Las esferas que habitamos

Por Pepe Aguilera

En su teoría sobre las esferas, Sloterdijk nos habla de las posibilidades de habitar lo divino, y nos acerca a ese “algo” perdido en el tiempo. Pero llegar a esta idea no es fácil, uno debe enfrentarse a conceptos densos y profundos, uno debe olvidarse un poco del lenguaje, dejar caer el velo que a veces nos impide acceder al conocimiento, que para este caso le llamaremos mundo.

La teoría de las esferas nos habla de esos espacios en los que nos adentramos para lograr tres cosas fundamentales: entrar-en-el-mundo, ser-en-el-mundo, y ser-con-el-mundo. Se trata de una especie de trayectoria, desde el instante en que nacemos, hasta que llegamos al desierto. Y en ese transcurso habitaremos esferas, algunas pequeñas y efímeras, otras con una magnitud incalculable. Como sea, una vez dentro de esas esferas, ya no seremos los mismos, algo en nosotros habrá cambiado, hasta que llegue el momento de salir de ella, y dejar esa esfera para poder habitar otra, una de mayores proporciones, una que pueda soportar eso en lo que nos vamos transformando.

Las esferas son “contenientes” que nos reciben y nos cobijan en su centro, ahí sentimos una certeza, no sabemos cómo ni por qué, pero sentimos que las cosas toman su justa medida, y sentimos que comenzamos a comprender el mundo. Esa es la función de las esferas, brindarnos un espacio en el que podamos ser.

Pero ¿cuáles son esas esferas que podemos habitar?

Las esferas habitables son todos aquellos “espacios” que estamos destinados a ocupar. Así, una palabra puede ser una esfera. Una idea, la casa donde vivimos, el camión rumbo al trabajo, la oficina, los sueños, todo ello puede ser una esfera. Estos son espacios que de una u otra manera habitamos, algunos de forma transitoria, otros de manera permanente. Hay los que nos sirven solo para “transcurrir”, para ir de un lugar a otro y transferir nuestras experiencias; otros nos contienen, están ahí para que lleguemos a ellos y tomemos todo lo que necesitemos, son espacios que nos acogen, nos envuelven, se vuelven espacios interiores, nos fundimos con ellos, sean palabras, ideas, o lugares físicos. 

Lo que Sloterdijk nos quiere decir es que somos sujetos transitorios que vamos en  espera del encuentro con nosotros mismos, y ese encuentro se logrará una vez que lleguemos al desierto, una vez que nos demos cuenta que  hemos nacido para habitar el mundo y sus esferas hasta que ya no nos contengan, entonces habremos de salir y ser UNO con la esfera primordial.

 Pero, mientras lleguemos debemos habitar esferas grandes y pequeñas, que nos irán conformando, que moldearán cada  una de nuestras formas de ser en y con el mundo. Habremos de habitar las palabras en el recorrido; palabras como amor, odio, pasión, deseo, instante, permanencia, memoria, habitaremos el hastío y el placer, iremos de un lugar a otro tratando de encontrarnos o de huir de nosotros mismos. 

La esfera primigenia y primordial será  siempre la brújula que inconscientemente  nos haga mudar de habitáculo en busca de uno mayor, uno donde volvamos a sentirnos seguros y plenos, y de no ser así continuaremos con la mudanza.

Algunas personas serán  esferas, y nos adentraremos en ellas, las poseeremos y en un acto de reciprocidad dejaremos que nos posean, porque es necesario llenar los vacíos que va dejando la vida, o que nos dejó aquel instante primero en que venimos al mundo.

Seguiremos el recorrido, porque, como dijo Sloterdijk, somos sujetos abocados al camino. Amamos el trayecto, deambulamos por la ciudad, a veces a placer, otras llevados por la corriente que fluye cada día. Caminamos siendo atraídos por la circunferencia y sus formas exactas, su centro, origen de todo, nos atrae, nos llama, quiere que recordemos el inicio de todo, el origen del mundo y del tiempo, ambos contenidos en nosotros, que también somos esferas y desierto.

Hemos venido al mundo para llegar a las tierras áridas del pensamiento, nacimos para caer irremediablemente al fondo de nosotros mismos. En nosotros hay designios y hados marcados en la piel que nos dicen: el camino ya está dado. Sólo debemos aceptarlos, aceptar el comenzar a estar minados, decir sí  a la hora del gran gesto. Aceptar el desierto dentro de nosotros, es aceptarnos a nosotros fluyendo en un mar de ideas. Hemos venido a habitar múltiples esferas que nos han de acercar al primer instante antes de haber nacido.

Pepe Aguilera

Si deseas escuchar la sesión donde se explicó el tema, aquí está la liga: