Un cuento es un tratado sociológico de fácil digestión

Escribir bien para niños es igual de complicado que escribir bien para adultos.

Acerca de Literatura Infantil y Juvenil

Entrevista a Yolanda Ramírez Michel

Yolanda, eres una autora polifacética, sé que tienes escritos libros en varios géneros literarios, pero hoy quiero enfocarme en los libros para el público joven. Desde tu perspectiva, ¿cuál es la importancia del fomento a la lectura desde la infancia?

Es importante porque les muestras una actividad que da felicidad por encima de todo; lo demás -esas cosas que los docentes tanto alaban-, viene junto con pegado, pero yo lo que creo es que lo más importante al fomentar la lectura, es que fomentamos la felicidad.

¿Cómo puede influir la literatura en el desarrollo de un niño?

Un niño lector adquiere herramientas de lenguaje que se traducen en herramientas cognoscitivas. Un cuento es un tratado sociológico de fácil digestión, un dulce con vitaminas y minerales.

El gran niño, electrones de un sueño, primera edición

¿Existe algún texto de literatura infantil que haya marcado tu infancia? Y…, ¿cuál fue el motivo?

Te hablaré de dos:

Primero: Los Pardaillan, esos libros me tenían hechizada, 33 tomos de aventuras de mosqueteros. No sé si de ahí se derivará mi actual pasión por Don Quijote.

Y segundo: Mi papá me regaló un libro donde se contaban las aventuras de los héroes de la Biblia como si fuera un cuento de hadas, creo que eso ciertamente determinó mi actual pasión por la mitología y los relatos sagrados.

Ilustración de la primera edición de La Maestra Milagros

¿Crees que escribir para niños es más sencillo que escribir para adultos?, ¿por qué?

Todos somos magos, de editorial Edelvives

Escribir bien para niños es igual de complicado que escribir bien para adultos. La dificultad de escribir bien y adecuado a cierto público, estriba en saber utilizar los símbolos, personajes y las estructuras ideales. Al niño hay que contarle la vida con la misma dedicación que se la contamos al adulto. El niño merece que los escritores que escriben para ellos sean profesionales y no advenedizos del género que creen que por ser niños pueden darles cualquier historia simplona.

¿Existen diferencias notables entre la literatura infantil de épocas pasadas y la actual?

Sabes, antes no existía la denominada “literatura infantil”, los niños se apropiaban de ciertas historias para adultos, las que les llamaban la atención (ni siquiera los cuentos de hadas fueron escritos originalmente para niños). El género que nosotros denominamos “literatura infantil” tiene relativamente poco tiempo, digamos que comenzó a formarse a mediados del siglo XVIII cuando el librero y editor John Newery abrió las puertas de su Juvenile Library, él fue famoso por publicar libros asequibles a los más jóvenes y por considerar la infancia como un público específico, una idea novedosa pero que no se haría realidad plenamente sino hasta el siglo XIX.

¿Cuáles son los temas tabúes en la literatura infantil?

No deberían existir temas tabúes, lo que debería estar prohibido es tratar de moralizar al niño, utilizar la literatura infantil para moralizarlo es equivalente a lo que hacen los colonizadores al llegar a una tierra virgen.

Todos los temas -todos-, pueden ser tratados en la literatura infantil y juvenil, la cuestión es cómo, con qué imágenes, qué símbolos, qué personajes y qué lenguaje.

La maestra Milagros, segunda edición

¿Existen códigos de censura en este tipo de literatura?

Sí, hay muchos, pero estos los dan las editoriales, los autores no deben tenerlos. El autor debe estar al servicio del “llamado”, y si el tema que lo solicita es un tema escabroso, deberá buscar qué editorial lo acepte.

¿Qué debe tener, o qué no debe faltar en la literatura infantil?

Que sea divertido, que encante al lector. Pero creo que eso debe ser no sólo para los jóvenes, sino para todos los que comienzan a leer, no importa la edad. La edad lectora no tiene relación con la edad cronológica. Hay lectores de 12 años que ya leen La Odisea. Hay lectores de 60 años a los que debemos conquistar con libros sencillos y por supuesto divertidos.

Luz en Pueblo Pequeño, editorial Salto Mortal

Por último, ¿actualmente tienes algún proyecto en puerta?, ¿algún libro por publicar?

Claro, el corazón siempre debe estar cargado de sueños, los sueños son la sangre de la vida. Y para alguien que escribe, los sueños y los libros siempre van de la mano. Por lo pronto te digo que está próxima a publicarse un mito sumerio... no te digo más, ya será cuando esté listo motivo para otra entrevista.

Gracias, Yolanda, y dime ¿cómo puede el público conocer más de tu obra?

Pueden entrar a mi página http://www.yolandaramirezmichel.com

No somos una línea cronológica, somos más como las ramas de un árbol…

Actividad para compartir

Ve por un papel, vamos a dibujar un árbol, pero no cualquier árbol, ¡vamos a dibujar el árbol de tu vida!

¿Te dijeron que la línea cronológica debe ser una línea?

¿Nadie te habló de esa otra trayectoria vital?, ¿la que se parece más bien a un árbol?

Comienza a imaginarlo… a sentirlo,

imagina tus venas, como hebras… circulando llenas de savia.

No eres una línea, ni tu vida es tan simple,

eres más parecida a un río que fluye

y eres líquida, puedes adaptarte a un contenedor sin perder tu consistencia.

Tu vida: una montaña de tiempo, no una línea.

Piensa, tú misma eres una rama de otro árbol…

¿Ya comenzaste a imaginar el árbol?

¿Cuántas cosas hay en él? Es tu vida.

Los árboles viven en tres reinos:

la copa en el cielo, el tronco en el suelo, y la raíz en lo profundo.

Un árbol fue, un día, apenas un pequeñísimo tallo,

por no saberlo algunos se espantan cuando crece…

Dibuja tu árbol, un árbol tótem lleno de fuerza, no importa qué colores tú prefieras,

todos son bellos.

Dibuja las flores que han nacido y/o que viven en tus ramas

Hijos, sobrinos, nietos, amigos, amores, padres, familiares…

¡no olvides los proyectos!, también son hijos, hijos de tu intelecto.

Dibújalo erguido en tu horizonte más amado.

Y compártelo con nosotros.

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Complejidades del mundo editorial

El mundo editorial se abre a lectores y escritores.

¿Con qué nos enfrentamos los editores de hoy?

Con la necesidad urgente del rescate del libro como objeto. Los libros electrónicos tienen todo el brillo que la facilidad, la gratuidad y la modernidad pueden ofertar. Los libros de una editorial no pueden competir con ello, a menos que usen todas las gracias del libro, propiciando que el lector desee tenerlo en sus manos, abrazarlo cuando un renglón lo conmueva, colocarlo sobre una mesita de noche, al alcance de la mano y la mirada, cercano a la lámpara del desvelo.

Si un editor no comprende que las estrategias comerciales nos llevan a un cuidado editorial y estético de la forma junto con el contenido, el editor habrá gastado en vano sus recursos, habrá dejado sus ojos en el altar de lo inútil, habrá regalado su valioso tiempo a la nada.

Por eso cada vez hay menos editores dispuestos a invertir sus recursos en un libro, por eso los servicios editoriales comienzan a ser sistemas viables para que un libro vea la luz.

Pero, ¿lo comprenden los autores? ¿Comprenden el frágil hilo que sostiene la vida del libro? ¿Comprenden que las estrategias deben ser renovadas? ¿Comprenden que ya no se escribe más para una generación que se despide de su vista con resignación ante lo inevitable? Escribimos para un nuevo mundo, hemos de comprender otra América…

Autores y editores deben unirse en una cruzada común en pro del rescate de un baluarte amenazado. Unirse, no como enemigos apostados en dos lados de un territorio que es el mismo territorio, sino como dos interesados en la misma sagrada encomienda.

Me pasa que, no importa si son autores nóveles o autores con trayectoria, hay los que olvidan que, un editor que atiende tu obra, es un quijote que ha dado lo más sagrado que posee: su tiempo, sus recursos, que podría gastar en otras aventuras. Y más: ha dejado de lado sus propios sueños para dar vida a los sueños de otros.

¿Por qué lo digo? Porque algunos autores, en lugar de facilitar nuestra tarea, que ya de por sí es compleja, hacen por inmiscuirse tanto que derrumban nuestras mejores intenciones. Cuando un editor le ha dicho que sí a un libro -pague o no el autor por ello-, el editor ha firmado un contrato invisible, el de dar sus horas y su entusiasmo, el de pensar lo mejor para el libro, el de coordinar al equipo de diseño e impresión. Pero… esto es inevitable, y hay que reconocerlo, y hablarlo, y superarlo entre ambos: el autor siempre tendrá otra visión con respecto a su obra, porque la visión siempre es personalísima, el autor casi siempre pensará que aquello pudo haber sido mejor de lo que fue. Seguramente opinará que el color, el diseño o el orden de algún gráfico debió haber sido distinto.

Esto hace que, poco a poco, los editores nos coloquemos una coraza de insensibilidad, ojalá los autores pudieran comprender esa locura de quijotes que nos hace estar en esta empresa y no en otra para seguir adelante por este camino en el que seremos más que sombras, ¿sabe alguien quién fue Juan de la Cuesta? Pero todos saben quién fue Miguel de Cervantes.

Aunque seas un autor fundamental, tu libro puede pasar años en una editorial, así le sucedió a Lizalde con el Fondo de Cultura Económica (link de la entrevista con este dato más abajo).

Los autores dependen del editor, de los recursos que consiga o ponga de su bolsa el editor, y de la experiencia que el editor ha ganado en este ramo. Y el editor necesita autores que se comprometan más allá de su ego, que se comprometan con la literatura, más que consigo mismos.

Si nos vamos a lanzar en pos de este sueño, habrá que comprender, no somos enemigos.

Entrevista a Lizalde: http://lasantacritica.com/general/eduardo-lizalde-la-poesia-es-una-tarea-compleja-lenta-torturante/?fbclid=IwAR2IB63Ac4CWuhckEAzX75seADHL4hLolfmK7hs45aUvS2POAKlcRyG3RmM

En este video Roberto García C. y Yolanda Ramírez Michel, editores de Salto Mortal (www.editorialsaltomortal.com) conversan en torno a algunos temas.

Las mujeres hoy, ¿quieren ser la maga?

Por Yolanda Ramírez Michel

la maga

¡Todas quieren ser la maga!, dijo Julio Ortega hablando acerca de Rayuela… e inmediatamente surge dentro de mí la duda: ¿de verdad todas las lectoras de Rayuela querrán ser la Maga? La generación de mujeres jóvenes en 1963 -cuando se publicó Rayuela-, deseaban verse reflejadas en esa mujer que nadaba los ríos metafísicos con ingenuidad y alegría, pero… ¿de verdad deseaban ser aquella que leía una novela y, apenas terminada su  lectura, olvidaba de qué se había tratado…?

Yo creo que las lectoras del 2017, nótese, he dicho “las lectoras” -no “las mujeres”- (ser lectora es ser un tipo especial de mujer) difícilmente desearían vivir las situaciones que vivió la Maga, difícilmente aceptarían tan a la ligera el maltrato de Oliveira… las lectoras de Rayuela, para ser cómplices de la novela e ir construyendo sentidos con los datos que Cortázar nos da, han de ser mujeres pensantes, y es que, para leer Rayuela de verdad y avanzar por el laberinto que Cortázar construyó, se necesita algo que es totalmente incompatible con  lo que representa la Maga, se necesita un intelecto más bien parecido al de Oliveira. Así las cosas, sería mejor decir: que todas admiramos a la Maga, que todas las lectoras de Rayuela vemos en la Maga el espíritu puro y libre, pero de ahí a desear ser la Maga hay un buen trecho.

Rayuela

Desear ser la Maga, implica, si seguimos de cerca lo que se revela acerca de ella, desear ser una mujer que por ignorancia pone en peligro a su hijo, una mujer para quien su bebé está en segundo plano; una mujer violada… varias veces. Con estos datos, ¿cuántas se anotan? Aquella que diga tan fácil y a la ligera, con cara de éxtasis, que desearía ser el personaje de Cortázar, o no se da cuenta de lo patética que fue la infancia y juventud del personaje, o no ha leído la novela, o leyó sólo algunos capítulos -los primeros-, donde la relación de la Maga y Oliveira es una relación extremadamente erótica, donde no hay rutinas sino destinos a la vuelta de la esquina. Donde sus juegos amorosos hechizan y su pasión subyuga. Donde las frases se te clavan hasta las entrañas y las guardas en la punta  de la lengua para toda la vida. Esa es la primera parte de Rayuela, y ahí, indiscutiblemente, los personajes nos ganan del todo. Por ello, he llegado a creer que debido a la complejidad de la novela, y a pesar de ese primer clavado en la maravilla, las opiniones generales de Rayuela se basan en este primer encuentro con la obra, pero luego ante los retos que aparecen en cada nuevo capítulo, muchos no siguen adelante, igual y leen la historia lineal para saber el fin del cuento, igual ni eso.

RAYUELA 5

Soberana ambivalencia que es la Maga, queremos ser ella cuando es amada por Oliveira hasta el delirio, queremos ser ella cuando a los amantes no les bastan las palabras y tienen que inventarlas, queremos ser la Maga cuando el Club de la Serpiente -los amigos-, la necesitan para hacer contrapeso y equilibrar un poco sus cargados cerebros, llenos de datos; cuando la admiran por sencilla, pero NO cuando la tratan de tonta (las más de las veces), ni cuando Oliveira la abandona porque el bebé le estorba.

En realidad, Rayuela, como El Quijote, son esas novelas de las que todos hablan, pero pocos han leído; y de esos pocos, ¿cuántos la habrán entendido realmente? Los personajes ciertamente se salieron ya del libro y tienen vida propia, le pasó a la Maga igualito que le pasó al Quijote, andan por ahí como arquetipo. Pero sus entrañas, ¿quién se asoma de verdad a ellas?

La Maga es un nuevo Sancho, sencilla y torpe, pero entrañable, se gana nuestro corazón; es eso que todos somos, pero que desearíamos no ser (porque alguien -que ya ni sabemos quién-, nos dijo que estaba mal aquello), por eso, digo, no es que todas las lectoras de Rayuela queramos ser la Maga, es que al leer descubrimos que somos o hemos sido la Maga, ¡y ya no queremos serlo!, es que nuestro trabajo nos ha costado salir de ese estado de ignorancia al que la sociedad había sometido a la mujer, nos ha costado trabajo entender el mundo y sus sinrazones… y en realidad no es que lo entendamos, sino que nos acoplamos a ese molde aunque esté deforme. En qué rollos me metí con este tema… ¿quiero ser la Maga? No, pero lo soy, en el fondo mi esencia femenina está ahí reflejada y lanzando múltiples destellos, como un prisma. Hay cosas de la Maga que rechazo, como su descuido ante el hijo, y su amor a un hombre que no sabe valorarla, pero hay cosas que definitivamente quisiera conservar, su fluir simple por la vida, su estar en el momento, su habitar el mundo sin complicaciones existenciales.

Así que, en honor al laberinto por el que Cortázar nos lleva, saltando de un capítulo a otro, avanzando y retrocediendo, ora del lado de aquí, ora del lado de allá, vuelvo al principio, ¿de verdad será que todas las lectoras de Rayuela desean ser la Maga? no sé, sólo puedo contestar por mí: que sí que no, y que el cuento se acabó.