Diciembre del 2021 es testigo de la segunda edición del Tarot de don Quijote, 78 arcanos, de Yolanda Ramírez Michel, con ilustraciones de la artista visual jalisciense Adi Rivera.
Edición especial
Ramírez Michel aclara: “…no estamos en El Tarot de Don Quijote pretendiendo imitar al tarot de Marsella con algún ajuste estético. Este es El Tarot de Don Quijote, y cada uno de los arcanos respeta la esencia del tarot, mas no la representación iconográfica del tarot de Marsella… […] cada imagen es una esencia, y lo que nos interesa es expresar la esencia”.
¿Cuál es la gran sabiduría que ambas obras pueden ofrecernos? Esta obra aporta respuestas en muchos sentidos y es además sumamente amena.
El libro contiene 78 capítulos explorando las semejanzas y relaciones que contiene el libro de Cervantes con los Arcanos Mayores, los Arcanos Menores y las Figuras de la Corte. Este es un acercamiento a las posibilidades simbólicas del Quijote, y a las fuerzas arquetípicas contenidas en el ancestral libro de imágenes denominado actualmente Tarot.
El Tarot de don Quijote es un proyecto que vincula la sabiduría de ambos libros. el Quijote y el Tarot. El Tarot es un libro de imágenes, y don Quijote un libro de símbolos. La primera edición, publicada por la editorial Salto Mortal (2016), contiene: El libro teórico, el oráculo y su mazo de cartas.
1.- El libro teórico.
El libro teórico contiene 22 capítulos con la investigación realizada por la Maestra Yolanda Ramírez Michel, acerca de los 22 arcanos mayores del Tarot, y su relación con ciertos capítulos y/o personajes del Quijote (más adelante te compartiremos un capítulo para que puedas darte una idea). En el libro teórico la estética iconográfica toma como base el Tarot de Marsella.
2.- El oráculo de don Quijote
El oráculo de don Quijote inicia con una introducción para realizar poemancia (ciencia practicada por los poetas surrealistas, y que consistía en abrir un libro de poesía y que los versos respondieran a inquietudes muy profundas), y consta de 22 poemas oraculares. La iconografía del poemario deriva de la interpretación del ilustrador Pedro Becerra
3.- El mazo de cartas
El mazo incluido en esta primera edición del Tarot de don Quijote acompaña la iconografía del oráculo.
Acerca de la autora:
Yolanda Ramírez Michel es poeta, ensayista y narradora mexicana; Doctora Honoris Causa en Ciencias de la Educación por la Universidad Santander. Se ha especializado en Mitología Comparada y Hermenéutica, es promotora de lectura, conferencista y docente. Es fundadora de la comunidad cultural Trithemius Talleres Literarios, y directora de publicaciones de la editorial Salto Mortal. Sus obras publicadas son: El gran niño, electrones de un sueño, (El viaje ediciones 2005/ Progreso 2008); Jacinta, (La Zonámbula 2008); La maestra Milagros (Progreso 2010/ Panamericana 2015); Palingenesia (C&F ediciones 2011); Los mitos del alba, (CECA 2011); Grimori Mundi (Salto Mortal 2013); Litterae (Salto Mortal 2014); Todos somos Magos (Edelvives Progreso 2014); El Tarot de don Quijote (Salto Mortal 2015); El Oráculo de don Quijote (Salto Mortal 2016); el Manifiesto Luminista (Salto Mortal 2017); Crónica de una reparación vital (Salto Mortal 2018); y Nimué la dama de los cuentos (Panamericana 2019). Coordinó la antología de cuentos para jóvenes y niños Submarinos de papel I y II (2009 y 2010 respectivamente), Actus Magno, los conejos también escriben (2011), Los cuentos de la calle Lux (2012), Fiestas de Yule (2013) y Nuevas Fiestas de Yule (2016).
Aquí te compartimos el capítulo del Loco:
EL LOCO
Don Quijote
El mundo hoy en día se ha vuelto demencial… y, quizá la única manera de
no perder la cordura sea vivir absurdamente para el mundo.
Entonces… ¿ser cuerdo en un mundo así me vuelve un
loco?
“Loco” -dirán muchos- y querrán ofender; “loco” -dirán
otros- y una leve inflexión en su voz revelará desconcierto ante la extrema originalidad, o asombro frente
el valor con que alguien se lanza a la aventura. “¡Loco!” es la
exclamación de los normales ante
quien no se sujeta a usos y costumbres.
También es loco el
que no ha soportado la realidad, y se fuga…
“Loco”
tiene algo de cielo, algo de infierno; también algo de niño, algo de hombre
libre, algo de valor llevado a los extremos (aparentemente innecesarios para
algunos, los que juzgan), y también tiene algo de manicomio, algo de descontrol
y pérdida del piso.
Hace muchos años en
la antigua Grecia no existía el sustantivo “loco”, sólo existía el
verbo “enloquecer”; lo que le sucedía al hombre que actuaba de manera
extrema, pasional, salvaje, descontrolada, era que el dios Baco lo poseía. Acción
pura. La lengua griega no sustantivaba la locura, el hombre podía entrar y
salir de ella, sin llevar la palabra a cuestas de por vida como un fardo.
Mucho de lo que
produce inspiración a los artistas, y las cosas que hacen, dicen, o piensan,
son para el mundo locura, no obstante,
a la hora de admirar sus obras, el mundo cae rendido a los pies de aquel que,
en primera instancia, juzgaron o que incluso siguen juzgando como “loco”,
aunque muy dentro, y a su pesar, lo admiren.
También sucede que,
damos en llamar “loco”, al que arriesga el pellejo por una causa
noble; o al que deja una buena y lucrativa empresa por seguir un sueño.
Y no hay que
olvidar el dicho: de músico, poeta y
loco, todos tenemos un poco, o quisiéramos tener un poco.
Cuántos locos…
En el Tarot también
hay un loco; un loco que viste traje de bufón. Parece, por el hatillo que carga
a la espalda, que se fugó de casa y abandonó sus bienes. Va directo a la
aventura colmado de entusiasmo. Avanza con rumbo diestro, es el loco del bien,
de las buenas intenciones, de los sueños utópicos. Vaya, ¡el loco del bien!,
qué palabras evocadoras, en un dos por tres viene a la memoria la figura del
caballero andante más famoso del mundo: don Quijote de la Mancha, del que
muchos se reían por su insistente búsqueda de heroicidad ante un mundo brutal, por
su atuendo anacrónico y bufonesco. Don Quijote, el que sale de la comodidad del
hogar para ir por el mundo a luchar por los desamparados, los débiles… el que
se lanza en pos de aventuras con la ingenuidad de un niño, con el valor de un
guerrero, don Quijote de la Mancha, el gran idealista.
En la literatura, cuando
aparece un loco o un bufón es porque su condición de seres periféricos les
permite decir las cosas que a otros están vedadas, las autoridades no prestan tanta
atención a sus palabras… y si lo hacen hay manera de evadir la censura: lo dice un loco, ¿qué te apura? Tal vez sería mejor ser prudentes a la hora
de juzgar a los locos, atender con menos recelo sus imaginerías… y más si su
voz resuena durante siglos por las páginas de un libro; y más en el caso de don
Quijote, que no es cabalmente un loco, es más, mucho más…
…y, entre todos
esos más, don Quijote ¡es lector!, y
como lector es que adquiere sus primeras trazas de alucinado, ¿quién va a negar
que eso hacemos los lectores? Alucinamos bajo el dulce yugo de un renglón
glorioso. Por eso los lectores nos reconocemos en don Quijote desde que lo
sabemos gastador de sus ralos ingresos a favor de la causa líbrica; y es que muchísimas de las cosas que hace, dice y piensa
son el pan nuestro en los cada un días de la vida de un lector. Eso de defender
con toda el alma a los personajes de los libros, como si fueran seres de carne
y hueso, nos pasa seguido… muy seguido. Eso de estar al borde de las lágrimas
ante una página, porque de ella surgen con vida verdadera los seres narrados,
qué seguido lo vivimos. Cuántas veces salimos de alguna historia trasformados,
-y digo así: “salimos”, porque leyendo estamos adentro, y dejando de
leer estamos afuera- dispuestos a llevar las aventuras del papel a la vida… y,
si ésta no lo permite, al menos lo hacemos dentro, muy dentro, en lo más íntimo; ahí penetramos
dimensiones nuevas, vamos por un libro y éste nos lleva a otro, y con todo este
recorrido laberíntico, de lectura en lectura, un día nos encontramos
distanciados del mundo ordinario, la lectura nos ha llevado a otra patria, ahí
las palabras están vivas y han formado comarcas enteras. Ante nuestra
metamorfosis todo lo que antes era natural, se ha vuelto distante. Por eso, a
los lectores, muchos nos juzgan locos.
Don Quijote es un
lector. Un lector especialmente valiente, no se conformó con soñar las
aventuras de los libros, cargó con ellas, y con las fantasías, las llevó a casa;
más aún, supo advertir en la vida real lo que los libros contaban con trazos
fantásticos. Contempló la rutina con ojos de fábula, los monstruos del diario
vivir con mirada épica. Supo ver en medio de una realidad tangible, un denso
mundo de sombras, latiendo. Las visiones fantásticas de los libros salieron del
papel gracias a la lucidez de su mirada simbólica para abrir la carne de las cosas,
para insertar su analogía fantástica en los aparentemente sencillos avatares cotidianos,
y sólo así, habitando lo que otros llaman locura, pudo ver la belleza en un par
de toscas campesinas, o castillos donde unos simples adobes dan cobijo al
viajero, o princesas de buena cepa en las Doroteas que luchan por conservar el
amor.
Don Quijote es un
lector, y su historia, entre otras muchas cosas, habla sobre libros, objetos
materiales que trasforman la vida; no obstante, cuántos peligros ven en ello
quienes detentan el poder, o quienes no quieren arriesgarse a ver más allá de
sus narices, conformes con su enmohecida pero cómoda existencia. Mejor
considerarlo loco, loco por leer tantos libros de cabalería… perdón: caballería. Eso de salir de casa para ayudar a
otros, ¡qué locura! ¿No se conforma con leer acerca de héroes que buscan el bien?,
quiere hacer el bien, vivirlo, padecerlo en carne propia, dejar que estas cosas
le cambien la vida. Y todo sin ningún tipo de recompensa material. Y es que don
Quijote no va por ninguna recompensa material, hace las cosas porque lo guía un
sino trascendente, algo en su interior valida sus “torpezas”. Y eso, ¡cuánta
extrañeza les causa a muchos! No obstante, nosotros, lectores, ¡ay!, aunque
pudiéramos también ser algo conformistas, o racionales, o incluso escépticos, si
somos LECTORES indefectiblemente nos conmovemos, y seguimos al hidalgo con
secreta admiración en pos de la utopía, y cuántos nos reconocemos en la mayoría
de sus luchas y derrotas.
Y si tú, aunque
esto lees, no te consideras lector con toda la anchura de la palabra, piensa
que don Quijote no fue sólo lector de libros, y que, aquí no estamos tampoco
hablando sólo de esa clase de lectura, sino incluyendo una lectura viva, la de
la vida, (y las imágenes de la vida). Por eso nos impacta tanto a todos,
lectores y no lectores, este gran devorador de libros, algo en el personaje nos
imanta, posee un secreto que nos obliga tiernamente a amarlo, un anzuelo magnífico.
Es un anacrónico caballero andante, pero también es un niño ingenuo y bueno,
que la mayoría terminamos queriendo irremediablemente. Don Quijote se gana
nuestro cariño porque todo él es auténtico, sus acciones son trasparentes, por
ello los demás pueden manipularlo a veces, y lo hacen precisamente usando lo que
él lee, pueden usarlo porque para don Quijote lo que lee ya se volvió
importante, y significativo, le dio causa mágica al mundo material.
De la lectura a la
locura, y de la locura a la lectura, inevitable tratándose de esta historia.
Lectura y locura se vinculan, y los que somos lectores nos sentimos
extrañamente satisfechos de que alguien las vincule, es como si validara y
entendiera todas nuestras fantasías. No obstante, tratándose de lectores
también hay sus variantes, don Quijote es indiscutiblemente un lector, pero no
usa lo que lee principalmente para aumentar su intelectualidad, no está
buscando necesariamente saberes, está buscando más bien emociones, vida,
trascender la realidad a partir de experiencias límite. Sus lecturas no lo
llevan al liceo, lo llevan a lustrar las armas de sus ancestros, a salir de
casa para enderezar y desfacer entuertos,
quiere salvar damas en peligro, enfrentar gigantes. En pocas palabras, es
lector activo, permite que la lectura lo cambie, a don Quijote lo que le reboza
es el corazón. Quiere donarse totalmente, es AMOR entregándose, no pide nada; y
esto, obviamente, ¡es locura para el mundo!
…aunque una locura un
tanto extraña, sólo acontece en tratándose
del tema de la caballería. Fuera de ese tema sus discursos son del todo
lúcidos, ningún erudito pondría un pero a sus razones. Señores, es que don
Quijote no es un loco, ¡es un iluminado!, un iluminado extravagante. Para ver
lo que él ve, habrá que entender el mundo en su dimensión simbólica, habrá que
leer la alegoría, hacer exégesis y hermenéutica, sublime forma de leer; y por
eso El Quijote es grande, porque nos
reta a entenderlo así, con y por las causas de otro reino.
Carta:
Polo de evolución: potencialidad de ser, inocencia, entusiasmo, pureza
de intención, espontaneidad. Polo de involución: inconsciencia, absurdo,
demencia.