Taller de escritura creativa

Inicio viernes 26 de febrero de 2021

Duración de la sesión 1:45 horas

Horario: 5:00 a 6:45 pm (horario de México)

Días: viernes

Imparte: Pepe Aguilera

Sesiones en línea por medio de la plataforma Zoom

Costo del TRIMESTRE: $2000 MXN (si el pago se hace en una sola exhibición a inicio del curso, el costo sería de $1500 MXN).

¿QUÉ APRENDERÁS EN ESTE CURSO?

En este curso conocerás algunas herramientas útiles para la escritura creativa, observarás algunas formas de producción y organización de ideas. A través de las diferentes actividades te enfrentarás a procesos y técnicas de creación que ayudarán a reconocer el génesis creador que habita en tu interior.

METODOLOGÍA:

Videoconferencias  en las cuales se expone tema del día y se da espacio para la creación con base en las ideas expuestas al inicio.

En la sesiones se presentan textos de escritores consagrados para analizar contenidos y estructuras, así como diapositivas PowerPoint con fines didácticos.

Los alumnos recibirán antes o después de cada clase material para complementar la información. Se decide si el material se manda antes o después según sea la intención (introducir o complementar).

¿PARA QUIÉN ES ESTE CURSO?

Para quienes deseen experimentar el proceso creativo, despertar en ellos el germen creador, y para todos aquellos que quieran explorar  la escritura  creativa como una forma de autoconocimiento.

PROGRAMA

Temas impartidos en 10 sesiones

1.- ¿Por qué  escribir?. Escritura como resistencia. Formas de conocer a través del texto. Razones de escritura.

2.-  El don de la escritura. ¿El escritor nace o se hace? La disciplina y el fiat lux. La musa o el trabajo continuo.

3.- Experimentando con la poesía. La construcción social del poema. Poesía y Realidad. Todos hacemos poemas.

4.- Los campos semánticos. Formas gramaticales en la creación literaria. Las palabras y sus significados.

5.-  Escritura virtual colectiva. Escritura en tiempo real. El colectivo como fuente creativa. Ser el otro.

6.-  La brevedad nos salva. Lo breve como actualidad. La sociedad de la inmediatez y el texto eterno. Ser breves en un mundo cambiante.

7.-  Escribir los adentros. Las teorías de la personalidad y la escritura creativa. El yo y sus facetas. Las emociones y el mundo.

8.-  Soundtrack. Sonidos incidentales. La música y la escritura creativa. Rasgos  fonéticos de la escritura.

9.- Fluir de la consciencia. Escritura espontánea.  Del caos surge el orden. ¿Escribir es ordenar o decir el mundo?

10.- Jam. Hacer público lo privado. Compartir con el otro. Confrontar.

Para más información e inscripciones, escribe a trithemiustalleres@gmail.com

Una Navidad sin capitalismo

Autora Julieta López Godoy

Ilustración Camila Schmidt Hernández

Ilustración de Camila Schmidt Hernández

Fue en Oaxaca, en un pueblo indígena, y sucedió durante una fecha muy especial. Un amigo la invitó a que pasara ahí la Navidad.

Cuando llegó, a medio día, algo en la actividad del pueblo le pareció extraño: los hombres iban de casa en casa. Su curiosidad la llevó a preguntarle a una niña que andaba por ahí (esperaba que hablara español…)

-Disculpa… ¿Por qué los señores van de casa en casa?

-Lo que pasa es que no hay padrino- respondió, y se fue corriendo con sus trenzas saltando al viento.

La mujer se quedó en las mismas. No, mejor dicho: se quedó peor.

Avanzó por las calles de aquel pueblo árido rumbo a su destino. Percibió una paz y una tranquilidad como no había experimentado nunca en su ciudad natal, Guadalajara. Aquella paz en el ambiente no era común, y menos un 24 de diciembre. El pueblo no lucía las tradicionales luces que en esas fechas abundan en la ciudad, no había adornos navideños, y sobre todo, lo que más llamó su atención: ¡no había tiendas en donde comprar los regalos para Nochebuena!   

Se quedó helada, no llevaba regalo para su amigo… ¡Aún no le había comprado nada!

Por la noche su amigo le informó que la celebración no sería en su casa, irían al templo para conmemorar el nacimiento del Niño Dios.

¡Ahí sí que había luces! El templo estaba lleno de adornos muy coloridos, y foquitos panzones que iluminaban el altar. Los asistentes permanecían en silencio, ni siquiera los niños ahí presentes hacían ruido, lo único que se escuchaba era la tonada navideña que emitía la serie de focos de colores.

     El capellán tomó la palabra. Dijo que, por primera vez, no había un padrino para el Niño Dios, y que cada familia podía llevar, después de la celebración, algo para compartir.

Por eso los hombres andaban de un lado a otro, de casa en casa…

La celebración dio inicio con los cantos de las mujeres, después otro grupo comenzó a rezar. Luego de un primer tiempo muy emotivo de cantos y rezos, salieron del templo.

Algunas familias estaban esperando en la explanada, llevaban pan y café. Ella comió y cenó de aquel pan sencillo y simple.

Después volvieron a entrar al templo. El Niño Dios ya estaba en el altar, representado por un muñeco de yeso. Los hombres y mujeres se acomodaron a su alrededor con respeto. Lo adoraron y lo cuidaron toda la noche.

Ella aprendió que no siempre los regalos se compran, el primer regalo que recibió ese día fue la hospitalidad y el cariño de las personas de aquel pueblo. Pero el mejor regalo fue que Dios (a través de los chinantecos) le dijo que la amaba.

Desde aquí arriba se ve todo diferente

Por Maritza García Plata

Desde aquí arriba se ve todo diferente…
Nada es tan grande como parece de hecho se reduce a puntos de colores, brillantes y movedizos.
Admiro apacible los movimientos y me maravillo de poder observar las nuevas formas que se hacen de tiempo en tiempo.

Desde aquí arriba se ve todo diferente…

El ruido impresionante cuando truena la ola, se desvanece y me envuelvo en el apacible regreso del agua al mar.

Desde aquí arriba se ve todo diferente…
Me maravilla el sonido del silencio, es un bucle con ritmos y formas donde flotas en todos los sentidos… y de pronto despierto de mi ensoñación.

Maritza García Plata es alumna del curso de escritura creativa

Seis variaciones sobre una tienda de sombreros

Por Jorge Nájera

I

Kal Dabara extendía las manos hacía arriba mientras hablaba. Una de ellas
sostenía el sombrero que describía, otra hacía pantomima al respecto y las dos
restantes se levantaban hacia el techo, como si quisieran sostener en ellas la
transparencia del Domo de Observación, que mostraba estrellas brillantes,
acumuladas sobre el disco galáctico, en movimiento aparente, como si flotaran
sobre un río oscuro.
Uno de los jóvenes alzó su propia mano. Kal detuvo sus palabras. El
muchacho preguntó: ¿qué es una vaca?
Una sonrisa amplia, una pausa. Kal puso el sombrero sobre su propia
cabeza, tratando de que sus formas encajaran en el hueco del centro, a pesar de
que el sombrero no había sido pensado para ellas cuando lo hicieron, setecientos
años antes. Uso la extensión completa de tres brazos para trazar el contorno de una
bestia enorme y con la cuarta mano simbolizó los cuernos que coronaban la silueta.
Una vaca era un animal que nuestros ancestros criaban en la Tierra-que-fue.
De ellas se alimentaban. Los vaqueros eran quienes las cuidaban y las llevaban de
un lugar a otro, durante semanas y meses, acampando en las llanuras.
El joven guardó silencio. Kal Dabara reconoció en sus facciones la expresión
de quien ha comenzado a imaginar otra época y otro lugar. Miro de reojo el saco a
su lado, donde guardaba las reproducciones de los sombreros que presentaba.
Estuvo seguro entonces de que en esta nave podría vender varios, antes de pasar a
otra en la gigantesca caravana que era la Flota Migratoria.

II

Sarra-Ukin, Rey Legítimo de Akkad, contempló curioso los actos de su
invitado. El embajador de los reyes de Awan paseaba entre las vastas filas de
estantes que cargaban la colección de los sombreros reales. Oro, plata, gemas
preciosas, maderas fragantes, pieles de animales traídas de las cuatro esquinas de
su imperio. Sarra-Ukin se preciaba de nunca haber repetido el uso de uno en todas
las ceremonias y banquetes que había precedido durante los treinta años de su
reinado. Los había preservado en este gran salón, como si en ellos se guardaran las
memorias de lo que habían atestiguado, y habían sido tesoro sólo de sus ojos hasta
que uno de sus consejeros había sugerido, sin pensarlo realmente, que serían mejor
aprovechados como regalos para los embajadores de otros reinos que visitaban la
capital.
Sarra-Ukin, sabio entre los sabios, había tomado la idea, la había devorado,
como un halcón del desierto, y en su mente se había transformado. Cada sombrero

era, ahora, no un obsequio, sino un contrato. Un símbolo de la sumisión
inconsciente pero manifiesta de los visitantes, que regresaban a sus tierras portando
sobre sus cabezas las glorias de su imperio. Cuando, finalmente, el embajador de
Awan escogió uno y regresó orgulloso con él cubriendo sus cabellos rizados, Sarra-
Ukin, Rey Legítimo de Akkad, sonrió satisfecho.

III

Entre las muchas enciclopedias escritas sobre todos los aspectos de la vida
galáctica, destaca por el contraste entre lo mínimo de su origen y la inmensidad de
su producción el “Absoluto catálogo de los sombreros y adornos semejantes a
través de los cinco brazos y veintitrés nebulosas de la Vía Láctea, ilustrado”, que
inicialmente era un servicio de venta por la Hiperred, dedicado a transmitir a los
mundos periféricos las modas de los planetas centrales. Con el pago de una mínima
cuota por miliciclo galáctico estándar, los suscriptores podían construir en casa
diseños creados a miles de años luz de distancia; lo cual probablemente resultaba
reconfortante en los primeros milenios de colonización, cuando las posibilidades de
viajes interestelares para el ciudadano promedio eran escasas.
Con el tiempo, el Catálogo evolucionó. De simplemente mostrar modelos y
sus patrones, pasó a incorporar descripciones, breves al principio, después más y
más elaboradas, hasta convertirse en auténticos artículos de investigación que
detallaban todos los pormenores de los mundos, épocas y culturas que originaban
cada sombrero. Ahí están desde los inmensos asteroides excavados que usan los
metacetáceos cislunares para proteger sus cráneos mientras orbitan gigantes
gaseosos, hasta las así llamadas “gorras de pecado” de los subterráneos en Tau
Ceti, que viven ciegos en sus túneles y acumulan las culpas de su existencia en sus
sombreros, los cuales sólo pueden tocar y conocer aquellos con los que acuerdan
compartir su vida. Todo esto en un mero catálogo de venta de sombreros.

IV

La vida de Manuel Zúñiga está dedicada por completo a la elaboración de
sombreros. El origen de esta pasión, según narra, estuvo en las horas de su infancia
que pasó jugando con sus soldaditos, a los cuáles, siempre sintió, les faltaban
gorros adecuados a todos los grados y pompa de su Ejército imaginario. Fue así
que Manuel comenzó a dedicar más tiempo a crear dichos sombreros que a jugar
con las figuras que los portaban. De ese entretenimiento infantil, siguió un
pasatiempo de juventud y finalmente, una profesión de adulto.
Manuel, habiendo descubierto que sus miniaturas eran apreciadas por los
coleccionistas, decidió dedicarse de lleno a ellas y abrió su primer taller formal hace
veinte años, taller que ha crecido hasta su tamaño actual, dándole trabajo a casi
cien artesanos de múltiples nacionalidades. Pero, como todo maestro, Zúñiga nunca
se ha detenido en la perfección de su arte, sino que la ha continuado, esforzándose
temporada tras temporada por sacar sombreros cada vez más pequeños pero más

detallados. Hace mucho que en el taller deben fabricar sus propias herramientas y
lentes, a la par que elaborar los sombreros. Actualmente se enorgullece de que su
grupo de avanzada está acercándose a romper la barrera del nanómetro, lo cual
pondría sus últimas creaciones al nivel de microprocesadores en cuanto a tamaño y
detalle. Pero, según declara, el mayor de sus orgullos es saber que sus hijos han
encontrado también la belleza en lo mínimo, Miguel, el mayor, se prepara a tomar
las riendas del taller una vez que su padre decida retirarse. Luis, el menor, por otro
lado, acaba de graduarse como físico especializado en partículas subatómicas. Con
alegría, confiesa temer que la profecía de su padre se descubra cierta durante sus
investigaciones: que Dios se le adelantó y la más pequeña partícula que constituye
el Universo sea un ínfimo sombrero.

V

Ha sido una cuestión intrigante para los historiadores durante la última década la
obsesión que mantuvo el Comité de la Segunda Revolución con los sombreros. El
hecho conocido por todos es que el día después de que sus fuerzas tomarán la
Ciudad Estado de Nueva Shangai, el primer acto de la Segunda Revolución fue
prohibir la portación de sombreros a los cincuenta millones de habitantes de la
ciudad. Se han propuesto varias teorías, desde el mero capricho revolucionario
hasta algún personaje con sombrero que hubiera marcado la vida del Director del
Comité. Por supuesto, nada se ha comprobado. Lo único que se tiene documentado
es la propaganda que pintaba al sombrero como un símbolo de ocultamiento. Un
muestra de que los enemigos de la Revolución querían esconder sus ideas.
También están los cientos de artículos publicados por los admiradores del poder
que defendían la prohibición aduciendo las cualidades opresoras, burguesas y
aristocráticas de los sombreros. Es bien sabido que si bien ningún símbolo empieza
siendo político, los opositores pronto se dieron a la labor de darle estos atributos a
los sombreros en sus famosas “tiendas invisibles”, fiestas privadas donde se
reunían a describir los más exóticos y exagerados gorros que podían y se prometían
conseguirlos y lucirlos en la celebración a la caída del Comité. Resulta irónico que
cuando el régimen radicalizó a la oposición reprimiendo estas “tiendas”, fue
precisamente la falta de cascos de sus soldados lo que le dio la ventaja definitiva a
los francotiradores rebeldes.

VI

1096 Verbos de Compasión, deidad sublime de la Casa de K, sostuvo entre su
millón de brazos el sombrero que 333 Adjetivos de Perfección, sastre de
divinidades, había colocado. Era el sombrero un pequeño universo completo, de
solo cuatro dimensiones, pero primorosamente labrado, hecho según 333 para tener
sólo un propósito: era este un universo dedicado a elaborar sombreros. Todos sus
tiempos, mundos y habitantes tenían en su interior una fuerza motriz que los
empujaba inexorable a tejer, a bordar, a ensamblar, a forjar billones, trillones de
sombreros distintos ¿Y cómo podría ser de otra forma, si hasta sus partículas más
ínfimas eran sombreros indivisibles? 1096 contempló todo este detalle durante un

breve kalpa y decidió que había encontrado el adorno perfecto para la celebración
de la Superconstante Atemporal.
333 Adjetivos de Perfección, sastre de divinidades, sonrió con satisfacción.