La reina hada, poema épico de Edmund Spenser (¿1552/1553?–1599) , fue la primera obra con estas características en inglés, y la precursora de la tradición poética heroica en este idioma. Milton, figura también fundamental en el panorama de la poesía inglesa, le tenía una devoción inmensa. Comentamos esto porque es importante entender que los grandes espíritus siempre han sabido admirar a otros grandes genios, y en ello han demostrado su propia grandeza.
La poética de Spenser posee el poder de entregar con sus imágenes el conocimiento de lo profundo y espiritual. La musicalidad, y las retórica simbólica de La reina hada, ha deleitado durante décadas a nuestros más insignes poetas, y a dado gozo estético a los más exigentes lectores.
Los vates del siglo XVIII seguían las propuestas estéticas de Spenser ya con desenvoltura, Wordsworth, Keats y Tennyson estuvieron profundamente influenciados por la sensibilidad de su trabajo.
Seguramente Spenser se proponía ofrecer una renovación de los romances épicos de los poetas italianos Ariosto y Tasso. Se nota en su propuesta estética y temática que deseaba unificar el romance medieval y la épica renacentista. Una síntesis de los antiguos y los modernos que agradece quien desea renovación sin pérdida de los altos valores de la tradición.
Si vemos la tradición poética como una línea que se despliega desde la antigüedad Clásica, en Spenser la tradición alcanza un grado de originalidad y renovación que da pie a que los poetas posteriores no se desliguen de los veneros originales aunque propongan cada uno sus cuotas personales.
Es importante que al traducir el título de Spenser como “La reina hada”, se comprenda que la obra es una alegoría fantástica acerca de Isabel I, la llamada Reina Virgen, presente en el poema sólo como una luna sobre el reino al que gobierna.
El poema, entre otras cosas es una crítica -velada por el entramado mítico y la apariencia de cuento de hadas-, de la tergiversación de los valores por parte del gobierno y la iglesia. Publicado en 1590 celebra públicamente la victoria inglesa frente a la Armada Invencible de Felipe II. Y en el plano moral intenta inculcar valores cristianos.
La división del libro se da mediante la semejanza con el orden cósmico de la semana planetaria de Ptolomeo: •Sol •Luna •Marte •Mercurio •Júpiter •Venus •Saturno.
La reina hada se publicó en dos partes (la primera parte en 1590 y la segunda en 1596).
Aunque al inicio del poema manifiesta su intención de escribir doce libros, y por esto se infiere que la obra quedó inconclusa (sólo posee seis cantos y un fragmento), finalmente pudo parecerle a Spenser más idóneo el siete como referente de una temporalidad que une todos los tiempos en uno (recordar que el siete, los siete días de la semana, es un símbolo del tiempo que se renueva sin cesar).
Esperamos que esta pequeña reseña te despierte las ganas de conocer las grandes obras de la Literatura Universal, recuerda que tenemos talleres en línea donde las estudiamos, sigue nuestro canal y podrás enterarte:
Hace algunos soles nació Jacinta. En cuna de besos creció primogénita. Protegida por hadas y duendes exploró los bosques de la infancia. Tuvo el buen tino de ser feliz entonces, tan feliz, que confundía los presagios de tormenta con tiernos gruñidos del cielo.
Sin embargo, su risa brilló…, brilló, y atrajo la oscuridad. Un feroz colmillo aterrizó justo en su yugular, y las moscas rodearon el pastel de cumpleaños.
INTRODUCCIÓN
Nos merecemos todo lo que podemos soportar.
Elfriede Jelinek
Sucedió que un día Jacinta conoció un Ogro… él quedó deslumbrado por sus ojos de miel, y sin dudarlo la invitó a vivir en su palacio.
Para convencerla le habló del aliento florido que cercaba los muros, de las semillas blancas y lanudas que los álamos de su bosque esparcían al viento, del reflejo musical en el riachuelo.
Jacinta aceptó la invitación. Llegó ataviada con un vestido de azucenas, portando una nube de tul en sus perfumados cabellos. Cruzó el umbral de la mano del Ogro. Altos ventanales filtraban rayos de luz sobre los tapices de los muros, los salones repetían engañosos ecos de bienvenida. Una larga mesa rectangular presidía el comedor, la cabecera parecía tan lejana e inaccesible como un trono. Más allá, tras una portezuela, la cocina monologaba susurros de agua y leña. En las paredes colgaban imágenes de ilustres antepasados, y en cada puerta abrían su boca cerraduras donde dormían llaves de truculentos dientes.
A cada paso del Ogro la madera crujía, perezosa y sumisa, unida a los acordes de una lira que mansamente los acompañaba por los mudos corredores. Todo lucía suspendido en una dimensión incierta, en espera de órdenes precisas. El Ogro guiaba a Jacinta con orgullo a través de sus dominios.
Conforme avanzaban, el castillo se hundía con gemidos de aire en irrefrenable descenso, los cimientos penetraban la tierra rumbo al averno. El Ogro, inmutable, aseguraba las puertas franqueadas con pesados aldabones de oro.
Jacinta no se percató de nada. Su andar hipnótico, siguiendo un íntimo canto de huso, la sumergía por hundidos corredores hacia la cámara nupcial. En el último trayecto las azucenas de su cauda se marchitaron de pronto, y la nube de tul que ondeaba sobre sus cabellos se tornó gris, borrascosa.
Cuando Jacinta llegó a la habitación del Ogro, los muros ya habían perdido todo rastro de luz. Ahí, él cerró de pronto, con un puntapié, esa última puerta. Jacinta se sobresaltó y salió de su ensueño. Luego él la arrojó al gran lecho, –la cabecera de ébano tenía grabado un escudo donde una serpiente agonizaba en las fauces de un león. Entonces, sin miramientos, el Ogro le arrancó el vestido… y ya jirones, sobre impávidas lozas de hielo, unos pétalos ajados emitieron secos crujidos de otoño.
Cuando el Ogro terminó de morderla, su vientre trazó el perfil de una lágrima roja sobre las antes inmaculadas sábanas de seda.
Capítulo I
Sé que estamos atados a nuestros enemigos, y que ellos tampoco pueden escapar de nosotros
Sándor Márai
Jacinta toma veneno todas las noches; en silencio clava su colmillo un vampiro que vomita en sus venas.
Jacinta amaneció rodeada de barrotes. El Ogro le prohibió visitar a los duendes que la esperan en el bosque. ¿Qué sucede?, se preguntó atónita al darse cuenta que se habían fundido sus pies al suelo de la jaula.
Y es que a Jacinta no le han salido las uvas dulces…
Y qué oscura la estrella que recoge las lágrimas de Jacinta. A su alrededor los murciélagos rondan en ávida danza mientras ella alza sus pupilas al cielo con súplicas en la piel. Le duele el zarpazo de la fiera que la acaba de llevar a su lecho. Jacinta sabe, desde siempre, que es un error exponerse a la mordida de Adán, pero una dulce víbora se enroscó en su vientre, perdió el sentido de las prioridades, y se rindió.
¡Qué cruel castigo por perder la lucidez! Jacinta regaló su entraña y un esqueleto la disfrazó de novia para que se confundiera, desde entonces, con un fantasma, y ni su sombra dejara ya huellas de su paso.
¡Jacinta, no te reconozco! ¡¿Dónde quedó el arrojo de tu lengua, la rabia de tu justicia, la soberbia en tu frente altiva?! Ahora te ocultas en la cripta de sábanas que vistes por las noches hasta convertirte en polvo. Olvidas tu voz en una caja de música que sólo responde a la cuerda de “su” mano. El exilio te envuelve cada mañana en su laguna Estigia.
Los que antes te admiraban, ahora enmudecen ante la mueca de tu sonrisa.
Entraste a la aventura con las llagas puestas; bajo los azahares un cardo, entre los pliegues de tul, la niebla. En el altar del sacrificio tu corazón fue inmolado.
Desde ese día recorres la alameda sin llegar nunca al hogar. Tus raíces se secaron y las arrastras labrando surcos. Abres y riegas la zanja, pero no hay semilla, así es tu recorrido de prisionera.
Me dueles mucho, Jacinta, porque aún guardo el recuerdo de la que serías, porque todavía te veo soñadora de un destino triunfal, no sometida a la mediocridad, al miedo.
Abrazo mis piernas, me escondo en mi ombligo… debo parecer un ovillo cubierto por telarañas de llanto, un cuerpo encorvado, encogido…, mecido por espasmos. Una mariposa abortada antes de extender sus alas.
∞
Dicen, Jacinta, que la esperanza es lo último en perderse, esa es precisamente tu maldición: creer que vendrán días mejores y todo cambiará. Pasas de largo ante los retornos persiguiendo un atajo de espinas. Parecería que Hipnos te somete y una mano trascendental te guía. Caminas atraída hacia la rueca, te deshojas como un árbol en otoño y te siembras en un hondo invierno con paciencia y precaución. A tu lado palidecen los destinos que rechazas con altanera mirada de mártir. Una corona cierra y cerca tus pensamientos. Te vendiste a los sueños que una niña con tu nombre creyó cuando todo se creía. Ahora que la realidad te desafía prefieres ignorarla y construir tu torre de cinabrio.
¡Quién diría, Jacinta, que serías juzgada por tu propia quimera, que te verías a ti misma recorrer el camino hacia el Hades, y no sabrías advertir la trampa! Fuiste raptada a la incordura, ¡alumbra lo poco que aún queda de ti, Jacinta! ¡Despierta! La vida te llama desde una escuálida grieta. Escucha su voz y utiliza el miedo para enfrentar los abismos, no para las rutas que prometen felicidad y gozo.
¿Recuerdas, Jacinta, que un tiempo solías construir nubes a la medida de tu sueño? No tenías entonces miedo de caer, pensabas que el suelo era el techo del cielo. Estabas por encima de todo y de todos. Eras dueña de tu pobreza y de tu dolor, e incluso podías volverlos tus siervos. Te enfrentabas a las noches de juventud con la sonrisa y el suspiro de una reina. Reposabas en la piel de tu almohada con la confortable recomendación del sueño y el cansancio. Tu jornada no te dejaba espacios para sufrir porque la llenabas de trabajo. El insomnio era un lejano pariente político que vivía lejos y aislado. No sabías del descanso, pero tampoco tenías tiempo para llorar. Eran días cargados de labores, pero tú sonreías orgullosa, bien plantada en el camino, como quien recibe la libertad y constata que es una gran responsabilidad ser libre. Entonces, tu sonrisa era blanda y apacible. Un poco melancólica pues añorabas, como siempre sucede, lo que admirado a distancia luce refulgente y áureo. Te acercaste tanto a esa luz… que primero se incendiaron tus ojos y ahora tus alas se derriten por olvidar las sabias recomendaciones de la cordura. ¡¿Por qué te enamoraste de Orkus, Jacinta?!
Su alta estampa me impresionó, aunque desde nuestros primeros pasos juntos aplastó sin piedad mis sueños con su pie.
∞
Ah, Jacinta, tú querías construir una cabaña de madera a orillas de un río tierno y tranquilo, en las cercanías del mar. Deseabas contemplar atardeceres y crepúsculos entre sus brazos. El pan no sería importante si no estaba él sentado a la mesa, la alcoba los refugiaría del mundo y dormirían compartiendo el mismo hueco en la almohada. Esperabas que el amanecer trajera cada día ternura restaurada, besos de mil colores, besos hondos, unidad… y ahí donde sus pisadas estuvieran, estarían también las tuyas, siguiéndolo. Pero no fue así, ¿verdad, Jacinta? Él te dejó atrás, ignoró los muros de tu pequeña cabaña, y se concentró en la búsqueda de un arcón henchido de oro. Sus sueños de grandeza no dejaron mucho espacio para tu contemplación del universo, fuiste un juguete nuevo, un objeto hermoso, o útil, que se coloca en el baúl, que se saca sólo cuando hay visitas, cuando es necesario; o un abrigo si el frío cala los huesos…
Su voz se alejó, sus oídos dejaron de comprender tu lenguaje de sonrisas. Le cansaron los besos, ¡cómo te dolía ver que los arrojaba a la basura apenas brotaban de tus labios! Quisiste recuperarlo, pero cuanto más reclamaste su desvío más lejano se volvía, y ya no supiste qué hacer. Pensaste que el silencio podría ser la solución…
…y el silencio se ha comido tus labios, y tu boca ya no sabe decir palabras de amor, y así, amordazada, ya no sabe tampoco reclamarle nada.
Ante tanta indiferencia guardas tu confesión como algo sagrado, en espera de que él pregunte: ¿qué te pasa?
Lloras, de vez en cuando… esto le indica que estás triste… Pero ¡qué incómodo para él soportar tu llanto!
Un día, al fin, dejaste de llorar, y callaste. ¡Mas cómo deseas que regrese el que construía contigo lugares maravillosos para fincar el futuro y la vejez!
∞
Jacinta… ¿Tienes miedo de ir a dormir? ¿Porque los sueños se tropiezan con tu insomnio? ¿Porque él está ahí, en la cama, a tu lado, tan lejos y tan cerca… con un extraño odio? ¿Porque no sabes cómo sortear el camino hacia su sonrisa? ¿Te das cuenta de que hace mucho que no sonríe? Su gesto es una máscara de dolor que tú no has logrado transformar.
¡Ogro mío!, permite que te bese, no evadas mis caricias. No opongas resistencia, no destruyas lo nuestro… no sigas devorando mis entrañas. ¡Mira: tengo hierbas curativas en mis manos! sé cómo rescatar tu sombra errante de las garras de Satán; puedo reivindicarte, entender el niño herido que ocultas con vergüenza. ¡Puedo incluso, si tú quieres, ser tu madre… una sirena, o un hada benigna, y desaparecer los golpes y trastocarlos por besos! ¡Puedo alejar el destierro que hirió tu infancia, y devolverte una patria!
¡Qué patética es Jacinta! No puede consolar al hombre que ama. Qué triste verla verlo hundirse en la depresión y que esto los llene de distancia.
Escribir bien para niños es igual de complicado que escribir bien para adultos.
Acerca de Literatura Infantil y Juvenil
Entrevista a Yolanda Ramírez Michel
Yolanda, eres una autora polifacética, sé que tienes escritos
libros en varios géneros literarios, pero hoy quiero enfocarme en los libros
para el público joven. Desde tu perspectiva, ¿cuál
es la importancia del fomento a la lectura desde la infancia?
Es importante porque les muestras una actividad que da felicidad por encima de todo; lo demás -esas cosas que los docentes tanto alaban-, viene junto con pegado, pero yo lo que creo es que lo más importante al fomentar la lectura, es que fomentamos la felicidad.
¿Cómo puede influir la literatura en el desarrollo de un niño?
Un niño lector adquiere herramientas de lenguaje que se traducen en herramientas cognoscitivas. Un cuento es un tratado sociológico de fácil digestión, un dulce con vitaminas y minerales.
El gran niño, electrones de un sueño, primera edición
¿Existe algún texto de literatura infantil que haya marcado tu
infancia? Y…, ¿cuál fue el motivo?
Te hablaré de dos:
Primero: Los Pardaillan,esos libros me tenían hechizada, 33 tomos de aventuras de mosqueteros. No sé si de ahí se derivará mi actual pasión por Don Quijote.
Y segundo: Mi papá me regaló un libro donde se contaban las aventuras de los héroes de la Biblia como si fuera un cuento de hadas, creo que eso ciertamente determinó mi actual pasión por la mitología y los relatos sagrados.
Ilustración de la primera edición de La Maestra Milagros
¿Crees que escribir para niños es más sencillo que escribir para
adultos?, ¿por qué?
Todos somos magos, de editorial Edelvives
Escribir bien para niños es igual de complicado que escribir bien para adultos. La dificultad de escribir bien y adecuado a cierto público, estriba en saber utilizar los símbolos, personajes y las estructuras ideales. Al niño hay que contarle la vida con la misma dedicación que se la contamos al adulto. El niño merece que los escritores que escriben para ellos sean profesionales y no advenedizos del género que creen que por ser niños pueden darles cualquier historia simplona.
¿Existen diferencias notables entre la literatura infantil de épocas pasadas y la actual?
Sabes, antes no existía la denominada “literatura infantil”, los niños se apropiaban de ciertas historias para adultos, las que les llamaban la atención (ni siquiera los cuentos de hadas fueron escritos originalmente para niños). El género que nosotros denominamos “literatura infantil” tiene relativamente poco tiempo, digamos que comenzó a formarse a mediados del siglo XVIII cuando el librero y editor John Newery abrió las puertas de su Juvenile Library, él fue famoso por publicar libros asequibles a los más jóvenes y por considerar la infancia como un público específico, una idea novedosa pero que no se haría realidad plenamente sino hasta el siglo XIX.
¿Cuáles son los temas tabúes en la literatura infantil?
No deberían existir temas tabúes, lo que debería estar prohibido es tratar de moralizar al niño, utilizar la literatura infantil para moralizarlo es equivalente a lo que hacen los colonizadores al llegar a una tierra virgen.
Todos los temas -todos-, pueden ser tratados en la literatura infantil y juvenil, la cuestión es cómo, con qué imágenes, qué símbolos, qué personajes y qué lenguaje.
La maestra Milagros, segunda edición
¿Existen códigos de censura en este tipo de literatura?
Sí, hay muchos, pero estos los dan las editoriales, los autores no deben tenerlos. El autor debe estar al servicio del “llamado”, y si el tema que lo solicita es un tema escabroso, deberá buscar qué editorial lo acepte.
¿Qué debe tener, o qué no debe faltar en la literatura infantil?
Que sea divertido, que encante al lector. Pero creo que eso debe ser no sólo para los jóvenes, sino para todos los que comienzan a leer, no importa la edad. La edad lectora no tiene relación con la edad cronológica. Hay lectores de 12 años que ya leen La Odisea. Hay lectores de 60 años a los que debemos conquistar con libros sencillos y por supuesto divertidos.
Luz en Pueblo Pequeño, editorial Salto Mortal
Por último, ¿actualmente tienes algún proyecto en puerta?,
¿algún libro por publicar?
Claro, el corazón siempre debe estar cargado de sueños, los sueños son la sangre de la vida. Y para alguien que escribe, los sueños y los libros siempre van de la mano.Por lo pronto te digo que está próxima a publicarse un mito sumerio... no te digo más, ya será cuando esté listo motivo para otra entrevista.
Gracias, Yolanda, y dime ¿cómo puede el público conocer más de tu obra?