La mancha de ser judío converso

¿Fue Miguel de Cervantes un judío converso?

Una mirada crítica a una controversia literaria e identitaria

La figura de Miguel de Cervantes, padre indiscutible de la novela moderna, sigue generando no sólo admiración literaria, sino también interrogantes históricos, culturales e identitarios. Entre ellos, uno de los más sugestivos y debatidos es la posibilidad de que Cervantes haya sido descendiente de judíos conversos, es decir, de familias que, tras la persecución inquisitorial, se vieron obligadas a renunciar formalmente al judaísmo y adoptar el cristianismo para sobrevivir en la España del siglo XV y XVI. Esta hipótesis, aunque no confirmada con pruebas concluyentes, ha sido sostenida por diversos investigadores desde distintos frentes: genealógico, literario, simbólico y sociocultural.

I. El contexto: España y los cristianos nuevos

Tras la expulsión de los judíos en 1492, muchos optaron por la conversión para mantenerse en sus tierras. Sin embargo, los llamados conversos o cristianos nuevos fueron objeto constante de sospecha, discriminación y vigilancia por parte de la Inquisición. Durante el Siglo de Oro, numerosos escritores, teólogos, médicos y funcionarios eran de origen converso, y muchos de ellos vivieron su identidad en la ambivalencia: entre el secreto, la resignación, el orgullo o la doble pertenencia.

No es extraño, entonces, que figuras tan complejas como Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz o el propio Cervantes hayan sido objeto de estudios que exploran su posible conexión con esta herencia judía.

II. Evidencia genealógica: vínculos con linajes conversos

Diversas investigaciones han rastreado la genealogía paterna de Cervantes, encontrando posibles vínculos con familias de origen judeoconverso, especialmente en Castilla, Burgos y Córdoba. Un trabajo reciente, “Vinculación genealógica de Miguel de Cervantes Saavedra con sus antepasados judíos” (2021), sostiene que su linaje muestra conexiones claras con familias conversas desde el siglo XIV. Aunque no se ha hallado ningún documento que indique que Cervantes fuera objeto de procesos inquisitoriales o que practicara el judaísmo en secreto, su apellido “Saavedra” ha sido rastreado también en registros de linajes conversos.

Sin embargo, en el campo académico, el peso de la genealogía sólo sugiere probabilidad, no certeza. Muchos españoles de la época tenían antepasados judíos, pero eso no implica una identidad confesional o cultural clara en generaciones posteriores.

III. La obra: huellas simbólicas y resonancias bíblicas

Quienes defienden la hipótesis converso señalan que en Don Quijote y otras obras cervantinas hay un uso profundo y frecuente de referencias bíblicas, en especial del Antiguo Testamento, algo inusual para su época y considerado riesgoso bajo el ojo de la Inquisición. Algunos fragmentos contienen giros que remiten al hebreo bíblico, estructuras cercanas al midrash o a la interpretación simbólica de los textos. Autores como Dominique Aubier han sostenido que el Quijote encierra un entramado cabalístico, aunque estas lecturas suelen ser vistas con reservas por la academia, por la falta de documentación que sustente que Cervantes tuviese acceso directo a la Kábala hebrea.

Otros análisis más moderados señalan que el tono ético de la obra, su defensa del libre albedrío, la sátira del dogmatismo y el uso de personajes liminales (como el loco que dice la verdad, el cautivo que regresa del exilio o el moro sabio que narra la historia) reflejan una sensibilidad que podríamos calificar como conversamente humanista: una mirada aguda y marginal frente al poder, al dogma y a la identidad oficial.

IV. La ambigüedad como firma: Cervantes y el arte de la doble lectura

Más allá de la genealogía y de los guiños simbólicos, lo que hace más poderosa esta controversia es que Cervantes parece escribir desde el margen, como quien observa la sociedad desde dentro, pero también desde fuera. Sus personajes están entre mundos (Don Quijote entre la locura y la lucidez, Sancho entre la ignorancia y la sabiduría, Dulcinea entre lo real y lo ideal), lo cual recuerda la experiencia del converso que debe adaptarse, desplazarse, y muchas veces silenciar su verdad más íntima.

Esa ambigüedad profunda —esa capacidad de hablar sin ser atrapado del todo por lo que se dice— es quizás el mayor rasgo de Cervantes como autor simbólico. No afirma ni niega ser converso, pero su obra está escrita con la tinta de la sospecha, del desarraigo y de la ironía sutil, como la de tantos otros hijos de familias que vivieron entre la conversión y la memoria.

V. Conclusión: ¿importa si Cervantes fue converso?

Sí… y no. Importa si entendemos que su posible origen converso le permitió ver el mundo desde una grieta crítica, desde un lugar no hegemónico, lo cual le otorgó su lucidez inigualable. Pero también podemos admirar a Cervantes sin necesidad de reducirlo a una etiqueta. Su obra trasciende su origen, aunque sin duda fue modelada por él.

Como diría Borges, otro escritor obsesionado con Cervantes:

“Somos lo que somos y también lo que recordamos en silencio.”

Dejar un comentario