Material de apoyo para nuestro curso Las mujeres de Cervantes y el Quijote

1 La mecánica psíquica: qué ocurre cuando se idealiza

En términos junguianos, el amor cortés es una manifestación cultural del ánima proyectada. El caballero no ama a una mujer: ama la imagen interior de lo femenino que su psique necesita integrar y que, al no poder hacerlo conscientemente, deposita fuera —en la dama— convirtiéndola en receptora de atributos que no le pertenecen. La dama cortés es, literalmente, un recipiente para el material psíquico no procesado del caballero.

Jung describió el ánima como la imagen interior de lo femenino en el hombre (y yo añadiría que también es la imagen ideal de lo femenino que las propias mujeres aceptan inconscientemente): no una mujer concreta, sino un complejo autónomo que media entre el ego y el inconsciente. Cuando el ánima está proyectada, el sujeto no ve a la persona real que tiene enfrente; ve su propia necesidad psíquica disfrazada de otro. El enamoramiento cortés es el caso paradigmático de esta proyección: «sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus ojos soles». Ningún ser humano es eso. Pero el ánima sí puede serlo —porque el ánima no es una persona, es un campo de fuerza psíquica.

2 Lo que el amor cortés hace bien y lo que hace mal

El amor cortés hace algo genuinamente valioso: devuelve dignidad a lo femenino en una cultura que lo había expulsado de lo sagrado. Reconoce que el principio femenino tiene un poder transformador sobre la conciencia masculina. El caballero que sirve a su dama se refina, se eleva, se vuelve mejor: eso describe, con precisión, el efecto integrador del ánima cuando el ego establece una relación de respeto con ella. Von Franz lo documentó extensamente: cuando un hombre trabaja conscientemente con su ánima, se suaviza, se abre a la intuición, gana profundidad emocional.

Lo que el amor cortés hace mal es confundir la imagen interior con una persona exterior. La dama no es el ánima: es una mujer real con su propia complejidad, que queda anulada bajo el peso de la proyección. Christine de Pizan identificó esto en el siglo XV sin vocabulario junguiano: las convenciones del amor cortés conducían a que las mujeres “reales” quedaban atrapadas en sus códigos, aplastadas entre la idealización y la expectativa. La mujer idealizada no es una mujer libre: es una pantalla.

Este tema es parte de nuestro curso Las mujeres de Cervantes y el Quijote, una aventura en pos del universo femenino que describe y conoce bien el gran Cervantes.

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