Las infinitas posibilidades de una editorial independiente

Por Jimena Aguirre de la Torre

Las sillas alrededor de la larga mesa de madera se encuentran todas ocupadas. La puerta está abierta y la ventana deja pasar unos leves rayos de sol que iluminan los tomos de la Enciclopedia Británica y las pequeñas figuras de Don Quijote que descansan en el librero. El sonido de pasos indica la llegada de los alumnos, que, al poner un pie en la entrada, perciben el aroma a café y a libros viejos. Manos que sostienen un conjunto de historias y una paciente pluma a su lado que espera iniciar su danza creadora, forman parte de Trithemius talleres literarios, ubicados en la calle Pegaso #5776.

En la cabecera, una mujer de ojos verdes observa a su alrededor, mientras un libro descansa a su lado y la taza de té sube constantemente hacia sus labios rojos. Yolanda Ramírez Michel es editora, escritora y promotora de lectura y, como coordinadora del sello Salto Mortal, ha ahondado en la posibilidad de las editoriales independientes para publicar a nuevos autores y construir lectores exigentes.

Yolanda Ramírez Michel. Fotografía: Abigail Gurr

“Damos la oportunidad a autores que no interesan a un gran consorcio porque no saben si van a vender”, dice Yolanda que, bajo  Salto Mortal, ha publicado diversas obras que considera valiosas, muchas incluso, que han salido de Trithemius, sus talleres literarios con sede en Guadalajara y Chapala.

Se entiende por editorial independiente, a aquellas empresas pequeñas o domésticas que no tienen una finalidad lucrativa expresa, sino que les han dado atención a aquellos espacios que los grandes grupos de la industria han descuidado. Para Yolanda, esta es la principal diferencia con una gran casa editora, que, también teniendo ventajas al darle una mayor difusión y distribución a sus autores, ha dejado de lado la atención personalizada y se ha centrado en la comercialización del libro.

Roberto García, director de Salto Mortal, explica que la necesidad de publicar aquellas obras que reúnen características de literatura de gran nivel llevó a la creación de este sello en abril de 2013: “Nuestra prioridad son las obras que dejen algún valor literario, una marca en los lectores, por eso procuramos que nuestros autores tengan ese compromiso, que sepan que no es un proceso en el que uno se aventura simplemente para ver qué sale, es un trabajo con disciplina que tiene sus riesgos”.

La filosofía de sus colaboradores es entregar un producto valioso y con las mayores atenciones posibles a quienes publican con ellos: desde una revisión exhaustiva, pasando por la maquetación, el diseño y la producción, hasta la distribución y promoción del libro, cada paso del proceso editorial busca un servicio personalizado que explora el fondo de la obra para plasmarlo en su forma.

Fotogragía: Abigail Gurr.

Aunque cuenta con puntos de venta, esto forma parte de uno de los mayores problemas de las pequeñas editoriales: la falta de canales de distribución, que se relacionan con los bajos fondos para producir más ejemplares.

“Los fondos de una editorial independiente son siempre reducidos. Estamos trabajando con las ventas y, como hay pocas, el flujo de la economía es muy lento, ofrecemos material de valor, pero no podemos distribuir mayor cantidad”, dice Yolanda ante el reto de la difusión de sus obras.

La Ley de fomento para la lectura y el libro establece en el artículo 4 que se tiene por objeto propiciar políticas, programas, proyectos y acciones dirigidos a la promoción de la lectura, así como fomentar y estimular la edición, distribución y comercialización del libro y las publicaciones periódicas.

En opinión de Yolanda, el gobierno debería tomar cartas en el asunto; sin embargo, para ella, que una editorial independiente sea realmente independiente, tiene que ver con la capacidad de sostenerse a sí misma. La apuesta es a través de la búsqueda de soluciones creativas y por medio de las nuevas tecnologías, que han abierto una serie de posibilidades.

Por otro lado, a Roberto García no le gusta referirse a sí mismos como “independientes”: “somos empresas culturales, no somos independientes porque estamos relacionados con muchos otros actores”.

Salto Mortal en la FIL Guadalajara 2019. Fotografía: Abigail Gurr

“Está por acontecer un gran cambio” comenta la editora que pone sus esperanzas en las plataformas en línea como canales de distribución, un medio por el cual se podría igualar en capacidad a los grandes grupos editoriales.

En la encuesta de Módulo de Lectura (MOLEC) realizada por el INEGI en 2018, se muestra que en una población de entre 18 y más años, el 84.9% prefiere libros impresos; no obstante, el porcentaje sobre el uso del formato digital se ha incrementado de 5.1% a 10.7% entre 2015 y 2018.

Yolanda se mantiene con apertura ante este nuevo panorama, pero cree en el valor agregado de las editoriales independientes al seguir ofreciendo el libro en su calidad de objeto, ya que más que un archivo, un libro también es un objeto tangible, los dedos de los lectores pasan las páginas, buscan las ilustraciones, mientras que el aroma del papel inunda sus fosas nasales haciéndolo experimentar una sensación muy especial.

Fotografía: Abigail Gurr

Las editoriales independientes no han sido únicamente un medio para la publicación de voces diversas, sino que la búsqueda de lo valioso ha impactado en la exigencia de los lectores, explica Yolanda. Por medio de nuevos formatos explorados como el libro álbum, la profundización en la literatura infantil, así como la atención en las nuevas generaciones, se ha permitido contar con una oferta variada, además del acceso a buena literatura, detonante de lectores exigentes que no se conformarán con materiales superficiales.

Para Roberto García, que Salto Mortal vaya de la mano con talleres literarios ha contribuido a forjar no solo a buenos lectores, sino a escritores responsables para que entiendan el compromiso que tienen con la literatura, “este amor y pasión que termina siendo para toda la vida, es importante a aprender a respetar este oficio”.

Autores como Virginia Woolf, Juan Rulfo y Jorge Luis Borges comenzaron así, dice Yolanda. Esta escritora y editora, junto con Roberto García, busca la publicación y la enseñanza de la literatura. Desde el inicio de sus talleres, sus grandes ojos verdes ven la oportunidad que hay en cada uno de sus alumnos, lectores y escritores que, cada vez que abren un libro, conjuran un hechizo donde las palabras se vuelven historias.

“La poesía es una intimidad encapsulada”: Jonás L. Laya

Por Jimena Aguirre de la Torre

Quitarse los zapatos y caminar por las veredas con lodo. Meterse a bañar al río, mientras se cierran los ojos para escuchar el sonido de las chicharras y las risas de los niños a lo lejos. Abrirlos nuevamente y ver las pupilas de la gente. Pasar la página… y encontrar Yogope.  Esa es la invitación de Jonás L. Laya para quienes tienen entre sus manos un pueblo de San Juan Lalana, Oaxaca, la cuna de algunos poemas ingenuos… y otros no tanto.

Publicado bajo el sello editorial Salto Mortal, Yogope recoge “poemas ingenuos”, como se titula una sección de la obra, en la que el autor plasma entre sus páginas parte de sus experiencias al vivir en la localidad con el mismo nombre del poemario durante año y medio.

El autor se inició en la literatura como muchos otros: leyendo. Desde que era niño y su papá le contaba los cuentos de Grimm, su amor por los libros solo aumentaba. Para cuando Jonás comenzó a escribir, ir cargando con pluma y papel ya se había convertido en una necesidad: “el hombre precisa de la poesía para explicar la pequeñez, así inicié yo”, explica.

 Pero, aunque haya empezado como muchos otros escritores, lo que diferencia al poeta, es que éste se ha ganado su nombre: Jonás L. Laya.

̶  Los chavos que están aquí al frente, vénganse a las gradas junto al altar – dijo Andrés Carrasco, sacerdote misionero del Espíritu Santo.

Un joven poeta de entre 20 y 25 años, que estaba por recibir su nombre sin aún saberlo, había decidido acudir a una misa, de la cual le habían comentado que “las homilías eran más cercanas”. El muchacho, acercándose, terminó al frente, a punto de que se comenzara con la lectura de ese día, la del profeta Jonás.

Cuando el sacerdote estaba por iniciar con sus ejemplos, exclamó – ¡Hagan de cuenta que yo soy Dios y…  –  buscó entre la multitud – uno que se vea medio rebelde… ¡Tú! – dijo señalando al chico cuando su mirada por fin lo había encontrado – Tú serás Jonás.

Sin conocerlo, el padre contó la historia del profeta en primera persona. El impacto del escritor fue tan grande, que decidió enviarle una carta . La amistad entre ambos creció y, para el sacerdote, el poeta siempre se llamó así: Jonás.

A Jonás le gusta estar en contacto y ver las reacciones de la gente. Durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el escritor se acercaba a las personas reunidas en torno a los stands de la Expo, y, con trozos de papel en la mano que contenían fragmentos de sus poemas, leía a las personas y esperaba para ver su expresión. Quizás otra manera de compartir la literatura y la pequeñez a la que se enfrenta el ser humano.

Para Laya, la poesía tiene la capacidad para nombrar las cosas de una manera no literal, sino encapsulando pensamientos muy íntimos: “yo sé que cuando estoy leyendo, estoy leyendo algo muy íntimo, pero cada uno lee su intimidad propia. Está en clave, pero es cada lector quien la descifra”.

Para conocer al poeta no es necesario saber el nombre que no aparece en las portadas, sino encontrándolo en esa intimidad encapsulada en Yogope.     

Yolanda Ramírez Michel, la escritora que usó la literatura para salvar sueños

Por Jimena Aguirre de la Torre

“¿Cuál es tu sueño?”, pregunta Yolanda Ramírez Michel, mientras que con una pluma y el libro Todos somos magos entre sus manos, le devuelve una mirada de ojos verdes a un niño de pestañas largas. Recargado sobre el mostrador de la editorial Edelvives durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, sin quitar la vista de la obra que está por llevarse a casa, le responde: “Quiero ser futbolista profesional”.

Tras conocer un poco al lector que se irá pronto con uno de sus “hijos de papel”, la escritora del vestido color turquesa y labios color rosa, le dice al pequeño antes de irse: “este libro te va a ayudar a que no olvides tus sueños”. Cuando el niño sonríe y se va mientras abraza a su nuevo amigo, Yolanda, con satisfacción, revela el secreto de la razón de su escritora: las sonrisas.

Todos somos magos, editado por Edelvives, es un cuento que explora la necesidad de cuidar los sueños para no dejarlos morir. Este libro álbum, que no está dirigido únicamente a los niños, como se ha creído de las obras que van acompañadas por ilustraciones, es para cualquier persona que quiera adentrarse en una historia. No hay edad para la lectura, menciona la autora, especialmente cuando se trata de una obra que recupera lo simbólico para la creación de lectores exigentes.  

Ramírez Michel, que ama a cada uno de sus libros, explica que, a pesar de que el proceso creativo es el mismo para sus distintas obras, el momento en el que lo escribe sí cambia, dando resultado una temática para un libro álbum o un relato para una publicación como Jacinta; sin embargo, hay algo seguro: escribir salva.

Jacinta, novela editada por el sello Salto Mortal, narra, de manera alegórica, un viaje de liberación personal de una prisión elegida por amor y obsesión. “Es la violencia que padecemos: puede ser un esposo, un padre, un jefe, un hijo, una sociedad, un gobierno… el ogro es una figura simbólica que va a representar muchas cosas”, dice la escritora, incluso cuando uno mismo es el monstruo.

“¿Cómo sabes lo que siento?”, se le acercaba la gente a Yolanda tras la lectura de Jacinta: “yo solo escribo lo que estoy viviendo”, respondía ella, dándose cuenta de la conexión que el libro tenía con sus lectores: “es triste, porque éste habla de la violencia, y eso quiere decir que muchos la vivimos”. (ver video) https://www.facebook.com/EditorialSaltoMortal/videos/442870383306222/UzpfSTIxMzY1MzE1MjA0NzA3MjoyNjEzMDg2MjE1NDM3MDc1/

Ya sea por medio de una obra como Jacinta o de la capacidad de cada persona para ser un mago, la escritura de la autora tiene una intención: recuperar sonrisas. Escribir con una pluma que funciona como varita mágica… cambiar relatos por sueños.