadora y poeta, que ojalá tenga la recepción que se merece.

Raúl Aceves 30/11/2020

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Raúl Aceves, Premio Jalisco de Literatura 2020

Por Yolanda Ramírez Michel

Ante la reciente noticia de que mi amigo Raúl Aceves ganó el premio Jalisco de Literatura 2020, podría enlistar su abundante obra poética, ensayística y de investigación, como referente irrefutable para tal nominación, pero seguramente muchos se encargarán de hacer esta lista con lujo de detalle, yo prefiero contar del gozo de su amistad, y de la magia que su presencia derrama.

Conocí a Raúl en los albores del siglo XXI. Nuestra amistad fue alimentada por incontables tertulias en un café entonces llamado “La Selva”. Los miércoles, un grupo variopinto de inquietos artistas nos reuníamos en torno a Raúl, que parecía un sol imantando con su bonhomía, su sapiencia y su alegría. Fueron varios años en que Raúl no faltó a la cita, llegaba casi siempre con un morral lleno de tesoros, libros que repartía con alegría de niño perenne. Le debo, no sólo su acompañamiento en mi aprendizaje literario, gracias a nuestras charlas o a los libros que me regaló; le debo el ejemplo que me dio su prudencia, su cuidado en la palabra, la ausencia de juicio en sus comentarios, y la sencillez entrañable con la que atiende a todos los que se le acercan.

Raúl Aceves y Yolanda Ramírez Michel en el café La Selva de Guadalajara

La Selva cerró, yo me mudé a Ajijic, y las tertulias se cambiaron a otro café. Si hay algo que extraño en medio de este paraíso que es la ribera, son esas tardes cerca de él.

Pero la amistad y la admiración es algo que no se acaba con la distancia, y menos cuando los amigos siguen sembrando sus parcelas con bienes.

Hay en Raúl un chamán, un poeta, un sabio, un visionario, un místico, un maestro alegre y comprometido, un filatelista entusiasta, un lector incansable, un investigador comprometido con sus obsesiones, un amigo fiel, un hijo que honra, un niño eterno, un risueño contertulio, un creativo periquetero, un consejero lúcido, un psicólogo natural, un referente de las letras que son fieles al numen.  Quien no conozca a Raúl podrá pensar equivocadamente que exagero. Quien lo conoce sabe que me he quedado corta.

Para terminar, quiero contar una anécdota que podría parecer salida de un cuento de hadas, pero que me sucedió a mí, y que no dejo nunca de narrar con la alegría que da el milagro:

Impartía mis primeras clases de mitología, y para cada tema debía contar con material bibliográfico que sustentara mi clase. Me habían pedido que incluyera en el currículo mitología africana, pero no tenía suficiente información y preferí negarme. Sin embargo, la espinita quedó… y fui al Fondo de Cultura Económica, a ver si encontraba algo… (en toda la librería andavete del tema). No obstante, ahí estaba Raúl, sentado en el café del Fondo. No era día de tertulia, ni lugar para el encuentro semanal. Me alegró verlo, lo saludé con entusiasmo y me dispuse a acompañarlo mientras se tomaba su café. En su regazo reposaba, como siempre, su morral mágico.

-Traigo aquí algo que pienso que podría gustarte- me dijo con una sonrisa curiosa, mientras sacaba un libro con el lomo quemado. -Es un libro que se salvó de un incendio, por eso está quemado.

Tomé el libro, en la portada rezaba: Tchicaya U Tam Si, Leyendas Africanas.

Sí, Raúl también es un mago.

Página interior del libro que me regaló Raúl Aceves