En busca de un regalo: el encuentro inesperado
Cuando pensamos en buscar un regalo especial, rara vez imaginamos que la búsqueda nos llevará a descubrir algo más. Esto fue lo que me sucedió en las bulliciosas calles de Puerto Vallarta, donde lo que empezó como una consigna personal: buscar un obsequio específico, terminó convirtiéndose en el encuentro con un regalo de la vida para mí.
La búsqueda del Quijote
Paty, Marciano, y yo, recorríamos cuadras enteras, esquivando turistas y entrando en tiendas repletas de recuerdos coloridos. Mi objetivo era claro: encontrar un Quijote; el objetivo de ellos dos: ayudarme a encontrarlo.
“¿Tienen un Quijote?”, preguntábamos una y otra vez. Pero los vendedores, amables y pacientes, solo nos mostraban jinetes con sombreros de charro.
“No, ese no es Don Quijote”, respondíamos con una sonrisa resignada.
Seguimos avanzando, entre estrellas de mar, alebrijes vibrantes y curiosidades marítimas. Cada tienda era un pequeño mundo lleno de detalles, pero en ninguna estaba el Quijote que buscábamos. Cada “no” hacía que nuestra esperanza de encontrarlo se tambaleara.
Finalmente, una chica en una tienda de camisetas rompió el patrón de recurrentes negativas, y nos ofreció opciones, indicándonos lugares donde podríamos encontrarlo. Sus instrucciones nos llevaron a un par de tiendas más, y aunque aún no teníamos el regalo en nuestras manos, el camino empezaba a sentirse como una aventura en sí misma.
El inesperado encuentro con la pitón
En medio de esa búsqueda, ocurrió algo que no estaba en nuestros planes.
Apareció una pitón.
Era enorme, imponente. Su piel se movía con una elegancia inquietante mientras un hombre tatuado la sostenía con soltura, ofreciendo a los transeúntes la oportunidad de tomarse una foto con ella. Si te atrevías, incluso podías dejar que te abrazara.
En ese momento, olvidé el propósito de la búsqueda. Mi atención estaba completamente cautiva por la serpiente. Su presencia tenía algo hipnótico. No sé si buscábamos el regalo o si yo la buscaba a ella sin saberlo.
Deseé acercarme, tocarla, sentir el peso de su cuerpo enroscándose en mí. Fue un instante que suspendió todo lo demás.

El regalo, al final del camino
Después de seguir más pistas, finalmente llegamos a una tienda que tenía justo lo que queríamos: el Quijote. El regalo estaba ahí, esperando por nosotros, como si el recorrido nos hubiera llevado inevitablemente hasta ese lugar.
Sin embargo, lo que quedó grabado en mi memoria no fue el momento de encontrar el obsequio, sino el proceso. Las calles llenas de historias palpitando tras la mirada de los turistas, las personas del pueblo, que ofrecieron indicaciones como si nos dieran mapas del tesoro, y, sobre todo, la pitón.
La serpiente me enseñó algo que no esperaba: uno no siempre sabe lo que busca cuando busca, pero, lo que la vida tiene para uno como regalo, finalmente nos es dado.
Reflexión final: Disfrutar el camino
Las metas son importantes, pero el camino para llegar a ellas es lo mejor.
Así que la próxima vez que busques algo, deja espacio para lo inesperado. La vida tiene regalos que no estaban en tu lista, pero que eran parte de tu destino.
¿Y tú?
¿Alguna vez has encontrado algo inesperado en medio de una búsqueda? ¿Te has sorprendido con lo que la vida te ofrece cuando te detienes a mirar? Sería lindo leer tu experiencia, somos todos tan iguales en lo profundo, sólo nuestra superficie nos distingue. Me encantaría leerte😊