Por Yolanda Ramírez Michel

Material de reflexión para el curso Las mujeres de Cervantes y el Quijote

Hoy vamos a atender un tema que puede resultar incómodo… y que justamente por eso es importante: la crueldad en algunos personajes femeninos del Quijote.

Me interesa pensar algo muy concreto: por qué cuando contemplamos la crueldad en una mujer suele producirnos una incomodidad distinta, a veces incluso mayor, que cuando la contemplamos en un hombre. No necesariamente porque sea objetivamente más grande, sino porque parece contradecir algo que cultural y simbólicamente esperamos de lo femenino.

Estamos acostumbrados a asociar lo femenino con el cobijo, con la piedad, con la mediación, con el cuidado, incluso con la dulzura o la compasión. Entonces, cuando una mujer aparece ejerciendo burla, humillación, manipulación o daño deliberado, algo en nosotros se desacomoda. Nos inquieta más. Nos deja una sensación de extrañeza más profunda.

¿Significa eso que la crueldad no forma parte de lo femenino? No, claro que no. Más bien implica que muchas veces la hemos negado, la hemos mandado a la sombra, no queremos verla ahí, pero Cervantes sí la ve. Y no sólo la ve: la presenta con mucha inteligencia, con muchos matices, en distintos grados.

No todas las mujeres crueles del Quijote lo son del mismo modo, ni en el mismo nivel. Hay formas leves de burla y hay formas mucho más refinadas y dolorosas de crueldad. Y eso conviene distinguirlo muy bien.

Podemos empezar, por ejemplo, con la Tolosa y la Molinera. Ahí hay una crueldad menor, casi social, casi inmediata: la risa ante lo ridículo, la burla ante el hombre que llega investido de una grandeza que el mundo no reconoce. No estamos todavía ante una perversidad planificada. Nos parece incluso “lógico”, en el nivel humano más básico, que alguien se ría de una figura tan extraña como Don Quijote. Pero ese gesto inicial ya importa, porque inaugura algo: el choque entre un espíritu idealista y un mundo que reacciona con mofa.

Más adelante la cosa cambia de tono. En Maritornes y en la hija de la ventera aparece ya una forma de burla más corporal, más humillante, más cercana al goce de ver al otro confundido, atrapado, expuesto. En el episodio en que Don Quijote queda colgado, con la mano atrapada, lo que vemos ya no es simplemente risa espontánea, sino una escena donde el cuerpo del caballero se convierte en objeto de espectáculo. Ahí la crueldad aumenta, porque hay una falta de compasión muy clara frente a alguien que está vulnerable.

Sin embargo, donde el tema se vuelve verdaderamente importante es en personajes como la duquesa y Altisidora.

La duquesa me parece uno de los personajes más finamente crueles de toda la novela. ¿Por qué? Porque su crueldad no es impulsiva, no es vulgar, no es una simple reacción. Es una crueldad cortesana, refinada, organizada. Ella tiene el poder, el tiempo, el rango social y la distancia emocional suficientes para convertir a Don Quijote en objeto de entretenimiento. Eso es muy grave. Porque aquí ya no estamos ante la risa del pueblo, sino ante la sofisticación del poder que se divierte montando escenas para humillar a un hombre que vive en otro registro del alma.

La duquesa no actúa solamente por maldad. Actúa también por aburrimiento, por placer estético, por gusto de manipulación, por ese deleite terrible que da comprobar que uno puede diseñar la experiencia de otro y volverla espectáculo. Y eso vuelve su crueldad todavía más inquietante.

Altisidora, por su parte, introduce otro matiz muy importante: la crueldad erótica, la crueldad del juego amoroso manipulado. Ella no sólo se burla de Don Quijote: invade su mundo ideal a través de una simulación afectiva. Le habla en clave amorosa, lo tienta, lo acosa, lo compromete en una farsa sentimental que él no puede habitar del mismo modo, porque para él el amor sigue estando vinculado al honor, a la fidelidad, a la idealización de Dulcinea.

Altisidora hiere precisamente ahí donde Don Quijote es más vulnerable: en su nobleza amorosa. Su crueldad consiste no sólo en reírse de él, sino en parodiar aquello que para él es sagrado. Y eso ya no es una simple broma. Eso es una forma de profanación.

Entonces, si reunimos estos casos, podemos ver que Cervantes dibuja distintos grados de crueldad femenina: desde la burla ligera hasta la humillación planificada; desde la risa compartida hasta la manipulación refinada; desde la falta de compasión hasta el uso deliberado del otro como juguete.

Ahora bien, aquí hay que tener mucho cuidado con una cosa. No se trata de concluir de manera simplista que “las mujeres del Quijote son crueles” o que Cervantes esté atacando a la mujer. No. De hecho, una lectura pobre sería meter a todas en el mismo saco.

Por ejemplo, Marcela no me parece un personaje cruel en el sentido en que lo son la duquesa o Altisidora. A Marcela muchas veces se le ha querido leer como cruel porque no corresponde al deseo masculino, porque no acepta el mandato amoroso, porque no consuela al hombre que la desea. Pero eso no es necesariamente crueldad: eso puede ser soberanía, autonomía, derecho al límite. Y es muy importante distinguir una cosa de la otra. No toda mujer que hiere una expectativa masculina es cruel. A veces simplemente está ejerciendo su libertad.

Tampoco Teresa Panza entra del todo en esta categoría. Ella puede ser áspera, realista, terrenal, pero no es cruel. Y esa distinción nos sirve mucho, porque evita banalizar el concepto.

Entonces, ¿qué es lo que se juega de fondo en la crueldad ejercida sobre Don Quijote?

Yo creo que aquí está el centro más hondo del tema: Don Quijote no es sólo un hombre ridículo. Don Quijote representa un espíritu ingenuo, libre, idealista. Representa una parte del alma que todavía cree. Cree en la palabra, en el honor, en la belleza, en la posibilidad de una vida regida por ideales. Cree en la dignidad de lo imaginario. Cree que el mundo puede ser leído desde una altura simbólica.

Por eso la crueldad contra él no es una crueldad cualquiera. Es una crueldad contra la ingenuidad del espíritu. Contra la parte humana que todavía no se ha rendido al cinismo.

Y entonces podemos preguntarnos: ¿qué manifiestan estas mujeres cuando son crueles con él?

En primer lugar, manifiestan sombra. Si pensamos en términos arquetípicos, lo femenino no sólo contiene la madre benévola, la mediadora, la protectora. También contiene su reverso sombrío: la humillación en lugar del cobijo, la manipulación en lugar de la mediación, la seducción engañosa en lugar del eros que vincula, el goce del poder sobre el vulnerable en lugar de la compasión.

Es decir, la crueldad no está fuera del arquetipo: está en su sombra.

En segundo lugar, manifiestan rechazo del ideal. Don Quijote incomoda precisamente porque sigue creyendo. Y quien ya no cree en nada, o quien vive instalado en el juego del poder, del espectáculo o del desencanto, encuentra insoportable a alguien así. A veces uno se burla de lo que no soporta que lo cuestione.

Y en tercer lugar, estas figuras manifiestan placer de dominio. La duquesa y Altisidora, de formas distintas, gozan comprobando que pueden alterar la realidad de Don Quijote, intervenir en su imaginación, hacerlo padecer, volverlo actor involuntario de una escena que ellas controlan. Ahí la crueldad está ligada al poder.

Por eso, más que decir que Cervantes “denuncia a la mujer cruel”, yo diría algo más complejo: Cervantes nos obliga a reconocer que también en lo femenino habita la sombra, y que cuando esa sombra se ejerce sobre un ser idealista, el efecto es particularmente doloroso.

Y esto explica también por qué nos desagrada tanto. Porque la herida no viene sólo de la burla. Viene de algo más profundo: del hecho de que lo que esperábamos como posible amparo se ha vuelto verdugo. Lo que esperábamos como mediación se vuelve instrumento de humillación. Y eso, simbólicamente, duele mucho más.

Por eso cada vez que una mujer en el Quijote participa activamente en la humillación de Don Quijote, no sólo estamos viendo una escena cómica. Estamos viendo una escena en la que el mundo castiga a la ingenuidad, ridiculiza al ideal y convierte en objeto de espectáculo a un espíritu que todavía vive de fe.

Y quizá por eso mismo esas escenas siguen siendo tan inquietantes. Porque en el fondo todos sabemos que Don Quijote no es sólo un loco: es también esa parte de nosotros que todavía quiere creer en algo más alto. Y la crueldad que cae sobre él no recae únicamente sobre un personaje, sino sobre esa zona vulnerable y noble del alma humana.

CANCIÓN DE CLASE

(Durante las clases del curso Las mujeres de Cervantes y el Quijote se envían canciones para que el grupo entre en sintonía con el tema mediante el llamado musical).

Bajo el dintel de un castillo de cartón
la risa late oculta tras el terciopelo
las que debieran cuidar olvidan la compasión
y el hidalgo mira un falso cielo
el agujero en el muro es la trampa mortal
donde Maritornes anuda su mano al vacío
colgado de un sueño de herrumbre y cristal
el caballero se entrega al primer escalofrío.

Crueldad vestida de seda y de danza
en el teatro de los duques se quiebra la lanza
no es un reino de honor es un foso de hiel
donde la burla dibuja su marca en la piel
vives cautivo en tu propia ilusión
siendo el juguete de una extraña función.

Altisidora despierta al gato y al rayo
finge un suspiro que es puro veneno
la muerte es un truco un oscuro ensayo
para hundir al heraldo en el averno pleno
la dama no espera que la vengan a salvar
solo busca el modo de verte sangrar.

La duquesa maneja los hilos del engaño
con la elegancia de quien no siente el daño
crees que habitas la gloria de tu propia mente
pero eres el eco de un festín insolente
un brazo atrapado en la piedra del olvido
indefenso ante el coro del mundo corrompido
tus damas no son de cristal ni de aurora
son sombras que ríen mientras tu alma llora.

Crueldad vestida de seda y de danza
en el teatro de los duques se quiebra la lanza
no es un reino de honor es un foso de hiel
donde la burla dibuja su marca en la piel
vives cautivo en tu propia ilusión
siendo el juguete de una extraña función.

Si te interesa el curso, aquí te dejo el link de la primera sesión como regalo, para inscribirte envía un correo a yola_ramirezmichel@hotmail.com o deja en esta entrada el comentario ME INTERESA EL CURSO.

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